Imprescindibles: Boardwalk Empire

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¿Aún no ha visto usted Boardwalk Empire? ¿De verdad? Pues sepa que HBO lo volvió a hacer. En el 2010, la cadena que hoy es el referente del drama televisivo estrenaba una nueva serie, Boardwalk Empire, que iba a estar ambientada en el mundillo de los gangsters de los años 20, cuando la “Ley Seca”, la prohibición del alcohol, convirtió Estados Unidos en el campo de juegos de todo tipo de organizaciones criminales. El estreno llegaba rodeado de una considerable y más que comprensible expectación por varias razones de peso. Una, que era la nueva gran apuesta de la cadena que mejores programas dramáticos ha creado durante los últimos años para la televisión. Dos, que se trataba de la misma emisora que había revolucionado la ficción gangsteril con The Sopranos. Y tres, que la nueva serie venía avalada por un nombre legendario de la cinematografía estadounidense, alguien que además estaba especializado en el género: nada menos que Martin Scorsese. No contento con financiar la serie ejerciendo de productor ejecutivo, Scorsese iba a dirigir el episodio piloto en primera persona, lo cual lo convertía en algo así como “la nueva película de Scorsese”. Tras el estreno, el triunfo crítico fue prácticamente inmediato. Aun asumiendo que, al menos a priori, la crítica de medio mundo está muy favorablemente predispuesta hacia cualquier producto sellado con las siglas HBO, siempre quedaba la duda de si la emisora no se equivocaría intentando —por ejemplo— repetir los esquemas de The Sopranos. Pero no, tras la emisión de los primeros episodios había buenos motivos para el entusiasmo. A nadie se le ocurrió poner en duda la calidad de aquella primera temporada, que demostró que Boardwalk Empire tenía una fuerte personalidad propia.

«Nucky» Thompson, primer traficante de alcohol de la ciudad, hablando en contra de la bebida frente a un entregado público de muejeres prohibicionistas.

Boardwalk Empire gira en torno a la recreación, más o menos libre, de una figura histórica: Enoch L. Johnson, apodado “Nucky”, un político de Atlantic City que se enriqueció vendiendo alcohol durante la Ley Seca. Rebautizado como Enoch “Nucky” Thompson en la serie para que los guionistas pudieran tomarse sus licencias, las temporadas emitidas hasta ahora —mientras escribo estas líneas está a punto de finalizar la emisión de la tercera— delinean una sociedad gobernada por la corrupción, la violencia y el miedo. Una sociedad en la que incluso los más altos cargos funcionan a base de sobornos y amenazas, donde los negocios ilegales se entremezclan borrosamente con la administración y donde los individuos honrados lo tienen bastante difícil para llegar a alguna parte por sí solos. La serie dibuja una Atlantic City manejada con puño de hierro por “Nucky” Thompson, quien oficialmente ejerce como tesorero de la ciudad pero que en la práctica es el hombre que mueve los hilos y lo domina todo, desde los nombramientos de cargos importantes hasta el devenir de las elecciones locales. La serie, pues, entremezcla hechos históricos con ficción y participan en la acción unos cuantos personajes que le sonarán a cualquier interesado en la historia del crimen organizado: desde Al Capone a “Lucky” Luciano, pasando por Meyer Lansky, “Bugsy” Siegel, Johnny Torrio, John Masseria, Arnold Rothstein, etc. Incluso aparecen retratados algunos famosos artistas de la época como Eddie Cantor. Sin embargo, como sucedía con The Sopranos, The Wire o Deadwood, la temática criminal no lo fagocita todo en el argumento de Boardwalk Empire. Las motivaciones y las luchas interiores de los personajes son cuidadosamente atendidas, convirtiéndose de hecho en el principal material de base; se procura que haya un trasfondo humano detrás de cada acontecimiento, que cada personaje resulte consistente incluso en sus contradicciones. La maestría en la definición de los personajes se mantiene: una cualidad de Boardwalk Empire es la frecuencia con la que se recurre a pinceladas muy sutiles para ir componiendo el retrato de los individuos que protagonizan la acción. Así, se mantiene ese tono de drama coral que tan bien llevan cultivando en la HBO desde hace bastante tiempo, con la peculiaridad de que la información está presentada de forma elegante y a su debido momento: tardamos en conocer realmente a esos personajes, que van creciendo ante nuestros ojos capítulo tras capítulo, mostrando facetas que antes no habíamos esperado encontrar.

Bien es cierto que Boardwalk Empire tiene sus propias características distintivas respecto a otras grandes producciones de HBO. Es más pausada y mucho menos pirotécnica que The Sopranos o Deadwood, por ejemplo; no todos los episodios están repletos de giros explosivos como andábamos acostumbrados con aquellas series. Tampoco muestra la naturaleza caleidoscópica y eternamente cambiante de The Wire. En cuanto al guión, el desarrollo de la acción podría no estar tan compensado como en un posible ideal de “serie perfecta HBO” —entiéndasenos, es por tener algo que decir— pero esto carece realmente de importancia ante los muchos méritos del material de base con que se trabaja: buenos diálogos y un considerable pulso para distribuir los puntos climáticos de la acción, notábamos que no tan abundantes como en otras series de HBO mencionadas, pero muy bien planificados y ejecutados. Boardwalk Empire no manipula tan abiertamente al espectador, pero permite que el espectador se vaya creando su propio concepto de las cosas para, sin necesidad de quebrar la lógica del argumento, romper ese concepto en pedazos de vez en cuando. En cuanto al nivel físico de la producción (decorados, vestuario, dirección fotografía, etc.) la serie sigue estando a la altura de lo que podríamos esperar de HBO. Quizá no llega al barroco nivel de detallismo de la extinta Deadwood —aunque en este particular, resulta difícil que alguna otra serie iguale a Deadwood, ni aun Juego de Tronos— pero lo cierto es que recrea los locos años veinte con una más que imponentes soltura y eficacia. La suntuosidad visual de Boardwalk Empire está a la par de la enjundia de la narración.

El simpático Al Capone disfrutando de un breve refrigerio y probablemente reflexionando sobre a quién le va a abrir la cabeza después.

En cuanto al reparto, HBO continúa en estado de gracia a la hora de elegir intérpretes que encarnen los grandes personajes de sus grandes series. Por ejemplo, solo puede decirse que Steve Buscemi llegó para reinar. Según los creadores de la serie, el personaje real de “Nucky” Johnson parecía hecho a la medida de alguien como James Gandolfini, y ciertamente existe mucho más parecido físico entre ambos que con el escuálido Buscemi. Pero, lógicamente, sabían que contratar a Gandolfini para ese papel significaría que el actor arrastraría consigo a Boardwalk Empire su inmortal personaje de Tony Soprano. Lo cual, queramos o no, podría haber convertido la serie en una “Sopranos II”, al menos a ojos del público. Así que había que buscar otro protagonista y al parecer fueron los deseos expresados por Scorsese de trabajar con Buscemi los que finalmente le valieron a éste el poder desempeñar el rol protagónico de la nueva gran producción. Buscemi ya era bien conocido de todos después de una larga y nutridísima carrera cinematográfica repleta de títulos, en la que destacan sus sonadas colaboraciones con Quentin Tarantino o los hermanos Coen. También había aparecido en diversas series, entre ellas la propia The Sopranos donde ya encarnó a un gangster de manera más que convincente, logrando hacerse un sitio en mitad de un reparto repleto de carismáticos gangsters de ficción. Considerado lo que antes solía llamarse “actor de carácter”, Steve Buscemi no tuvo ningún problema para cargarse a las espaldas el peso de una enorme responsabilidad: encabezar una serie de la HBO, una superproducción en la que iban a estar puestas todas las miradas del planeta. El actor no solamente respondió al desafío sino que ha conseguido ese difícil logro de construir un arquetipo televisivo, un personaje que pasará a la historia del medio. Su milimétrica, a la par que extrañamente visceral composición de “Nucky” Thompson no ha dejado a nadie indiferente, y Buscemi ha terminado de consagrarse con un papel que requería unas considerables dosis de virtuosismo. Con muchas menos oportunidades para el exabrupto que un Tony Soprano o un Al Swearengen, el personaje de “Nucky” Thompson se proyecta frecuentemente mediante miradas perdidas, imperceptibles contracciones del rostro o expresiones mínimas y aparentemente indescifrables que, de alguna manera misteriosa, acaban transmitiendo lo que el personaje podría estar pensando o sintiendo. Hay algunas contadas explosiones, pero que sobre todo sirven para puntuar todo un festival de contención que le ha valido a Buscemi reconocimientos de todo tipo y premios como el Emmy o el Globo de Oro.

«Nucky» entre una nube de periodistas, mostrándoles su total colaboración por el sencillo procedimiento de pasar de ellos y darles la espalda.

El resto del reparto, como suele suceder en los productos HBO, es casi universalmente impecable. No hay prácticamente nadie que desentone o parezca fuera de lugar y podría decirse que casi cada personaje cuenta con un respaldo interpretativo que le hace justicia: todo un logro de casting que nunca puede ser lo suficientemente ponderado. Esto es algo que tiene suma importancia en una serie donde no siempre son las palabras, ni siquiera los actos, los que muestran el estado emocional de un personaje o los que definen por completo su condición moral. Boardwalk Empire no funcionaría como serial radiofónico porque necesitamos ver los rostros de cada uno de esos personajes para entender en qué momento psicológico se encuentran. Con frecuencia, los involucrados en la acción dicen una cosa pero sienten otra distinta, o bien actúan en contra de sus creencias o de sus deseos; hay muchas emociones encubiertas, mucho fingimiento, mucho sufrimiento contenido y numerosas barreras entre unos personajes y otros que les impiden comunicarse entre sí con sinceridad y franqueza. Es aquí donde el trabajo de los actores se vuelve extraordinariamente importante: muy pocos personajes de la serie pueden permitirse el lujo de expresarse abiertamente siempre que lo deseen, así que la capacidad de cada actor para transmitir un mensaje de manera puramente visual resulta crucial. Sin ese constante juego no verbal, el espectador no podría entender a muchos de los personajes. En este sentido, el trabajo interpretativo coral de Boardwalk Empire resulta simple y llanamente extraordinario.

Ahora un repaso a los principales personajes, no sin antes recomendar a quien todavía no haya tenido la ocasión de paladear esta serie que le conceda una oportunidad; una vez sumergido en  la acción, disfrutará considerablemente con sus tormentosos destinos:

Enoch “Nucky” Thompson: Señor de Atlantic City y personaje central de toda la acción, “Nucky” es un individuo indescifrable que tan pronto resulta reprobable a causa de su despiadada resolución como descoloca con inesperados detalles de humanidad, pinceladas de ternura cuyo trasfondo nunca termina de estar demasiado claro. Aunque para él lo primero es el negocio y no duda en recurrir a cualquier medida extrema ante quien pretenda perjudicarlo, parece esconder una honda necesidad de afecto. Es a todas luces incapaz de expresar esa necesidad de manera abierta y confiada, pero no por ello se antoja menos verdadera. “Nucky” Thompson, tras una imagen pública artificiosa iconizada por el clavel rojo de su solapa y un constante (y visible) esfuerzo por contenerse, es un personaje enrevesado a quien nadie parece conocer realmente bien. Interpretado de manera magistral por un Steve Buscemi que asombra a propios y extraños con su composición de un hombre herido pero implacable, del que nunca sabemos con seguridad si es más vulnerable que destructivo o a la inversa. Un nuevo caramelo para quienes gusten de diseccionar psicológicamente a personajes repletos de recovecos enigmáticos.

Margaret Schroeder: Irlandesa, católica, conservadora y sumisa, vive sumergida en el ambiente enfermizo de un matrimonio destructivo. Su marido, alcohólico y violento, la tiene aterrorizada a ella y a sus dos hijos, condenándola a una existencia de pesadilla. No obstante, el perfil bajo de Margaret, que en principio parece una mujer plana y poco misteriosa, esconde bastantes sorpresas. A medida que empieza a conocerse a sí misma y a manifestarse tal como es, todos empezaremos a formularnos preguntas acerca de sus verdaderas motivaciones presentes, pasadas y futuras. La clase de personaje al que el espectador cree conocer con rapidez hasta que se da cuenta de que realmente ha de modificar algunos de sus conceptos sobre ella. La actriz escocesa Kelly Macdonald saca adelante con meritoria habilidad el complicado trabajo de ir desentrañando el encaje de bolillos de un personaje que al principio resulta engañosamente insípido.

Jimmy Darmody: Protegido y ahijado de “Nucky” Thompson, con quien mantiene una relación de amistad paterno-filial bastante enrevesada, soterrada bajo un montón de sobreentendidos. Jimmy es un ex-combatiente; abandonó la universidad para alistarse en el ejército y la Iª Guerra Mundial dejó en su espíritu profundas secuelas que no siempre resultan evidentes, pero que a la larga terminan dictando buena parte de su conducta. Sus relaciones con quienes le rodean están siempre marcadas por la ambigüedad, entre otras cosas porque parece no haber aterrizado del todo después de su experiencia en las trincheras, como si le costase readaptarse a la vida civil y no lograra tener claro qué es lo que espera de la vida.

Gillian Darmody: Madre de Jimmy Darmody (a quien tuvo siendo casi una niña, de ahí la poca diferencia de edad aparente), Gillian es una mujer que detrás de la fachada de mujer-florero esconde uno de los caracteres más laberínticos y complejos de toda Boardwalk Empire. Los secretos de su biografía se nos van mostrando a modo de goteo conforme avanza la serie, y con cada nueva gota descubrimos que Gillian no solamente esconde bastantes sorpresas, sino que su personalidad es mucho más extraña, inusual e inquietante de lo que podríamos haber imaginado en un principio. En muchas ocasiones resulta difícil leer las motivaciones de sus actos hasta que ella no nos la muestra en primera persona, y el núcleo central de su personalidad permanece oculto de manera no muy distinta a como sucede con “Nucky” Thompson. Magistralmente interpretada por una Gretchen Mol a quien, todo sea dicho, el pelirrojo le sienta de maravilla.

Angela Darmody: Esposa de Jimmy Darmody. Angela esconde varias sorpresas, como casi todas las mujeres de la serie, obligadas a guardar las apariencias en una época donde únicamente los hombres podrían mostrarse abiertamente tal cual eran (y aun así, ni siquiera ellos podían expresarse del todo). De apariencia abnegada y conformista, hay en su interior una inesperada naturaleza artística que choca con los valores y convenciones de su tiempo.

Nelson Van Alden: Un policía estricto, religioso y moralista a unos niveles tan exagerados que inmediatamente sospechamos que necesariamente ha de ocultar un lado oscuro. Desde luego, el carácter inquietante de su personaje es algo de lo que nos damos cuenta nada más verlo en pantalla. Parece ser incapaz de interactuar normalmente con nadie, ni siquiera con su propia esposa; incluso parece incapaz de conocerse a sí mismo y dominar sus propios demonios. Tan duro y expeditivo en unas ocasiones como inocuo en otras, el agente Van Alden es una combinación de frustración, furia reprimida e ideales absurdamente elevados que ni él mismo puede aspirar a cumplir. Magistralmente interpretado por el prestigioso actor Michael Shannon, quien traza un retrato asombrosamente cambiante de un individuo con semejantes extremos, alguien que tan pronto nos causa una honda conmiseración como un paralizante terror.

Elias “Eli” Thompson: Hermano de “Nucky” Thompson, actúa como Sheriff de Atlantic City, aunque como casi todos los demás no deja de ser un títere al servicio de su poderoso hermano. A su manera intenta participar en el juego de ambiciones encontradas que es la escena política, judicial, policial y criminal de Atlantic City. Es un hombre reservado y poco expresivo, excepto las pocas veces en que contemplamos abiertamente la compleja naturaleza de la relación entre los dos hermanos Thompson, una relación que únicamente ellos dos parecen entender y donde hay toda clase de sentimientos encontrados.

Richard Harrow: Veterano de guerra, regresó de las trincheras con un rostro horriblemente desfigurado que cubre con una máscara y con una voz ronca de ultratumba, también secuela de las heridas de guerra. Hábil francotirador, Harrow es un hombre que no tiene nada que perder; en consecuencia, no le tiene miedo a nada ni a nadie. Eso lo hace especialmente temible, ya que actúa con un total desprecio de la muerte y no existe un solo individuo ante quien Harrow se amilane. Su máscara es algo más que simbólica, ya que apenas deja traslucir su extremo sufrimiento ante los demás. Sí vemos con frecuencia detalles de atención a los débiles y de callado sentimentalismo, además de muestras de que posee un carácter leal y con un peculiar sentido de la justicia. Es un personaje que tan pronto inspira ternura a causa de su penosa condición y su soledad, como se transforma en una figura de dimensiones casi divinas cuando dirige su rabia hacia algo o alguien, ejerciendo justicia con la terrible implacabilidad de un semidiós de tragedia griega. Uno de los mejores y a la larga más fascinantes personajes de la serie, brillante y pacientemente construido por el actor Jack Huston en una enorme labor de artesanía interpretativa.

Al Capone: El futuro amo y señor del crimen aparece en sus comienzos, cuando todavía estaba a las órdenes del gangster Johnny Torrio. Siempre es complicado retratar un personaje histórico tan conocido y del que prácticamente cualquiera tiene ya una idea preconcebida, pero con las debidas licencias que se tome el guión, podemos decir que el Capone de Boardwalk Empire resulta como mínimo verosímil. Vemos un balance entre el matón impulsivo y el individuo astuto e inteligente que Torrio descubrió y apadrinó como hombre de confianza, y que llegaría a convertirse en el criminal más temido de la nación. El actor Stephen Graham se lleva hábilmente el personaje a su terreno. Curiosamente, hay en el reparto otro actor (Glenn Fleshler, que interpreta al abogado corrupto George Remus) que es físicamente idéntico al auténtico Capone, aunque supongo que Fleshler no fue elegido por cuestiones de edad, ya que cuando comienza Boardwalk Empire el personaje de Capone apenas tiene veinte años.

Charlie “Lucky” Luciano: Un caso similar al de Capone. Luciano es una figura histórica tan célebre que reflejarlo en la ficción siempre resulta complicado, pero nuevamente se hace un trabajo bien balanceado incluso con sus debidas licencias narrativas. Se nos muestra pues a un Luciano en los años en que estaba subordinado a otros y todavía no había ascendido al trono de los bajos fondos, pero ya demostrando aquella clarividencia estratégica que le permitiría años después convertirse en el mafioso más importante de la historia. Un buen y sólido retrato.

Meyer Lansky: Amigo y socio de “Lucky” Luciano, aparece como lo que la mitología mafiosa recuerda de él: un gangster observador, tranquilo y extremadamente inteligente; alguien que siempre tiene una respuesta o una frase adecuada cuando todos los demás se han quedado sin palabras e incluso cuando el propio Luciano no sabe muy bien qué decir. Fue célebre como el más brillante cerebro del mundo del crimen y en Boardwalk Empire es retratado efectivamente como un joven brillante cuya mirada parece ir un paso por delante de casi todos cuantos le rodean.

Esther Randolph: Fiscal implacable y una funcionaria femenina en un mundo de hombres, Randolph es inflexible y altamente eficiente en su trabajo. Tiene la misión de hacer caer a “Nucky” Thompson y se empeña en lograr su objetivo a toda costa. En el camino, sin embargo, tendrá que acabar reconociendo que los engranajes del poder político y judicial son casi tan corruptos como los de las organizaciones criminales a las que ella misma está tratando de combatir.

Louis Kaestner: Anciano y de frágil salud, es el hombre que dominó Atlantic City durante mucho tiempo y que ahora le ha legado las riendas a “Nucky” Thompson. Aun limitándose a ejercer como solemne figura ecuestre como un rey que hubiese abdicado pero que aún permaneciese en palacio, sigue siendo un factótum y su nombre todavía impone respeto, hasta el punto de los lazos personales que algunos de los personajes tengan con él determinarán las metas a las que cada cual pueda pretender aspirar o no en la ciudad.

Albert “Chalky” White: Duro, rígido e inclemente, “Chalky” es uno de los principales gangsters de Atlantic City. Es para la comunidad negra lo que “Nucky” Thompson para el resto de la ciudad: el hombre que mueve los hilos. Hijo de un ebanista asesinado por el Ku Klux Klan, “Chalky” White combina su ambición personal con una cruzada por intentar mejorar las condiciones de vida de los negros en su ciudad. Interpretado por Michael K. Williams, al que muchos recordarán por su legendario papel de Omar en The Wire, aunque este nuevo personaje es bastante diferente.

Owen Slater: Antiguo miembro del IRA que se convertirá en asistente personal de “Nucky” Thompson. Es un individuo de maneras tranquilas que prácticamente nunca se descuelga con una respuesta agresiva o un pronto temperamental. Sin embargo, ha crecido en Irlanda contemplando en primera fila e incluso ejerciendo de primera mano el derramamiento de sangre por motivos políticos, así que considera la violencia una simple herramienta de trabajo, un método admisible y perfectamente válido ya sea en persecución de ideales nacionalistas como en su país natal, o para llevar adelante un negocio, como hacen en los Estados Unidos.

Eddie Kessler: Asistente personal de “Nucky” Thompson, quien por un lado lo trata casi a patadas pero por otro le otorga toda su confianza. De origen alemán, Kessler habla con un fuerte acento y siempre parece algo despistado, aunque podemos sospechar que en realidad no pierde comba de todo cuanto sucede a su alrededor, por más que nunca dé muestras de saber nada que no deba saber. Por momentos parece casi una parte del mobiliario, pero es la clase de individuo que está allí donde todo se cuece, aunque solo sea como convidado de piedra.

Arnold Rothstein: El mafioso judío más importante de Nueva York durante la Prohibición es un individuo refinado y elegante. Es un hombre con clase, poco tendente a los manierismos callejeros tan propios de otros gangsters de su tiempo. Su naturaleza depredadora en los “negocios” no le impide mostrar unas maneras casi señoriales, y es perfectamente capaz de proferir las más terribles amenazas sin perder la compostura. Un hombre que sabe lo que quiere, cuándo lo quiere y cómo lo quiere.

Joe Masseria: El siciliano que reinaba en los bajos fondos de Manhattan al decretarse la Ley Seca, Masseria solo quiere garantizar que cualquier negocio que otros gángsters hagan en su territorio le reporte a él su debida parte de los beneficios. El negocio es su único área de interés. Con frecuencia lo vemos hablando en italiano, señal de que pertenece a la antigua generación de mafiosos sicilianos que aún creen en viejos valores mafiosos como la fidelidad entre paisanos.

Mickey Doyle: Una de las piezas clave del tráfico de alcohol en Atlantic City, un hombre peculiar que suelta una extraña risita casi cada vez que dice algo. Irónico y no demasiado agradable, de alguna manera se ha instalado en una cómoda posición de confianza en el imperio Thompson.

Gyp Rosetti: Prototipo de gangster irreflexivamente violento, capaz de asesinar a un hombre por un comentario completamente inocuo que a él le haya sentado mal o que haya malinterpretado sin pararse a pensarlo. Dispuesto a establecerse en el negocio del tráfico de alcohol aunque para ello tenga que desafiar al imperio de “Nucky” Thompson, no parece dispuesto a detenerse ante nada ni ante nadie. La clásica figura del psicópata fuera de control que realmente disfruta ejerciendo una sanguinaria violencia sin sentido, como expresión de una probable maraña de complejos de origen más bien incierto.

Gaston Means: Un hombre con un trasfondo muy opaco y sospechoso, que no obstante es investigador especial del Departamento de Justicia. Ladino, insidioso y manipulador, representa a la perfección la figura del funcionario corrupto, el hombre que mantiene una imagen pública impecable pero que tiene tan pocos límites morales como el peor de los criminales.

George Remus: Un abogado corrupto, traficante de alcohol, que tiene la extraña costumbre de siempre referirse a sí mismo en tercera persona. Perfecta representación del hombre que se aprovecha de su situación y sus contactos para sacar partido al contrabando, enriqueciéndose con los negocios ilegales en que está metido casi todo el mundo. Como comentábamos, se da la curiosa circunstancia de que el actor que lo interpreta recuerda mucho, pero muchísimo, al verdadero Al Capone. Lo cual, la verdad, es un pequeño cruce de cables para algunos de nosotros cuando los personajes de Remus y Capone aparecen en la misma secuencia, ¡porque es Remus quien resulta casi idéntico! De hecho, si alguien rueda una película y aparece Capone con más edad, este hombre debería ser la opción obvia para interpretarlo.

Bueno, esto es todo: altamente recomendable para quien todavía no haya degustado una de las varias joyas de la HBO.

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35 Comentarios

  1. Apasionado estoy ante esta última temporada i el final el próximo lunes. El final del décimo fue uno de esos capítulos que se te quedan grabados a fuego (no voy a entrar en el spoiler).

    Y Gyp Rosetti la sorpresa de la temporada. Es curioso que no me gustaba demasiado al principio, pero con la escena sexual de mitad de temporada quedó como definido el personaje de golpe y de ahí ya fue para arriba

    • Entonces supongo que el momento final del undécimo capítulo te habrá impresionado, porque a mí me dejó sin habla: el momento en que la Historia entra en la ficción y nos recuerdan qué personaje era realmente ese que pronuncia la última frase del episodio.

      Grandioso momento.

      • Es cierto, nos muestra al Capone más cercano al histórico que lo que hemos visto hasta ahora, salvo algunas pinceladas. Aunque esa nueva alianza que se forma se me hace un poco buscada, puesto que nunca habían coincidido en el mismo bando Al y Nucky, y no recuerdo muy bien la relación del primero con Masseria.
        Bueno, aprovecho para felicitarte, Emilio de Gorgot, no sólo por «Boardwalk Empire», sino por todos tus demás imprescindibles, de lo mejorcito de Jot Down, que ya es decir.

        • ¡Gracias! En cuanto a Capone y Masseria, eran aliados. Lógicamente, la serie se toma sus licencias. Y no me parece mal, dado que no pretende ser un documental. Aun así, los personajes históricos más conocidos (Capone, Luciano, Lansky, Bugsy, Rothstein, Torrio, Masseria) están tratados con bastante respeto y ninguno de ellos me ha chocado o me ha parecido poco creíble.

          Entrando ya en el argumento de la serie [SPOILER], las alianzas y fidelidades con Nucky que surjan al final de esta 3ª temporada se explican por un único factor: Gyp Rosetti es un psicópata imprevisible, así que poca gente tiene ganas de trabajar con él. Capone es inteligente y sabe que con Nucky puede aspirar a conseguir un trato sólido, mientras que con Rosetti sólo se prevén problemas. Capone quería ganar dinero por encima de todo y su actitud [en el argumento] se corresponde muy bien con lo que sabemos del personaje histórico.

          • Gracias, tenía mis dudas, porque en esta misma página había leído de la colaboración entre Al y Masseria y se me hizo un poco extraño, pero Rosetti es Rosetti, y hasta Capone lo ve como un hombre muy peligroso, aunque, pese a todo, a mí no me gustaría despedirme de él todavía.
            Gracias de nuevo por resolver mi duda.

  2. Pero qué grande es esta serie!!! los personajes, los trajes, la ambientación, la música; todo está perfectamente hecho. Ojalá siga durando muchos años mas

    • La tercera temporada empieza ahora en España. En USA, el próximo domingo emitirán el último episodio de la temporada, el 12. Merece la pena verla en versión original.

      Obra maestra.

  3. Y a mí que me parece solo una serie resultona pero muy bien hecha… en fin, a ver cómo acaba esta tercera temporada.

    • Estoy de acuerdo. La estoy siguiendo y me gusta, pero le falta algo y su ritmo es excesivamente lento. Para mi un peldaño por debajo de The Wire, The Sopranos, Breaking Bad y Deadwood.

  4. La serie es magnífica pero no es una obra maestra. Lo sería si tuviera un poco de humor: a veces resulta espesa y cargante, sobre todo en su segunda temporada.

  5. Como bien dice Conistorsis, es magnífica pero no una hobra maestra. Se ha sabido reconducir pero si hubiese acabado con la segunda temporada tampoco hubiese pasado nada.

    Volviendo al principio, si The Wire es una obra maestra ésta no puede serlo porque no está a la misma altura. Aún así, de las que se están emitiendo actualmente seguramente sea la mejor, porque al menos respeta su lógica interna en momentos determinados, algo que adolece Homeland en la mitad de sus dos temporadas, por poner un ejemplo de otra gran serie.

  6. Sigo la serie en tiempo real, y aunque en las dos primeras temporadas me parecía que no alcanzaba todo su potencial (también es que la veía al mismo tiempo que la genial «Juego de Tronos»), en la tercera alcanza, además en unos episodios muy concretos, la calidad de una obra maestra, precisamente al perder a uno de sus mejores personajes. De cualquier manera, me encantan Nucky, Richard Harrow (¡que regrese a la acción por favor!, ahora a Nucky le vendría bien), Chalky White, Van Alden (con quien parece que no saben muy bien qué hacer en determinados momentos los guionistas), Eddie (debilidad personal), Owen, las tragedias personales de Eli y Gillian, los mafiosos reales, bastante creíbles… son tantos.
    Eso sí, Rosseti se ha convertido en el mejor rival imaginable, casi desde el principio (y más a partir de la escena de sexo, y su «encuentro» con el joven Siegel, futuro fundador de Las Vegas y por ese momento, el chico de los recados).
    El último episodio dejó momentos épicos, como el encuentro semi bélico e intimidador entre negros e italianos, Chalky y Gyp. Y al final sale A.C, pareciendo todo perdido ya tras ese «golpe de Estado», y suelta esa pedazo de frase, que lo siento mucho por el spoiler: «Can we talk about who dies?», que hace imaginar lo mejor para el final de temporada.
    Si sigue esta línea hasta su final, «Boardwalk Empire» acabará en el Olimpo de las series. Aunque su tercera temporada tiene asegurado un sitio allí desde ya.

    • Coincido en que los guionistas no han sabido qué hacer con Van Alden, que es un personaje grandioso pero que no han terminado de ubicar del todo bien.

      En cuanto al final del capítulo 11 de la 3ª temporada, puedo decir que es uno de los mejores y más poderosos finales que he visto nunca en un episodio de una serie de TV. Y eso que parece muy sencillo. Pero el modo en que, de repente, la Historia entra en la ficción como elefante en cacharrería, [SPOILER] en cómo el guión juega con nuestro conocimiento de quién va a llegar a ser A.C. (mientras que Nucky lo mira extrañado como pensando «¿y éste matao de qué va?») me parece asombroso. Un momento inolvidable, quizá el más intenso en lo que llevamos de serie. La frase que pronuncia A.C. pasará a la leyenda de la televisión, tenlo por seguro.

      • Esa sensación que tú dices, de momento ya mítico de la historia de la serie y de toda la televisión, la experimenté yo también. Vi el episodio el lunes por la noche y me costó mucho dormirme porque seguía pensando en la frase final (y las caras de Nucky y Chalky, eso «del matao», muy cierto y muy exacto lo que dices). Confieso que apunté la frase en un papel, temeroso de que la somnolencia me arrancara su recuerdo. Aunque el resto del episodio también fue brillante, quizás el mejor de toda la serie. No sé, lleva tantos.
        Supongo que es tan buena que, sin saber qué hacer con Van Alden esta temporada, nos ha regalado escenas suyas tan sugestivas como la de la plancha.

  7. Pues tras la segunda temporada, ejemplar en todos los aspectos, esperaba mucho de esta tercera. Y a falta de ver el capítulo de ayer (último ya) el bajón es bastante considerable. A media temporada remonta el vuelo, en mucha parte gracias a Gyp, hasta llegar al capítulo 10, que es cojonudo. Pero luego llega el capítulo 11, prefacio al final, y tiran todo a tomar a por culo con una situación totalmente absurda, teniendo en cuenta como se habían desarrollado los acontecimientos hasta entonces.

    Coincido en que muchos personajes se pierden en esta tercera temporada, pero es que se pierde toda la serie, Menos mal que ya está firmada la cuarta, que sino me parece a mi que nos quedábamos sin.

    • Perdona, pero para mí esta tercera temporada ha sido la mejor, y mucho de ello debido a Gyp, y los episodios 10 y 11, especialmente este último, son magníficos. Yo no veo que lo tiren todo a tomar por donde tú dices. Imagino que te refieres al peligro al que se ve expuesto Nucky, y que es una importante diferencia con respecto a «Los Soprano». Allí, Tony casi nunca tenía un peligro real como para perderlo todo, o casi nunca. Recordemos aquello de «la última vez que me detuvieron, cuando volví a casa la sopa aún estaba caliente». En esta serie no es así, Nucky está desesperado y al borde de la extinción como mínimo una vez por temporada, pero demuestra su gran inteligencia y capacidad de aprovechar las oportunidades que tenga. Sólo ello le mantiene con vida. Eso y la suerte. Con Tony era esto último. Y hoy no me voy a dormir sin ver el final de temporada.

  8. En mi opinión esta última temporada ha dado mucho que desear. Llegando algún episodio incluso a ser un poco tedioso. Yo ya no estoy ansioso por que lleguen el lunes para poder ver el nuevo capitulo como me ocurría con la segunda temporada.

  9. Genial presentación de una de mis series preferidas.

    Para los freaks que la vamos siguiendo al día… ¡¡¡Menudo final el de la tercera temporada!!!

  10. A mi si me ha gustado el final de la tercera temporada, sobre todo por el momento a lo taxi driver de, para mi, el mejor personaje de la temporada, Richard Harrow. Tampoco me esperaba la jugada maestra de Nucky a Arnold Rothstein. Por ponerle una pega no entiendo por qué aparecen solos Nucky y Eli en la casa si se supone que ellos no saben nada de lo ocurrido. Por todo lo demás un gran cierre de esta temporada.

    • Fue un finalón, en dos jugadas Nucky deja a Gyp en jaque, y cuando sale Richard…. joder, un momentazo de la historia de la televisión, muy «Taxi Driver», como dices tú.
      «The guy with the mask, the fuck was that?» Richard fucking Harrow. «Tommy, close your eyes». O Al Capone con la metralleta y su puro en la oscuridad…
      O los momentos iniciales, tan buenos, y con la coña que se suelta el alcalde. Antes de que riesen los periodistas, ya lo estaba haciendo yo. O el final en el paseo, tan significante.
      Hacía mucho tiempo que una hora de televisión no me satisfacía tanto.

      • La secuencia de Al acribillando el convoy mientras da caladas al puro, es uno de los momentos estelares de la 3 sin duda. Uno piensa al verlo: qué bien se lo debió pasar este Capone..

  11. Flipé con las dos primeras temporadas, pero esta tercera pega un bajón considerable y sólo consigue remontar el vuelo en los tres últimos episodios.

  12. El primer producto HBO que me ha dejado insatisfecho. Me duró cuatro capítulos. No había por dónde cogerla. Presumo que es culpa mía, a tenor de tanto elogio. Pero no tengo previsto darle una segunda oportunidad.

  13. Decepcionante final y decepcionante temporada. Mucho mejores las dos primeras, pero de mucho. Me reafirmo en lo dicho: la cuarta temporada la va a seguir menos gente, seguro. Es más, viendo las vueltas que le dan a la tuerca para que no acabe de enroscar…

    El principal problema que le he visto esta temporada es la falta de rumbo: hay capítulos excelentes (como el del asalto a la guarida de Gyp en Tabor Heights) y siempre los suelen firmar Terence Winter y Tim Van Patten. Que sí, que hay otros capítulos que mantienen el tipo, sobre todo en la segunda temporada y pese a no estar paridos por los pesos pesados de la serie, pero en esta tercera el bajón entre unos y otros es tremendo.

    O fijan muy bien lo que quieren hacer con los personajes en la cuarta o esta serie acabará por estrellarse antes de haber despegado del todo.

  14. He intentado verla ahora que la echaban en la Sexta en abierto. Imposible. Primero capítulos de dos en dos, luego de tres en tres, después a partir de las 23:30… que manera de echar a perder una serie. De todas formas por lo que vi (6 o 7 capítulos) o tarda en subir, lo cual no tiene que ser malo, o tanta alabanza le viene grande. Repito que lo digo con muy poco visto.

  15. Muy buen artículo, muy completo, a mí me gusta mucho esta serie y la verdad creo que la tercera temporada con lo de Gyp Rossetti y Nucky, es una serie muy intensa y loca, a mí me entretiene mucho y la fotografía es genial.

  16. […] Hammett no renuncia a su estilo aséptico y directo para denunciar la corrupción. El funcionamiento de la maquinaria electoral dirigida por Paul Madvig es descrito con normalidad y por la vía de los hechos. No se dedican parrafadas a explicar lo inteligente o corrupto que es Madvig al utilizar las instituciones de ese modo. Y mucho menos se advierte que su posición corre peligro si se descubre el tejemaneje. Es más, su influencia correría peligro solo si se corriera la voz de que el otro mafioso de la ciudad, Shad O’Rory, le echa una mano a algún chico de Madvig. Eran los años treinta, y la gente sabía de sobra qué clase de persona se había hecho fuerte durante la Ley Seca (aún en vigor cuando se publicó esta novela). No era algo exagerado por Hammett. En Atlantic City ocurría algo similar bajo el mando de Nucky Johnson (Boardwalk Empire). […]

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