Informe Robinson: «Las historias te poseen, las sufres y las disfrutas»

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Sospechaba que lo más difícil de esta entrevista sería vencer las reticencias de un equipo acostumbrado a trabajar en la comodidad del anonimato. Cuando trabajas en Canal+ todos hablan de «los de Informe Robinson» con veneración y distancia. Son el Cuerpo de Élite de la cadena. Uno imagina tipos bien parecidos curtidos en mil batallas. Lejos de eso, ante el objetivo del fotógrafo de Jot Down, aparece un heterogéneo grupo de treintañeros largos con cierto aire de despiste y una sorprendente falta de tablas a la hora de posar. Ellos prefieren estar al otro lado de la cámara. El toque mediático se lo dejan al jefe, Michael Robinson, un guiri que más allá de su socarronería exhibe un exquisito paladar televisivo. Él hace muchas veces de ariete para abrir puertas cerradas eternamente a cualquier periodista mundano, y a partir de ahí sus chicos seducen al protagonista con un despliegue hollywoodiense. Conversar con ellos en uno de los cubículos actualmente desocupados en la redacción de Tres Cantos durante una hora y media pasa por ser un absoluto lujo, pues es la primera entrevista que concede todo el equipo que forman los redactores José Larraza, Luis Fermoso, Raúl Román, José Luis de la Osa (ausente por estar convaleciente de una operación), el productor Ander Gómez, los realizadores Román Escoda, Edgar Delgado, Javier Culebras, Juan Porres, el cámara Adolpho Cañadas y el director, Michael Robinson. Lo realmente difícil fue convencer a la editora de que era posible entrevistar a ocho personas a la vez sin morir en el intento. Lo que no le había dicho es que esto no era una entrevista, sino una conversación entre amigos y admirados colegas.

De todo lo que he leído sobre Informe Robinson, hay un comentario perverso que retrata perfectamente la percepción que se tiene del programa. Cuando ganasteis el premio Ondas, alguien escribió: «Informe Robinson tiene demasiada calidad para ser emitido en una televisión en abierto».

Michael— Lo recuerdo perfectamente porque es algo que comentamos en su día. ¿Quiere decirme que no es bueno para que lo vea todo el pueblo? Lo bueno gusta a todos. Sea en abierto, en cerrado, gratis o de pago.

Michael, definiste Informe Robinson como «un programa en el que contamos cuentos, hacemos que la cámara hable y buscamos que el espectador sienta en su salón lo mismo que sentimos nosotros». ¿El equipo se reconoce en esas palabras?

José— No sabría definir Informe Robinson, pero sí te diría que queremos mucho lo que hacemos hasta el punto de llegar a obsesionarnos. Cuando tenemos una historia entre manos la agarramos fuerte y la queremos mucho.

Edgar— En el pasado todos hemos hecho televisión rápida, un tipo de televisión en la que la noticia y el tiempo priman. En este programa los reportajes respiran. Antes nos dábamos cuenta de lo que dejábamos fuera y ahora podemos explayarnos. Explotas partes emocionales que no tendrían sentido en otro tipo de programas.

Hablando del ámbito emocional de los reportajes, en cada historia el espectador extrae una enseñanza que trasciende al deporte y te hace replantearte parte de tus convicciones. ¿Los miembros del equipo habéis evolucionado emocionalmente durante estos tres años fruto de las experiencias vividas en los reportajes?

José— Cuando tienes historias vitales tan potentes no puedes evitar implicarte. Cada historia te deja un poso. En mi caso me ocurrió con  Iñaki Ochoa de Olza o con la del Alzheimer.

Juan— Yo recuerdo la historia del jugador de Togo que sufrió una tragedia tremenda. Fuimos a convivir con él y nos vimos inmersos en un auténtico drama familiar. El tipo tenía 24 años, su vida con su mujer y sus dos hijos. De repente un atentado había hecho que dejase de trabajar, pero veías que seguía adelante con mucha serenidad e incluso con momentos de alegría. Todo eso te enseña y al pasar tanto tiempo con los personajes, porque son rodajes largos, acabas teniendo una relación con ellos que trasciende a lo profesional.

Edgar— Ocurre también no solo con los personajes anónimos, sino con gente famosa o futbolistas que realmente conoces y de los que tienes una imagen hecha. Cuando entras en su círculo te cambia completamente la visión que tienes de ellos. Eso inevitablemente se percibe en los vídeos. Nos pasó con Guti. Aquel reportaje lo hice con Raúl Román y ocurrió esto.

Raúl— Con Guti vivimos ese dilema del periodismo que te hace replantearte si al enfocar una noticia debes posicionarte y cómo hacerlo, si a favor o en contra. Guti nos trató muy bien, pero también hubo aspectos complicados en el rodaje. Pero eso al final se queda en anécdota y te quedas con lo positivo.

Michael— Las grabaciones no eran complicadas, otra cosa eran las citas, ¿no?

Román— Muchas veces los deportistas no aparecen en Informe Robinson como son realmente, sino como nos gustaría que fuesen.

Raúl— Es muy distinto hacer una entrevista con unas preguntas cerradas que yo respondo aquí sentado contigo, a un rodaje en el que invades la vida de la persona compartiendo hasta seis y siete días en su hábitat. Recuerdo el especial que hicimos con Seve Ballesteros; convivimos con él y llegamos a verle incluso desnudo, por dentro y por fuera. Obviamente se crea una ligazón con el personaje, pero también con sus familiares y su entorno. Algo que te llega a implicar de una forma que luego con Seve, cuando sucedió desafortunadamente lo que sucedió, te afecta.

Luis— Pero esa es la única forma de contar las historias como las contamos. No hay otra forma de desarrollar el proceso para que salga la historia así, si no es sumergiéndote en el entorno. Estoy muy de acuerdo con lo que decía Edgar. Venimos de un periodismo en el que circulas por la autopista a 120 por hora y de repente nos damos cuenta de que tenemos tiempo para bajar la ventanilla y ver cómo pasan los árboles. Son matices diferentes y creo que eso se transmite. Debemos plasmar las sensaciones de las grabaciones. Yo me obligo a plasmar lo que siento durante las mismas. En el reportaje y en el montaje final. Y muchas veces se consigue. Esa cara que me ha puesto cuando he preguntado por tal cosa y he sentido que le he pillado. Me exijo que se transmita y creo que lo conseguimos. Ahí creo que radica el éxito para llegar al alma de la gente. Y para ello utilizas la forma maravillosa de grabar que tiene este programa, la forma maravillosa de montar que tiene, la de realizar, la de sonorizar…

Michael— Tenemos una ventaja. Venimos de El Día Después. Entonces la cosa consistía en contar historias de un par de minutos. Como Edgar dice, cosas rápidas. Y al cambiar, debo confesar que no tenía dudas con este equipo, la incertidumbre era ¿cómo vamos a hacer ahora reportajes más largos sabiendo mantener la elocuencia? Pienso que el viaje que hemos hecho es mucho más fácil que si hubiera sido en sentido contrario, de Informe Robinson a El Día Después. Venir de cosas pequeñas y concisas para hacer cosas más largas. Hemos pasado de escribir prosa a dedicarnos a las grandes novelas.

José— Luego existe un virtuosismo por parte de realización que posibilita la factura que tiene este programa. El reconocimiento que deben tener los realizadores es máximo. Las historias son potentes, pero a la hora de montar y sonorizar el nivel de exigencia y puntillismo que tienen aquí los amigos es lo que le da la textura, y el programa alcanza esa expresión propia.

Román— Te has ganado la comida (risas)

Pero no me negarán que en ese proceso de edición, montaje y sonorización también se vivirán momentos de tensión por diferencias de criterio.

Román— Por supuesto. Discutimos por la estructura del vídeo, la importancia de las pausas, silencios, músicas…

Raúl— Ellos tienen un oído maravilloso y la cabeza llena de músicas. Cuando digo ellos, me refiero a los realizadores. Muchas veces sugieren algo simplemente para generar una discusión.

Román— Es que dos cabezas siempre piensan mejor que una. Incluso dos cabezas en desacuerdo siempre piensan mejor que una.

Edgar— Del desacuerdo surgen cosas que ellos no pensaban que podían surgir. Luego te encuentras con algo que no esperabas. Además, aprendemos los unos de los otros. Ahora creo que los redactores sabrían escoger sin problema el total bueno y ponerle la música que le va. Y nosotros seríamos capaces de guionizarlo.

Como espectador uno tiene la percepción de que hay una idea preconcebida de la historia, pero que el reportaje va creciendo solo. Como si lo arrancaseis sin saber muy bien qué camino va a tomar.

Luis— Sería hasta petulante decir que tienes toda la historia en la cabeza y vas claramente a cumplir las cosas que has pensado a la hora de preparar el reportaje. Sería burdo.

Juan— El documental lo que tiene de bueno es que no sabes nunca cómo va a acabar. Puedes tener, eso sí, ideas preconcebidas, porque siempre es bueno e incluso recomendable ir con una base.

Luis— Yo siempre digo que la historia la montamos sobre cuatro o cinco pilares absolutamente sólidos que son innegociables. Tienes un personaje, vas a trabajar en este sitio y lo vas a contar de tal manera. A partir de ahí…

Existe, por tanto, un plan absolutamente maleable.

José— Uno debe tener siempre un plan, aunque sólo sea para romperlo. Lo tienes para luego tirarlo a la basura porque la historia ha crecido por donde ni siquiera sospechabas que podía crecer. Eso es lo más maravilloso de cada reportaje, cuando toma vida propia.

Luis— Siempre recuerdo que cuando estuve en Tenerife, en el festival Miradas Doc, un guionista dijo una frase durante una charla que me quedó grabada: «El verdadero guion se hace en la sala de montaje». Después de hablarlo mucho creo que la compartimos todos. Tú llegas con muchas teorías, pero hay conversaciones con Edgar o con Javier en las que dices algo, pruebas y te encuentras que has montado tres minutos con los que no contabas. Son afluentes que te descubre la historia.

Raúl— Hay momentos en la grabación, cuando ya has conocido al personaje porque has convivido con él dos o tres días, en los que de repente se genera una complicidad. Y entonces Adolfo puede encender la cámara y captar una situación que el primer día no habría sido posible. Hay confianza y tú mismo estás disfrutando. Ahí piensas: «lo tenemos».

Michael— El primer reportaje que se hizo en Informe Robinson fue con Seve Ballesteros, que por entonces tenía buena salud. Recuerdo que fuimos a Santander el día antes porque yo conozco a Severiano muy bien, muy de cerca, y tiene su aquel. Él iba a convivir con cámaras, luces, personas… y yo pensaba que no vendría mal que todos nos conociéramos en una cena la noche antes de grabar. Solo para que luego, cuando fuésemos al día siguiente temprano por la mañana a su casa, él no recibiese cuerpos extraños y se sintiese amenazado. Pero eso a veces no se puede hacer. Y tienes ideas preconcebidas de personajes que te cambian totalmente la historia.

Las circunstancias, o eso que llamáis afluentes, ¿han llegado a provocar reportajes que no tenían nada que ver con la historia inicialmente prevista?

Román— Me acuerdo que nos ocurrió con Justin Beki Beki cuando fuimos a Sudáfrica. Íbamos a hacer un vídeo para explicar cómo estaba el país a un año del Mundial y nos encontramos con la historia impresionante de un tipo que había estado en una prisión durante el apartheid condenado a muerte por matar a un policía. Te das cuenta que sin haberlo previsto tienes un historión; estás ante un tío que después de pasar lo que le ha pasado, aún puede reírse.

Michael— A mí me sorprendió mucho que el mundo hispano no conociese bien lo que era el apartheid. Simplemente le sonaba, y recuerdo hablar esto en un despacho con algunos de los miembros del equipo. Hablamos de un holocausto de la relación humana y por eso pensamos que era una buena idea empaparnos con John Carlin, que había vivido allí. Pero llegas y ves en primera persona esas atrocidades… La historia conlleva una magnitud que te desborda, y eso que José ya estaba advertido. Pero ver a Beki Beki con esa dignidad…

Me gustaría preguntaros por temas logísticos. ¿Cómo es el timing de Informe Robinson?

Raúl— No reunimos y tratamos que siempre haya un ramillete de historias sobre la mesa. Que sobren. De repente una que estaba escondida resurge y cobra fuerza. Todos aportan; Michael, los realizadores…

Román— Somos diez personas, un grupo pequeño, y nos movemos en poco espacio. Vas hablando con uno, con otro y siempre hay conversaciones cruzadas. Historias que a veces son de dos o de tres y de repente la acaba apoyando otro que pasaba por allí.

Juan— Atendemos a cosas que ocurren en la vida cotidiana, de alguien que te dice o algo que ves.

José— También hay una cuestión de confianza. Llevamos tanto tiempo trabajando juntos que si uno de nosotros tiene un pálpito con una historia, aunque aparentemente no parezca que tenga recorrido, la respaldamos. Llevamos suficiente mili hecha como para saber que si alguien cree a ciegas en algo, aunque igual tú pienses que es menos viable, pueda dar resultado. Arriesgar siempre ha dado resultado a este equipo.

Michael— Esto es más fácil con este grupo porque los redactores no son periodistas al uso. Son una generación extraña, porque las televisiones privadas empezaron en el 91 y lo hicieron pobladas por gente de radio y periódicos. Apenas había periodistas especializados en televisión. Cuando eran redactores e iban por los campos de fútbol en EDD salían a buscar pictures. Son periodistas que piensan en imágenes. Y han trabajado con realizadores, que también estaban en El Día Después, que piensan periodísticamente. Entonces es más fácil ese matrimonio.

Román— Claramente ellos son más realizadores que la mayoría de los periodistas que te encuentras. No se tiene que convencer a nadie, ni hay discusiones acaloradas. El otro día estábamos grabando en Barcelona y nos faltaba un plano. Hablé con Luis y le dije: «Si esperamos 20 minutos, la luz será mejor». Él vio claro que mi aportación sumaba al reportaje. Hay confianza plena y cuando los realizadores queremos aportar en la construcción, lo hacemos sin problemas.

Michael interrumpe la conversación porque su Iphone echa humo y le esperan en un reunión ineludible, después de dejarse secuestrar durante unos minutos junto a su equipo por Jot Down. Se marcha lanzando el guante a su equipo.

Michael— Llamadme luego, tengo una historia en mente. Gracias, Fermín.

La conversación recupera el ritmo y lo hace cuando se disponen a descubrirnos la fórmula de la Coca-Cola, el secreto de Informe Robinson, su modus operandi.

Luis— Estamos perfectamente imbricados. Yo sé, si hago una historia con Juan o Román, qué va a demandar. Si hablamos de una historia y dejamos una noche un folio en blanco, a la mañana siguiente te encontrarás que de alguna manera nosotros hemos escrito la letra y ellos la partitura. Y realmente funciona. Tiene algo de magia pensar como piensa el otro que piensas tú.

José— Pero también es tormentoso y hay broncas. Aunque merecen la pena porque de la confrontación sale una depuración. Si quieres lo pulimos mejor cuando hay esa intensidad.

Luis— En el momento de arrancar la historia, Ander es clave. Yo estoy sensibilizado en estos días porque salgo de una grabación que empecé un 23 de septiembre en un ordenador con un folio en blanco. Y Ander, de alguna manera, se comporta como un sherpa que va abriendo camino. Todo está en su sitio: el permiso, la cámara, el travelling… Es la tercera pata del banco.

José— Ander no fiscaliza el programa. Es uno más y lo sabe, se siente parte de esto. Nos hacemos a la idea de su trabajo y también medimos mucho para evitarle problemas innecesarios.

Ander— Se trata de que cuando te piden algo valores hasta qué punto es necesario. Y te lo crees. Sabes que hay complicidad y sinceridad.

Estamos en tiempos de crisis y sospecho que Informe Robinson no es ajeno a ella. ¿La recesión presupuestaria llega a condicionar el desarrollo de un reportaje?

Ander— Lo bueno e importante de este equipo es que todos son conscientes de que hay crisis y existe un mayor trabajo de valoración de lo que se puede y lo que no pedir. No es una lucha, evitamos las fricciones.

Pero una buena parte del éxito del programa es la producción y entiendo, atendiendo a los medios utilizados en los reportajes, que disponen de presupuestos solventes.

Luis— Ayer cenamos con un director de publicidad de una empresa importante y cuando le dijimos el presupuesto del que dispusimos para realizar el reportaje de El Trinche, por ejemplo, se llevó las manos a la cabeza, comparándolo con un spot cualquiera de una agencia.

Javier— No es tan importante el presupuesto como el tiempo. Es cierto que hay un presupuesto, pero otros tienen que hacer solo un minuto y medio de vídeo y apenas desplazan una persona o dos. A nosotros el gasto se nos va más que nada en aviones y hoteles. Lo que destacaría es el tiempo. Tenemos más tiempo para pensar y trabajar en ello, ofrecer soluciones.

José— Además, un reportaje de mayor presupuesto suele ir acompañado de uno más discreto, lo cual no implica que uno sea mejor que otro.

Raúl— Me atrevería a decir que la crisis ha influido en la estructura del programa porque hemos evolucionado, casi de forma natural también, de un programa con tres reportajes al de dos. Nos gusta más este formato.

¿Las empatías lógicas que existen entre vosotros pueden decantar la elección del personal para un determinado reportaje?

Luis— El día a día de este programa no nos permite eso. Aquí se superponen unos reportajes con otros. Edgar está terminando con el churro mientras Javier está con la sonorización o Porres anda editando otra cosa.

José— De hecho, ha pasado más de una vez que un reportaje es arrancado por un realizador y un realizador acaba cerrado por otros. Este mes, por ejemplo, hemos trabajado todos en el mismo reportaje. Esta variedad es muy enriquecedora y sana para el programa.

Hablábamos antes de vuestra implicación en cada historia. ¿Sentís algún tipo de sensación al finalizar las historias? ¿Emoción, liberación, euforia? ¿Llegáis alguna vez a sufrir un colapso emocional cuando la historia os supera?

Raúl— Sí que pasa. Yo tengo un ejemplo. En el reportaje del Grapo estaba entrevistando a un tipo que había matado a otro y tras pasar por la cárcel había cambiado su forma de ver las cosas. La entrevista con él fue dura, intensa, muy exigente. Luego me reuní con el hijo de la persona que había matado aquel señor. A mí aquello me supuso un conflicto porque no sabía cómo encarar el reportaje. Intentaba ser equilibrado, pero…

Román— A veces te tienes que dejar llevar por las sensaciones. Es la única manera.

Javier— Aquí cuando acabas la jornada no desconectas. Llegas a casa y en el sofá estás pensando en músicas, vas por la calle y estás pensando en…

Edgar— Hay algo que todos compartimos cuando estamos metidos en una historia: soñamos con el reportaje.

Luis— Yo corto y pego totales.

José— Yo me estoy duchando y de repente consigo desatascar un nudo que había frenado el desarrollo del reportaje.

Javier— No somos oficinistas. Puedo estar agotado, pero si quedan 12 días para finalizar el reportaje, quedan 12 días y 12 noches. Los parámetros temporales cambian cuando trabajas aquí. La historia te posee y no te liberas hasta acabarla. La disfrutas y la sufres.

Juan— Por eso al acabarlo te quitas un peso de encima. Es como un parto. Y cuando acabas, te vuelves a quedar preñado.

Luis— En los días posteriores a su finalización, los reportajes que más cuestan me generan una sensación de euforia y emoción. Al soltarlo produce euforia-orgullo-sensibilidad. Estoy muy de acuerdo en eso del colapso emocional que comentabas. Los reportajes gordos sobre todo.

Román— También es cierto que te da algo de pena. Es un poco el síndrome de Estocolmo.

Luis— También pienso mucho en el día que empezó y cómo se inició ese reportaje. Me gusta retrotraerme 80 días y decir «Hostia, pedazo de viaje que he hecho con esta historia». El 24 de septiembre cogí un folio en blanco, puse el nombre de los medallistas en Barcelona y pensé «ahora a buscarlos, llamarlos, entrevistarlos, editarlos, montarlos…».

La esencia del periodismo, de la clase y rango que sea, es contar historias. Y vosotros quizá representáis la versión más pura: el reporterismo, los documentales.

José— Lo principal es respetar la historia, algo en desuso. Contarla bien. Dudar mucho, informarte más y más. Y entrevistar a una persona para que solo te diga una cosa. Pero es que te la tiene que decir él. Es la persona indicada y la historia solo avanza si te la dice él. Hay historias que crecen mucho porque te has empeñado en contarlas bien.

Juan— Tenemos mucha suerte. Debo reconocer que a mí no me entusiasma el deporte, pero los deportistas son gente poco convencional. Gente que ha arriesgado mucho en su vida para conseguir un objetivo, y eso no lo hace la mayoría. Me recuerdan a veces a las estrellas de rock. Ellos te dan la materia para hacer una buena historia, realmente nos lo ponen muy fácil.

Román— Cierto, pero muchas veces el deporte pasa por ser algo tangencial a la historia, como por ejemplo lo que hizo José con lo del Alzheimer. En ese caso era una excusa. Y en otras, cuando el deporte es protagonista, estás hablando de un héroe, contando casi una fábula, un cuento.

Luego Michael tenía razón cuando os definía como «contadores de cuentos».

Román— Se puede decir que sí.

¿Consumís televisión o se cumple aquello de en casa de herrero cuchara de palo?

Román— Hemos recuperado algo con el I-plus. Cosas como series, películas, documentales… Yo, por ejemplo, no tengo sintonizadas Tele 5 y Antena 3 en casa (risas)

Javier— Yo tengo mi videoteca particular y cuando llego a casa tiro de ella. No sé quién dijo que los realizadores somos cineastas frustrados, pero es absolutamente cierto. Visiono fragmentos de películas que ya he visto e incluso lo utilizo para tomar ideas de cara al programa.

Juan— Yo veo muchísimos documentales. Me gustaban antes, pero desde que trabajo en Informe Robinson veo más documentales que largometrajes. De cualquier tema. El de Ayrton Senna, por la forma en que estaba hecho, me pareció muy innovador. Contado con voces en off  y tapado todo con archivo. ¡Todo! El documental es un género que está en alza.

Javier— Antes la televisión buena era un género por sí mismo. Un género que empezaba a las 11 de la noche. Ahora solo hay adivinos y gente que te lee la mano y el futuro. Así, ¿cómo vamos a poner la televisión?

José— Yo soy también revisionista. Cuando tengo un rato para la televisión veo películas antiguas. Pienso que no puedo ver una película de las de ahora sin haber visto tal o cual de antes.

Raúl— Ahora que habláis del I-plus y las series, os confesaré que he descubierto que tengo pánico a la barra roja del I-plus. Cuando tienes grabados tropecientos capítulos de series y el rojo de la memoria comienza a avanzar…

Hablando de series. Cansado de los elogios a The Wire, el otro día fui a la videoteca y alquilé los tres primeros capítulos de la primera temporada. Me resultó realmente difícil, por decirlo educadamente, acabar de verlo. Lo comenté en twitter y me machacaron. Pero lo curioso es que muchos me recomendaron «paciencia», «le tienes que dar cuatro o cinco capítulos para engancharte». Eso es nuevo. ¿Desde cuándo la gente tiene paciencia ante la televisión?

Román— La gente da más oportunidades a los programas que le recomiendan.

Juan— Es duro comenzar a ver una serie porque debe presentar a los personajes… Yo también lo recuerdo como duro, pero al final te engancha. Pero es cierto que ahora tienes diferente predisposición ante un documental o una serie que te dicen que es buena.

¿Puede existir algo de esnobismo en el fenómeno The Wire?

Raúl— Sí, puede ser. A mí me ocurre una cosa curiosa. Me compré el cofre de The Wire las navidades pasadas y sigue cerrado. No lo he querido abrir porque no quiero que me pase lo que a ti y, por otro lado, porque siento una sensación de placer como de «aún me queda la serie entera».

Otra cosa que exigen las series es una predisposición. Sabes que vas a sentarte a ver una serie que exige de ti atención. No sólo hablo de las series, cuando uno va a ver Informe Robinson también se sienta con una predisposición. Llevas un mes esperando.

Raúl— O incluso a leer vuestra web. Cuando te sientas a leer un artículo o una entrevista de Jot Down no puedes andar con prisas. No hablamos de consumir comida rápida.

Román— La buena televisión exige tiempo y atención, algo que en el mundo de hoy no predomina. La gente no tiene tiempo y suele prestar poca atención.

¿De ahí los gritos de las tertulias del corazón y deportivas?

Román— Pueden ir por ahí los tiros.

Luis— Para ver determinadas series necesitas desconectar y la gente no está preparada. En mi caso no puedo. Me cuesta mucho, porque tampoco soy un consumidor habitual de televisión. Me veo obligado a ver Boing y Clan (series infantiles). Y las series y estos programas de los que hablamos merecen un ejercicio de respeto, una coyuntura que muchas veces no le puedo ofrecer.

José— No se trata de sentarse a lo que venga, a ver lo que sea. Ya estamos viendo lo que pasa.

Javier— La gente llega cansada de trabajar y no le apetece una película porque exige una atención continua. Te diría que ahí radica el éxito de las series. Que no te exigen dos horas de atención, solo 40 minutos.

Román— Pero también hay programas como Salvados, que es más ligero en el tono, con cierto punto de humor, pero hablando de cosas serias. Y es curioso porque tengo amistad con Jordi Évole y cuando hablo con él me comenta que muchas veces le dicen que son el Informe Robinson de la política. Eso es buen síntoma, al menos así lo vemos nosotros.

¿Se duerme mejor cuando no se tienen pesadillas con el share?

José— Supongo que se duerme mejor sin la pesadilla del share. Nosotros apenas la hemos sufrido. Algo en Maracaná… Pero incluso no teniendo datos de share existe esa retroalimentación que nos hace saber tal o cual repercusión. Hay programas que no tienen recorrido y de repente despegan a los dos meses. Se me ocurre el de Carlos Soria.

Román— Sobre todo si Guardiola se lo pone a los jugadores.

Juan— A mí lo que me parece fantástico es que todos los programas estén disponibles en internet y lo pueda ver todo el mundo de forma atemporal. Venimos de un modelo televisivo imperecedero en el que el programa desaparecía tras ser emitido.

En 1979 Alvin Toffler escribió un libro futurista con cierto tono apocalíptico llamado la Tercera Ola. En él proclamaba que los medios de comunicación estaban siendo derrotados en muchos frentes a la vez por los medios desmasificados y que la televisión estaba moribunda. ¿Ha llegado esa hora?

Román— El programador y la parrilla de televisión han muerto con internet y la llegada del I-plus. Solo tiene sentido con las coberturas en directo. Si hay un seguimiento de un evento político o deportivo. Si no, sobran.

Ahora que estáis acomodados en un programa mensual y disponéis del tiempo hasta convertirlo en una ventaja, ¿podríais hacer televisión en directo?

Raúl— Me veo capaz. Y en un evento como un Mundial o una Eurocopa no solo puedes, sino que lo agradeces. Cambias el chip. Haces una historia más corta.

José— Aquí somos atletas que corren los 1500 metros, los 100, la maratón… Somos periodistas. Cambiar de registro y tempo te activa.

Juan— Es muy diferente. ¿Programas mensuales cuántos hay? No me viene ninguno a la cabeza.

Román— ¿Y sin día ni horario fijo? No hay. De hecho, menos mal que existe I-plus e internet porque si no, nadie vería Informe Robinson. Sería imposible.

Edgar— No hemos hablado de Adolpho. Él es la estética del programa. Adolpho Cañadas. Genera toda la materia prima del programa.

Adolpho participó en la sesión de fotos, todo un triunfo, pero al comenzar la entrevista, con su discreción habitual y abusando de que conoce al entrevistador, se retiró para seguir trabajando con un lacónico «que hablen los chicos Fermín». Así es él.

Luis— He visto a otros cámaras de otras televisiones copiar su estética, incluso cómo se sentaba para coger la cámara y grabar un plano. La gente sabe que es Adolpho, el de C+, el brasileño.

José— Adolpho es la historia de C+. Las imágenes que más se recuerdan de esta casa son suyas.

Juan— Se podría hacer un Informe Robinson sobre él.

Todos los que estamos aquí sentados somos hijos del UHF y padres con I-Plus. ¿Qué televisión auguran cuando seamos abuelos?

Román— No habrá televisiones, habrá servidores con contenidos. De hecho ya hay. Una especie de I-tunes en el que pagas por documental, programa o estreno.

Juan— Y como con la música, se va a multiplicar la gente que va a estar haciendo cosas alucinantes. Afortunadamente ahora los medios son muy accesibles.

José— Eso tiene un peligro porque puede dar pie a que haya formatos por los que a priori la gente no quiera pagar… Hay cosas que deberían funcionar, aunque la gente no quiera pagar por ellos.

Los redactores de Informe Robinson no tienen cara, evitan exponerse ante la cámara siempre que pueden. Algo que va a contracorriente del periodismo espectáculo actual en el que el periodista juega vanidosamente un rol protagonista. ¿Cómo explican una postura tan contractual como la suya?

Román— El periodista es importante que salga si aporta realmente algo a la historia. Si hace avanzar la historia. Si suma elementos que no se pueden ofrecer de una u otra manera. Si tienes contenido de primera mano, planos, entrevistas o música y el periodista solo te supone ruido que ensucia la información, es perfectamente prescindible. Nosotros lo hacemos porque nuestros redactores se obligan a buscar las fuentes y son ellas las que aportan la información. Pero eso tiene un grado de exigencia para los periodistas que no todos están dispuestos a asumir.

Javier— Yo no puedo ni verlos, odio a los periodistas protagonistas. A esos que ponen el brazo así, el bíceps de esta manera…

Raúl— Nosotros como redactores también lo entendemos así. Yo cuando salgo, a veces me veo y pienso ¡Qué pinto yo en esta historia!

Román— Esos periodistas protagonistas no sólo viven de eso, están encantados de conocerse e incluso follarán mucho más que los que no salen.

Una última, ¿a quién le dejo el currículum? (Risas)

Tipo test

Naranjito: Entrañable.

Oliver y Benji: Cómo hablar de fútbol sin tener ni puta idea. 25 minutos de fútbol sin llegar al mediocampo.

Matías Prats: La voz.

Matías Prats Jr: ING Direct… (risas)… Un crack. Fuimos a hacerle un reportaje. Y nos dijo, ‘Tengo 1:30, ¿no?’. Arrancó sin papel y paró el total en 1:29. Impresionante.

J.J. Santos y Ribagorda: Pioneros. Está bien traído.

Los Manolos: Espectáculo. Te puede gustar más o menos, pero es como cuando escuchas una guitarra de los Stones, sabes que son ellos. Los Manolos, igual. Y eso tiene mérito.

Ramón Trecet: Escapó del cliché de periodista de su época. Es admirable que se haya podido ganar la vida con lo que le gustaba: música, rugby, basket.

Montes: Entrañable.

Maracaná: Un Frankestein, un monstruo.

Punto Pelota: Sub-televisión.

Estudio Estadio: Sopor… Antiguo… Banda sonora de mi infancia. Como los perros de Pavlov, escuchaba la sintonía y segregaba.

Sara Carbonero: Experimento de riesgo que veremos cómo sale.

Jordi Évole: Inteligente. Rápido mentalmente. Este sí es un periodista-espectáculo, es capaz de desarmar al invitado en un minuto.

El día después: La Escuela. Es curioso que lo presentasen Michael y Pedrerol y los caminos tan dispares que han tomado ambos.

Informe Robinson: Un juguete, un regalo. Viendo la televisión que hay, es muy grande lo que nos permiten. Una puta maravilla.

 

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15 comentarios

  1. victor

    Una delicia de entrevista que muestra lo que son estos tipos. Personas normales modestas y humildes y que en su trabajo cada uno de ellos son genios de la televisión. Enhorabuena por la entrevista se aprende mucho de ella.

  2. Alberto

    Gran programa y gran revista. De verdad que da gusto poder ver y leer cosas así en los tiempos que corren…

  3. Jesús

    Gran programa, gran entrevista. Los únicos pequeños «peros»: algunas tildes sobrantes y el machaqueo continuo de algún entrevistado hablando del i-plus (que, ojo, he de admitir que es utílisimo).

  4. Quique

    Como siempre una gran entrevista, parece que en Jot Down, también os dejan elaborar los reportajes, se nota en la redacción, en como llegais a los lectores, la manera de trabajar, seguid así. Un soplo de aire fresco en la vorágine de la información en que hemos convertido este mundo. Y por supuesto enhorabuena a todos los que realizan Informe Robinson, un lujazo poder disfrutarlos

  5. josep m. fernández

    Ni idea del programa éste. No soy muy de deportes aunque reconozco que El día después sí que lo veía, sobretodo por la sección de Lo que el ojo no ve.

  6. José Luís Camins

    Algún día, si no se está haciendo ya, este programa se estudiará en las universidades. Cuando al talento se le presta tiempo, te lo devuelve con intereses. FELICES FIESTAS

  7. Alfredo

    El mejor programa que se produce en España. Fermín de la Calle aporta muy poco a la entrevista, la verdad. Pierde credibilidad el hecho de que se publique con faltas ortográficas (tildes).

  8. Realzar la tremenda hipocresía de los entrevistados.Se puede criticar a Punto Pelota y a Pedrerol,pero por la misma regla de tres,no puedes elogiar o respetar a los famosos «Manolos»,ya que es el mismo tipo de espectáculo.

  9. Sois un oasis.

  10. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Jordi Évole: “He conocido a muchos políticos y creo que el 90% de ellos son honrados”

  11. ¡Por favor! Ponedle fecha a los artículos que publicáis.

  12. Rodrigo

    Sabía de la existencia de Jot Down y había leído algún artículo de manera puntual, pero con este me he dado cuenta del regalo ante el que me encuentro.
    Me declaro nuevo lector asiduo.

  13. DeBoers

    Punto Pelota es subtelevisión – que lo es, y con todas las letras -, pero los Manolos son «espectáculo». Ay, cómo tiran las antiguas fraternidades de Prisa.

  14. Pingback: La Jotdown, nacimiento y caída (i) – Luis & Sus Secuaces

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