Siete goles, siete recuerdos (vol. 2)

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George Weah
George Weah, mostrando su trofeo como mejor jugador de Europa.

Cuando a raíz de ciertos enfrentamientos en competiciones europeas empezamos a oír hablar de él, los aficionados de media España —y de media Europa— quedaron asombrados por el descubrimiento. En la liga francesa jugaba un tal George Weah, delantero africano que personificaba un cóctel letal —físico impresionante, técnica igualmente impresionante— y que parecía destinado a convertirse en un grande. Recuerdo perfectamente a un famoso locutor que, durante un partido entre un equipo español y la escuadra de un todavía poco conocido Weah, dijo con asombro: “no habíamos oído hablar de él, pero probablemente estemos ante el mejor futbolista de Europa”. Y era efectivamente uno de los mejores, algo que terminó de demostrar cuando fue fichado por el Milan y dejó para la posteridad algunas de las jugadas más antológicas que se recuerdan. Weah procede de un país pequeño y futbolísticamente débil como Liberia (aunque tras salir de la liga liberiana estuvo una temporada en la liga camerunesa, haciendo 14 goles en 18 partidos) lo que le negó la oportunidad de brillar en los Mundiales… de haber sido nigeriano o camerunés otro gallo hubiese cantado. Pero gracias al Milan obtuvo el reconocimiento que merecía, llegando a ser nombrado por la FIFA mejor futbolista del planeta en el año 95 (año de su llegada a Italia). Tras su fichaje por el club italiano, empezó a hacer caer mandíbulas con demostraciones de poder físico y exquisito toque como la siguiente:

VIDEO: Gol de George Weah frente al Lazio de Roma

Aunque quizá el mejor y más espectacular ejemplo de lo que Weah era capaz de hacer —nada menos que en el tremebundo Calcio de los noventa— fue el gol que un tiempo más tarde le marcó al Verona: tras recoger el balón en su propia área (repito: ¡en su propia área!), Weah se lanzó a un contraataque a la carrera y era tal su velocidad y zancada que sus propios compañeros lo tenían difícil para seguirle. Así que, viéndose solo, se limitó a deshacerse de (literalmente) medio equipo veronés, manteniendo el balón hasta el área contraria y batiendo a un portero rival que seguramente, a medida que Weah se aproximaba al arco, veía aterrorizado al futbolista africano parecerse cada vez más a Godzilla, que estaba a punto de hacerle uno de los goles del siglo. Aunque en su momento se incidió mucho en la potencia física demostrada por Weah en la increíble jugada, también puso de manifiesto su extraordinario talento técnico: mantuvo el balón totalmente pegado al pie —¡alguien con esa zancada!— por TODO el campo, se deshizo de dos defensores a la vez con un regate a la media vuelta y le hizo un traje a otro con un “uno-dos” más propio de Sugar Ray Robinson que de un futbolista. Impresionante sería decir poco:

VÍDEO: Gol de George Weah al Verona

Rabah Madjer
Rabah Madjer, "el cazagoles".

Otro jugador africano que pudo hacer historia —de hecho, la hizo— pero que quizá no llegó a desplegar todo su potencial fue Rabah Madjer. Considerado el mejor futbolista argelino de la historia (y algunos incluso dicen que el mejor jugador árabe de todos los tiempos) Madjer ya se hizo notar en el Mundial 82: eran tiempos en que los equipos africanos —y más aún los árabes— eran considerados simples “Marías” futbolísticas, carne de fácil goleada. Pero la selección argelina, aunque era de calidad desigual y no se la podía considerar un equipo potente, sorprendió al mundo con algunas ráfagas de juego preciosista, varios letales y muy precisos contragolpes, y la seria calidad técnica de algunos de sus jugadores, como Lakhdar Belloumi o el propio Madjer. Tras pasar por la liga francesa —por entonces el gran puente de los futbolistas africanos hacia Europa— fue fichado por el Oporto del célebre Paolo Futre, al que ayudó a ganar nada menos que la Copa de Europa marcando un gol (¡de tacón!) a todo un Bayern de Münich ¡en la final! Madjer, de hecho, llegó a pasar por la liga española: concretamente por el Valencia, donde hizo cuatro goles en los únicos catorce partidos que jugó aunque causó seria impresión por su potencial. Madjer era ambidiestro —manejaba por igual las dos piernas—, tenía una gran potencia de salto y un juego muy vertical. Sin embargo no se terminó de adaptar ni parecía un futbolista dispuesto a disciplinarse, y a los pocos meses retornó a Portugal, donde hizo diez goles en once partidos. Fue uno de esos futbolistas que dejaron la impresión de no haber dado un 100%, pero al menos quedará para el recuerdo su triquiñuela en toda una final europea:

VIDEO: Gol de tacón de Rabah Madjer al Bayern, en la final de la Copa de Europa

Adrian Ilie
"La Cobra" Ilie; sonriendo, como de costumbre.

Otro jugador que pasó por el Valencia y de quien sí podemos decir con toda seguridad que no dio al fútbol todo lo que anticipaba su potencial fue el rumano Adrian Ilie. El equipo valenciano lo fichó a mitad de temporada y el jugador, virtualmente desconocido en España, debutó con el campeonato en marcha, recién bajado del avión y directamente procedente de la liga turca. Quien siguiera la Liga en aquellos años recordará perfectamente el revuelo que causó su llegada a mitad de campeonato: sin que pareciera tener la más mínima necesidad de adaptación, con la liga en plena marcha, en un país cuyo idioma no sabía hablar, en un equipo donde nunca había ni entrenado y junto a unos compañeros a quienes sencillamente no conocía, Adrian Ilie hizo doce goles en los diecisiete partidos que jugó durante aquella segunda vuelta. Toda la prensa se preguntaba de dónde demonios había salido semejante bestia del área y los valencianistas creían estar asistiendo al advenimiento de un segundo Mario Alberto Kempes. Ilie no era un futbolista presto a las filigranas, pero su impresionante instinto asesino anunciaba que en la Liga había un nuevo poder. Incluso se hablaba, a las pocas semanas de su llegada, sobre cuánto tardarían el Madrid o el Barcelona en hacer una oferta millonaria por él. Sólo le faltaba un apodo célebre para redondear el “pack”, pero durante la rueda de prensa posterior a uno de aquellos partidos, el carismático entrenador italiano del Valencia, Claudio Ranieri, comentaba con asombro que “Ilie es letal, te pica y te mata, como una cobra”. Desde entonces, el rumano pasó a ser popularmente conocido como “la Cobra Ilie”. Pero aquella segunda vuelta mágica con la que debutó en Valencia, sin duda una de las mayores exhibiciones goleadoras que se habían visto en bastante tiempo, fue su canto de cisne: en los años siguientes las lesiones, así como su carácter individualista y huraño, impidieron que “la Cobra” explotase. Su rendimiento decepcionó y muchos aficionados, especialmente valencianistas, terminaron añorando aquellos diecisiete partidos en que Adrian Ilie era capaz de fabricar un gol desde la nada.

VIDEO: Gol de Adrian Ilie al Mérida, recién llegado —literalmente— a la liga española

Gianluca Vialli
Gianluca Vialli

Otro goleador que no es muy recordado hoy en día, aunque sí dio mucho que hablar en su momento y que desde luego tuvo una carrera infinitamente más completa que la de Adrian Ilie, es el italiano Gianluca Vialli. Estableció su reputación en las ocho temporadas que jugó en la Sampdoria: su gran año fue probablemente la temporada 88-89, donde además de marcar catorce goles en liga, hizo doce en la Copa de Italia y otros cinco en competición europea. El Mundial de Italia 90 se preveía como su gran momento de gloria: delantero titular de la selección local en el mejor momento de su carrera. Sin embargo, Vialli no brilló en el Mundial y contra todo pronóstico le robó el protagonismo el delantero suplente Totó Shilacci, quien se convirtió en héroe imprevisto y máximo goleador del campeonato. Vialli siguió jugando a buen nivel en el Calcio: más tarde ficharía por la Juventus, y luego se marchó Inglaterra, donde siguió demostrando sus buenas cualidades en el Chelsea. Sin embargo tuvo un agrio encontronazo con el seleccionador italiano Arrigo Sacchi, quien le excluyó del equipo nacional (al que, además, Vialli juró no volver mientras Sacchi siguiera en el cargo). Aunque al triunfo mundialista le estuvo vetado, Vialli aún pudo dejar su huella en partidos trascendentales, como aquella final de la Copa de la UEFA de 1995, en donde —aunque la Juve terminó perdiendo—Vialli marcó uno de los goles más espectaculares de su carrera: un remate a vuelapluma con un efecto endiablado que muy bien podría responder a la calificación de Volea Asesina. Disfruten:

VIDEO: Gol de Gianluca Vialli al Parma en la final de la Copa de la UEFA

Otro jugador italiano: en la anterior entrega ya comentamos algún gol de Roberto Baggio, pero habiendo hablado del Mundial 90 no podemos ignorar la joya que “Il Divino Codino” marcó al equipo checoslovaco en aquel mismo campeonato. Baggio era el niño prodigio del fútbol italiano, que por entonces —cuando acudió a su primer Mundial— tenía veintitrés años. Estaba a punto de fichar por la Juventus y había ganado el premio a mejor jugador joven europeo, pero aún se le consideraba demasiado “inmaduro” para ser titular porque le faltaba consagrarse en un club grande. Lo cierto es que Baggio era un futbolista de ráfagas, pero cuando aparecía era capaz de las jugadas más sublimes. En aquel campeonato marcó dos goles (el segundo en el partido de consolación por el tercer y cuarto puesto frente a Inglaterra), pero la extraordinaria jugada con que logró el primero de ellos era como un aviso al mundo: acababa de llegar un grande. Su estilo de amago y regate recordaba al mejor George Best y su capacidad para finalizar jugadas con los recursos más dispares recordaban a Maradona. Tres años después de esta jugada, Roberto Baggio ganó el Balón de Oro y la distinción de la FIFA como mejor jugador del mundo; cuatro años después llevó a Italia a la final de otro Mundial, aunque la gente se empeñe sólo en recordar que falló un penalti decisivo:

VIDEO: Gol de Robert Baggio ante Checoslovaquia

gerd müller
Gerd Müller en su estado natural: marcando gol.

Pocas cosas pueden decirse de Gerd Müller, porque las cifras son más elocuentes que cualquier adjetivo. Máximo goleador del Mundial de 1970 con diez tantos; hizo otros cuatro goles en el Mundial de 1974. Marcó 68 goles en 64 apariciones como internacional (¡más de un gol por partido!). En sus mejores años en la Bundesliga, nunca metió menos de quince goles en una temporada, y en ocho ocasiones marcó más de veinticinco. Fue siete veces Pichichi de Alemania. En una temporada llegó a marcar doce goles en seis partidos de competición europea. Ganó cuatro ligas y tres Copas de Europa con el Bayern de Münich. Ganó la Bota de Oro en dos ocasiones y también un Balón de Oro. Es sin lugar a dudas uno de los arietes más grandes de la historia y algunos le consideran el delantero más eficaz que jamás haya existido. No fue un jugador “artístico” como Pelé o Maradona, no tenía un “jogo bonito” con el que prender fuego a las moviolas, pero reunía las cualidades básicas que debe tener un delantero centro clásico: oportunismo, rapidez de reflejos, buen desmarque, buena colocación, habilidad en corto, capacidad para rematar desde todos los ángulos. Era tan astuto desmarcándose que en numerosas ocasiones hizo que pareciera que los defensores estaban dormidos o pensando en las musarañas. En jugadas a balón parado a menudo parecía invisible, porque remataba tranquilamente —libre de toda marca— entre unos defensas que lo tenían precisamente como principal objetivo de sus marcajes. Una buena demostración de estas habilidades son los cuatro goles que hizo en un partido que, aunque era oficialmente amistoso, tenía enorme trascendencia: un enfrentamiento entre la RFA y la URSS, en la era en que Alemania estaba partida en dos, era no tanto un amistoso como una seria cuestión política entre una mitad de Alemania y el imperio que dominaba la otra mitad. La seriedad del presunto “amistoso” puede deducirse por la intensidad del juego y las reacciones de los jugadores y el numeroso público tras los goles. En aquel partido de tintes patrióticos, Müller hizo gala de todas sus cualidades como delantero, sobre todo de su perfecta colocación y su increíble anticipación, además de un oportunismo que no sólo engañaba a los defensores, sino también a las propias cámaras ¡que ya estaban enfocando a otra parte mientras él marcaba su segundo gol! O como en el cuarto tanto, un curiosísimo “churro” que es la demostración de que el mejor delantero es aquel que está SIEMPRE en el lugar indicado. El único, auténtico e irrepetible Rey del Gol… Gerd Müller, el Bombardero Alemán:

VIDEO: Los cuatro goles de Gerd Müller a la URSS

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3 Comentarios

  1. Muy buena selección de goles.
    Te doy dos recomendaciones. La primera es de un gol que siempre que lo veo me levanto ha aplaudir: Bergkamp contra el Newcastle (http://www.youtube.com/watch?v=MPzgP6Is3H8). Sin desmerecer el que le marca a Argentina en el 1998. Debe competir con Baggio en la competición de controles, tengo dudas de quien era mejor.

    La segunda no es una recomendación de un gol ya que de él se podrian sacar colecciónes interminables en fasciculos que pocos tendrian dinero para acabar. Pippo Inzaghi, para mi, dada mi edad, el nombre del gol. No creo que haya nadie que haya metido tantos goles con tantas partes del cuerpo. Heterodoxia hecha delatero.
    http://www.youtube.com/watch?v=BMHknKpVyrY (tengo el gran placer de decir que lo vi en directo, una joya que guardaré toda la vida)

    Espero que en próximas entregas hables de estos dos montruos. :)

  2. Gran selección

    Por si anda en preparación el volumen 3 de Siete goles, siete recuerdos, recomiendo el gol de Christian Vieri con el Atleti ante el Paok de Salónica

    Y si aún queda hueco para otra recomendación, recordaría otro talento maldito como fue Diego Tristán

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