Manuel Jabois: Los de colorado son los nuestros

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Como esos bosques que se vacían de animales minutos antes de que la tierra tiemble, en el País Vasco ahora sólo se escucha el crujir de ramas producido por el viento y se asienta una paz eufórica anterior al estallido de la reconciliación. Este empeño de normalidad afecta principalmente a la izquierda abertzale, interesada en el esfuerzo de la concordia y la blanca paloma, capaz de subvertir el discurso de las bombas en algo más elaborado y profundamente sintáctico: el bálsamo de los asesinos y las víctimas siempre al borde del perdón perverso de los segundos hacia los primeros por haberlos obligado a matar. Se suben a los familiares de los terroristas al balcón del ayuntamiento en las fiestas patronales no en calidad de pregoneros, sino como sufridores de aquellos que Ibáñez Serrador exhibía en el Un, dos tres y Bildu entrena a ratos la angustiosa equidistancia en favor del sellado del conflicto; un cierre abstracto que ha de hacerse sin exigirle nada a ETA: la calma tutelada de los terroristas, velando por la convivencia como insignes padres de la patria.

Alcanzado el poder, estos diseñadores de actos de conciliación, estos modistos de la paz, tienen su pequeña hoja de ruta que agitan suavemente con maneras de serpiente. Brindis al sol en gestos cargados de buenas intenciones y trabajo de zapa en la rehabilitación social de los gudaris embarrados en sangre; exaltación íntima del jo ta ke y denuncia perpetua de las agresiones del Estado español, que insiste en la ley como aquellos fantasmas japoneses de la Segunda Guerra Mundial emboscados en los años ochenta. Se entierra el terrorismo como si la procesión de cadáveres hubiese sido producida por una peste antigua de la que no se debe hablar por respeto a los mártires que padecen en cárceles por motivos difusos. En el País Vasco dice el alcalde de San Sebastián que hay “víctimas de todos los colores”, y en ese señalamiento se incluye a los que pusieron la nuca y los que apoyaron detrás de ella la pistola. Nos dicen que no debe haber vencedores ni vencidos en una guerra en la que unos iban al cementerio mientras otros pedían langosta para celebrarlo, ni debe echarse la vista atrás aunque no haya habido perdón ni ligera amenaza de arrepentimiento.

De la socialización del sufrimiento se ha llegado a la socialización de la happy hour, un pantagruélico discurso artillado en el alivio con el que miles de personas han ido recibiendo los comunicados de ETA prometiendo paces como peces, y ahora que esos votos los han subido al coche oficial se preparan para pilotar una Transición con la que dentro de unos años se reconozca como lista oficial de víctimas los muertos asumidos por la DGT en desplazamientos a Soto del Real. Y pese a que no faltan abertzales de buena voluntad ni sinceras expiaciones, cuando el gesto de reparación y afecto se exagere hacia el lado equivocado siempre se escuchará de fondo a un tribuno de la Inquisición voceando aquello de “los de colorado son los nuestros”; sobre esas brasas de olor penetrante, sobre ese fuego de traumático recuerdo, han de pisar otra vez las víctimas sin aspavientos para que se las declare no culpables y sobre ellas no caiga el peso de hacerse asesinar otra vez y volver así perezosamente a las andadas.

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5 comentarios

  1. El increíble hombre sin guantes

    Supongo que el relato que tienen que contarse a sí mismos los batasunos es el de una supuesta reconciliación entre dos partes enfrentadas. La alternativa es reconocerse como una secta fanatizada, cruel y obtusa.

    La primera es más asequible para su autoestima, supongo, y facilitará que cambien. Pero los demás no debemos olvidar que la descripción más ajustada de la realidad es la segunda.

  2. Pingback: Texto casi Diario: María Pilar Clau & Mariano Gistaín

  3. SOUSA-POZA

    Mucho, Jabois, mucho! Donde esta tu ironia gallega? Parece un articulo escrito por un andaluz.

  4. Pingback: Los de colorado son los nuestros

  5. Si, muy bien, pero… ¿dónde quedan en ese relato del terror las decenas de miles de ciudadanos torturados a lo largo de 5 décadas? ¿hay espacio es esa estantería para albergar el diccionario de la represión? ¿hay un apunte para el general Galindo y sus secuaces?

    ETA es lo peor que le ha pasado al Pais Vasco en el s.XX… después del franquismo. ¿Se puede condenar lo uno e ignorar lo otro?

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