Ocio y Vicio Moda

Pantalones cagados, foulards y crocs: breve historia de la moda contemporánea

moda contemporánea
DP.

Le ha pasado a cualquiera al abrir el álbum de fotos familiar. Entre sus páginas amarillentas se agazapan faldas plisadas, jerséis de canalé, botas de plataforma y cardados que una vez compusieron nuestro look, incluso cuando todavía no lo llamábamos así, como si la palabra no hubiera llegado aún al diccionario de lo cotidiano. La moda era algo que una llevaba, no algo que se pensaba. Y es que no hay peor juez que una misma en retrospectiva: el yo del presente siempre cree saber más, vestir mejor, entender la moda como algo fluido y transversal mientras observa con espanto esos pantalones imposibles y esos peinados que desafiaban tanto a la gravedad como al sentido común. Ninguna moda envejece bien, aunque unas lo hagan a paso de tortuga y otras a velocidad de meteorito. A fin de cuentas, todo lo que fue vanguardia acaba siendo fosa común.

Hoy nos detenemos a revisar esas décadas recientes que aún supuran en nuestras fotos de carné, en busca de la más ofensiva para la retina, la que nos hizo perder más el norte y, quizás, también la vergüenza. Ese momento estético que ahora parece una broma pesada salida de un probador sin espejos, pero que en su día —ah, la osadía del presente— se defendió con convicción, como se defienden los amores equivocados: con fe ciega y un poco de mal gusto.

A los sesenta hay poco que reprocharles, quizá porque nunca nos hemos separado del todo de ellos. Volvían una y otra vez como ese amigo que nunca se va, reincidiendo en nuestros armarios cada cierto tiempo con la misma insistencia de una resaca emocional. Minifaldas, cortes geométricos, botas blancas y esa sensación de que la moda por fin había roto el candado del armario del siglo XX, ese que olía a naftalina y a solemnidad. Fue la década que descubrió que una bota podía ser conceptual y que el maquillaje podía tener vocación futurista sin ser de Halloween.

Los sesenta abrieron ventanas y, con ellas, entró el aire fresco, aunque décadas después ese mismo aire nos haya resultado sospechosamente cómodo y reciclado, como si en realidad no lo hubiéramos ventilado del todo y lleváramos medio siglo conviviendo con su aroma a libertad de boutique. Fue la época del optimismo teñido de eyeliner, del minimalismo que se creía revolucionario y de los cuellos bebé, que convivían sin rubor con la idea de emancipación. Todo muy moderno, todo muy rompedor… hasta que una ve las fotos y se da cuenta de que muchas veces la ruptura se hizo con tijeras romas.

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3 comentarios

  1. Gavrilo Princip

    No sé si es que no habéis repasado el texto antes de publicarlo, o que yo tengo un mal día (ya a estas horas), pero juraría que hay párrafos, o parte de ellos, que se repiten. Los del final, los que hablan de las últimas décadas.

    Como un déja vu, como un eterno retorno, y tal, por dejar un par de referencias al aire, que somos lectores de Jotdown, que se vea que somos gente leída.

    Saludos.

  2. Miss Moneypenny

    ¿Os habéis fijado en que se ve más anticuado a cualquiera de cualquier serie y película de los ochenta, comparado con la clase de James Bond – Connery en Dr. No, de los primeros sesenta? ¡Qué pocos saben llevar un traje de Savile Row como James! ¡Y el conjunto azul cielo junto a Honey Ryder- Andress! ¡¡AAAAAY…!!

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