Manuel de Lorenzo: La insoportable levedad de ser John F. Kennedy

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Probablemente, una de las cosas más sencillas que uno puede hacer en la vida es matar a un Kennedy. La facilidad con la que mueren los miembros de esa familia es verdaderamente encantadora. Robert Francis Kennedy fue asesinado en 1968 en Los Ángeles cuando era candidato a la Presidencia de los Estados Unidos. Joseph Patrick Kennedy falleció en 1944 en la explosión de un bombardero en Suffolk, Inglaterra. Cuatro años más tarde, en un accidente de avión, murió Kathleen Agnes Kennedy. En similares circunstancias, en otro accidente aéreo en 1999, perdió la vida “John-John” Kennedy sin que su esperpéntico apodo tuviese aparentemente nada que ver. Michael LeMoyne Kennedy murió esquiando, David Anthony Kennedy falleció a causa de una sobredosis, etc. Es muy posible que ustedes mismos, sin pretenderlo, hayan matado a un Kennedy alguna vez y no se hayan dado ni cuenta. Es la familia ideal para cualquier médico que tenga que diagnosticar a uno de sus miembros. Con un sencillo “Se va usted a morir” es imposible fallar. En cualquier caso, es justo señalar que la muerte de uno de ellos siempre ha destacado por encima de la de los demás —en todas las familias hay uno empeñado en ser más que el resto—. La Historia ha sido especialmente escrupulosa al detallar el asesinato del trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, John Fitzgerald Kennedy. No cabe duda de que aún a día de hoy es un tema controvertido y sobre el que quizá ya se haya escrito demasiado, así que no tengo intención alguna en profundizar en el análisis de las circunstancias, pero sí me gustaría exponer brevemente mi opinión sobre tan célebre magnicidio.

Una de las pocas cosas que han quedado claras después de años de especulaciones e indagaciones es que en el asesinato de Kennedy, quien oficialmente falleció a causa de un impacto de bala en su cabeza, tan sólo hubo un tirador. La Comisión Warren, creada en 1963 por el Presidente Lyndon B. Johnson para investigar el atentado cometido contra su predecesor, concluyó que los tres disparos realizados en total provenían del mismo rifle. Posteriormente, el Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos, que criticó duramente la labor de investigación llevada a cabo por la Comisión Warren, determinó que en realidad habían sido dos los tiradores y cuatro los disparos realizados. Sin embargo, su conclusión se basaba fundamentalmente en la necesidad de la existencia de un segundo tirador que explicase las diferentes heridas sufridas por uno de los acompañantes del Presidente, el Gobernador de Texas John Bowden Connally, y no en verdaderas evidencias. Las pruebas acústicas presentadas tan sólo sugerían que probablemente hubo más de una fuente de disparos, pero no determinaban con absoluta certeza que hubiese sido así. Años más tarde, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos demostró el error en la conclusión del Comité respecto a tales pruebas acústicas, que se había debido a una interferencia en las grabaciones producida por una trasmisión de radio de un policía. Lo cierto es que el Comité también entendía que el asesinato de Kennedy había sido fruto de una posible conspiración en la que no se descartaba la intervención de grupos mafiosos o anticastristas, pero eso ahora mismo no nos interesa. Es posible que en todo este asunto hubiese más intereses personales que los reconocidos hasta la fecha —al fin y al cabo, el principal beneficiario de la muerte de John F. Kennedy fue el propio Lyndon B. Johnson, gran amigo del director del FBI John Edgar Hoover, a quien siempre se ha relacionado con la Mafia—, pero lo realmente interesante es que, como ha quedado de manifiesto, sólo hubo un tirador.

¿Pero quién fue ese tirador? ¿Cuál es la identidad del hombre que se apostó en la sexta planta del Texas School Book Depository y no dudó en poner fin a la vida del siempre sonriente presidente Kennedy? Teniendo en cuenta que, a pesar de las discrepancias entre la Comisión y el Comité sobre muchas de las otras circunstancias del crimen, ambos órganos señalaron la participación de Lee Harvey Oswald, parece claro que la única gran verdad en todo este asunto es que él fue quien cometió el asesinato. Sin embargo, ¿es esto lógico? ¿Pudo ser Oswald el autor de los disparos que provocaron la muerte de JFK o él no tuvo nada que ver, como afirmó reiteradamente hasta que fue asesinado? A mí, sinceramente, me cuesta creer que estuviese implicado.

Para empezar, Lee Harvey Oswald había formado parte del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, y basta con ver alguna película como Tras la línea enemiga, Con Air o La teniente O’Neil para darse cuenta de que los militares estadounidenses jamás llevarían a cabo acciones que perjudicasen los intereses de su país. Al fin y al cabo, el lema de los Marines es Semper Fidelis, y si está en latín es porque es algo serio, signifique lo que signifique. Por otra parte, en 1959 se trasladó a la Unión Soviética y llegó a defender públicamente los valores comunistas, por lo que resulta difícil creer que quisiese eliminar a la figura más destacada del Partido Demócrata, representante de la tímida izquierda norteamericana. Además, Oswald nunca llegó a obtener el grado de tirador cuando formaba parte de las Fuerzas Armadas, de tal forma que parece completamente fuera de sus posibilidades haber alcanzado a Kennedy hasta en dos ocasiones con sólo tres disparos. Tampoco tiene sentido haber cometido una atrocidad semejante para después negarlo enérgicamente mientras permanecía detenido. Y por último, que fuese asesinado dos días después por el mafioso Jack Ruby, antes de que pudiese explicar su versión de los hechos ante un tribunal, no hace más que demostrar que Oswald sólo fue un mero chivo expiatorio.

Al contrario de lo que pudiese parecer, la inocencia de Oswald conduce a la evidente solución del rompecabezas. Si todas las investigaciones oficiales han señalado que el responsable del atentado fue Lee Harvey Oswald, pero sus circunstancias personales parecen indicar que no pudo haber sido él, mi conclusión es que John Fitzgerald Kennedy falleció de muerte natural. Resulta obvio. Si la persona que tanto la Comisión Warren como el Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos han señalado como único autor posible no tuvo realmente nada que ver con la muerte de Kennedy, la única opción viable es que éste muriese de viejo. Reconozco que también es posible que sufriese un cáncer fulminante o cualquier otra enfermedad letal, pero en ese caso se lo habría comentado a alguien y la noticia habría trascendido. Descarto asimismo la idea de que se atragantase con un hueso de aceituna, porque no tiene mucho sentido que fuese comiendo aceitunas mientras presumía de descapotable por las calles de Dallas. Siendo sensatos, la muerte natural es la explicación más sencilla que a uno se le puede ocurrir, y tal y como dijo en su momento Guillermo de Ockham mientras se compraba una navaja para afeitar a no sé quién, “la explicación más simple y suficiente es la más probable”. Y no me negarán que esta explicación es lo suficientemente sencilla como para ser la más probable…

El único cabo suelto que podría quedar es el relativo a las heridas sufridas por John Connally en el momento de la muerte de Kennedy, pero si el hombre estaba tan loco como para autolesionarse mientras su acompañante agonizaba en el asiento de atrás, no merece la pena que le preste ni un solo minuto de atención.

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8 comentarios

  1. – Oswald nunca llegó a obtener el grado de tirador cuando formaba parte de las Fuerzas Armada –

    Puntualizamiento, diría aquel. Oswald, como todos los marines, sí recibió entrenamiento y ‘badget’ de tirador. En su primera calificación estuvo a punto de alcanzar el grado de sharpsooter pero no lo consiguió, quedandose finalmente en marksman :https://www.mysticarmynavy.com/images/usmc_insigniaJ.jpg

    No es que fuese un extraordinario tirador ni un sniper, pero cualquier marine es, por lo menos, un buen tirador. ¿Suficiente para hacer lo que dicen que hicieron? No lo sé. Difícil seguro que es, pero no descartable.

    Saludos.

  2. Pingback: La insoportable levedad de ser John F. Kennedy

  3. ‘Lo que dicen que hizo’, quería decir. Scusi.

  4. dra_chernandez

    JFK quería presumir demasiado en Dallas. si en lugar de descapotable hubiera ido en el papa-móvil otro gallo cantaría…

    PD:/ Me encanta :)

  5. Personalmente entre los partidarios y los detractores de que Oswald fuera el culpable yo defiendo un término medio, que es donde suele hallarse la verdad. Oswald fue un asesino, cierto, pero no de Kennedy sino de su amante, Marilyn Monroe. Y el Presidente, al enterarse de fallecimiento, a su vez ser murió de pena.

    Si la muerte de Marilyn fuera posterior a la de Kennedy, que no lo sé, mi explicación sería menos convincente pero tampoco descartable.

  6. «Es muy posible que ustedes mismos, sin pretenderlo, hayan matado a un Kennedy alguna vez y no se hayan dado ni cuenta.»

    ¡¡¡Juas juas!!!

  7. López

    Clap, clap, clap. Es un hecho bastante común que los miembros de las familias ilustres mueran, si revisamos la Historia, muchos están muertos. Es particularmente sorprendente que esto se dé sobre todo cuanto más retrocedemos en el tiempo.

  8. No sé si me equivocaré, pero debe ser de los primeros magnicidios filmados. Es lo que hace de este asesinato un hecho que haya trascendido décadas.

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