Enric González: Sobre la tiranía

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Hierón ejerció como tirano en la colonia griega de Siracusa hace 26 siglos. Unas décadas después de su muerte, Jenofonte le hizo protagonista de un diálogo breve en que el tirano debatía con el poeta Simónides sobre las ventajas y las desventajas del ejercicio del poder. En 1948, Leo Strauss (presunta figura paterna del neoconservadurismo) escribió On Tyranny, un ensayo denso y enigmático, en el que diseccionaba el diálogo de Jenofonte. On Tyranny, del que ignoro si existe edición en castellano, exige al lector grandes esfuerzos, pero, como es habitual en Strauss, ofrece una recompensa extraordinaria: enseña al lector a leer.

Eso no es ninguna paradoja. Poquísimas personas son capaces de seguir el hilo entre las palabras y la mente del autor y captar por completo el juego de dudas, engaños, rectificaciones y decisiones azarosas que intervienen en la composición del texto y en su interpretación posterior. Perdón por la digresión.

Strauss utiliza su análisis del Hierón de Jenofonte para demostrar tres tesis. Una la hace obvia el propio Jenofonte: el tirano tiene como característica el sentirse incomprendido por la sociedad, sacrificado y agobiado por el poder que él mismo ejerce. La segunda es algo más compleja, aunque hoy tiende a ser comúnmente aceptada: la sociedad y su estructura de poder, sea cual sea, tiende a sofocar el pensamiento crítico, que para Strauss es consustancial a la filosofía.

La tercera tesis es la que interesa realmente a Strauss, y establece que las sociedades (y sus filósofos) tienen grandes dificultades para detectar la aparición de las tiranías. Salvo en los casos más zafios, la tiranía se propone como una forma nueva y superior de gobierno participativo, como una fórmula de progreso, como una respuesta a determinados poderes fácticos, como una iniciativa de los sectores más desprotegidos y como una solución frente a las dificultades de la época. En los años 30, el nacional-socialismo fue interpretado de esa forma por la mayoría de los alemanes y por muchísimos europeos.

Cada fenómeno tiránico es novedoso y muestra características específicas.

Conviene plantearse, porque es una de las grandes cuestiones de nuestra época, si lo que llamamos proyecto europeo muestra los síntomas de una tiranía.

Basta hablar con cualquiera de los técnicos que ejercen el poder en la Unión Europea, un entramado legal e institucional tan complejo que supera a los dirigentes políticos, para comprobar que se sienten afectados por el cansancio y la incomprensión de los que se quejaba Hierón: ellos, abanderados de la razón, están condenados a lidiar con los desastres ocasionados por la cerrazón populista de los partidos, por la mezquindad de los ciudadanos, por la incompetencia de los líderes y por la avidez insaciable de los mercados financieros.

La validez de la segunda tesis de Strauss es obvia. Cualquier oposición al proyecto europeo en su actual forma es descartable porque, según la verdad aparentemente establecida, su alternativa es el caos.

La tercera tesis no vale como prueba. Que no detectemos características tiránicas en una determinada formulación política no significa que sea una tiranía. Sí significa, sin embargo, que puede serlo.

La cesión de soberanía monetaria efectuada por los Estados firmantes en Maastricht se realizó en beneficio de una entidad técnica, el Banco Central Europeo. Ahora, como supuesta solución a la crisis del euro, se propone la cesión de la soberanía fiscal a otro ente técnico bajo límites de maniobra muy estrictos. Los electores europeos, quizá con la excepción parcial de los alemanes, ya no podrán decidir si quieren más o menos impuestos, si quieren revaluar o devaluar su moneda, si prefieren una dosis de inflación (que actúa como impuesto redistributivo) o una dosis de desempleo (que beneficia a las rentas del capital frente a las del trabajo).

En términos prácticos, la tiranía suele identificarse con la represión más o menos violenta de la crítica. Puede pensarse que en los próximos años, en los que se empobrecerá de forma drástica la vida de quienes dependen de rentas del trabajo o de la asistencia pública, ese fenómeno se convertirá en una de las características de la gobernanza europea.

Entramos en una época interesante, en el sentido de la célebre maldición china.

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14 comentarios

  1. «Salvo en los casos más zafios, la tiranía se propone como una forma nueva y superior de gobierno participativo, como una fórmula de progreso, como una respuesta a determinados poderes fácticos, como una iniciativa de los sectores más desprotegidos y como una solución frente a las dificultades de la época.»

    También podría aplicarse al 15M y su peligroso asamblearismo.

    Por otro lado, cuanto menos poder tengan los políticos para enredar con la economía, tanto mejor. Sólo debieran ocuparse de las prioridades del gasto, y la ciudadanía votar en consecuencia.

  2. La referencia a Leo Strauss me hace recordar a uno de sus eruditos seguidores, Gregorio Luri.

    -> Google ES leo strauss site:elcafedeocata.blogspot.com

  3. Es interesante y provocador el planteamiento aplicado a la Unión Europea, y comparto en que llegan épocas en las que la «realpolitik» y la urgencia van a acabar el debate y, probablemente, con lo que hasta ahora considerábamos soberanía nacional.

    El problema son las alternativas «reales» a este modelo, y pongo como ejemplo obvio el caso de la Argentina Kirchnerista o el propio Chavismo, que cumplen a rajatabla las tres tesis de Strauss:

    Ambos son gobiernos de carácter más político que técnico y de corte populista («…se propone como una forma nueva y superior de gobierno participativo…»); cuestionan el conservadurismo de ciertos sectores («…como una fórmula de progreso…»); se enfrentan a los más influyentes grupos mediáticos y las grandes empresas agropecuarias y petroleras en sus respectivos paises y, en otro nivel, al FMI y los Organismos Internacionales controlados por Occidente («…como una respuesta a determinados poderes fácticos…) y se presentan como los representantes de las minorías marginadas y silenciadas («…como una iniciativa de los sectores más desprotegidos…»).

    ¿Significa esto que los electores argentinos o venezolanos tienen más control que los europeos sobre las políticas de sus gobiernos?

    Me parece una ingenuidad, ya que en ambos casos sus gobiernos se sienten legitimados por las urnas a controlar todos los poderes del Estado, desde el judicial al legislativo, pasando por los medios de comunicación.

    De este modo, cualquier decisión que tomen, se realizará unilateralmente, sin la necesidad de consultar ni mucho menos explicar no y a a la oposición, sino a los propios votantes, reclamando la adhesión incondicional a un proyecto ideológico. Por no hablar de la impunidad de las castas gobernantes, la tolerancia a la corrupción (siempre que el corrupto juegue en el bando ganador) y la coacción (real o intelectual) al disidente.

    O para decirlo de otra manera, si no hay gobierno en el mundo que resista el análisis de Strauss, si todos son tiranías, casi prefiero el decrépito civismo europeo antes que el hiperactivo peronismo…

    Si todavía hay una mínima posibilidad para una construcción europea, ésta pasa por la integración real, aceptando una gobernanza común, sometida a la separación de poderes y a un cierto control de las instituciones elegidas por los ciudadanos, si es que esto aún es posible. La otra opción es la vuelta a la soberanía nacional, con moneda propia devaluable, con el recurso inflacionista… Para este viaje no hacían falta alforjas.

    Si algo positivo se puede extraer de la crisis económica, es el interés de la ciudadanía en
    «entender» y cuestionar qué está pasando. Si ésto ayuda a crear un electorado más crítico, más racional y menos pasional, todavía hay un horizonte para las democracias representativas más allá de asamblearismos y folklore altermundista…

    • La edición que enlazas -traducción de Leonardo Rodríguez Duplá- es sencillamente excelente. La usé para una tesina sobre el neoconservadurismo del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano, y recomiendo mucho su lectura.

  4. Admirado Enric, dos cosas:

    – Llevando al extremo su razonamiento podemos acabar como Ron Paul, que denuncia la tiranía de la Reserva Federal.

    – Una receta que de momento no está prohibida es que los países suban los impuestos para reducir el déficit. Es decir, hay otros modos de hacer políticas redistributivas.

  5. Todo el discurso está construido sobre una falacia. La imposibilidad de construir la UE y la defensa de los nacionalismo provincianos. Lo que se apunta es que cuanto más grande sea ese poder, más lejano es (no sólo se siente) y más tiránico pudiera llegar a ser. Sin remedio ninguno. Los electores no cuentan, la prensa no interviene.

    Si seguimos estirando el razonamiento, llevan razón los nacionalismos cuando apuntan que España ejerce el mismo papel que la UE en relación a los Estados. El mito de la democracia directa ateniense. El mito de Rousseau y sus jacobinos. Claro que incluso ya se nos dice que criticar esta crítica significa defender la tiranía y apuntalar lo existente.
    La demagogia de los tiranos que se pretende criticar.

  6. ‘La tercera tesis no vale como prueba. Que no detectemos características tiránicas en una determinada formulación política no significa que sea una tiranía. Sí significa, sin embargo, que puede serlo.’

    Creo que deja en bastante mal lugar a Straus si lo que más le interesaba al autor es semejante, con perdón, sencilla perogrullada, que las apariencias engañan a algunos. Tampoco me parece serio que del análisis de una tiranía de hace 26 siglos salte al examen de la situación actual. Supongo que es el atractivo de una palabra tan antigua como ‘tiranía’, porque el examen de lo que ocurre ahora con organizaciones mucho más complejas y un poder de las organizaciones sociales imposible de imaginar en aquella época descarta cualquier comparación. Tiranía, en la comprensión que alcanzo, más que a la acumulación de poder ha ido ligada desde antiguo al capricho, a la arbitraiedad del ejercicio. Más adelante es el despotismo quizás el que se enfrenta al poder democrático… pero luego vienen Hitler y Stalin, los regímenes totalitarios… No sé a dónde nos llevarían esas comparaciones, la verdad.

    ¿Ceder soberanía es perder libertad? El proceso de la Unión Europea es, ha sido, seguirá siendo un proceso de cesión de capacidad de decisión de estados nacionales a órganos europeos que, nadie ha dudado hasta la fecha, son de naturaleza democrática. Probablemente es un proceso del que nos hemos desentendido, y que genera directivas al margen de una opinión pública europea seguramente inexistente.

    Lo que no sé de dónde viene es ese temor repentino a que se persiga con violencia el pensamiento crítico. ¿Puede pensarse que la represión de la crítica sea una característica de ‘la gobernanza europea?

    Hombre, pues sí que puede pensarse… pero sin ningún fundamento razonable, sin el mínimo indicio y en contra de la tradición occidental y del pensamiento que ha creado Europa y el europeísmo. Entonces sí, claro, como cualquier otra cosa.

    Saludos!!

  7. Totalmente de acuerdo con el comentario de Melo.

    Creo que hay una característica muy propia de las tiranías que se pasa por alto y que va precisamente en sentido opuesto a lo que significa el proyecto europeo. Ante la inevitable complejidad de organizar un espacio de 27 Estados confederados, el aprendiz de tirano aboga por la simplificación. Todo tirano desprecia la complejidad: la UE no la entiende nadie, etc. ¿por qué no volvemos al simple modelo del Estado-Nación y la Soberania Nacional y nos dejamos de monsergas? ¿Para que esas votaciones ponderadas en el Consejo, para que ese segundo Parlamento si ya hay un Parlamento nacional? ¿Para qué un sistema institucional enrevesado con tantos trámites político-administrativos que van y vienen y que tardan en ser aprobados? El tirano aboga por lo simple, es ejecutivo, desprecia los medios y sólo se fija en los fines.

  8. invirtiendo los términos, y tal como se ha puesto en boca de ciceron, la libertad es la participación en el poder.

  9. Alberto

    Strauss creía que las verdades esenciales acerca de la sociedad y la historia humanas debían ser mantenidas por una élite y no reveladas a quienes carecieran de la fortaleza suficiente para asumir la verdad.

    «La sociedad necesita que se le cuenten mentiras reconfortantes».

    Argüía que es demasiado difícil que el pueblo admita la verdad platónica. Así pues, ha sido necesario mentir a las masas acerca de la naturaleza de la realidad política.

  10. Pingback: La Unión Europea y la tentación de la tiranía « Gabriel Jaraba

  11. barrufedo

    La economía no determina la tiranía: es la política. Los políticos europeos deberían tener poder de verdad y ser elegidos en verdaderas elecciones. Una verdadera unión política es lo que necesitamos. Esa es nuestra huida hacia adelante. Ahora están en el poder los burócratas: eso sí que es peligroso.

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