
No conocía los versos de Lorca cuando escuché por primera vez «La leyenda del tiempo» de Camarón. Sentí desconcierto y dolor de estómago, como si estuviera abduciéndome una nave alienígena provocándome la misma dosis de estupor como de fascinación, incapaz de distinguir si lo que escuchaba venía del futuro o de una raíz tan profunda que no alcanzaba a nombrarla. Con una ansiedad impropia de mí escuché el resto de los temas, como quien atraviesa un túnel sin luz, pero con la certeza de que al final hay algo que te va a cambiar. Cada canción parecía abrir un agujero nuevo, otra fisura en la idea que yo tenía del flamenco, de la música, de lo que puede hacer una voz cuando decide no pedir permiso.
El poema original que inspiró «La leyenda del tiempo» se titula precisamente así y aparece en Así que pasen cinco años, una de las obras más oníricas y experimentales de Federico García Lorca. Escrita en 1931, esta pieza teatral no tiene una trama lineal, sino un tejido de visiones, pulsiones y símbolos en donde el tiempo no avanza, sino que se disuelve. Uno de los fragmentos más hipnóticos del texto es el que dice: «El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero». Ese ritmo, más que verso, es latido. Y ese latido fue el que escuchó Camarón. La historia cuenta que Ricardo Pachón, productor clave de la escena sevillana, leyó en voz alta ese fragmento durante una sesión de trabajo. Camarón, por entonces con 28 años y ya leyenda viva del flamenco, se quedó en silencio. Preguntó qué significaban algunos versos, pero lo esencial ya lo había entendido. El ritmo interno del poema, su misterio sonoro, casaba con el duende que él llevaba dentro. No le hizo falta más.
Aquel impulso dio lugar al disco La leyenda del tiempo (1979), y con él, Camarón dio un salto sin red. Su anterior trabajo, Castillo de arena (1977), seguía aún vinculado al canon ortodoxo, con letras de Antonio Murciano y una guitarra de Paco de Lucía que mantenía viva la tradición. Pero algo empezaba a romperse. El aire estaba cargado de otra cosa. Ya no bastaba con repetir el cante: había que reinventarlo. Y lo que vino fue un cataclismo. El disco se grabó con una banda que parecía sacada de una jam session entre Jerez y Nueva York: Raimundo Amador, Tomatito, Jorge Pardo, Rubem Dantas, Gualberto, incluso Kiko Veneno y su guitarra rara. En lugar de seguir los patrones estrictos del flamenco clásico, mezclaron jazz, rock progresivo, psicodelia y un sentido rítmico que se atrevía a desafiar el compás. La canción que abría el disco era, justamente, «La leyenda del tiempo», con letra de Lorca y una estructura que no respondía a soleás ni seguiriyas.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Gran artículo. No es nada fácil hablar de una maravilla tan abstracta como «La leyenda del tiempo», algo tan pasional como alienígena.
Enhorabuena.
A mí no me gustaba Camarón hasta que descubrí la leyenda. Un bonito texto para contar si historia.
Enorme discazo se mandó Camarón. La verdadera leyenda del tiempo es la atemporalidad de su música. Estupendo artículo.
Quedó a caber que camarón era un genio es que santificó a su tiempo y consagró el flamenco a la esencia del arte que él lleva dentro la inventó la música tradicional en contra del criterio de aquellos que consideraban saber más que el maestro. Camarón de la Isla permanece vivo en la leyenda del tiempo flotando como un velero. Nos vemos en el cielo camarón!
Amigo Francisco José, hay que dejar de blanquear nombres como el de Rosalia, que está usted hablando de un tema serio. Hay dejar de hacer redundancia con los artistas Morente y Lagartija Nick, nombrados tres veces en el articulo, si mal no recuerdo, o la Rosalia un par de veces. Hay que hacer los deberes si no se domina el tema y escuchar a más formaciones para despues poderlas nombrar. Pero no hay que negar que se nota que le gusta el disco, buena descripción, pero nada nuevo para el oyente/lector experimentado.
Me sorprende la forma en que menciona a Kiko Veneno en el artículo: como un añadido… y fue pata importante de La Leyenda: participó en la idea, en la grabación y en la composición (reconocida) de cuatro canciones, siendo autor único de Volando Voy (la única totalmente original) que es de las más conocidas del disco. Para muestra del conocimiento de Kiko sobre Lorca hay otras letras y adaptaciones entre sus composiciones.