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Bravo samurái

bravo samurái
Tríptico que representa el seppuku de Saigō Takamori, que lideró la Rebelión Satsuma, el último conflicto protagonizado por los samuráis, en 1877. Imagen: Cordon Press.

Barriguita cervecera, brazos débiles, papada… Vale, reconozco que este cuerpo escombro en el que en la actualidad me encuentro encerrado no es el más apropiado para un guerrero samurái, ni siquiera para un soldado de infantería. Es el cuerpo típico de un señor del siglo XXI, una época sedentaria, aburrida y absurda en la que hemos cambiado nuestro primigenio instinto guerrero por un pacifismo cobarde y simplón. Como buenos burgueses, tenemos miedo a todo: a la vida y a la muerte, a la guerra y a la posguerra, al hierro y al acero… Sin embargo, permanece en nosotros una neblinosa nostalgia del guerrero, que aplacamos de forma virtual viendo cine bélico, jugando a videojuegos de batallitas o contemplando en las noticias cómo terceras personas hacen la guerra por nosotros desde lujosos despachos, a salvo de las salpicaduras de sangre, transmutando el arte de la guerra en vil espectáculo, obedeciendo a intereses ignotos, usando a la soldadesca como peones que acabarán figurando en un gris impreso como «bajas militares». Pero hubo un tiempo en el que las cosas eran muy diferentes, un tiempo en que la guerra fue sagrada y el guerrero alcanzó su más alto rango espiritual y terrenal. Frente al guerrero tecnológico que se oculta tras monstruosas máquinas, el guerrero premoderno que empuñaba una espada y seguía un férreo código de conducta.

Hablo un poco por experiencia, pues, gracias a ciertos sueños y visiones de duermevela, he llegado a la conclusión de que fui un samurái en una reencarnación anterior. No pongan esas caras tan raras. Digo la verdad. Y si no me creen, sigan leyendo. Voy a contarles de primera mano la verdadera historia de los samuráis. Así que déjenme desenvainar mi catana, único recuerdo que conservo de mi remota existencia samurái; mientras la acaricio y la mimo como si fuera mi propio miembro viril, recordaré unos tiempos donde los caballeros aún montaban a caballo y la más ínfima descortesía podía desembocar en un duelo a catanazos. 

Una ascensión sanguinolenta

Como la geisha, el samurái es uno de los pilares de la cultura tradicional japonesa. Aún hoy, y muy a pesar de su aparente americanización, en el corazón de Japón late la esencia de esta clase de guerrero cuyo nombre significa ‘el que sirve’. No en vano, en principio el término «samurái» se usaba para hacer referencia a los sirvientes domésticos. Poco a poco, fue derivando hacia su significado marcial, hasta que en el siglo XII se empezó a usar oficialmente para nombrar a la élite militar que servía a un sogún o señor feudal.

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10 comentarios

  1. Pues me temo que no, que esa no es la verdadera historia de los samuráis, si acaso, es el verdadero mito de los samuráis, pues el bushidō no es más que eso, un mito. Los samuráis que peleaban en el campo de batalla no seguían ningún código del honor, porque para empezar, ni conocían ese concepto. Los códigos éticos samuráis no nacieron hasta bien entrado el siglo XVII, cuando ya no había guerras en Japón y, por tanto, los samuráis ya no eran guerreros. Ellos crearon esos códigos, por diferentes motivos, pero, el principal, para justificar su privilegiada posición en el Japón de su época, porque ellos cobraban un sueldo por básicamente no hacer nada, mientras que buena parte del pueblo se moría de hambre. Y luego esa misma ideología peligrosa fue aprovechada por distintos gobiernos japoneses, por diferentes motivos, entre ellos, para llevar al país a la conquista de buena parte de Asia Oriental, la Guerra del Pacífico y atrocidades varias. No hay nada de milenario ni, menos aún, de glorioso, en una ideología que sólo beneficia a las élites, a las que los demás deben lealtad absoluta. Queda bien en las películas, eso sí, y por eso mucha gente cree conocer lo que es el bushidō, y cree conocer lo que era un samurái, o lo que es la historia de Japón.

    • Olvida que una cosa es el campo de batalla, todo confusión y caos y otra muy distinta el duelo durante los tiempos de paz.
      En un combate entre dos ejércitos, y más en esa época, era casi imposible seguir ninguna regla. Entre otras cosas, porque la victoria puede depender de a cuántos enemigos mates, no importa cómo.

    • Y yo que me digo «y este qué sabrá con este comentario que contradice todo lo que se cuenta sobre los samuráis». Pues basta sólo echar un vistazo a san google y voilà! Mis respetos Dr. López-Vera… Amén del internet. alguna recomendación bibliográfica para conocer la verdad sobre los samuráis?

      • No hace falta, en su pagina personal hay suficientes referencias. Me pregunto, Jonathan ud debería escribir un artículo en jotdown sobre la verdadera historia de los samuráis, lo leería con gusto! Saludos y fantástico trabajo.

  2. Me ha decepcionado el artículo, pensé que iba a tratar sobre la epoca AOR de Vicky Larraz.

  3. Muy buen artículo, gracias.

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