Las guerras del prime time (II)

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Principios de los noventa. Un cómico que se ha estado haciendo un nombre como presentador suplente del célebre Johnny Carson en el Tonight Show, se dirige al edificio central de la NBC, emisora donde trabaja. Pero va de incógnito. No quiere que nadie le reconozca ni se sepa que ha estado allí aquella tarde. A hurtadillas, se dirige a la sala de reuniones de la junta directiva, aún vacía, y se oculta en una pequeña habitación contigua. Allí, a solas y en silencio, espera varias horas. Los ejecutivos de la NBC van llegando y comienza la reunión. El presentador, todavía oculto, escucha a sus jefes y toma notas en un pequeño bloc. ¿Por qué haría algo así un presentador de la televisión, arriesgándose a ser descubierto y convertirse en objeto de escarnio nacional? Pero él lo tiene claro: el cotizado puesto de anfitrión en el programa más famoso de América está en juego, y si para salirse con la suya ha de jugársela y espiar a todo el consejo directivo de la NBC, se la juega. Desde luego, una maniobra de admirable atrevimiento. Lástima que uno de sus mejores amigos ansíe obtener también el mismo puesto y sea el mejor colocado para obtenerlo…

En 1982, tras un accidentado programa diurno — The David Letterman Show — que fue cancelado tras sólo unos meses de emisión como contábamos en la primera parte, y que en su breve andadura cosechó tanto elogios de la crítica y premios como la total indiferencia del espectador matinal, David Letterman estrenó el programa nocturno con el que alcanzaría reputación a nivel mundial: Late night with David Letterman. Aunque en la medianoche no podía aspirar a grandes audiencias, aquel horario era mucho más apropiado para su estilo desenfadado y por momentos surrealista. En la mañana era ignorado por jubilados y amas de casa, pero en la medianoche empezó a ser seguido por unos espectadores jóvenes que se sintieron rápidamente identificados con el nuevo presentador, de estilo bastante transgresor para lo que se estilaba en la época. Aunque Letterman respetaba a rajatabla varias de las principales convenciones del gremio —por ejemplo, le disgustaba sobremanera que se dijesen palabras malsonantes en el programa—, lo cierto es que su personalidad ácida, su ironía y lo imprevisto de algunos de sus sketches y repentinas salidas de tono, le ganaron rápidamente un lugar en la vanguardia de la pequeña pantalla. Pronto estableció unos nuevos patrones que empezaron a ser copiados, generalmente para peor, en “talk shows” y programas de medio mundo, e incluso en España. Pese a no ser quien contaba con las mayores cifras de audiencia, debido al horario tardío, se convirtió en la figura de moda de la televisión norteamericana. La década larga que estuvo al frente de aquel programa le sirvió para convertirse en una superestrella y en el hombre a seguir. Por poner un ejemplo, Late night with David Letterman monopolizó los Emmys durante 1984, 1985, 1986 y 1987, hasta que finalmente empezaron a darle premios también a otros programas casi por vergüenza torera.

Una filtración al New York Post

Pero el sueño de su vida, lo que David Letterman estaba trabajándose con brillantez año tras año, era llegar a presentar algún día el legendario Tonight Show, que se emitía justo antes de su propio programa. Todo el mundo daba por hecho que cuando el mítico Johnny Carson, el presentador más grande de América, decidiese un día retirarse de la franquicia The tonight show, Letterman sería el sustituto. Así lo pensaba el público, así lo pensaba la prensa, y así lo pensaba incluso el propio Carson, que le había prometido a Letterman usar su influencia para favorecer su elección, casi garantizándole el puesto de palabra. De hecho, era de dominio público que Letterman era el favorito de Johnny Carson y que contaba con su apoyo. Durante algunos años, también los directivos de la NBC lo tenían como el único candidato posible. En aquellos tiempos David Letterman era el mejor, y la cadena quiso amarrarlo ofreciéndole un precontrato como presentador del Tonight Show, que se haría efectivo cuando Carson decidiera jubilarse. Pero Letterman se negó a firmar el precontrato: pensó que aquello podía ser interpretado como que la CBS y él mismo estaban compinchados para acelerar la salida de Carson, insinuando que el viejo presentador debía jubilarse cuanto antes. Letterman quería evitar a toda costa ofender a su ídolo, así que en vez del precontrato se conformó con una cláusula por la cual, cuando Carson se retirase, la NBC tendría que abonarle una cuantiosa indemnización a Letterman si decidían darle el Tonight Show a cualquier otro presentador que no fuese él. Así, todo el mundo quedaba contento: Carson no se sentía amenazado, Letterman pensaba que la indemnización bastaba para garantizarle la sucesión y la CBS consideró tener atado y bien atado al presentador más en boga de los ochenta. Sin embargo, Letterman había cometido un error rechazando el precontrato, aunque por entonces aún no tenía forma de imaginarlo, ya que las aguas discurrían en su completo favor.

La temible Helen Kushnick, agente de Jay Leno, era una hábil depredadora, pero quiso ir tan lejos que la propia NBC tuvo que pararle los pies.

Pero con el transcurso del tiempo las cosas iban a cambiar, porque entraría en juego un factor con el que David Letterman no había contado: Jay Leno. Su antiguo amigo —compañero de fatigas durante sus primeros años como cómico y guionista en Los Angeles— era uno de los varios presentadores que, de vez en cuando, hacía suplencias a Johnny Carson en el Tonight Show (algo que Letterman también había hecho, aunque ahora ya debía ocuparse de su propio programa). Y a Jay Leno le había gustado el caramelo de presentar el Tonight Show. Leno empezó a acariciar la idea de que podría ser él quien sucediera a Johnny Carson al frente del programa más famoso de América. Nadie más creía que Jay tuviese la más mínima posibilidad: ni era tan bueno o rompedor como Letterman, ni tenía el apoyo de Carson, ni (por entonces) el de la cadena. Pero Leno no se rendía fácilmente, tenía fe en sus recursos y empezó a jugar sus cartas con habilidad. Notaba que las aguas empezaban a moverse en la NBC, y haciendo honor al refrán “en río revuelto, ganancia de pescadores”, Jay Leno sacó la caña dispuesto a hacerse con el gran trofeo.

Desde su privilegiada posición de ocasional presentador suplente y colaborador habitual de The Tonight Show, empezó a hacer migas con diversos ejecutivos de la NBC. Leno era de trato agradable, sabía cómo ganarse a la gente y pronto empezó a dejarse ver en cenas, partidas de golf y diversas actividades similares con individuos bien posicionados en la dirección de la emisora. Era un cómico, pero también un hombre de empresa, sabía funcionar dentro de la estructura de poder y entendía la necesidad de establecer contactos, reforzar amistades y ganarse aliados para la causa. Poco a poco, Jay Leno consiguió hacer circular entre algunos ejecutivos de la NBC la idea de que podría ser el hombre apropiado para hacerse cargo del Tonight Show. No lo tenía fácil, pero desde luego movía fichas de manera astuta. David Letterman, por el contrario, no se molestaba lo más mínimo en agradar a los directivos de la NBC. De hecho, sólo aparecía por la cadena para grabar su programa. Tenía fama de insociable y nunca participaba en los saraos de los ejecutivos: no iba a cenas, ni a fiestas, ni a jugar al golf. La rutina de Letterman era inquebrantable: primero preparaba y grababa cada episodio. Después se encerraba en su despacho a solas para revisar el programa: cuando un episodio no le había salido como él quería, se lo escuchaba proferir improperios y montar un verdadero cisco lanzando objetos contra las paredes para desahogarse, momento en que nadie se atrevía a interrumpirle (ni los propios directivos, que alguna vez acudieron a su despacho para decirle algo importante y tuvieron que recular al escuchar la que Letterman estaba organizando dentro). Incluso si el episodio le había salido bien era raro verlo contento —dado su perfeccionismo— pero al menos se lo veía relativamente tranquilo. Después de tanta catarsis, salía del despacho y se largaba directamente a casa. La relación entre el presentador y los directivos de la cadena era, pues, escasa y en ocasiones prácticamente nula. No resulta extraño que algunos ejecutivos, comparando las respectivas personalidades de Letterman y Leno, pensaran que sería mucho más fácil trabajar con el segundo. Aquí, además, es donde entró en juego la agente de Leno, Helen Kushnick: un auténtico tiburón en forma de mujer que se encargaría de allanarle el camino a su cliente barriendo con todo lo que hubiera a su paso, fuera lo que fuese… incluyendo al idolatrado Johnny Carson.

Por aquella época Carson andaba ya camino de los setenta años. Aunque se mantenía en buena forma física y profesional, y era uno de los personajes más respetados y queridos del mundo del espectáculo, en la NBC estaban preocupados por el hecho de que The tonight show pudiera estar perdiendo el contacto con los espectadores jóvenes. La audiencia de Carson era una audiencia de edad. En el fondo, la NBC deseaba que Carson adelantase su retirada, pero no sabían cómo forzar la jugada sin que pareciese que le estaban faltando el respeto al hombre más querido de la televisión nacional. Así las cosas, la NBC no se atrevía a dar un paso. Helen Kushnick, sin embargo, tenía sus propias ideas al respecto. Ella se atrevía a todo.

La agente sacó a relucir su instinto depredador. Aprovechando que tenía algunos contactos en la prensa, ofreció una información anónima a través de un cómplice, destinada a abrirle el camino a su representado, Jay Leno. Kushnick contactó con el New York Post y ofreció una noticia en exclusiva sobre la NBC y Johnny Carson que, aseguraba, era auténtica dinamita. Pero había dos condiciones: una, que a ella no se la nombrase en ningún momento ni fuera posible deducir de la redacción de la noticia que ella era la responsable de la filtración. Y dos, que el diario garantizase la primera página para la noticia. Hubo acuerdo. Y un buen día, el New York Post publicó que la NBC quería echar a Johnny Carson a la calle, y que además deseaban contratar a Jay Leno como su sucesor. La noticia, por descontado, causó un tremendo revuelo en todo el mundo del espectáculo. La NBC se apresuró a intentar desmentirlo, pero el daño ya estaba hecho: Johnny Carson se sintió traicionado y mucha gente pensó que la cadena se estaba portando de manera indigna con un hombre que les había aportado treinta años de trabajo y éxito.

Ante la polvareda que se había organizado, Jay Leno llamó por teléfono a Johnny Carson para intentar excusarse, asegurando que la filtración de la noticia había sido hecha a sus espaldas y que él, personalmente, no había tenido nada que ver con la maniobra ni hubiese consentido semejante puñalada trapera de  haber tenido noticia de ella. Carson, son embargo, no se tragó la excusa de la supuesta inocencia de Leno en el asunto. Con su elegancia habitual, se limitó a decirle a Jay Leno que en el mundo del espectáculo uno debía saber siempre cuándo actuaban en su nombre. Dicho de otro modo, Carson daba a entender que deducía que Helen Kushnick estaba detrás del asunto y que el propio Jay Leno era también directamente responsable y estaba al tanto del asunto. Aunque en público Carson siguió comportándose con exquisita neutralidad en público, el tiempo demostraría que jamás le perdonó la jugada ni a Leno ni a la propia NBC. Estaba profundamente herido en su orgullo. De hecho, poco después, para sorpresa de muchos, el presentador más famoso de América anunció que adelantaría su jubilación a 1992, antes de la fecha inicialmente prevista (el trigésimo aniversario de su estancia en el show).

Jay Leno, agente secreto

Mientras tanto, metido en su particular burbuja, David Letterman asistía pasmado a los acontecimientos pero no pensaba que su situación hubiese cambiado. La NBC, legalmente, tendría que darle una cuantiosa indemnización si le daban The Tonight Show a Jay Leno, por ejemplo. Con aquella cláusula Letterman se sentía seguro y consideraba que, dijera lo que dijese el New York Post, el puesto seguía siendo suyo. Desoyendo a quienes le hablaban de una posible traición de su antiguo amigo Jay Leno, Letterman se empeñaba en no creer que su antiguo colega tuviese algo que ver con todo aquello. Por otra parte, tras el affaire del Post, Carson seguía tratando en público a Letterman como si éste fuese el único posible sucesor, lo cual le parecía otra señal de que el programa terminaría en sus manos.

El perfeccionista Letterman, ingenuamente, pensaba que ser considerado el mejor presentador del país o ser imitado en todo el mundo le bastaría para salirse con la suya.

Pero dentro de la junta directiva de la emisora ya se había disparado el cisma. Leno había trabado buenas amistades entre varios de sus miembros y esas amistades estaban surtiendo su efecto. La bomba lanzada por Helen Kushnicken el New York Post había servido para que Jay Leno quedase públicamente establecido como candidato y que en la NBC, de puertas adentro, muchos asumieran la idea de que Letterman ya no era el único candidato posible. La cúpula de la cadena ya no respaldaba unánimemente una única candidatura. Ahora existían dos opciones, cada una con sus pros y sus contras. Asçi que, para debatir la cuestión, se organizó una reunión en la sede de la NBC, en la que los directivos discutirían el futuro del Tonight Show. Probablemente no se llegaría a ninguna decisión definitiva en aquella reunión, pero lo que se dijera allí podía marcar próximas decisiones. Pero Jay Leno no quería arriesgarse a dejarlo todo en manos de los directivos. Se enteró de la fecha de la reunión, y nuevamente hizo su jugada.

El día previsto, ataviado con una gorra y unas gafas de sol para no ser reconocido, y armado con un bloc de notas, Jay Leno entró en el edificio de la NBC a media tarde, cuando aún faltaban varias horas para la susodicha sesión de debate. Subió hasta la sala de reuniones del consejo —aún vacía— y se ocultó en una pequeña habitación aneja, no mayor que un armario, donde había una fotocopiadora y un teléfono por si alguno de los ejecutivos quería hacer una llamada. Leno se quedó allí, en silencio, esperando a que acudiesen los directivos y comenzase el “meeting”. Desde aquella salita podría escuchar todo lo que se hablase y saber cómo estaban las cosas en la emisora. Por momentos, viéndose oculto tras una puerta, pensó en lo ridículo de aquella situación. Y más si a alguno de los ejecutivos le daba por abrir aquella puerta para llamar por teléfono. Pero Leno pensó: ¿qué era lo peor que podía pasarle? Si lo descubrían, siempre podría poner cara de niño travieso y decir “¿estoy despedido?”. Pero tuvo suerte. Los ejecutivos llegaron y la reunión se celebró sin que nadie descubriese su presencia. Jay Leno pudo escuchar cómo estaban las cosas entre los directivos de la NBC a la hora de decidir el sucesor de Johnny Carson.

Básicamente, había dos posturas. Unos eran favorables a David Letterman por motivos estrictamente televisivos: era el presentador más de moda en el país y además nadie en su sano juicio discutía que era simple y llanamente el mejor. Desde un punto de vista estrictamente profesional, era el candidato idóneo. Además, estaba aquella indemnización que tendrían que abonarle si no le daban el trabajo… un gasto aparentemente superfluo e innecesario que tendrían que afrontar si se le daba el trabajo a Leno. Razones muy de peso. Pero había otro bando que abogaba por Jay Leno sobre todo porque lo conocían bien y sabían que era un tipo afín a los intereses de la cadena, manejable, que defendería siempre el negocio y no era un ogro individualista ni tenía el carácter agrio y rebelde de Letterman. Hablaban también del cambio de franja horaria: Letterman funcionaba bien en la medianoche porque le daba pie a emplear aquel sarcasmo y acidez por los que era tan conocido, pero en horario de máxima audiencia, ante un público más generalista, podría no ser tan bien recibido. Algunos dudaban de la capacidad —o del deseo— de Letterman para suavizar su estilo. Además, sostenían la teoría de que convenía pagarle la indemnización a Letterman: así, se asegurarían que el presentador siguiera en su Late Night, evitando que se marchase a otra cadena para hacerle la competencia directa a Leno (en cuyo caso perdería la indemnización). De esa manera, conservarían a ambos presentadores y seguirían reinando en la TV nocturna: Leno atrayendo una audiencia más joven al antiguo programa de Carson, y Letterman prolongando su prestigiosa andadura de medianoche. Con el dueto Leno-Letterman, nadie podría vencer a la NBC.

La reunión terminó y Jay Leno quedó encantado con lo que había oído: efectivamente, tenía posibilidades. Además, sabía qué directivos le apoyaban y cuáles no… ahora sólo tendría que emplear su campechana sociabilidad para ganarse a aquellos nombres clave que permitiesen escorar el asunto en su favor. Se puso manos a la obra. Y triunfó.

Así, cuando tiempo después la NBC anunció finalmente que Jay Leno sería el nuevo presentador de The tonight show tras la retirada de Carson, cundió el más completo estupor. Nadie se lo esperaba. El público había dado por hecho durante años que Letterman iba a ser el elegido. Johnny Carson se sintió humillado una vez más, tras haber defendido a Letterman durante años e incluso haberle garantizado personalmente la sucesión. Carson invitó por última vez a Letterman como entrevistado en Tonight Show, como una manera de mostrarle públicamente su simpatía. Incluso le preguntó: “Bien cómo te sientes?”, a lo que Letterman respondió con tono jocoso. Pero lo cierto era que el propio Letterman apenas pudo asimilar la noticia. De hecho, la primera vez que se lo dijeron reaccionó como si le estuviesen intentando gastar una broma pesada. No se lo creía. Había sido el último en hacerse a la idea de lo que se estaba cociendo en la NBC, viviendo en un estado de ingenua confianza, creyendo que Leno no sería capaz de pegarle semejante puñalada y que la NBC no afrontaría el pago de una indemnización sólo para poner en su lugar a un presentador que no era tan bueno como él. Ahora, el decorado se había venido abajo y Letterman entendía de golpe cuál era la cruda realidad de la situación: el sueño de toda su vida, presentar The Tonight Show, le acaba de ser arrebatado de la mismísima punta de los dedos por uno de sus “mejores” amigos. Un golpe duro.

Letterman abandona la NBC

La confusión se apoderó de él. Deprimido, no podía decidir cuál era el paso siguiente que debía dar. Profesionalmente, aún estaba en lo mejor, pero su sueño infantil había quedado hecho añicos. Profundamente herido, lo único en que podía pensar era en abandonar la NBC, donde lógicamente ya no se veía capaz de trabajar a gusto, teniendo que cruzarse en los pasillos con su ex-amigo y con todos aquellos ejecutivos que se la habían jugado. La NBC era el lugar donde le habían prometido un sueño durante años y después se lo habían robado a última hora… no podía seguir allí. Pero si se marchaba, perdería cuantiosa la indemnización a la que tenía derecho mientras estuviese vigente su contrato para presentar Late Night. Aturdido, llamó por teléfono a Johnny Carson para pedirle consejo. Carson le respondió que no quería decirle lo que tenía que hacer, pero le dijo que “sí sé lo que yo haría de estar en tu situación”. Letterman captó el mensaje. Tenía que conservar su dignidad. Renunció a su cuantiosa indemnización y anunció que abandonaba la NBC. En la emisora se quedaron helados: nadie había previsto que Letterman renunciase a una buena cantidad de dinero sólo para no tener que terminar su contrato. Habían subestimado el efecto que toda la maniobra tendría sobre su orgullo, y también habían subestimado la capacidad de Carson para abrirle los ojos a su discípulo. David Letterman dejó la NBC, pero fue precisamente eso lo que le ayudó a mantener intacta su imagen de individuo íntegro. Como nota curiosa, algunos recordarán el momento de The Simpsons en que Krusty el Payaso, de manera similar a Letterman, acude a la mansión de Johnny Carson para pedirle consejo sobre su futuro.

El afable Jay Leno logró salir de la guerra por el "Tonight Show" con la imagen intacta ante el público. Letterman no opinaba igual. Carson, tampoco.

A partir de entonces, ni que decir tiene, su amistad con Jay Leno quedaba hecha añicos para siempre. Letterman albergó un enorme resentimiento hacia Leno durante muchos años, rayando en ocasiones el auténtico odio. Cuando surgía la ocasión, lo ridiculizaba cruelmente e insinuaba que lo veía como una serpiente venenosa. A nadie se le escapaba la mala sangre que sentía hacia el hombre que le había quitado su sueño, pero a decir verdad, mucha gente pensaba que esa ponzoña se debía más al carácter difícil y vengativo de Letterman que a lo que Leno pudiese haberle hecho. Es más, la gente no consideraba a Jay Leno como el malvado de la película. A fin de cuentas, Leno tenía buena imagen, era un tipo sencillo que sabía vender bien su origen humilde, era accesible, amable, tratable y simpático. El propio Leno contó la historia en primera persona, presentándose como un individuo más bien inocuo que, sí, había estado rodeado de algunas personas cuestionables, pero que nunca había estado de acuerdo con darle puñaladas a nadie. Su versión, en la que básicamente Helen Kushnick era la villana, caló en la opinión pública. Ayudó bastante el que Kushnick, a quien su nueva influencia se le empezó a subir al a cabeza, fuese finalmente repudiada por la NBC. Tras conseguir el botín del Tonight Show para su cliente, creyéndose prácticamente invulnerable, pretendió realizar todo un pulso de poder con la propia NBC. Quiso abusar de su nueva posición imponiendo una forma de funcionar todavía más dura: por ejemplo, vetando a celebridades que hubiesen aparecido antes en “talk shows” rivales, para imponer una especie de “reinado del terror” en la NBC. Aquello resultó inaceptable incluso para la propia emisora. Hablaron con Leno, le dijeron que su representante estaba perdiendo la cabeza y que tenía que deshacerse de ella. Leno lo hizo: Helen le había ayudado a conseguir el Tonight Show, pero ahora había perdido el control de su ego, la NBC había dado un serio aviso y el presentador rompió su vínculo con la agente.

Entretanto, ya libre de su contrato con la NBC, Letterman recibió ofertas de todos los medios televisivos existentes e incluso de algunos que estaban empezando a configurarse por entonces. Su paso de la medianoche a la franja de máxima audiencia —lo que en USA llaman la franja inicial del “late night”, pero que en horario español consideraríamos más bien una prolongación del “prime time”— suponía un auténtico acontecimiento y todas las cadenas querían ser las protagonistas. Empezaron a ofrecerle auténticas fortunas para hacerse con sus servicios. Finalmente Letterman se decidió por la CBS, principal rival de la NBC a nivel nacional, firmando un cuantioso contrato para presentar Late Show with David Letterman. Un nuevo programa, similar al anterior, con el que haría la competencia directa al nuevo Tonight Show de Jay Leno.

La rivalidad Letterman-Leno y la rivalidad CBS-NBC

Late Show with David Letterman debutó en agosto de 1993. Pese al nuevo horario, Letterman sólo suavizó su estilo lo suficiente como para encajar. Cierto es que dejó de ser tan experimental y atrevido como en la medianoche, eso es innegable. Pero su acidez continuaba intacta. Durante las dos primeras temporadas, de hecho, Letterman batió al hasta entonces todopoderoso Tonight Show, donde Jay Leno estaba teniendo algunos problemas para establecerse. Late Show with David Letterman se convirtió en el programa nº1 durante sus dos primeros años de emisión. La CBS, gracias a su nuevo fichaje, arrebató finalmente el reinado nocturno a la NBC. El nuevo programa de Letterman era una mezcla de novedad —su estilo de medianoche en una franja más multitudinaria, donde podía verlo gente que no estaba familiarizado con él— junto con el morbo de saber que Letterman era imprevisible y que ahora sus ocurrencias tendrían lugar ante un público mucho mayor. Todo ello unido a entrevistas que en ocasiones resultaban accidentadas y surrealistas, como la famosa primera entrevista que le hizo a Madonna, donde hubo una extraña tensión agresivo-sexual entre ambos, un constante intento de incomodarse e incluso humillarse mutuamente, y donde la cantante puso de los nervios a Letterman rompiendo el máximo tabú de la TV americana de su tiempo: los tacos. Madonna pronunció continuamente las palabras “fuck” y “shit” ante un Letterman cada vez más impaciente. Ese tipo de entrevistas que degeneraban en tensión habían sido típicas de la andadura del presentador en la NBC, pero aquello había sido a partir de las doce. Ahora, en la CBS, el público las veía en un horario más convencional, lo cual constituía un enorme motivo de curiosidad. Eso y lo típicos sketches gamberros de Letterman, como las divertidísimas secuencias en que se hacía pasar por empleado de Taco Bell o del McDonald’s, para poner a prueba la paciencia de los clientes.

La batalla por la audiencia nocturna entre NBC y CBS era también una batalla personal entre Letterman y Jay Leno. El primero empezó venciendo con claridad, e incluso volvió a vencer con claridad en los Emmys de 1994. Aquello era una sabrosa revancha para Letterman. Por más que la gente tuviese a Jay Leno por un buen tipo, él lo consideraba una rata traidora, y el poder ganarle en su propio horario era toda una satisfacción. Por cierto, tampoco Johnny Carson podía ver ya a Jay Leno. No apareció en el programa de la “sucesión” para darle personalmente el relevo a Leno, que era lo que mucha gente había esperado (de manera recíproca, Leno tuvo poco gesto para el hombre que había presentado The Tonight Show durante treinta años) y lo cierto es que Carson, ya definitivamente retirado, nunca quiso volver a aparecer en la NBC ni aun como invitado. En cambio, curiosamente, sí hizo algunos breves cameos en la CBS… cómo no, en el programa de David Letterman. De hecho, la última aparición de Johnny Carson en televisión se produjo por iniciativa del propio Letterman, que lo invitó a aparecer en su estudio. Ante la histérica respuesta del público del plató, Carson no dijo una palabra y se marchó todavía en mitad de una sonora ovación, mientras a Letterman se lo veía más que feliz viendo cómo la gente adoraba a su ídolo y ahora amigo, quien ocasionalmente le enviaba chistes redactados por él para que los dijese en su programa, aunque lo hacía en secreto, negándose a recibir crédito por ello. Bastantes años más tarde, cuando Johnny Carson murió, Letterman le dedicó todo un programa a manera de homenaje, haciendo monólogos íntegramente compuestos por chistes de Carson. No dejó de resultar irónico que el homenaje más sentido y espontáneo se lo hicieran en la CBS, y no en la NBC, donde se había pasado la vida.

Letterman siempre se arrepintió de dos cosas: una, haber aceptado conducir los Oscars. La otra, el no haber ido directamente a matar una vez ya había aceptado.

Decíamos que entre 1993 y 1995 Letterman venció a su enemigo y rival de manera convincente. Pero su reinado no iba a durar siempre. En 1995, las cosas se empezaron a torcer para el antiguo hombre del tiempo de Indiana. Primero, fracasó en su esperadísimo papel como presentador de los Oscars. Mucha gente aguardaba con ansia el momento en que el irreverente Letterman se hiciera cargo de una ceremonia como aquella. Pero la televisión norteamericana aún no había dado el giro que ya ha dado hoy, y Letterman no se atrevió a ser completamente él mismo. En vez de trasladar a la ceremonia su típico humor ácido y su ironía —aunque hay que admitir que por entonces era una jugada muy arriesgada para alguien de su posición— Letterman se echó para atrás y usó un humor infantil, que no convenció a nadie, incluso con algunos chistes malos que le valieron no pocos varapalos críticos. Fue considerado demasiado irreverente por el mundillo del cine, pero demasiado blando por sus seguidores habituales.  En definitiva, la versión aguada de sí mismo no satisfizo a nadie. Hasta en España, donde Letterman no es un personaje popular, se llegó a comentar bastante su fiasco. Fue una tremenda oportunidad, pero lamentablemente perdida, ya que de haberse atrevido a presentar los Oscars con —de verdad— su estilo habitual en una época donde aún estaba en forma, Letterman pudo haber sentado un brillante precedente. Quizá pensó que tenía mucho que perder si soliviantaba a la industria ciematográfica comportándose como de costumbre, aunque lo cierto es que medio Hollywood ya detestaba a Letterman por su irreverencia hacia las estrellas (aunque, eso sí, el otro medio lo admiraba abiertamente). Letterman reconoció más adelante el error de no haber sido él mismo —en realidad, se arrepintió rápidamente de haber aceptado presentar una ceremonia que no era para su estilo— y de hecho, bastantes años más tarde, Letterman ha defendido fervientemente la controvertida labor de Ricky Gervais como presentador en los Globos de Oro.

El fracaso en los Oscars de 1995 fue un tropezón que no importó a sus fans, pero que tuvo mucha resonancia para quienes no lo eran. Para terminar de estropearle el año, Jay Leno consiguió una primicia sensacional: entrevistó a Hugh Grant después de que el actor fuese arrestado por contratar los servicios de una prostituta callejera, un suceso que por entonces había despertado un considerable revuelo mediático. La exclusiva era todo un golpe. Aquel episodio del Tonight Show batió por primera vez al programa de Letterman, y lo que es más: terminó invirtiendo la tendencia de los índices de audiencia. Muchas cosas ayudaron a que Leno se ganase al “espectador medio”. El estilo más convencional y cercano de Jay Leno, con entrevistas amables que nunca degeneraban en incomodidad ni enfrentamientos. Su humor más sencillo y su imagen de “tipo del pueblo” con el que resultaba más fácil identificarse que con el arisco Letterman. Aunque Letterman siguió siendo el preferido de los jóvenes durante algunos años, tras captar a muchos espectadores con el asunto Hugh Grant Leno se las arregló para convertirse en el nuevo líder indiscutible de las noches. De hecho, tras el “pelotazo” de la entrevista a Grant la NBC volvió a ser la nº1 y Letterman ya nunca más pudo vencer a su enemigo.

En el año 2000, a David Letterman se le detectó una obstrucción coronaria en un chequeo rutinario; fue operado de urgencia —se le implantó un quíntuple “bypass”— y, aunque bromeó mucho sobre ello tras su retorno, nunca volvió a ser el mismo. Ahora el suyo era otro programa; retazos del antiguo Letterman aparecían de vez en cuando en pantalla, pero sus momentos brillantes eran cada vez menos frecuentes y resultaba evidente que había perdido la energía y que sus mejores años estaban ya atrás. Ahora era un presentador menos imprevisible, menos excitante. Además se centraba cada vez más en asuntos políticos: Letterman, de ideología relativamente izquierdista (al nivel de EEUU, se entiende) fue uno de los enemigos mediáticos más fieros de las administraciones republicanas de los Bush y uno de los máximos opositores a la Guerra de Irak. Su giro hacia lo político, la pérdida de su filo y su edad hicieron que perdiera el contacto con el público joven, mientras que el público más maduro se había decantado ya tiempo atrás por el más amable Jay Leno. Los buenos tiempos de Letterman habían pasado, aunque dejó un legado considerable: en el periodo 1982 y 1993 (en la NBC) y 1993-1999 (CBS) cambio la manera de hacer televisión y dejó un sinnúmero de momentos memorables.

La rivalidad entre Leno y Letterman había quedado reducida, pensaban muchos, a una cuestión nostálgica. Leno había conseguido que el Tonight Show volviese a reinar y Letterman, después de perder el trono y tener que lidiar con una salud maltrecha, seguía lamiendo sus heridas en silencio, con ocasionales burlas más bien infantiles hacia su enemigo. Ambos se rieron de su enemistad en el famoso anuncio con Oprah Winfrey del que hablábamos en la primera parte. Pero esa vieja animadversión se iba a despertar —y de qué manera— en el 2010, cuando Jay Leno se la iba a volver a jugar a otro presentador (esta vez Conan O’Brien), aunque la imagen de Jay ya no iba a salir intacta como veinte años atrás, con el asunto Letterman. Porque, entre otras cosas, el propio David Letterman despertó temporalmente de su letargo para recordarle al mundo aquello que había estado diciendo durante años sin que le hicieran demasiado caso: que Jay Leno, su ex-amigo, era una alimaña traidora. Antiguos rencores que iban a estallar, dos décadas después, en una de las guerras mediáticas más estrambóticas de los últimos tiempos.

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28 comentarios

  1. Habrá una tercera parte con todo el affaire Conan O’Brien-Jay Leno??

  2. tonightshow

    Excelente artículo. No sabía que Johnny Carson hubiera adelantado su retirada por culpa de la «alimaña traidora».

  3. Miquel Àngel

    Pero dentro de la junta directiva de la emisora ya se había disparado el cisma. Las amistades que Leno había trabado buenas amistades entre varios de sus miembros estaban surtiendo su efecto. La bomba lanzada por Helen Kushnicken el New York Post…

    Revisad este párrafo porque está mal

  4. Bernardo de Gálvez

    Buen final, nos dejas intrigados con el el suceso Leno – O’Brian. En fin… esperaremos pacientes.

  5. Augusta Dama

    Los programas de Andreu Buenafuente copian descaradamente las formas, detalles, maneras y gestos de los de Jay Leno. Fíjense en las manos (se frotan, se meten en el/los bolsillo/s…), el músico que le ríe las gracias y mil chorraditas más.
    Leopoldo Abadía se hizo famoso copiando la explicación de la crisis del genial video de The long Johns http://www.youtube.com/watch?v=z-oIMJMGd1Q.
    La Trinca (ahora Gestmusic Endemol) triunfó en su época plagiando sin rubor canciones inglesas en una época en que «lo de fuera» tardaba años en llegar a España, lo que permitió asimismo triunfar a Los Mustang versionando a Los Beatles.

  6. Roi Ribera

    Excelente, ojalá haya tercera parte! Una pregunta ¿ Como se conoció el incidente de Jay Leno en la habitación contigua al consejo de la NBC?

    • E.J. Rodríguez

      Hola Roi,

      El incidente lo contó de primera mano el propio Jay Leno en su día.

      Un cordial saludo.

  7. Miquel Àngel

    Letterman aunque sea un cascarrabias tiene un sentido de la dignidad muy admirable, el detalle que tuvo con Bill Hicks tras su muerte emitiendo el monogolo que en su día no emitieron y pidiendo disculpas a su madre fue algo que pocos presentadores harían. Extraordinario artículo.

  8. Héctor

    He disfrutado un montón! Y eso no se lo digo ni a mi mujer!
    Gracias.

  9. Excelente articulo (ambos, la primera y la segunda parte), Espero ansioso la tercera…

    P.

  10. Octavio

    Como siempre, genial el artículo. Por cierto, ¿la NBC como reaccionó ante el episodio espía de Jay Leno? Porque me parece sorprendente que después de esto le dieran el programa a él.

  11. Pingback: Las guerras del prime time (II)

  12. En la TV3 catalana, el polémico programa «Persones Humanes» (el que se cargaron por criticar a la monarquía) de Mikimoto (ahora conocido como Miquel Calzada) fue el primero que copió a Letterman, concretamente los «top 10». Eso sí, por lo menos fueron los primeros en hacerlo.

    A mi el presentadir actual americano que más me gusta es Jimmy Kimmel. Es el más ocurrente. Aunque el que se merece un capítulo aparte es el ENORME Triumph, the Insult Comic Dog. Su «reportaje» de los fans de Star Wars en 2002 es de lo mejor que he visto jamás en la tele. Y más recientemente hizo otro reportaje con la gente de «Occupy Wall Street» que fue igualmente salvaje. Buscad «Triumph star wars» y «Triumph wall street» en youtube.

  13. Sheila

    Un artículo genial en el que he aprendido más que en toda la carrera de periodismo.

  14. ledorius

    Por cierto muy buen articulo, esperando la tercera parte :-)

  15. Garibaldi

    Genial artículo, muy bien redactado, desconocía todos estos detalles de la rivalidad histórica entre Leno y Letterman

  16. Ricardo

    Buenísimo, lo he devorado, muchas gracias.

  17. Vivo en California y ayer vi la entrevista de Letterman a o’Brien. Brutal. Además de meterle unas puyas tremendas a Leno, o’Brien estuvo genial rememorando un encuentr que tuvo junto a su hijo pequeño con el matrimonio Obama.

    • E.J. Rodríguez

      Ulises, Jordi:

      La visita de O’Brien a Letterman no podría haberse producido en mejor momento —justo antes de que publiquemos la 3ª parte de la historia— y la verdad es que fue un momento interesante y revelador. Tendremos que incluir una mención en esa 3ª parte, claro.

      Un cordial saludo.

  18. hcivesaiB

    ¿Para cuándo la tercera parte? Esto es adictivo.

  19. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Las guerras del prime time (III)

  20. Carritron

    Me han encantado los tres artículos, pero por favor revisad los 3-4 primeros párrafos de éste porque creo que se hace mención varias veces a la CBS en lugar de la NBC, y resulta un poco confuso: «Pero Letterman se negó a firmar el precontrato: pensó que aquello podía ser interpretado como que la CBS y él mismo estaban compinchados para acelerar la salida de Carson,»

    Muchas gracias y enhorabuena.

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