Arte y Letras Historia

Lucky Luciano (y V): El ocaso

mausoleo
Viene de la cuarta parte.

“Su testimonio ha consistido en una chocante y repugnante demostración de santurronería y perjurio. Al terminar la cual estoy seguro de que ninguno de ustedes albergaba duda alguna sobre que no estamos ante un vulgar jugador, ni ante un vulgar apostador, sino ante el mayor gangster de América” (Fiscal Thomas E. Dewey, en el alegato final del juicio contra Charlie Luciano)

El 3 de enero de 1946, Thomas E. Dewey tenía un considerable sapo que tragar. Sobre la mesa de su despacho había un papel que requería su firma. Sin duda debió de contemplar aquel documento con sumo disgusto mientras sostenía una estilográfica; quizá vaciló de estampar su rúbrica. Diez años atrás, ejerciendo como fiscal especial, había conseguido encerrar al criminal más importante de la nación, Charlie “Lucky” Luciano. Con astucia, mediante una acusación por proxenetismo. Había desprestigiado a Luciano ante el tribunal, haciéndolo incurrir en contradicciones, sacando trapos sucios de su pasado e incluso avergonzándolo ante los demás mafiosos al insinuar que durante sus años más jóvenes había colaborado con la policía para evitar una larga condena por narcotráfico. Había conseguido que Luciano diera con sus huesos en la cárcel. Después se preocupó por aclarar ante la prensa que no pensaba que la acusación de proxenetismo fuese la única de la que “Lucky” era merecedor, afirmando que su recién capturada presa era el mayor criminal del país, alguien cuyos tentáculos alcanzaban los más lucrativos rincones de la actividad ilícita, como dejó patente en declaraciones a diarios como el New York Times:

“El control de toda la prostitución organizada de Nueva York era uno de sus menores tinglados y los cuatro proxenetas que se declararon culpables eran simples subordinados. Así que el asunto de la prostitución ha sido sencillamente el vehículo mediante el cual poder encerrar a estos hombres. Pero opino que cierto acusado de primer nivel, junto con otros criminales bajo sus órdenes, ha absorbido gradualmente el control del tráfico de narcóticos, de las apuestas, de la usura, de la lotería ilegal, de la adquisición de bienes robados y de diversos chanchullos industriales”.

Ahora, una década más tarde, en 1946, Thomas Dewey ya no era fiscal. Su carrera había seguido progresando hasta convertirse gobernador del estado de Nueva York. El papel que tenía sobre la mesa de su despacho y que tanto esfuerzo le debió de suponer firmar era la conmutación de la sentencia de Luciano, la misma sentencia que había sido el producto de su anterior trabajo. Si firmaba, el gangster más importante del país saldría de la cárcel. Cierto era que Al Capone también estaba en libertad, pero por otros motivos; la sífilis había reducido a Capone a un penoso estado de incapacidad y ya no constituía un peligro para nadie. Luciano, sin embargo, seguía estando en plena forma. Todavía manejaba los hilos de su organización criminal desde detrás de los barrotes y contaba con el respeto del resto de jefes de la Cosa Nostra. Volver a ponerlo en las calles era como deshacer todo lo conseguido durante su periodo como fiscal especial. Sin embargo, el gobernador Dewey no tenía muchas más opciones. Luciano había llegado a un acuerdo con las autoridades militares: obtener la libertad a cambio de reforzar la seguridad en los muelles neoyorquinos, evitando sabotajes en los buques estadounidenses y garantizando que no habría huelgas durante el conflicto bélico, además de ayudar a establecer vínculos entre las tropas norteamericanas que invadían Italia y la Mafia siciliana, que estaba deseosa de contribuir a la caída de Benito Mussolini. Ese era un acuerdo firmado a unos niveles muy por encima de lo que el gobernador Dewey podía aspirar a discutir. El pacto tenía la aquiescencia de Washington. Había otros motivos para que Dewey sintiera que tenía que firmar. Estaba enfrascado en una ascendente carrera política; de hecho fue candidato a la presidencia por el partido republicano en dos ocasiones, aunque perdería ambas, frente a Roosevelt y Truman. No podía hacerse el rebelde. Firmó el papel. Un mes después, las puertas de la cárcel de Sing Sing se abrían: caminando, sonriente, el rey del crimen en los Estados Unidos volvía a respirar aire libre.

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17 comentarios

  1. Genial trabajo y relato. He disfrutado muchísimo leyendo todas y cada una de sus partes. De lo más interesante y adictivo (¡lo que nos has hecho esperar!) que he podido leer por aquí.

    Gracias.

  2. Impresionante y fascinante historia. Enhorabuena.

    Una maldad: Hacia la mitad del artículo, cuando se habla de «Bugsy» Siegel, se le describe como «bien parecido», es una expresión poco usual en castellano y parece que deriva de la traducción del inglés «well looking», no?

    • ¿Sí? Qué curioso. Yo he pensado lo mismo de la expresión «perfil bajo», pero lo de «bien parecido» lo encuentro de una prefecta castellaneza.

    • Yo también seré un poco malo. Hay alguna otra construcción «extraña» en castellano a lo largo de las 5 partes. Y algún pedacito se puede encontrar tal cual en wikipedia: (Before taking the shot, Gigante called out, «This is for you Frank!» On hearing this, Costello turned his head. Gigante fled the scene thinking the fallen Costello was dead. However, Gigante’s unintentional warning had saved Costello and left him with only a scalp wound. After the abortive hit, Gigante went into hiding. However, Gigante finally turned himself in to face mob trial. Costello refused to identify Gigante as the shooter, resulting in his acquittal.)

    • E.J. Rodríguez

      Hola Edge,

      «Bien parecido» es una expresión tradicional en castellano, de hecho pensaba que cualquier persona leída estaría familiarizada con ella, aunque sólo fuera por libros antiguos.

      Un cordial saludo.

      • Buenas otra vez y disculpa la tardanza en contestar. No digo que no sea una palabra tradicional, pero creo que en la actualidad es muy poco usada. No me considero ningún erudito pero me sonaba más a una traducción del inglés que a un uso normal del castellano, pero agradezco tu respuesta y la acepto, faltaría más.
        Un saludo,

  3. Enhorabuena y gracias por el rato.

  4. Gonzalo Mahillo

    Magnífica saga, cuyo epílogo resulta la auténtica guinda del pastel, la reflexión sobre el triunfo indivudual independientemente del marco circunstancial. Grandiosa respuesta de Luciano que puede dar para todo otro artículo!

  5. Barbaro. He disfrutado como un enano.

    ¿Ese como veremos en el epílogo indica que vas a continuar es escribiendo sobre el tema?

  6. Fantástico trabajo, te has ganado un seguidor atento a tus articulos, gracias por el esfuerzo

  7. Fantástica serie, los cinco capítulos han sido muy buenos la verdad. La cita final de este quinto capítulo mete miedo por lo descriptiva que es de la situación actual: » En estos días, te postulas para un puesto y obtienes una licencia con la que robarle al público.»
    Es un tema muy interesante y Sicilia es un mundo en si mismo. Una isla para recorrer de punta a punta.

  8. Buenísimo, un placer leer toda esta serie.
    Muy instructiva y amena, como suelen ser todos tus artículos.

  9. Pingback: El Padrino: Musica, tradimento, vendetta ed arance (II) | Harlan

  10. Qué cosas…el autor quiere escribir sobre USA, y resulta que se le ocurre traducir información en inglés. Quién lo iba a decir! En fin, he leído la serie entera y merece mucho la pena. Muchas gracias por trasladárnosla de manera tan simple y amena para que los profanos sigamos el hilo sin tener que releer constantemente.
    Y personalmente en ningún momento he tenido la sensación de estar leyendo algo traducido del inglés.
    Muchas gracias por todo!

  11. Tengo una gran admiracion por Luciano, principalmente por su inteligencia, se corrobora mi admiracion en lo que el responde en la entrevista que se hae mencion de Que haria si viviera de nuevo…. Como el, Meyer Lansky, Frank Costello, eran tipos que sabian mas de management que cualquier gerente o Presidente en el mindo legal. Felicitaciones por su articilo… Muy bueno

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