
Toda espada es una herramienta de muerte. Por hermosas y equilibradas que sean Durandal, Excalibur, Narsil o Tizona, no dejan de ser utensilios diseñados para matar. Está en su naturaleza. ¿Y puede algo (o alguien) oponerse a su propia naturaleza básica? Se suele decir que una de las mayores obligaciones humanas es desarrollar nuestros talentos naturales y dedicarnos a lo que mejor se nos da hacer. Pero ¿y si nuestro mayor talento innato es la habilidad para matar?
Durante la Restauración Meiji de finales del siglo XIX, Japón se vio forzado a modernizarse, abriéndose a Occidente tras más de dos siglos de aislamiento medieval. Fue una de las épocas de mayor prosperidad del país, pero vino a un alto precio: años de disturbios violentos y una guerra civil, la Revolución de Boshin, que enfrentó a los partidarios del emperador con los defensores del shōgun. El bando imperial contaba con cuatro hitokiri, literalmente «cortahombres», asesinos habilísimos con la katana. El mejor de ellos era Himura Kenshin, el Carnicero Battōsai, un luchador pequeño, delgado y pelirrojo, con una cicatriz en forma de cruz en su mejilla y más de mil cadáveres ensangrentados en su haber. Tras la batalla de Toba-Fushimi, Kenshin quedó asqueado de la guerra y renunció a matar para siempre, cambiando su katana por una sakabatō (espada de filo invertido), y convirtiéndose en un vagabundo errante. Pero cuando trató de instalarse en Tokio diez años más tarde, junto a la dueña de un dōjō de esgrima y sus amigos, el destino no se lo iba a poner fácil.
Cuando vi por primera vez el anime de Rurouni Kenshin lo disfruté enormemente a varios niveles. Los combates son rápidos, cinéticos y espectaculares, un chute de adrenalina en vena digna de un buen chanbara o cine de acción con samuráis. Pero la serie también funciona como comedia romántica, ficción histórica (existió realmente un asesino imperial llamado Kawakami Gensai) y retrato de un personaje notable por su extrema dualidad casi esquizoide. El comportamiento cotidiano de Kenshin es extremadamente tranquilo y humilde. Usa las formas verbales más respetuosas, ríe con facilidad y hace el tonto a menudo: tanto en el manga como en el anime se le representa en superdeformed en los momentos cómicos. Pero cuando alguien que le importa está en grave peligro, Kenshin recupera su personalidad de Carnicero Battōsai para horror de quienes le rodean: se vuelve frío, violento, despiadado. Hasta le cambia el color de los ojos, cuidado.
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