
K. Hepburn. —Me temo que tal vez sea demasiado alta para usted, señor Tracy.
J. Mankiewicz. —No te preocupes, Kate. Te pondrá a su altura.
El comentario que le hizo Spencer Tracy a Joseph Mankiewicz después del primer encuentro fue que ella tenía las uñas sucias. Tampoco le convencía la idea de compartir protagonismo en una comedia de lucha de sexos con una mujer con fama de sexualmente ambigua. Para añadir reparos, el actor recelaba de un proyecto promovido por la actriz ya que temía que acabara en vehículo de lucimiento exclusivo para ella. De hecho, Katharine Hepburn le había vendido la idea a Louis B. Mayer y asegurado la financiación antes incluso de tener el libreto escrito. Hepburn además había declarado su interés en que su pareja en el film fuera Spencer Tracy. Era un actor al que admiraba desde que lo había visto en Broadway cuando él estaba actuando en The Last Mile. Por su parte, Tracy no había visto ninguna de las películas de Hepburn, pese a que, por aquel entonces, ya era una de las actrices más célebres y bien pagadas de Hollywood.
En cualquier caso, el actor se sumó al elenco. Un poco a regañadientes. En un principio se había pensado en el director George Cukor para dirigir la película. Pese a ser uno de los mejores amigos de la actriz, esta prefirió un director más rudo y que conociera los entresijos del béisbol, dado que este deporte jugaba un papel nada desdeñable en la historia. Así fue como George Stevens, también amigo de Hepburn, se situó tras la cámara para rodar La mujer del año. Según sostiene el periodista William J. Mann en Kate. El lado oscuro de Katharine Hepburn, la actriz buscaba con esta nueva película humanizar su imagen, hacerla más sensual y próxima, pues hasta entonces adolecía de cierto estiramiento glacial, puritanismo hervido y escasa carga erótica. Para ello, nada mejor que valerse de un coprotagonista masculino que representara todos los estereotipos vinculados a la virilidad más primaria. Y ahí estaba el bueno de Spencer. Pronto todos los presentes en el plató se percataron de la química existente entre ambos. Para decirlo con los cronistas rosas, que tantas líneas cardiacas han dedicado a loar el amor de la pareja, en el set de rodaje saltaron chispas. Pero parece ser que la cosa no acabó ahí. A Katharine y Spencer les dio por enamorarse. «Nuestros personajes cinematográficos se enamoraron. No sé qué fue primero, el que ellos se enamoraran, o que lo hiciéramos nosotros. Creo que fuimos nosotros primero, pero nuestros personajes cinematográficos lo supieron primero». Con esta mezcolanza entre realidad y ficción —muy consciente en la construcción de la propia leyenda por parte de la actriz—, Hepburn confesaba a una de sus últimas biógrafas, Charlotte Chandler, el inicio de una de las relaciones más duraderas y admiradas del cine. Sin embargo, como siempre pasa en Hollywood y en la vida misma, no siempre es oro todo lo que reluce. Más bien todo lo contrario.
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El nombre del director era George Cukor, no Cuckor. Por lo demás, muy interesante el artículo, como la relación Tracy-Hepburn…
Scotty Bowers, el chapero/gigoló del Hollywood clásico, también habló de Katherine Hepburn en su libro «Servicio completo. La secreta vida sexual de las estrellas de Hollywood». Dijo que «Hepburn era lesbiana y no me imaginaba a aquella mujer incuestionablemente hombruna teniendo un idilio con un hombre, ningún hombre». Que a ella le gustaban las chicas «morenitas, guapas y no demasiado maquilladas», y que le proporcionó más de 150 mujeres.
De Spencer Tracy dice que » …era otro bisexual, un hecho totalmente ocultado por el departamento de publicidad del estudio… en el caso de que lo supieran…», y que pasó varias noches con él.
En definitiva, afirma que lo del amor eterno entre Hepburn y Tracy era un montaje de la productora. Vete a saber cuánto hay de cierto en esas palabras.
Duda de ignorante: en El Aviador, Kate Hepburn deja a Howard Hugues por Spencer Tracy… donde encaja Ford aquí?
interesante articulo !
La anécdota inicial la conozco de otra manera, en ella, es S. Tracy quien dá la replica, diciendo: No se preocupe, srta, pronto la haré sentirse más pequeña.