Imprescindibles: The Office

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Cuando Ricky Gervais y Stephen Merchant aparecieron de la nada con una serie de televisión que, en tono de falso documental, retrataba el día a día en una gris oficina de un suburbio británico, poca gente —tal vez ni siquiera ellos mismos— podía imaginar que The Office terminaría convirtiéndose en uno de los grandes hitos del humor televisivo de los últimos años. El propio Gervais, junto a un pequeño pero bien escogido grupo de actores, simulaban ante las cámaras ser los empleados de la ficticia compañía papelera Wernham Hogg, escenificando las relaciones, roces y disputas que aparecen en el día a día de los oficinistas y las hilarantes anécdotas que produce su convivencia. El formato de “falso reality show” y la sutileza de su ironía la convierten en lo que solemos llamar —aunque suene a etiqueta gastada— una verdadera serie de “humor inteligente”, a la que se le puede aplicar dicho adjetivo sin complejo ninguno.

Gervais, que se ha hecho también célebre como monologuista, así como presentador (o presentador-terrorista) de grandes entregas de premios como los Globos de Oro, carga casi todo el peso de The Office sobre sus espaldas. Además de escribirla junto a Merchant (quien hace algún pequeño cameo) Gervais interpreta al protagonista absoluto de la serie, el inefable David Brent, director de la sucursal. Su indescriptible personaje es como el centro de un sistema solar en torno al cual orbitan los demás empleados de la oficina, aunque eso no significa que Brent monopolice completamente la acción, ni mucho menos. El número de personajes principales es reducido, pero todos ellos tienen sus momentos de gloria. Eso sí, la interpretación de Gervais es tan exageradamente brillante que se nos hacen cortos todos los minutos en que David Brent aparece en pantalla. Él es con toda justicia el buque insignia de la serie, porque sería difícil imaginar a otro personaje haciéndole sombra. Para quien todavía no haya visto The Office, puedo asegurar que David Brent no se parece a ningún otro personaje que hayan visto en cualquier otra serie. ¿Por qué? Bueno, entre otras cosas porque Gervais no se molesta en intentar gustarle al público, y compone un individuo desagradable y patético, que constantemente nos sube el color a las mejillas con inenarrables momentos ridículos.

Pero como digo, más allá del protagonista está el día a día en la oficina, que así dicho puede sonar aburrido y gris, pero que en esta serie termina resultando increíblemente divertido. La manera en que el plácido a veces —y sofocante otras— microcosmos de una oficina es plasmado en pantalla termina absorbiendo al espectador, que por momentos siente como si él mismo hubiese trabajado mesa con mesa junto a toda esa gente. Aunque el realismo de The Office es bastante relativo en el fondo —tratándose de un programa cómico, es lógico que está repleto de hipérboles y exageraciones— sí está muy logrado en la forma. Lo cierto es que la sucursal de Wernham Hogg termina resultando verosímil, cobra vida ante nuestros ojos y uno casi llega a creer que podría llamarles por teléfono o enviarles un e-mail para hacerles un pedido de papelería. Este efecto está muy inteligentemente logrado con un simple procedimiento: intercalando continuamente escenas neutras de la “vida en la oficina” entre los diversos sketches y diálogos cómicos. Y lo cierto es que, si tuviésemos que aplicar una única etiqueta a The Office, la denominación de  “falso documental” encaja bastante bien. Es una sit-com, pero no una sit-com al uso acostumbrado. Lo cual, unido a los constantes guiños al formato de reportaje improvisado —cámaras en mano, miradas al objetivo, fragmentos de entrevistas, imágenes tomadas ocasionalmente en la distancia o a través de unn ventanal— le confiere a todo el conjunto una naturaleza especial. The Office simula ser un “reality show” incluso en el detalle de que los empleados llevan micrófonos en su ropa, como si hubiesen aceptado voluntariamente participar en un documental sobre el funcionamiento interno de una empresa mediana. Eso, sin embargo, no impide que el espectador termine implicándose en los arcos dramáticos que se van perfilando durante las dos brevísimas temporadas que duró la serie (a añadir un posterior especial navideño, con más melodrama que de costumbre, en el que se reabren diversos hilos argumentales de la ya finalizada serie para volverlos a cerrar de manera distinta).

La comicidad de The Office se apoya en dos pilares fundamentales: uno es como decíamos el propio David Brent y su esperpéntica personalidad, el otro es la convivencia entre los empleados, con los diálogos y situaciones absurdas que emergen del choque de personalidades o sencillamente de la cretinez supina de alguno de ellos. En The Office hay algo de sitio para el melodrama —no mucho, por suerte, pero cuando aparece está muy bien traído— y sobre todo en los episodios finales, se las arreglan para llevar al espectador de la carcajada a tragar saliva en un solo minuto, sin que el argumento deje de resultar divertido ni por un momento. Aun con estas breves pinceladas de seriedad, la tónica predominante en el guión es la pura comedia de situación. Los episodios son muy breves y están generalmente basados en acontecimientos más o menos normales en cualquier oficina, que son elevados a la categoría de sátira surrealista por las continuas estupideces de David Brent y de varios de sus empleados. A algunas personas, quizá las menos acostumbradas a cierto tipo de humor británico, esta serie les puede parecer demasiado sutil: es una comedia que en multitud de ocasiones no parece comedia. Porque rara vez hay sobreactuaciones —de hecho suele imperar lo contrario, las interpretaciones contenidas y realistas—, muchos detalles cómicos son presentados de manera a veces casi imperceptible, y la ironía adopta muchas formas que no resultan siempre inmediatas. Uno de los elementos clave es que sabemos qué está pensando cada personaje, pero ello no se trasluce siempre en el diálogo, dado que están en un entorno laboral y no pueden hablar con libertad, lo cual por ejemplo fuerza las cosas hacia el uso de los silencios como un elemento cómico más. En resumen, esto no se parece en nada a una serie de humor norteamericana. Que también me gustan, pero no se suelen ajustar al calificativo “sutil”.

Eso sí, Ricky Gervais produjo una adaptación de la serie para Estados Unidos, con un reparto norteamericano (en el que Gervais ya no participa personalmente) con un humor más explícito especialmente pensado para el público estadounidense. La versión americana tuvo un enorme éxito, ha convertido a Gervais en millonario y ha durado bastantes temporadas. He de decir que, mientras he visto la serie inglesa completa más de una vez (no es difícil, porque es bastante breve), de la adaptación norteamericana no he ojeado más que capítulos sueltos, así que no puedo juzgarla en conjunto. Sí puedo decir que vi un par de capítulos iniciales de la versión estadounidense y me pareció una traslación correcta del original, aunque menos elegante y redonda. Sin embargo, otros episodios de temporadas posteriores ya no tenían nada que ver con la serie original que yo conocía: humor más exagerado y obvio, y dosis excesivas de melodrama habían transformado la oficina americana en una sit-com más al uso. Pero, repito, este es un juicio basado en la visión de sólo algunos capítulos sueltos, aunque no creo que se aleje demasiado de la realidad. También se han hecho adaptaciones de The Office en otros países, pero lo poco que he llegado a ver no parecía demasiado prometedor. Los personajes originales —y sobre todo David Brent— son demasiado característicos como para que no se pierda mucho en un “remake”.

Volviendo a la original británica, puedo decir que es una de las series de humor que más me han impresionado en mucho tiempo, y que me ha impresionado aún más cuando la he vuelto a ver. Si uno empieza a fijarse en el cuidado con que están perfiladas las interpretaciones, en la construcción de cada episodio o en con qué sentido del equilibrio se alternan momentos de comicidad tenue con otros de bien estudiado surrealismo, no puede si no admirarse de la redondez de lo que en principio parece una modesta comedia de poco presupuesto.

La brevedad de la serie, tanto en duración de los episodios como en su número, y por otro lado propia de muchos programas de humor británicos, siempre te deja con ganas de más. Pero ello permite también que la serie mantenga el nivel hasta el final de sus dos exiguas temporadas. Quien no capte al principio el tono de la serie —está la dificultad añadida de verla con subtítulos, porque ¡algo así no se puede ver con doblaje!— debería darle una nueva oportunidad. Los no habituales a la comedia británica o al documental ficticio tal vez necesiten algo más de un episodio para acostumbrarse al lenguaje cómico general de una serie que probablemente no se parece a nada que hayan visto antes, pero merece la pena el intento. Y quienes sí estén familiarizados con ese formato y por ejemplo hayan disfrutado con la película This is Spinal Tap, tienen en The Office una auténtica mina que disfrutarán como enanos de principio a fin.

Sin más dilación, un comentario sobre los papeles principales y algún que otro secundario llamativo. No son muchos, como suele suceder en las series de humor basadas en la personalidad de sus protagonistas, donde es importante que haya pocos personajes para que el espectador se familiarice con ellos rápidamente.

David Brent: ¿el personaje que produce más momentos de vergüenza ajena por minuto en la historia de la televisión?¡Sin duda alguna! Brent es una máquina de meter la pata: convencido de que es un individuo ingeniosísimo, suelta continuamente gracias que no tienen gracia (y paradójicamente, ¡en eso termina consistiendo su gracia!), dice cosas impertinentes siempre fuera de lugar y momento, da continuas muestras de que cree ser alguien a quien nadie más reconoce en él, considerándose siempre más apreciado y popular de lo que realmente es (esto es: nada), obstinándose en la idea de que un jefe de oficina puede combinar la autoridad y “la comedia”. En definitiva: David Brent es un individuo absolutamente ridículo que tan pronto te hace reír por sus incómodos intentos de proyectar una imagen artificiosa y fallida, como te sonroja con alguna salida de tono espantosamente embarazosa. Ricky Gervais lo interpreta sin ningún complejo hasta el punto de que no se molesta en intentar que su personaje le guste alguna vez al espectador. Es todo un mérito por parte de Gervais, cuya interpretación no solamente es un alarde de virtuosismo (esas miradas de reojo a las cámaras recordándonos que siempre está pendiente de lo que pensemos de él, esas medias sonrisas, esos gestos estudiados que él considera “molones” y que terminan haciéndole parecer un perfecto capullo) sino que con ella el propio Gervais se arriesgó a que la gente terminase confundiéndole con su deplorable personaje, cosa que por suerte para él no ha ocurrido. El propio Gervais ha descrito a David Brent diciendo que está desesperadamente necesitado de cariño, tanto, que fuerza continuamente la nota y termina provocando únicamente rechazo. Aunque podría emplear miles de palabras más en describir al protagonista absoluto de The Office, la única manera de captar su alucinógena esencia es viéndolo en acción. David Brent… menudo elemento.

Tim Canterbury: uno de los pocos personajes sensatos en el reparto, cuya función principal es encarnar el punto de vista del espectador que está siguiendo y analizando lo que sucede en la oficina. Es decir: Tim se muestra continuamente asombrado por el nivel de cretinez de algunos de los personajes que lo rodean y por las situaciones absurdas que contempla a su alrededor. Aunque bastante simpático, es un tipo más bien gris: tiene treinta años, vive con sus padres y no tiene demasiado que aportar al mundo excepto su fino sentido del humor, que usa como mecanismo de defensa para sobrevivir al tedio de un trabajo y una vida que le aburren mortalmente. Es la perfecta representación de la persona “del montón”, el tipo del pueblo aunque con cierta formación con el que te llevarías bien sin problemas —en el caso de que también seas una persona normal, claro— y además es un oasis de inteligencia en un microcosmos dominado por la mediocridad intelectual. Pese a esa naturaleza convencional de “tipo normal”, es un personaje que termina teniendo mucha miga, a lo cual ayuda mucho la interpretación —sencillamente extraordinaria— de Martin Freeman, cuyo rostro se termina convirtiendo en un auténtico barómetro de cuanto ocurre en su entorno y dentro de sí mismo. Sin exagerar lo más mínimo, el trabajo de Freeman en The Office es para mostrarlo en escuelas de interpretación y —especialmente en revisiones posteriores— me impresiona casi tanto como el del propio Gervais.

Gareth Keenan: maravilloso personaje. Ejerce como ayudante de David Brent y además es casi tan repelente como su jefe. Gareth es un niño encerrado en el cuerpo de un adulto, con preocupaciones completamente infantiles y un risible concepto del honor y la dignidad basado en completas tonterías propias de patio de colegio. Por ejemplo, habla de sí mismo como si fuese un soldado, un auténtico veterano del Vietnam… sólo por haber pertenecido al “ejército territorial”, una especie de milicia que es una inofensiva mezcla entre un servicio social y los Boy Scouts. Fanático de las armas y las películas de karate, Garerth es un pobre chaval que está más verde que una pera en el árbol pero se empeña en intentar demostrarnos que está curtido en mil batallas y que tiene una gran experiencia de la vida. Su flagrante inmadurez le hace bastante detestable al principio, pero  —aunque parezca mentira— termina cayéndonos bien al final de la serie aunque sólo sea porque nos produce piedad comprobar lo solemnemente tontolaba que puede llegar a ser, además de verle metido inocentemente en algunas situaciones deliciosamente grotescas (quien haya visto la serie, recordará la inolvidable mirada de Gareth a cámara cuando se marcha de una discoteca montado en un sidecar… sí, para verse envuelto en “eso”). Gareth Keenan es el resultado de otra interpretación de manual a cargo de Mackenzie Crook, otro gran descubrimiento que lo hace tan, tan bien, que uno llega a pensar que de verdad tiene que ser exactamente igual a su personaje, aunque no sea el caso.

Dawn Tinsley: la recepcionista de la oficina es, como Tim Canterbury, la encarnación de la persona perfectamente normal, con un carácter parecido al de Tim aunque quizá sin su misma agudeza. No es especialmente inteligente ni especialmente tonta, ni especialmente buena ni especialmente mala, ni especialmente guapa ni tampoco especialmente fea. Es de hecho un personaje concebido para representar, como Tim, a una persona “del montón”, que tan pronto puede pasar desapercibida como resultar atractiva, dependiendo del momento. Siempre ha soñado con ser dibujante e ilustradora, y considera que su trabajo de recepcionista es un paso temporal que la ayudará a cumplir su sueño, pese a que probablemente esté condenada a pasar años tras el mismo mostrador. También comparte con Tim el sentido del humor. De hecho, él termina sintiendo una irresistible atracción romántica hacia ella, lo cual es uno de los pocos hilos argumentales más o menos serios del programa (y para qué negarlo, origen de algunos grandes momentos) pese a que Dawn tiene un novio gilipollas que la trata como un felpudo y que es todo lo contrario del atento, pacífico y encantador Tim. Como en los casos anteriores, la actriz Lucy Davis da un auténtico recital de cómo crear un personaje bien perfilado sin necesidad de excederse en sus interpretaciones.

Neil Godwin: el jefe de la otra sucursal de la empresa en la región. Neil es un buen jefe, que hace piña con sus empleados, creando buen ambiente entre ellos al mismo tiempo que los sabe mantener disciplinados y productivos. Es moderno, elegante, ingenioso, eficaz, puede ser un directivo resolutivo pero también, cuando hace falta, sabe ser el alma de la fiesta e integrarse entre los empleados como uno más. Es decir, Neil Godwin es todo lo que a David Brent le gustaría ser y no es pero se empeña en creer que sí es. Ni que decir tiene, rápidamente se convierte en el objeto de los celos y envidias de Brent, que lo detesta visceralmente. Porque Godwin, sin pretenderlo, le recuerda constantemente a Brent que él mismo es un auténtico desastre en todos los sentidos: como jefe, como cómico y como individuo en general. No es un personaje cómico per se, pero precisamente debe ser así para servir de contraste con el papel de Ricky Gervais.

Chris Finch: el mejor amigo de David Brent y el único individuo a quien Brent venera casi como a un ídolo. Para Brent, “Finchie” es el individuo más cool sobre la faz de la tierra, un perfecto compañero de juergas. En su mente, Chris Finch es como una versión moderna de Errol Flynn y está convencido de que el resto del mundo lo ve del mismo modo. Pero para nosotros, los espectadores, Chris Finch es simple y llanamente un pedazo de basura: maleducado, superficial, fantasma, desagradable. Brent piensa, además, que ellos dos juntos forman una pareja cómica irresistible, aunque la cruda realidad es que son un par de cuarentones patéticos que intentan seguir comportándose como si tuviesen dieciocho años, con la única salvedad de que ya no los tienen. La adoración de Brent hacia “Finchie” adquiere tintes casi embarazosos, aunque la verdad es que resulta difícil pensar en algo que David Brent haga y no termine resultando embarazoso.

Keith Bishop: uno de mis personajes favoritos; al principio, cuando le ves con su actitud callada y seria, no tiene pinta de ser un personaje cómico. Pero ya conociéndolo me hace reír con sólo verle aunque sólo sea en foto. Aparece poco, pero cuando dice algo —por lo general algo tan inesperado y absurdo que nadie tiene respuesta— es capaz de dejar boquiabiertos a sus compañeros y también a nosotros, los espectadores.  Es un auténtico “freak”, un tipo raro e imprevisible, que bajo una actitud de perenne calma esconde una extraña mentalidad que le hace descolgarse con los comentarios más surrealistas imaginables, en mitad de la situación más inesperada. No es un personaje desgradable en absoluto (es muy educado, nunca levanta la voz, nunca se mete con nadie) pero desde luego sí es indescifrable y bizarro. De hecho, es probablemente el único personaje capaz de descolocar con sus alucinógenas ocurrencias al ya de por sí estrafalario David Brent. Una de las secuencias cómicas más redondas que he visto en muchísimo tiempo la protagoniza precisamente él, y es el momento en que Brent lo lleva a su despacho y lo somete a un test de valoración laboral… la actitud totalmente pasota de Keith y su extrañísimo modo de responder al test están a punto de causarle a su jefe un ataque de histeria, y a nosotros hacernos saltar las lágrimas. Gran tipo, que se vuelve más gracioso todavía cada vez que vuelves a revisitar la serie. Un lástima que aparezca poco, aunque quizá en ello radica buena parte de su encanto: sus apariciones son siempre inesperadas hasta el punto de que cuando lo ves, sabes perfectamente que si abre la boca producirá un momento memorable. Un ídolo.

Hay algunos otros personajes que se podrían comentar, pero a mi juicio son más coyunturales, y además los que hemos mencionado son los que protagonizan prácticamente casi todos los hilos argumentales básicos y los momentos de humor de la serie. En resumen: The Office es una serie que nadie debería perderse, y quien no la capte a la primera debería darle una segunda oportunidad. Con subtítulos, como insisto siempre: sé que los actores de doblaje españoles suelen hacer una buena labor, pero no pueden hacer milagros.

Y ni que decir tiene: cualquier persona que haya trabajado en una oficina y no haya disfrutado este programa, que se haga un favor y lo vea. Y nos cuente después qué ha sentido contemplando la deliciosamente esperpéntica rutina de la compañía papelera Wernham Hogg. Una de las más brillantes series cómicas de los últimos tiempos, sin duda.

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17 comentarios

  1. Chris Moltisanti

    The Office UK es una auténtica obra maestra, y además, creo escuela y la TV moderna no se puede entender sin ella. Gervais es un auténtico genio. Ha dado una vuelta de tuerca al humor inglés de toda la vida y hoy en día es el nº1. Quien lo haya seguido no se puede perder su última serie (va por el 4º capítulo), Life’s Too Short, en la que riza el rizo del (su, muy particular) humor hasta límites insospechados. Su podcast es el más escuchado de la historia, y es de pago, algo increíble.

    Dicho esto, The Office US empezó paralela a la inglesa (con unos guiones prácticamente calcados), y luego echó a andar por sí sola y se convirtió en una obra maestra por derecho propio; otra serie diferente, pero buenísima. Habiendo visto la inglesa antes, me costó bastante sentarme a verla, pero una vez pasados los 3-4 primeros capítulos, se le coge el punto y la 2ª, 3ª y 4ª temporadas son de una calidad altísima, casi superando al original inglés.

    Michael Scott (Steve Carrell), el David Brent de The Office americana es un auténtico icono de la TV mundial, un imprescindible. De hecho, se le nombró mejor cómico americano por el papel, y con toda justicia.

  2. Muy buen artículo pero deberías echarle un ojo a la americana. Las 4 primeras temporadas son gloria bendita. Luego decae un poco hasta la 7, aunque hay varios episodios sueltos muy buenos, y a partir de ahi ya sin Steve Carell se está haciendo bastante cuesta arriba.

  3. Hablad de “EXTRAS” !!!!!!!!!

  4. No tengo muy claro que es humor inteligente pero sí se que me encantó The Office. Me la dejó una amiga que la había comprado por 10 en el Corte Inglés y me enamoré. Precisamente ‘sutil’ creo que es la palabra que la define tanto en tono de comedia como la melodrama. Es delicada, suave… Lo que he visto del remake americano no tiene nada que ver, me parece que al perder ese ‘sabor inglés’ pierde gran parte de su redondez.

  5. Como hacer un artículo sobre “The Office” sin mencionar la versión americana… ¿Haciendo méritos para el premio hipster del año?

    No, en serio, la primeras temporadas de los USA no están nada mal, incluso el doblaje es pasable ;)

    • damià

      ¡¿doblaje?! Ver una serie como The Office (UK ó US, da igual) doblada es como ir a un restaurante, sólo oler los platos e irse a casa.

  6. Ricky Gervais es un auténtico genio del humor. Del humor sutil de The Office, del humor más negro en sus monólogos, de las sátiras sobre famosillos…

    Recomiendo una serie suya que se está emitiendo actualmente. Se llama ‘Life’s Too Short’ y narra al estilo del falso reality show la vida del actor Warwick Davies, que fue un ewok en El Retorno del Jedi, y era protagonista de la película Willow.

    • ArnauMO

      Yo he visto los dos primeros capítulos de life’s too short y el primer capítulo contiene una escena protagonizada por Liam Neeson que te saca los colores… de lo mejorcito del horno Gervais/Merchant, creo que nunca había reído tanto.

  7. a verla …

  8. Nibelungo

    La insistencia en la sutilidad puede llevar a error al desconocedor de la serie. Es cierto que para conseguir la sonrisa, la carcajada y hasta el histerismo del espectador Gervais/Merchant no utilizan la brocha gorda (la mayoría de veces) de la misma manera que la manera de zambullir a Brent en el patetismo es cualquier cosa menos sutil, es hasta ofensivo (no para la inteligencia sino para las reservas de vergüenza ajena que los humanos podamos acumular).

    Con ello quiero decir que la serie no es nada “barata” en su concepción del humor, en los detalles pueden estar las carcajadas más rotundas. Pero es eso, una serie para reírse a mandíbula batiente aunque el final sea un tanto amargo (lo que la hace aún más redonda).

    Si tuviera que hacer un resúmen de David Brent en dos palabras para los que ya la han visto sería: SERGIO GEORGINI.

    Para los que no: IM-PRESCINDIBLE.

    Anoto eso de life’s too short, porque Extras también fue un acierto en el mismo centro de la diana.

  9. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Imprescindibles: Black Books

  10. The Office U.S. es excepcional. Nunca me he reído tanto. Los personajes son sublimes e únicos.
    Con la versión UK probé brevemente pero no me acabó, aunque siendo Gervais no dudaré en probarla de nuevo y con calma.
    The Office FTW!

  11. Peputo

    Me podria imaginar escribiendo muchas cosas pero algo como The Office me parece tremendamente complicado. Por cotidiano quizá.

  12. @palconh

    He visto por tercera vez la serie y coincido con el autor del artículo en que mejora. Quedé enamorado de esta serie y del gran Gervais en el cuarto episodio, cuando coge la guitarra, además creo que es el único que puede verse íntegro en youtube, por o que me he aprendido de memoria ese capítulo. También he visto ‘Extras’ y, aunque sobresaliente, no alcanza el genio de ‘The Office’, y creo que es porque se destaca más la parte dramática. No digo con esto que no sea otra obra de arte, especialmente el especial con que finiquitan la serie. En cuanto a la versión americana, recientemente leía Ricky Gervais contar las obligadas diferencias entre David Brent y Michael Scott, que podría resumir en que el público inglés puede asumir un protagonista como el que interpreta Gervais (a veces desagradable, incluso despreciable), sin embargo los americanos necesitan “quererlo”. Yo diría que Michael Scott es un personaje en el que su comedia tiene un origen infantil (naif si os gusta más) y Brent es un cretino.

  13. Pingback: Jot Down Cultural Magazine – ¿Cuál es la mejor serie de humor reciente?

  14. Una obra maestra din duda de cómo ironizar hasta el extremo la vida laboral en una oficina. Dos series a tener muy en cuenta, tanto la inglesa como la americana con el gran Steve Carell.

  15. Buenísima la versión inglesa. La americana solo he visto escenas sueltas y la verdad es que no tiene nada que ver. El humor de ambas series es muy diferente y de hecho me sorprende que haya gente a la que le gusten ambas. La serie de UK tiene el típico humor inglés y no te va a gustar si no estás acostumbrado a él. Lo que observo es que al que le gusta una versión no le gusta la otra y viceversa. Yo me quedo con la inglesa y con la memorable actuación de Rick Gervais.

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