Piratas modernos, dientes de oro y eyeliner

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Es lógico que una película basada en la atracción de un parque temático (Pirates of the caribbean en Disneyland) no fuera un proyecto visto con buenos ojos, sobre todo teniendo en cuenta lo mal que habían funcionado todas las incursiones recientes en el cine de piratas, pero la idea se remontaba a los noventa y tras varios borradores de guión y una revisión más enfocada hacia el género fantástico el todopoderoso productor Jerry Bruckheimer (CSI, Con air, La roca, 60 segundos, Black hawk derribado, Prince of Persia) dio luz verde a una producción protagonizada por Johnny Depp, Orlando Bloom y Keira Knightley y bajo la dirección de Gore Verbinski (The mexican, Un ratoncito duro de roer, The ring) convirtieron una idea descabellada en un muy entretenido filme de aventuras.

Piratas del Caribe: La Maldición de la Perla Negra. (2003)

Si bien la historia parecía en un principio estar protagonizada por Will Turner (Orlando Bloom) la gran sorpresa y aliciente de la película residía en el personaje de Jack Sparrow, interpretado por un histriónico Johnny Depp, y sus intentos de recuperar el barco La Perla Negra de las manos de una tripulación maldita comandada por el Capitán Barbossa (Geoffrey Rush) que trataba de librarse del conjuro que los condenara yendo tras un importante tesoro azteca del que Elizabeth Swann (Keira Knightley) posee una parte indispensable. Mucho sentido del espectáculo, unos valores de producción bastante altos con notable uso de los fx (apreciable en unas espectaculares escenas de la tripulación convertida en esqueletos por culpa de la luz lunar) y un guión ágil que sacaba partido de lo icónico de los mejores personajes consiguieron dar lugar a una película de aventuras con sabor a clásico en una época en la que este género estaba caído en desgracia por culpa de diferentes estrenos que confundían el alma aventurera con la partida a la playstation (Tomb Raider o La Momia y sobre todo sus secuelas). La taquilla reaccionó muy bien a la propuesta, hasta tal punto que Disney se planteó rodar de seguido una segunda y tercera parte que compartirían trama principal.

Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto. (2006)

La secuela recuperaba director y casting, obligaba a Ted Elliott y Terry Rossio (guionistas de la franquicia) a crear una nueva aventura, esta vez centrada en Davy Jones (Bill Nighy) como nuevo pirata maldito de tripulación curiosa, y salpicando la trama de simpáticos guiños a la primera parte. El despliegue de medios era mucho mayor, Jack Sparrow comenzaba a resultar cargante por exagerado y los efectos especiales tenían en algunas secuencias una calidad asombrosa con el calamar infografiado que era el propio Davy Jones y su séquito de tripulación monstruosa como principal ejemplo y en muchos momentos permitiéndose jugar al espectáculo apabullante con nuevas amenazas como un monstruoso Kraken marítimo. Pero los mencionados Elliott y Rossio comenzaban a tomarse demasiado en serio el mitificar la trilogía y poco a poco iban dotando de peso en la historia a demasiados personajes anestesiando el interés de la audiencia. Lo peor es que la secuela se desinflaba con facilidad hasta llegar a un poco afortunado desenlace que no era tal dejando la historia en el aire de la peor manera: mediante un cliffhanger traicionero.

Piratas del Caribe: En el fin del mundo. (2007)

Desenlace de los hechos acontecidos en El cofre del hombre muerto con nuevo fichaje de renombre (Chow Yun-fat) siguiendo una tradición no escrita de introducir el toque oriental llegado un determinado número de secuelas (Arma Letal 4, La Momia 3).  Tercera entrega con evidentes síntomas de desgaste que en realidad no tienen tanto que ver con el ligero cambio de tono en el género (de aventura de piratas se pasa directamente al fantástico) como con un guión mucho más confuso obsesionado por crear una trilogía legendaria que sobrecarga lo que no debería de ser más que un ligero entretenimiento. Una obsesión por liar la madeja con constantes cambios de bando entre piratas, una duración exagerada para lo que necesita y lo ridículo de algunas secuencias (como la transformación de Calypso o el Sparrow clonado) consiguieron la más floja de las entregas que si bien aún conservaba cierto toque personal de Verbinski (las escenas en la tierra de los muertos o el estupendo plano que indica la travesía desde esta a la tierra de los vivos) y se guardaba un cachondo cameo por parte de Keith Richards como padre de Sparrow, no sabía mantener el tipo ni las expectativas.

Piratas del Caribe: En mareas misteriosas. (2011)

Cuatro años después de En el fin del mundo y robándole título a una novela de Tim Powers nos llegaba En mareas misteriosas. Rob Marshall (Chicago, Memorias de una geisha, Nine) sustituía a Gore Verbinski en la dirección y se eliminaban (por fin) los anodinos personajes de Bloom y Knightley. Geoffrey Rush retomaba su papel de Barbossa e Ian McShane y Penélope Cruz conformaban las más importantes nuevas incorporaciones a la plantilla en los papeles de Barbanegra y su hija Angelica, respectivamente.  La fuente de la juventud se convierte ahora en el objeto codiciado por todos. Y los responsables esta vez se dan cuenta que el mejor detalle que pueden tener con el público es ofrecer una historia autoconclusiva. No se renuncia a lo sobrenatural con algún interesante resultado: La espada de Barbanegra puede dar vida a los barcos dando lugar a un plano de tripulación sometida bastante eficaz y la inclusión de nuevas criaturas como las sirenas son un acierto al dejarnos momentos bastante destacados como la primera aparición de las mismas. En la parte mala una historia que se muestra demasiado contenida al avanzar con ciertos problemas de ritmo, y es que quizás Marshall, pese a cumplir firmemente el encargo, carece de una visión más dinámica para darle cierto punto a escenas de acción como la huida inicial de Sparrow. Tampoco faltan las concesiones inverosímiles como el parkour entre palmeras, pero estas locuras ya parecen marca de la casa desde la primera secuela.

Y en el apartado de la participación española cabe destacar que Penélope no es la única figura patria que participa. La guapísima catalana Astrid Berges-Frisbey interpreta a la sirena con más planos y participación, Juan Carlos Vellido tiene un brevísimo papel y Oscar Jaenada da vida al jefe de los españoles (españoles que siendo muy fieles a la realidad la única función que tienen en la película es la de llegar, joderlo todo, e irse por donde han venido) aunque su papel sea casi testimonial.  Por cierto, el propio Jaenada parece haberle cogido el gusto a la piratería, siendo como es protagonista de la nueva chusta de telecinco: Piratas, esa serie de ficción que compite con Aguila roja en cuanto a rigor histórico, fotocopia el personaje de Sparrow y que, lo más gracioso de todo, trata de hacernos creer que Pilar Rubio y el Pertur de Sin tetas no hay paraiso son auténticos piratas.

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