
La lista de canciones de éxito de 1985, según Billboard, revista de la industria musical norteamericana, abarca generosas muestras del repertorio de Duran Duran, Wham! y Sheena Easton —una chica guapa que todo el mundo estaba empeñado en hacer famosa—, los primeros lanzamientos mainstream de Madonna y Prince, cosas a la moda de Simple Minds y Tears for Fears, viscosidades como «I Want to Know What Love Is» y «No More Lonely Nights», y éxitos inevitables como «We Are the World» o el tema de Miami Vice. En España habría que añadir a Alaska y Dinarama, Olé Olé, Objetivo Birmania, Nacha Pop, La Mode, Rosendo, el italodisco de Gary Low y Baltimora y un eterno como Serrat con El sur también existe. Personalmente recuerdo la muy emotiva «Nightshift» de los Commodores dedicada a Marvin Gaye y Jackie Wilson, recién fallecidos.
Pero en este rápido repaso a aquel año de eventos musicales multitudinarios (Live Aid, Rock in Rio) vamos a fijarnos en una canción cargada de poesía, melancolía, y también de contrastes. Los fenómenos naturales, las penas del corazón, la muerte del amor y el renacer de la vida en primavera nos llegan por obra y gracia de la tradición musical con el valiosísimo aderezo aportado por Gregorio Paniagua y Maria del Mar Bonet.
«Dansa de la primavera» del álbum Anells d’aigua de la cantante mallorquina habla de la belleza primaveral en doloroso contraste con la tristeza del amor. Adquiere especial fuerza la contraposición entre algunas imágenes que denotan sensualidad con la melancolía que siente una mujer afligida por el amor perdido. El mayor de los Paniagua recuperó esta melodía de origen oriental para el insólito y recomendable álbum Io, pomodoro1 que grabó con Lucía Bosé, donde la titula «Danza de la pimienta». En el disco de Bonet participó tocando chelo, clavecín y zanfona, mientras Lautaro Rosas y Javier Más grabaron respectivamente mandolinas y guitarra. Darbuka, tabla y otras percusiones aportan el elemento rítmico.
La disparidad entre la belleza y las ganas de libertad que brinda la llegada del buen tiempo y la tristeza que causa el mal de amores se desarrolla en seis estrofas de cuatro versos que dan vueltas a una misma melodía. El último verso de cada estrofa es el primero de la siguiente, creando un efecto cíclico similar al paso de las estaciones con esa sensación de inexorabilidad que la melancolía puede tener en algunos momentos de nuestras vidas. Esta danza de la primavera comienza con toda lógica con una estrofa de presentación cargada de fantasía, continúa con una declaración de debilidad, del momento existencial de la persona cantante y continúa poniendo de relieve el contraste entre esos sentimientos y la invitación a liberarse y ser feliz que llega con el buen tiempo y las ganas de cantar, disfrutar y arreglarse que inspira. La quinta estrofa es la liberación y en la última aquella mujer apesadumbrada del principio ha renacido aceptando el cambio afrontando aventuras y peligros.
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Dansa de la primavera es una de mis canciones candidatas a ser llevadas a una isla desierta. Desconocía lo de Lucía Bosé y la Danza de la pimienta, ahora mismo me pongo.