Cine y TV

Circular por el tiempo: a donde vamos no necesitamos carreteras

a donde vamos no necesitamos carreteras tiempo
Reopening of the South Fork Bridge after flood in Nov. 1940. /DP)

Futuro

En 1941 se podían hacer pocas cosas divertidas en Canadá que no implicasen la participación de un castor en mayor o menor medida, y una de ellas era asistir a emocionantes inauguraciones de puentes. Alguien llevó una cámara de fotos a uno de estos eventos y captó una estampa de la fascinada plebe asistente. Aquella imagen se convertiría muchos años después en carne de museo al participar en la exposición Bralorne-Pioneer: Their Past Lives Here y de ahí saltaría al mundo digital donde, con una rapidez envidiable, comenzaría a dejar las mandíbulas de los internautas a modo de barco de feria.

La causa exacta del asombro provocado por la instantánea saltaba rápidamente a la vista: en aquella fotografía entre el jardín de sombreros, chaquetas y menopausias vintage un joven de feroz porte equipado con gafas de sol y ropa con esencia a siglo XX plantaba cara a la lógica temporal irguiéndose estoico en su tarima de anacronismos. La imagen no estaba manipulada y la anónima figura, de moderno en mundo antiguo, fue considerada por los más audaces como un auténtico turista del tiempo. Un hípster del espacio-tiempo jodiendo el continuo con su audaz presencia. Una incógnita en principio inexplicable.

Unas cuantas decenas de años atrás Julio Verne, Hugo Gernsback y Herbert George Wells, aprovechando el rebufo de Mary Shelley, firmaron la paternidad de la ciencia ficción como género. Entre el tándem Verne y Wells supuraban además ciertos machetazos críticos; el francés solía comentar en voz alta que el británico gustaba de sodomizar el relato de ficción saltando en pogo sobre una de las supuestas normas básicas: contradecir el conocimiento científico contemporáneo. Verne imaginaba artefactos a partir de los medios de la época para construir su fantasía, Wells se sacaba de la chistera lo que necesitaba. 

Ambos salpicaban las páginas de intrépidos aventureros en expediciones fascinantes. Pero fue Wells quien se atrevió a cambiar las unidades de medida de los viajes extraordinarios, de pasar de los kilómetros a las horas, minutos y segundos. Lo logró con un cigoto llamado Los argonautas crónicos y con su evolución literaria, la conocida y notoria La máquina del tiempo. Verne decidió viajar en el tiempo de manera mucho más sutil: el imaginario creado en sus páginas se destapó, con el paso de los años, como ridículamente cercano a la realidad al profetizar con bastante acierto eventos futuros. Verne resultó tan hábil observador que se creó una leyenda que sugería que el escritor poseía una máquina del tiempo con la que dominguear por las eras. El hombre llegó a escribir una de las novelas más atinadas al retratar el futuro de la humanidad, Paris au XXe siècle, obra que en su momento el editor de Verne, Pierre-Jules Hetzel, rechazó publicar por su tono pesimista.

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14 comentarios

  1. Artículo muy entretenido. De las que he visto me quedo con Regreso al Futuro, Los Visitantes no Nacieron Ayer, Donnie Darko y Los Cronocrímenes (no necesariamente en ese orden).

    En cuanto a Churchill, yo le preguntaría que tal lleva(ba) eso de ser un hipócrita hijo de la gran p…

  2. Aunque se trata de una serie de televisión, creo “El túnel del tiempo» de los años 60 merecería quizás una mención.
    (Con música de Johnny Williams, que seguramente aún era muy jovencito para llamarse John)

  3. El comentario sobre Charlton Heston y la Asociación Nacional del Rifle, lo mejor del artículo. Chapó!

  4. Artículo muy bien llevado, me he gustado mucho. Pero….se te ha pasado mencionar una película que, si bien el tema principal no son los viajes en el tiempo, sí que se sirve de ellos para, en mi opinión, crear la madre de todas las paradoja temporales: Terminator (un tío que está librando una guerra en un futuro cercano, decide enviar a uno de sus soldados para que proteja a su madre y que así el mismo pueda nacer y crecer sin que las máquinas en rebelión intenten matarlo antes…lo que a la postre hace que su fiel soldado se convierta en su padre….boom!!!
    Jajajaja!!!!

  5. Yo destacaria una pelicula que ha abordado de manera mas interesante y compleja el concepto de viaje en el tiempo, o al menos de la no linealidad del mismo: Arrival (La Llegada) de Denis villeneuve

  6. Mi favorita es Predestination (2014) con Ethan Hawke y Sarah Snook, basada en el cuento «Todos vosotros, zombis» de Robert Heinlein

    • Costa Neira

      «Todos vosotros, zombies» es el cuento sobre viajes temporales definitivo. En una primera lectura puede resultar enrevesado y confuso, pero después de analizarlo (es necesario analizarlo, sí) resulta ser redondo, perfecto.
      Por eso no quise ni quiero ver la película: mucho me temo que no llegue a altura del cuento.

  7. Felicidades a todos. Todos los comentarios son tan interesantes como el articulo. Feliz viernes ¡¡¡¡

  8. A menudo sospecho que vivimos eternamente en el Pasado; que el Presente es puro cuento, que éste sería como una especie de diminuto e ínfimo orificio transparente sin substancia para unir lo que pienso, siento, presiento, hago o veo, donde el tiempo desaparece, como en este largo pensamiento que tuvo un inicio en algún momento muy o poco atrás y en el sucesivo se agotará. Es tan pequeño el salto que llamamos Presente, tendiente a cero se diría, que hay que ser insensatos para apostar por algo que es muy probable que sea solo un invento para justificar el devenir, el de adelante y el de atrás.

  9. Pingback: Enlaces recomendados de la semana (N° 662) - Gafas Inteligentes

  10. No puedo creer que el artículo no mencione cuando en «Búscate la vida» Chris Peterson viajaba atrás en el tiempo haciéndose un zumo (licuando una portada de la revista Time, un reloj, una piedra de una maqueta de Stonehenge, un mechón de pelo de Michael J. Fox…).

  11. Isaac Palacio

    No has nombrado ni a tenet ni ha Terminator, te ha quedado un artículo incompleto.

  12. Tikismikis

    Es digna de mención la serie Los Visitantes. Un engendro checoslovaco del año 83 en el que los protagonistas retroceden 500 años en el tiempo, desde el lejano 2484, a lomos de un ¡¡¡Lada Niva!!! (chúpate esa, Zemekis) y con un absurdo e insospechado giro de guión final que ríete tu de Los Serrano.

  13. Pingback: 'Los problemas crecen', moralina en vena - Jot Down Cultural Magazine

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