Enric González: Una historia intitulable

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No es noticia lo que no se puede titular con una frase y explicar en unas pocas líneas. Eso lo he escuchado bastantes veces, y no es del todo falso. Uno de los problemas del periodismo consiste en el proceso de fabricación de la noticia: se toma un fragmento de la realidad, se afila su arista más novedosa para convertirlo en actualidad, se eliminan los elementos complejos y se ofrece al cliente como una verdad en canapé, engullible de un bocado.

Eso se hace porque la realidad en bruto (dejemos la verdad a los filósofos y los científicos) cuesta de tragar y aún más de digerir.

Tomemos como ejemplo un caso imaginario ocurrido en un país imaginario, al que llamaremos Palestina.

Una noche, hará un par de años, una joven europea sale de un restaurante de Ramala (típica ciudad imaginaria) y camina sola por la calle, hacia su casa. Cabe deducir que la joven trabaja en algún tipo de cooperación o asistencia internacional. De repente un hombre se lanza sobre ella con el ánimo inequívoco de perpetrar una agresión sexual. Pero en ese momento pasa un coche de policía y un agente detiene al agresor. Ya tenemos un fragmento titulable: “La policía palestina impide la violación de una cooperante”.

Como era de esperar, la vida sigue. El agresor y la víctima son conducidos a comisaría, donde la policía redacta una denuncia y encarcela al hombre. El agresor (concedámosle la condición de presunto, por respeto a la justicia) resulta ser un veinteañero universitario que aspira a ingresar en el funcionariado de ese país imaginario. Pasa tres meses en prisión preventiva y luego queda en libertad bajo fianza.

Durante ese tiempo, la familia del acusado contacta con la víctima para proponerle una compensación por el sistema tradicional. Es decir, ofrece el pago de una cierta cantidad de dinero, o de cabras, o de lo que sea, en términos a convenir por los patriarcas del clan del acusado y del clan de la víctima, a cambio de que se retire la denuncia. Ese es un procedimiento habitual en el país imaginario del que hablamos. Pero la víctima imaginaria (una joven noble y valiente, lo sé porque la conozco) no quiere compensaciones, sino justicia. Por otro lado, carece de patriarcas clánicos que la representen. Cuando rechaza la propuesta empiezan las amenazas, que la víctima ignora elegantemente.

Un juez fija fecha para la vista. Llegado el día, el policía que detuvo al acusado no se presenta. Su testimonio es considerado imprescindible por el fiscal. Se aplaza el juicio. ¿Qué ocurre? Que el policía es del mismo pueblo que el acusado y no quiere meterse en líos: probablemente él también piensa que sería mejor un arreglo entre clanes. Nueva fecha, nueva vista. El policía tampoco se presenta. Ahora lleva el caso una jueza. La jueza permite que la víctima sea sometida a un interrogatorio bochornoso por el abogado defensor: se le pregunta si es virgen, se le pregunta si tiene amistades masculinas, se le pregunta qué vestía en la noche de autos. La jueza cabecea: la culpa es de la víctima. La imaginaria joven, noble y valiente, sobrelleva la situación con entereza.

Cortemos aquí y titulemos con desparpajo, porque por algo hablamos (imaginariamente) de árabes: “La justicia palestina, una vergüenza”. Podríamos añadir un subtítulo o un sumario, que para eso están, recordando que la jueza impresentable y el policía impresentado cobran su salario gracias a los subsidios europeos.

Sigamos. El caso causa escándalo en las cancillerías afectadas. Un diplomático (trabajador y eficaz, lo sé porque lo conozco) toma cartas en el asunto e interpela a una de las máximas autoridades políticas del país imaginario. La autoridad política decide que el asunto puede dañar gravemente la imagen exterior de su país imaginario. La autoridad política telefonea al policía y le advierte de que si no se presenta la próxima vez, se van a enterar él y su familia.

Se celebra una nueva vista. El policía se persona en la sala (parecida a un trastero pequeño, aunque con peor decoración) y testifica. El juez es nuevo y parece en plena sintonía con las autoridades políticas, porque decide que el acusado es culpable de violación, aunque no se consumara, y califica el delito de muy grave, ya que, dice, puede dañar la imagen externa del país. El juez establece que al acusado han de caerle tres años de cárcel como mínimo (en caso de que se produzca reconciliación entre las partes, o sea, que haya compensación con dinero, cabras o lo que se tercie), o siete años como máximo (si no hay reconciliación).

¿Cómo titulamos ahora? Podríamos ir a lo descriptivo: “La justicia palestina castiga las agresiones sexuales con mayor severidad que la europea”. O a lo valorativo: “Presiones políticas extranjeras interfieren en la independencia de la justicia palestina”.

Esta historia imaginaria aún no ha concluido. Pero ya es evidente que sólo se puede titular a pedazos. Entera es demasiado complicada, demasiado real.

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13 Comentarios

  1. La verdad servida en canapé nos llega al lector en numerosas ocasiones, por no decir casi siempre, en multitud de asuntos que atañen a este país, y al final, el extenso y repetitivo debate de tertulianos avezados e infalibles termina generando que hablemos de la realidad surgida de la opinión.

    Gracias Sr González por su columna. Siga escribiendo, por favor.

  2. En primer lugar: ¿País IMAGINARIO?
    Bien, un aplauso para el autor. Sin duda, entra en conflicto eso de llamar inexistente a un Estado y después exigirle que tenga un sistema judicial decente, ¿no?

    En segundo lugar, si hablamos de «cobrar subsidios europeos», también podríamos decir que, para empezar, es extraño que una familia palestina pueda pagar «con dinero o con cabras», debido, básicamente, a la separación entre sus tierras, ganado y hogares: http://www.lahistoriaconmapas.com/2012/01/el-muro-de-israel.html

    En tercer lugar, aún con todo esto, defiendo que la víctima tenía toda la razón al no querer compensaciones, sino justicia. Sin embargo, no hay que olvidar que la policía impidió la violación, y que el acusado, en un principio, pasó 3 meses en prisión (mientras que, en «países REALES», como el Vaticano… En fin, ¿hace falta que hablemos de todos los casos de pederastia que aún no han sido juzgados?).

    En último lugar, me gustaría hablar del artículo en general:
    @JotDownSpain dijo: «Hemos buscado. Ningún medio habla del «juicio» que está celebrándose en Ramala por la agresión sexual a una cooperante».
    No, ningún medio. Y deberían hacerlo. Sí, deberían hablar de un intento de violación finalizado con entre 3 y 7 años de cárcel.
    Pero, ¡cuidado! Si hablan de ello, algo habrá que decir, por ejemplo, sobre las torturas de Israel a menores palestinos (sí, los del imaginario país, los que pagan con, sin duda, imaginarias cabras), que tampoco salen en los medios: http://occupiedpalestine.wordpress.com/2010/10/22/israel-torture-palestinian-children-by-electric-shocking-sabbah-report/
    Y ése es uno solo de los interminables casos de asesinatos que siguen impunes, tanto en nuestro país como en el resto del mundo.

    Sin duda, una historia intitulable.

  3. Lisa, hija mía, no has entendido nada de lo que Enric explica en su artículo. Su «imaginario» no es peyorativo ni hace referencia a que Palestina sea (o no) un país, es fina ironía. Fíjate que utiliza la palabra «imaginario» a lo largo de todo el artículo, es más, este artículo también es imaginario.

    Por otro lado, ¿cómo puede ser que para defender lo indefendible la mayoría de las personas acudan al «y tú más»? ¿Es tan complicado de entender uno más uno es dos? Un corrupto más un corrupto = dos corruptos, un tiro más un tiro = dos tiros, una justicia penosa + unos policías sádicos = una justicia penosa y unos policías sádicos, etc, etc

    Ay, ya me he cansado… Enric, tiene narices que habiendo leído todos tus artículos, libros, entrevistas digitales, y columnas, mi primera intervención sea hoy para esto. Será que me he casado esta mañana (imaginaria boda, pero de verdad!) en el registro de Barcelona y sin esperarlo me he emocionado cuando la jueza nos ha declarado «algo». Ninguno de los dos no acordamos de lo que ha dicho, pero nos hemos quedado sentimentalmente vulnerables (y con la tecla floja).

    Un abrazo admirado, en serio. Gente como tú anima a seguir pensando que a veces, un tipo legal más un tipo legal pueden anular a varias decenas de impresentables.

    • Ra y món, estoy contigo. Y felicidades imaginarias por el enlace. :-)

      Respecto al artículo, no conocía la pluma de Enric. Pero si el nivel medio es similar al de esta columna, creo que me esperan muchas horas de deleite.

      Un saludo a todos.

  4. Chapeau! Odio el “y tú más”. Sin dudarlo.
    Pero me ofende leer un artículo como éste (por todas las razones que mencioné antes) dedicado, básicamente a criticar negativamente un país (sea imaginario irónicamente, o no) que carece de recursos por completo.
    Y que, por cierto, es incomparable al resto de países árabes, sobre todo culturalmente hablando.

    Eso sí, felicidades de corazón por tu boda.

  5. Lisa, este artículo no está dedicado, ni básicamente ni accesoriamente, a criticar negativamente a un país. A mí me parece que el artículo está básicamente dedicado a sugerir que cuando un artículo está básicamente dedicado a algo es que el periodista lo ha «basificado». Comentar un artículo que critica la simpleza argumental y la visión sesgada con argumentos simples (que caben en pocas líneas en su comentario, por mucha razón que haya en ellos) y la visión sesgada contraria no hace sino dar la razón al propio argumento básico del artículo.

  6. Lisa, no has entendido nada del artículo. Eres la típica de mente cerrada que interpreta como un ataque todo lo que no sea ensalzar la causa palestina. La gente como tú hacen mucho daño a la causa palestina, la cual defiendo y estoy seguro que Enric también (porque ha visto por sí mismo las atrocidades que comete Israel). Hace mucho daño la gente como tú porque nos hace quedar a todos los propalestinos como unos retrasados que no ven más allá de la punta de su nariz. Una cosa es defender los derechos del pueblo palestino en su conjunto y otra no poder criticar las injusticias que, igual que las hay en todos los países musulmanes, también se producen allí.

    Es un argumento estúpido y que cataloga tu nivel de inteligencia el decir «pues que hable de lo que hace Israel». Creo que si Enric hablase de lo que hace Israel los pondría a caer de un burro, pero este artículo no tiene nada que ver con eso ni es un ataque a Palestina. Es simplemente una denuncia sobre un hecho que se ha producido. ¿Por qué no ha escrito sobre Israel? ¿Por qué no ha escrito sobre Italia? Pues de hecho ya ha escrito bastante cuando ha sido corresponsal allí. Solo tienes que buscar en la hemeroteca de El País. Pero de todas formas, hoy ha denunciado un caso en Ramala como puede denunciar mañana otro en Tel Aviv o en Ulan Bator.

    Solo te pido, por favor, deja de andar por internet poniendo estas chorradas, porque haces un gran daño a la causa propalestina.

    • Totalmente de acuerdo pero trataría de evitar las valoraciones personales y mantener el debate en torno de las ideas, de esa manera crecemos democráticamente.

  7. Ahí va un intento: «El arcaico sistema judicial de la ANP trata de lavar su imagen con una sentencia ejemplar ante la presión del escrutinio internacional».

  8. Esto es una critica al periodismo, no a Palestina y a su sistema judicial, sino como un periodista titula segun se van desarrollando los hechos. Aqui hay alguien que no se ha enterado de nada.

    Saludos.

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