Cine y TV

Selma: el sueño, sin el sueño

Imagen: Cloud Eight Films / Celador Films / Harpo Films / Pathé / Plan B Entertainment
Imagen: Cloud Eight Films / Celador Films / Harpo Films / Pathé / Plan B Entertainment

De una película, lo peor que puede decirse es que es «necesaria». Entre otras cosas, porque actúa a la inversa de lo pretendido, y ese empellón que trata de propinársele al espectador hasta la sala de cine, acaba espantándole de cumplir con una obligación que no recuerda haber contraído. Viene al caso porque Selma, el biopic sobre Martin Luther King que narra la movilización de 1965 entre esta localidad y Montgomery (Alabama), llega perseguida por esa etiqueta, en parte acreditada por lo que muchos han entendido como una injusticia histórica de naturaleza cinematográfica. Y es que casi medio siglo después de su asesinato, Hollywood aún no había retratado la vida de uno de los mayores exponentes de la lucha pacífica por la igualdad racial. La ausencia laceraba especialmente por la profusión de filmes sobre diversas figuras afroamericanas (James Brown, Ray Charles, Malcom X, Hurricane Carter) presentes en las pantallas en los últimos años. ¿Por qué Martin Luther King no?

La respuesta es larga y aburrida, así que resumiremos telegráficamente para iluminar un poco el cómo y el por qué de Selma. Los herederos de MLK llevan años obstaculizando cualquier iniciativa cinematográfica, enfangados como estaban en disputas fratricidas por el jugoso legado económico de su padre, multiplicado astronómicamente con la llegada del primer afroamericano a la Casa Blanca. Además, «el sueño» tiene copyright, y cualquiera que intentara filmar vida y obras del nobel de la paz se daba de bruces con la imposibilidad de reproducir sus discursos, cuyos derechos dormitan en la caja fuerte Steven Spielberg. Así las cosas, el libreto originario de Selma fue una de esas patatas calientes de la industria, que durante siete años fue dando tumbos entre diferentes directores (Michael Mann, Stephen Frears, Paul Haggis, Spike Lee, Lee Daniels y finalmente Paul Webb) que acabaron hasta la peineta de los tiras y aflojas con los herederos, y también de los problemas de financiación. Finalmente la obra recayó en Ava DuVernay, que como manda la tradición hizo suya toda la colección de lugares comunes cuando tomó la batuta: manifestó su intención de no hacer un biopic al uso, dejó clara su intención de mostrar al «hombre detrás del icono»… Si tenía voluntad o no de hacer una película «necesaria», sobra decirlo. Pero el resultado es irregular, una cinta con tantas ganas de hacer historia —o de cerrar cuentas— que por momentos no hace otra cosa que derrochar tósigo contra ella. Dicho esto con interés más cinematográfico que historicista.

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2 comentarios

  1. ¿Impronunciable?

    Impronunciable para el paleto de Brad Pitt, que aún debe estar dando gracias a Dios por su cara bonita.

  2. Pingback: Selma: y Martin Luther King tuvo su película

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