Imprescindibles: The Sopranos - Jot Down Cultural Magazine

Imprescindibles: The Sopranos

Publicado por

Sopranos Ultima Cena

[NOTA: este artículo NO contiene spoilers]

Un jefe mafioso, corpulento y temible, está preparando una barbacoa en el jardín de su lujosa casa. Con un habano entre dientes y aire de satisfacción, contempla sonriente la bandada de patos que tiempo atrás decidió vivir en su piscina. La visión de aquellos animales es prácticamente lo único que produce una expresión feliz de su rostro. Pero de repente, notando la llamada del otoño, la bandada de patos alza el vuelo y abandona la piscina, alejándose en la distancia: están emigrando. Tony Soprano, el capo mafioso más viril, violento e imponente de la pequeña pantalla, no puede soportar la marcha de unos pequeños patos. Le empieza a faltar la respiración. Todo da vueltas alrededor suyo. Finalmente se desmaya. Ha tenido la primera de las crisis de pánico que le asaltarán en momentos de tensión. Muy a su pesar tendrá que empezar a visitar a una psiquiatra, donde descubrirá el origen de todos sus males: la relación disfuncional que mantiene con su madre.

Así, con los problemas emocionales de uno de los más grandes personajes de la ficción de las últimas décadas, se desencadena una de las más grandes series dramáticas emitidas en la pequeña pantalla. La serie que, sin lugar a dudas, puso al formato televisivo en igualdad de condiciones con el cinematográfico. Aunque siempre han existido grandes series de televisión, antes de la década del 2000 a nadie se le hubiese ocurrido plantear la idea de que el drama en la pequeña pantalla podía estar, no ya al nivel del drama cinematográfico del momento, sino incluso por encima. El cine gozaba de un aura de superioridad intrínseca que parecía intocable… hasta que llegó The Sopranos.

Hay hitos culturales que sencillamente cambian la percepción de las cosas: el jazz siempre fue una música muy rica y compleja, pero muchos la consideraban un estilo “menor” hasta que aparecieron el “bebop” de Charlie Parker o los barrocos virtuosismos de Art Tatum. La guitarra eléctrica era considerada un instrumento de segunda hasta que llegó Jimi Hendrix, así como la guitarra española fue menospreciada antes de Joaquín Rodrigo y Andrés Segovia. O como casi nadie se tomaba la “música popular” en serio hasta que los Beatles empezaron a editar una canción inmortal detrás de otra.

No se trata de que no hubiese grandes jazzmen antes de Parker o de que no hubiese grandes músicos clásicos dedicados a la guitarra antes de Rodrigo. Los había. Pero por uno motivo u otro —normalmente porque la calidad llegaba a unas cotas que no podían ser negadas ni por los detractores— fueron estos nombres quienes convencieron al mundo de que su arte no era en absoluto menor, y que podía medirse de tú a tú con sus respectivos “hermanos mayores”. Esto es lo que The Sopranos hizo por las series de televisión. Por algún motivo es otra de las serias candidatas a poder ser considerada ”mejor serie de la historia”.

Un antes y un después

Para explicar por qué aparece “de la nada” algo tan revolucionario como The Sopranos hay que explicar en qué contexto fue producida.

Las grandes cadenas norteamericanas habían empezado a cuidar la calidad de sus series desde que surgió una competencia feroz —el vídeo— y hay ejemplos de una nueva voluntad de experimentar incluso en las tres cadenas más tradicionales y mayoritarias: NBC lo hizo con Hill Street Blues, ABC con Twin Peaks o CBS con Doctor en Alaska. Pero ninguna de ellas tenía poder como para romper con los moldes. Eran series cuidadas, con guiones brillantes y algunos buenos momentos narrativos, pero a nadie se le había ocurrido ambicionar una narrativa que compitiese en igualdad de condiciones con la del celuloide. Bueno, David Lynch lo intentó con Twin Peaks y aquello fue lo más parecido que hubo a un fenómeno “sopranista”, pero el loable experimento estaba maldito desde su base. Twin Peaks era más bien un ejercicio de traslación del microcosmos de Lynch a la pequeña pantalla, su moderna versión de Alfred Hitchcock Presenta, y no tanto un producto concebido desde cero para los requerimientos de la TV. Tras un enorme éxito inicial en el que influyeron tanto su calidad como lo atractivo de la novedad quedó claro que Lynch  estaba haciendo, más que un programa de televisión como tal, una de sus películas a capítulos. El resultado: una gran serie que la cadena no entendió y contribuyó a arruinar, matando la gallina de los huevos de oro en la segunda temporada con decisiones argumentales que pensaban más en la audiencia semanal que en la serie como una obra completa.

La cadena de cable Home Box Office, HBO, existe desde los años setenta, aunque antes de The Sopranos a casi nadie le hubiesen sonado esas siglas fuera de Estados Unidos. Era una cadena de pago exitosa, que había tenido sus momentos de gloria como la retransmisión del último combate entre Muhammad Ali y Joe Frazier o la emisión de la inolvidable serie infantil Fraggle Rock, pero cualquier cadena tiene sus pequeños o grandes hitos a lo largo de su historia y no había una etiqueta reconocible o un “estilo HBO” del que tuviésemos noticia en España, por ejemplo. Lo que primero hizo resonar las siglas en nuestra orilla del Atlántico, justo antes del estreno de The Sopranos, fue el enorme éxito de Sex and the city (“Sexo en N.Y.”) pero —aunque nunca he visto la serie— no he oído de nadie que la cite como un producto artísticamente revolucionario.

Sin embargo, HBO ya había estado trabajando en un nuevo enfoque para las series dramáticas. En mitad de una fuerte competencia apostaron por la calidad, lo cual conllevaba tomar decisiones arriesgadas y poner en juego mayores presupuestos. Empezaron a gastar más dinero y recursos en atraer a buenos guionistas, en realizar castings más elaborados y en asegurar que sus productos finales ofreciesen algo más que la típica “serie culebrón” basada principalmente en giros argumentales sorprendentes (un formato que estaba empezando a sufrir ya las consecuencias de una nueva y más llamativa oferta: talk shows y reality shows que ofrecían las mismas sorpresas por presupuestos mucho menores). La HBO consideró que seguía habiendo un espectador para las series, pero que era más exigente o al menos más pronto a distraerse con otras cosas. No había que imitar el formato cinematográfico como hizo Twin Peaks, pero sí imitar los cuidadosos procesos de producción del cine. No se trataba de hacer cine en TV, sino de hacer pura TV pero pasando por los mismos estadios creativos y de control de calidad que el cine.

HBO estrenó su formato de serie dramática de capítulos de una hora con Oz, que narraba la vida en el interior de una cárcel de alta seguridad. Fue la primera de las que hoy conocemos como típicas “series HBO”. Cuidaban el guión, la producción y el reparto al máximo; además, al ser emitida por cable, ofrecía contenidos más extremos que los admitidos en las series de las cadenas en abierto. Casi universalmente alabada por la crítica, tampoco Oz tenía todos los condicionantes que requería la serie destinada a dinamitar los moldes. Pero era un ensayo general de lo que estaba por venir.

Un tipo entra en el despacho de una psiquiatra

Como sucede con otros grandes productos de HBO —aunque hay excepciones— The Sopranos es una serie de género: narra las circunstancias que rodean a una familia mafiosa de Nueva Jersey, pero resumirla así es como no decir nada. Va mucho más allá de su género, no en la forma, pero sí en el fondo. Si The Wire es una serie social camuflada de argumento policial y si Deadwood es una serie filosófica camuflada de género Western, The Sopranos es la serie psicológica camuflada con aventuras mafiosas.

El creador de la serie, David Chase, había pensado en una película con argumento centrado en un mafioso que tiene una relación problemática con su anciana madre, ladina y manipuladora, a la que está emocionalmente sometido. Chase, de hecho, se había inspirado en la relación con su propia madre para desarrollar la historia. Cuando el proyecto de largometraje se transformó en una serie, la relación entre el protagonista —Tony Soprano— y su anciana madre se convirtió en el núcleo de la primera temporada. Tony es uno de los capos de una familia mafiosa, pero sus traumas acumulados empiezan a causarle problemas cuando empieza a sufrir repentinas crisis de ansiedad que le hacen perder el conocimiento en cualquier lugar y situación. Asustado, comenzará a visitar a una psiquiatra, lo cual es un pecado mortal dentro de la mafia… así que tendrá que llevar en absoluto secreto su terapia y esconder su vulnerabilidad emocional ante los ojos de sus compinches y subordinados.

Así, pues, contrariamente a The Wire y Deadwood, esta serie tiene un protagonista central de peso, en torno al cual gira toda la acción. Buena parte de su éxito reside en la sorprendentemente acertada elección del actor: James Gandolfini, hasta entonces un secundario sin mucho renombre, que se destapó como una versión moderna de Marlon Brando y ya desde el primer episodio da un recital de sutilezas interpretativas a sumar a una enorme presencia en pantalla. El propio Gandolfini se sintió confuso cuando le dieron un papel protagonista (“Mira esta cara… ¡y me han elegido a mí!”) pero la enormidad de su trabajo consiguió lo que muy pocos actores logran a lo largo del tiempo: redefinir un estereotipo. La figura del mafioso sólo había conocido dos arquetipos culturales universales: Al Capone, que representó al jefe criminal en el imaginario popular durante cuatro décadas, y el ficticio Vito Corleone de El Padrino, que hizo lo propio durante varias décadas más. Contra todo pronóstico, la poderosa aportación de Gandolfini convirtió a Tony Soprano en un tercer molde iconográfico de mafioso.

Allí donde Capone y Corleone habían sido figuras casi omnipotentes en la imaginación del público, Tony Soprano es una nueva clase de figura criminal: su omnipotencia es sólo aparente, todo fachada, porque en el fondo es muy vulnerable y está repleto de complejos e inseguridades enterradas tras un aspecto temible. A lo largo de la serie esa vulnerabilidad suele terminar despertando una inevitable simpatía, por lo que David Chase constantemente nos recuerda en su guión que nos hallamos ante un individuo indeseable, capaz de las más terribles acciones. Chase, consciente del atractivo de su personaje estrella, juega con las simpatías del espectador pero también con sus resortes morales. Topny Soprano ya no es el témpano de hielo que era Vito Corleone ni un psicópata robótico como Hannibal Lecter, sino alguien muy propenso a perder la estabilidad emocional y cuyos problemas de autoestima son bien evidentes, así como su tendencia a sentir un vacío existencial que ni él mismo puede comprender. Tony Soprano puede ejercer un liderazgo natural entre sus colegas mafiosos, tiene todas las cualidades para ello, pero su juicio está a menudo cegado por su sufrimiento personal.

De todos modos, pese a la presencia de un protagonista tan poderoso, The Sopranos no deja de ser también una serie coral. De hecho y en este sentido tiene pocas rivales, el reparto está cuidadísimo y muy enfocado hacia un objetivo evidente: que casi cada personaje tenga un gran carisma y sea claramente distintivo y fácil de recordar por sí mismo. No importa tanto el realismo a ultranza como el carisma, podría decirse. Por ejemplo, en The Wire hay muchos personajes admirablemente construidos, pero algunos de ellos se parecen entre sí y con el tiempo pueden llegar a confundirse en el recuerdo. Esto no ocurre en The Sopranos, donde cada individuo tiene una personalidad tan llamativa y tan marcada por el contraste con el resto, que resulta difícil confundirlos ni aun habiendo pasado años desde que el espectador vio la serie. The Sopranos tiene un protagonista central, pero también todo un impresionante elenco de “secundarios-protagonistas” que confieren una extraordinaria riqueza y color a cada uno de los episodios. Incluso en aquellos capítulos donde el argumento pudiere renquear un tanto, si consideramos que los hay (y de haberlos serían más bien pocos), el atractivo del conjunto de personajes y el nivel de las interpretaciones —así como los siempre agilísimos diálogos— siguen recompensando el visionado.

A partir de la tercera temporada la temática materno-filial se diluye y los asuntos mafiosos protagonizan completamente la serie, pero siempre desde una perspectiva psicológica, siguiendo de cerca la evolución interior de Tony y del resto del elenco. La familia, la amistad y las relaciones siguen llevando las riendas en torno a un tema central no claramente definido, pero con el tiempo emerge por sí mismo: ¿es posible abandonar un ambiente como el de la mafia? ¿Pueden estos individuos y estas familias, que a menudo parecen normales de cara a la sociedad, convertirse de hecho en ciudadanos realmente normales? Buena pregunta, que no responderemos aquí y dejaremos que la propia serie responda, para quien decida verla.

Éxito, premios y alabanzas hasta el infinito

Ni siquiera la HBO, que había cuidado muchísimo la producción de la primera temporada, podía haber previsto lo que sucedería con The Sopranos. El éxito de audiencia —el programa más visto en una cadena de cable— y la lluvia de premios de todo tipo fueron inmediatos (la serie arrasó completamente en los Emmy de manera pocas veces vista) pero es que además se produjo un fenómeno inédito. La crítica, de manera casi unánime, y buena parte del público, empezaron a vocalizar una opinión que rayaba en la herejía: ver The Sopranos era como ir semanalmente al cine, para ver una película mejor que las que en aquel momento estaban en cartel. Una serie de TV era la vanguardia, la flor y nata del drama, frente a la cinematografía del momento. Sus guiones eran mejores, sus interpretaciones eran mejores, y su narrativa era mejor precisamente porque había perdido los complejos y no intentaba imitar al cine, sino “hacer cine” dentro de los condicionantes marcados por el formato televisivo.

El que la crítica reconociese abiertamente que la pequeña pantalla estaba ganando la partida artística al sacrosanto celuloide fue la mayor revolución producida por la serie de David Chase. De repente, la televisión podía ser “alta cultura” como lo era el cine y The Sopranos era analizada tan concienzuda y respetuosamente como toda una obra maestra de Hollywood.  Los actores protagonistas se convirtieron en superestrellas en Estados Unidos, al punto de que resulta fácil prever que la mayoría de ellos quedarán por siempre prisioneros de sus respectivos papeles. James Gandolfini, por ejemplo, sufrió el “síndrome Superman” y ya nadie puede mirarle sin ver a Tony Soprano, porque para colmo, en sus apariciones públicas, el actor evidencia que muchos de los tics y gestos con los que compuso su personaje son propios de él en su vida privada. Algo similar se puede decir de otros miembros del reparto.

Se empezó a hablar oficialmente de una “segunda edad de oro de la TV” o sencillamente de una edad dorada de las series dramáticas (la primera habrían sido los años cincuenta). HBO siguió ofreciendo productos de enorme calidad y otras cadenas empezaron a imitar su ambicioso planteamiento, lo que conllevó una sorprendente retahíla de grandes series de TV de todos los géneros imaginables. No todas ellas triunfaron y varias decayeron en calidad tras una o dos buenas temporadas, pero es innegable que el nivel medio del drama televisivo se disparó a consecuencia del terremoto “sopraniano”. A día de hoy, las siglas HBO siguen siendo garantía de calidad y la cadena es todavía la locomotora que impulsa el tren de la ficción audiovisual. Hay quien piensa que, en general, esta edad dorada está empezando a decaer un tanto: pero sea ello cierto o no, los años en los que la calidad de la TV ha dejado a menudo en paños menores a la cinematografía fueron propiciados por el enorme éxito y reconocimiento de The Sopranos. Ha sido la pequeña pantalla la que ha ofrecido guiones, interpretaciones y profundidad artística mientras las salas de cine eran generalmente plagadas por el entretenimiento fácil. Durante estos años, muchos espectadores han dado la espalda al cine y han consumido casi exclusivamente drama televisado. El motivo es simple: pagar 50 o 60 euros por llevarse a casa un puñado de horas de The Sopranos o The Wire compensa más que pagar 8 o 10 euros por una entrada para ver una película de dos horas de cuya calidad nunca estás seguro. Puede parecer un motivo prosaico, pero detrás de ello está el hecho de que el espectador confía hoy en la calidad de la TV como antes confiaba en la calidad del cine, o más.

The Sopranos duró seis temporadas en las que no disminuyó su éxito y su prestigio, aunque queda para la opinión de cada cual juzgar si están siempre al mismo nivel. Personalmente, las temporadas que me parecen más redondas son las dos primeras. La última temporada me pareció francamente irregular (que no mala) sobre todo en su primera mitad, aunque seguía teniendo interés por muchos motivos y en su segunda mitad recuperaba buena parte del impulso perdido. Pero eso ya son preferencias personales y habrá quien opine de otro modo: de todas maneras, la serie nunca llega a decaer hasta niveles decepcionantes, y toda ella, incluso con sus altibajos, merece mucho la pena.

No se preocupe, amigo lector, no voy a desvelar el final

Naturalmente no voy a revelar ninguna información sobre cómo termina la serie, es más: ni siquiera el lector más despierto podrá deducir cómo es el final de lo que yo pueda comentar aquí. ¿Por qué estoy tan seguro? Pues porque NADIE que no haya visto ese final imagina cómo es. Nadie. El 100% de los espectadores se quedan atónitos cuando asisten a la última secuancia, y el 99% de ellos no la entienden a la primera. Aunque me esté leyendo el propio Albert Einstein, no hay manera humana de que adivine de qué se trata.

Pero tiene su sentido hablar del revuelo que organizó ese final. Cuando se terminó de emitir en EEUU el último episodio de The Sopranos, uno de los episodios más esperados en la historia de la TV, la inmensa mayoría del público que la seguía en directo se sintió desorientado e incluso en algunos casos “estafado”. La centralita telefónica y la página web de HBO quedaron colapsadas por miles y miles de quejas. Incluso hubo críticos que, arrastrados por la necesidad de publicar una crónica rápida, metieron la pata afirmando que aquel final no tenía sentido y que David Chase había querido pasarse de listo o de experimental. Y mientras, Chase guardó silencio por un tiempo. Es muy listo y supo que la gente lo terminaría captando: al principio se limitó a decir que toda la secuencia final tenía sentido y que las pistas para entender el final estaban en el propio final. Él mismo se había preocupado de supervisar al mínimo detalle la planificación y rodaje de toda aquella última secuencia y negó rotundamente que se tratase de una improvisación de última hora o de una “boutade” destinada a escandalizar por las buenas.

Yo mismo quedé totalmente perplejo con el final del último episodio y tuve que “rebobinar” la secuencia para intentar comprender qué estaba pasando, y fue como uno de esos cuadros de colores sin sentido en donde clavas la vista y de repente aparece una imagen en 3D. Como le ocurrió a tantos otros espectadores, cuando volví a contemplar la escena LO VI. Estaba todo allí, ante mis propios ojos, perfectamente explicado (aunque, eso sí, de manera bastante sibilina y retorcida). Supe que acaba de asistir al final más original y atrevido que haya tenido cualquier serie de TV que yo recuerde.

El tiempo le dio la razón a David Chase: los indignadísimos espectadores que aún no habían comprendido el sorprendente desenlace terminaron cayendo en la cuenta de su significado y a las pocas semanas la marea había cambiado: incluso algunos de los críticos que habían censurado la aparente improvisación del cierre de la serie tuvieron que reconocer que se trataba de una genialidad. No sólo había merecido la pena ver las seis temporadas por la serie en sí, sino por la oportunidad de sufrir el desconcierto y la posterior epifanía de un desenlace totalmente imprevisto. Si el lector no ha visto aún la serie, que no deje que nadie le desvele el final. No lea en Internet ni investigue sobre ello. Vea la serie y experimente el momento por sí mismo. Pocas veces en su vida experimentará una sensación semejante frente a una pantalla de televisión.

Personajes

The Sopranos es la serie de personajes por excelencia. El mosaico caracterológico es tan apabullante que casi se la podría considerar una serie con muchos protagonistas. Quizá no son todos de la profundidad o el realismo de The Wire, y podría decirse que The Sopranos es más efectista y “peliculera” en este aspecto… pero la verdad es que eso importa poco cuando hay tanto carisma y tanta pieza brillante en el puzzle humano de la serie. Es imposible citarlos en orden de importancia porque hay muchos importantes, así que empezaremos con la familia Soprano y después nombraremos a algunos mafiosos y secundarios notables:

Anthony “Tony” Soprano: el más grande personaje televisivo y cinematográfico de los últimos veinte años. Punto. Su impacto cultural es casi lo de menos, si nos fijamos en su complejidad, en el minucioso análisis que se hace de cada uno de los rincones de su personalidad, y en la asombrosa manera en que James Gandolfini se carga todo ello sobre las espaldas y ofrece la interpretación más completa y fascinante que se había visto en mucho tiempo. Tony Soprano es desmenuzado con tanta dedicación y esmero que termina convirtiéndose casi en una persona real ante nuestros ojos: no en vano decíamos que el personaje ha devorado al actor. Nombrar algunas de las facetas de Tony sería dejar otras de lado: es ansioso, irascible, violento, con un constante apetito por la comida y las mujeres… pero tras ese Tony básico se esconde un individuo acomplejado, contradictorio y muy inteligente, con un enrevesado —y maleable— sentido del honor y una adscripción religiosa a unos valores que ha adoptado sencillamente porque cree que es “lo que hay que hacer”. Es básicamente un mal tipo, pero despierta una extraña simpatía pese a que no es ni ingenioso, ni gracioso, ni se molesta lo más mínimo en resultar agradable. Muchos espectadores, especialmente varones, podemos llegar a sentirnos identificados con su perenne cruce de cables, porque como muchos de nosotros su vida es una lucha entre lo que se supone que debe ser un “hombre fuerte” y las inevitables debilidades y carencias que se empeñan en destruir nuestro ego, y su hombría se viene abajo a menudo, para desconcierto y desolación suya y de quienes le rodean.

Livia Soprano: manipuladora, retorcida, teatrera, cruel, emocionalmente vacía… la madre de Tony Soprano es una perfecta Lady Macbeth, la perfecta demostración de lo terrible que puede llegar a ser una “esposa de la mafia” cuando, con la vejez, tiene ya poco que perder excepto sus parcelas de poder. Pese a su aspecto frágil, es probablemente el personaje más temible —en el fondo—de toda la serie, aunque su imagen de abuelita inofensiva y senil sirve como perfecto camuflaje para esconder al monstruo que hay en su interior. El dominio emocional que ejerce sobre su hijo mayor es avaricioso y destructivo, la causa de los trastornos emocionales que aquejan a Tony durante toda la serie. Maravillosamente interpretada por la grandiosa Nancy Marchand (algunos la recordarán como editora del periódico en la serie Lou Grant).

Carmela Soprano: la mujer de Tony Soprano es otra perfecta “esposa de la mafia”, sólo que en periodo de formación. Tolera las infidelidades y salidas de tono de su turbulento marido porque es el precio a pagar por ocupar la posición que ocupa, aunque ello da pie a un interesante conflicto interno entre las necesidades prácticas de la mafiosa y las necesidades emocionales de la mujer. Un personaje muy complejo, que parece más centrada que Tony —y lo es— pero que también presenta muchas aristas inquietantes cuando se la observa de cerca. La serie consigue darle al todopoderoso personaje de Tony una contrapartida que aguanta el tipo junto al gigante, lo cual es todo un mérito del guión y de la actriz Edie Falco, quien, no hace falta decirlo, está inmensa.

Meadow Soprano: la convencional y formal hija mayor de Tony Soprano es el vivo polo opuesto de su esposa y su madre. Una chica moderna, que estudia para llevar una vida alejada de la mafia (cuya existencia su padre le oculta) y que sirve de contraste con los apolillados valores del anticuado Tony. Durante casi toda la serie es un personaje temáticamente irrelevante, pero al menos su evolución comienza a resultar cada vez más interesante conforme la vemos crecer y la moraleja final sobre su personalidad es de lo más sorprendente y digna de análisis. Muy bien interpretada por la bonita Jamie Lynn Sigler, a quien la fama adquirida tras el estreno de la serie desestabilizó y provocó una peligrosa anorexia, aunque por fortuna parece recuperada. La actriz es de origen judío, una de las pocas excepciones en un reparto mayoritariamente italoamericano.

Anthony Soprano Jr.: el hijo de Tony Soprano es la versión acomodada y burguesa de su padre. Si Tony creció en las calles y se endureció desde la adolescencia, Anthony es el típico niño mimado cuyo universo no va más allá de los videojuegos y el desayuno de mamá. Tampoco es un personaje especialmente relevante, aunque es interesante comprobar cuánto llegan a parecerse en algunas cosas padre e hijo, y al igual que Meadow no sólo sirve como contraste sino que es un personaje que gana ciertos enteros conforma avanzan las temporadas.

Corrado “Junior” Soprano: el tío de Tony Soprano es jefe de la familia. Es hermano del padre de Tony, a cuya sombra siempre había vivido, y se siente intranquilo al ver que Tony ha heredado las cualidades de liderazgo de su progenitor y amenaza con terminar arrebatándole la autoridad. Senil y olvidadizo, está empeñado en una continua e infantil reafirmación de que él sigue siendo el jefe, aunque es mantenido como tal de manera puramente nominal, y es Tony quien empieza a manejar la familia en la práctica. El “tío Junior” es envidioso, pueril, cascarrabias y puñetero: un individuo mediocre incapaz de entender que hay que darle paso a las nuevas generaciones.

Christopher Moltisanti: sobrino de Tony y aspirante a entrar en la mafia, Christopher es impulsivo, de conducta caótica e irreflexiva, aunque Tony le acoge bajo su protección porque en su día el padre de Chris le protegió a él. Moltisanti es un personaje que evoluciona bastante durante la serie, haciéndose progresivamente consciente del lugar que ocupa en el juego de lealtades de las dos “familias Soprano”: la de sangre y la mafiosa. Es quizá el hijo que a Tony le hubiese gustado tener, ya que su propio retoño no tienen ninguna cualidad para hacerse cargo de negocio mafioso alguno.

Janice Soprano: la hermana de Tony Soprano es una excéntrica que detrás de un exagerado idealismo y una retahíla de palabrería hippie sobre creencias orientales, karma, yoga y comunión con el universo, en realidad es —como suele suceder en estos casos— una vividora sin escrúpulos dedicada a parasitar a todo aquel que tenga cerca: familiares, novios, autoridades, etc. Aunque no está metida en asuntos mafiosos, ha heredado la tradición familiar de aprovecharse del prójimo: eso sí, lo hace a su manera. Tony Soprano tiene otra hermana, Barbara, pero sólo aparece ocasionalmente y es un personaje anecdótico, al contrario que Janice.

Adriana La Cerva: la sufrida pareja de Crhis Moltisanti parece la típica mujer florero sin cerebro destinada a pelearse eternamente con su prehistórico novio, una “choni” más interesada en realzar su escultural cuerpo con vestiditos ajustados que en evolucionar como persona… pero conforme avanza la serie esta percepción irá cambiando y descubriremos en ella (tanto en el personaje como en la actriz) un potencial inesperado. Uno de los personajes cuya complejidad crece de una forma más sorprendente desde unos comienzos más bien estereotipados.

Jennifer Melfi: la psiquiatra que atiende a Tony Soprano y cuya cambiante relación con el mafioso será una de las tramas argumentales más fascinantes de la serie. Es difícil resumir en unas pocas líneas las constantes tensiones de todo tipo que existen entre Tony y su doctora, pero podemos decir que ella representa el punto de vista del espectador: nunca sabe si sentir simpatía o repugnancia por su paciente, y el hecho de que sea mujer —con la posibilidad añadida de que surjan tensiones sexuales o emocionales inesperadas— no hace sino convertir la terapia en un proceso psicológico todavía más laberíntico. Interpretada por Lorraine Bracco, una antigua sex symbol de los ochenta que empezó su carrera como modelo pero que en su madurez ha demostrado, además, que es una actriz como la copa de un pino.

Silvio Dante: el consejero de Tony Soprano y uno de tantos mafiosos extraordinariamente carismáticos que pueblan la serie. Silvio, al contrario que la mayor parte de sus compañeros, es tranquilo y reflexivo, de carácter casi estoico. No suele recurrir a la violencia pero es respetado gracias a su sentido común y la serenidad con la que es capaz de analizar la más peliaguda de las situaciones. Uno de los grandes descubrimientos de la serie, pues es magníficamente interpretado por Steven Van Zandt, que nunca había actuado ante las cámaras y a quien sólo conocíamos por ser el guitarrista de la célebre E Street Band, la banda de Bruce Springsteen. El músico, que al principio se mostró reticente cuando le ofrecieron el papel sin motivo aparente, se las arregla para componer un personaje memorable. Además, pese a que parece haber nacido no ya en Nueva York sino en la propia Sicilia, es otro de los pocos actores principales que no es italoamericano. Quizá no sea el actor técnicamente más completo del mundo, pero eso no importa en absoluto, porque carisma y saber estar no le faltan: no sólo no desentona en un reparto de alto nivel, sino que es uno de los rostros fundamentales y necesarios de la serie. Toda una sorpresa.

Paulie Gualtieri: si Silvio Dante es la voz de la razón dentro de la Mafia, Paulie es el típico matón callejero sin dos dedos de frente, que se ha atemperado un tanto en su madurez… pero a quien lógicamente no le ha crecido el cerebro. Uno de los individuos más carismáticos del reparto, poseedor de varios gestos, manías y costumbres instantáneamente reconocibles: el típico personaje fácil de imitar por lo llamativo de su conducta.  Ejerce a menudo de contrapunto humorístico por su supina estupidez —aún me río cuando recuerdo su esperpéntica perorata sobre la diferencia entre el infierno y el purgatorio— y por sus creencias supersticiosas y su extraño sentido de la “elegancia”. Otro acierto de casting: el gran Tony Sirico hace una interpretación limitada pero su personaje es absolutamente imprescindible en la serie, uno de varios caracteres sin quienes The Sopranos, sencillamente, no sería la misma serie.

Salvatore “Big Pussy” Bonpensiero: conocido generalmente como “Pussy”, es uno de los personajes centrales en la trama. Excepcionalmente encarnado por Vincent Pastore, es amigo de toda la vida de Tony Soprano. Su carácter es tranquilo y racional, pero el nudo de secretos en que se ve envuelto le convierte en uno de los pilares del argumento y además el actor se las arregla para terminar proyectando al espectador todas las sutilezas de la complicada condición de su personaje. A nivel puramente interpretativo, uno de los grandes —y más contenidos— recitales interpretativos de la serie.

Bobby Baccala: ya sabemos que en la Mafia no hay buenas personas, pero Bobby es lo más parecido que podemos encontrar, debido a la infinita paciencia con la que cuida del intratable “tío Junior”. El orondo Bobby es a menudo objeto de puyas debido a su gordura, pero es uno de los pocos criminales que termina despertando ciertas simpatías por su naturaleza tranquila y por el modo en que, muy lenta y progresivamente, empezamos a vislumbrar el trasfondo del personaje más allá de la primera impresión, que es de torpeza y pocas luces.

Johnny “Sack”: aunque no pertenece a la familia Soprano sino a la Mafia neoyorquina, John Sacramoni es uno de los grandes aliados de Tony Soprano. Calmado, reflexivo y muy inteligente, tiene una visión muy racional de los negocios y también un agudo sentido del honor. Sólo pierde los nervios cuando cree que alguien se está burlando de la obesidad de su esposa. Un hombre de familia en toda regla.

Phil Leotardo: miembro de la “familia Lupertazzi”, es el típico mafioso que tras pasar un tiempo en prisión sale al exterior y descubre que se han impuesto nuevas costumbres y lealtades. Aun así, no se deja intimidar por la situación y es de hecho uno de los matones más temibles de la serie, el personaje que solemos identificar con un mafioso de manual.

Ralph Cifaretto: ladino, sinuoso, bocazas, a menudo intratable y con unos estándares de sadismo y acidez que resultan chocantes incluso para los propios mafiosos. Concebido como un personaje para causar repugnancia en el espectador, quizá como expresión de que el propio Tony Soprano a duras penas tolera su presencia, aunque se vea obligado a entrar en tratos con él.

Tony Blundetto: uno de los pocos personajes interpretados por un actor de gran fama previa, Steve Buscemi, Blundetto es primo de Tony Soprano y pisa la calle tras una larga condena carcelaria que, teóricamente, le apartó del camino de ascenso en la organización. Su intención inicial, o al menos eso dice él nada más salir de la cárcel, es la de establecerse como quiropráctico. Un personaje interesante, como resulta fácil suponer cuando es Buscemi quien lo interpreta.

Vito Spatafore: uno de los lugartenientes de Tony Soprano, encargado de realizar ejecuciones para sus jefes y en principio un personaje más bien accesorio, hasta que en las últimas temporadas se revela una faceta inesperada de su personalidad, lo cual da pie a uno de los giros más extraños y llamativos de la etapa final de la serie.

Richie Aprile: otro mafioso recién salido de la cárcel, cuya personalidad susceptible —a menudo se siente ofendido por la menor de las insinuaciones— suele crear tensiones innecesarias en torno suyo… tensiones que terminarán recayendo sobre Tony Soprano cuando Richie, contra todo pronóstico, termine involucrado en su familia.

Artie Bucco: amigo íntimo de la infancia de Tony Soprano, en su edad adulta ha seguido manteniendo su relación con los mafiosos pese a que no es un criminal, sino más bien el bonachón dueño de un restaurante italiano. Intenta progresar en su profesión de cocinero y nunca tenemos demasiado claro si su amistad con los mafiosos es una ayuda o una pesada carga para su negocio, pero Artie parece incapaz de romper los lazos que le unen con sus amigos, ya sea por miedo, ya sea por una arraigada ingenuidad que le conduce a pensar bien de todo el mundo.

Charmaine Bucco: la esposa de Artie es todo lo contrario a su marido. Nada ingenua y bastante valiente, cree que la continua presencia de mafiosos en su restaurante es perjudicial para los negocios y tiene las cosas bastante claras al respecto. Es uno de los muchos personajes femeninos de la serie que son en la práctica más fuertes psicológicamente que sus equivalentes masculinos, aunque socialmente ocupen posiciones inferiores.

Rosalie Aprile: la definición perfecta de “esposa de la mafia”, que ha absorbido hasta la médula los valores de la micro-sociedad criminal y sabe perfectamente guardar las formas (y los secretos) aunque tenga su propia forma de ver las cosas. Serena, inteligente y con un aplastante sentido común, es la confidente de Carmela Soprano y, por así decir, la voz que representa el sentir de la vertiente femenina de la Mafia.

El padre Intintola: sacerdote católico de la parroquia a la que pertenecen Tony Soprano y su familia, Intintola es el prototipo de vicario sinuoso, ambiguo y de personalidad reprimida. El alzacuellos le otorga cierta patente de corso para merodear en torno a Carmela Soprano, con la que crea cierta indefinible tensión difícil de precisar. En apariencia es todo lo opuesto a Tony Soprano, pero comparte con él una irreprimible voracidad gastronómica, aunque en el caso del padre Intintola tanta comida no se traduce en un físico voluminoso como el de Tony, sino que parece desvanecerse mágicamente en un aura de espiritualidad… al igual que algunas otras de sus pulsiones.

Dr. Kupferberg: otro de los pocos nombres a priori muy conocidos del reparto, pues está interpretado por Peter Bogdanovich, es un psiquiatra amigo de la Dra. Melfi, que le sirve de terapeuta y consejero a la doctora. Aunque no tiene un papel determinante a nivel argumental, su presencia es muy importante, porque a través de sus sesiones con Jennifer Melfi podemos entender cómo evoluciona la percepción que la psiquiatra tiene de su paciente criminal, Tony Soprano. Kupferberg ejerce de Pepito Grillo psicológico para una Dra. Melfi que en ocasiones parece perder la perspectiva.

Hay muchos, muchísimos más personajes en la serie, pero como suele ocurrir con los dramas corales de HBO, realizar una lista completa ocuparía varios artículos así que sirvan estos como representación. Si con The Wire o Deadwood ya decíamos que la lista de personajes llamativos era larga, con The Sopranos se hace prácticamente interminable. A lo largo de sus seis temporadas vemos ir y venir toda clase de individuos de las más dispares condiciones, en un entramado argumental de creciente complejidad. Qué mejor forma de descubrir a estos y otros personajes que viendo esta maravillosa serie. Por cierto: es adictiva. Avisado queda el lector.

48 comentarios

  1. Genial, magnifico post sobre una serie de culto. En nuestro blog publicabamos una encuesta sobre TS o The Wire . Creemos q son dos obras maestras

    Felicidades por el articulo.

  2. Buen artículo para una gran serie.

    Una pequeña corrección: van Zandt sí que es italoamericano, a pesar de su apellido.

  3. Hay una serie (bueno, mini-serie) que a mí me parece el punto de convergencia entre la televisión y el cine. Es From the Earth to the Moon, de Tom Hanks, del 98, un año antes que los Sopranos. Es a Apollo XIII lo que Band of Brothers a Saving Private Ryan.

    Una serie épica, sobrecogedora, con unos efectos especiales increíbles y un reparto estelar sobre la carrera espacial. De esas que se deben ver una vez al año, totalmente a oscuras, en pantalla gigante y con el surround a tope. Hace que vuelvas a ser un niño.

  4. Yo me quedé a medias por empeñarme en verla por televisión en España. Fue en los inicios de la Sexta que empezaron a emitirla a episodio diario. Digo empezaron porque mediada la segunda temporada dejaron de echarla y no sé si es que le cambiaron el día el caso es que le perdí la pista y es hoy el día en que aún me arrepiento de no haberme comprado la serie completa en su momento. Tendré que volver a verla desde el principio.

    • ¿Inicios de la sexta o del Plus?
      Yo la recuerdo en Canal +.

      • Empezaron en C+ sí, pero es verdad que la Sexta la repescó no hace mucho. Lo que espero que la vieses en VO. Cuando acabé la primera temporada tenía tanto mono de seguir con la segunda que vi por internet el primer capítulo y, por desgracia, sólo estaba doblado al español. Duré 5 minutos. Son tan brillantes las actuaciones que cambiar lo más mínimo (ya no digamos doblarla) es como vivir sin alguno de nuestros sentidos.
        Para mí, es la mejor serie que se ha hecho jamás. Todo, absolutamente todo en ella es brillante.

  5. Es simplemente una serie magistral.

    Aunque a mi me gustan los finales claritos.

  6. Enhorabuena por la entrada. Se nota que detrás hay otro apasionado de la serie.
    Mad men es otra genialidad de HBO aunque no sé con cuál me quedaría, la verdad. Es difícil superar a Los Soprano.

    • Mad Men es de la AMC, Paz. Gran serie en sus inicios. Luego no es que me cansara, pero le faltaba esa chispa que te hace querer llegar a casa y disfrutar de un capítulo. Me pasó lo mismo con Deadwood; brillante en sus inicios aunque luego se va diluyendo tristemente a medida que avanza la segunda temporada. Ya no digamos la tercera.

  7. Enhorabuena por este articulo tan completo desarrollado. A mi The sopranos me pareció una serie redonda desde el minuto uno hasta el final. No dude en comprar los DVD’s para verla semanalmente, como una especie de ritual. Es la unica serie que me ha despertado ese interés de principio a fin. De hecho después de leer este articulo creo que voy a verla!

  8. Una de las mejores series de la historia. De las que me veo enteras todos los años y va ganando en cada visionado. La he terminado de ver completa hace poco por tercera vez y juro que nada más terminar el último capítulo me dieron ganas de volver a empezar a verla.

    Así es de grande.

    Por cierto, que me encanta ver a Gandolfini en sus papeles pre-Soprano (Perdita Durango, True Romance), porque podrían ser perfectamente un sueño surrealista de Tony Soprano.

    Por cierto, alguien debería hacer un análisis de Carmela Soprano y el padre Intintola, porque se ‘enrollan’ en tres series distintas: Oz, Sopranos y Nurse Jackie.

  9. Estupendo post. Realmente es una de las mejores series de la historia. Pero no entiendo, si se hace un repaso de la carrera de HBO, como no mencionar Six feet under. No digo que sea mejor ni peor. Sencillamente no son comparables, pero también es un hito, no?

  10. Silvio Dante no es originario de Sicilia -al igual que la familia Soprano, estos son napolitanos- sino de Calabria

  11. Como ya han dicho, Stevie Van Zandt es italoamericano, creo que su familia es también originaria de Calabria, como su personaje. Que lleve ese apellido, se debe a que su madre contrajo matrimonio con William Van Zandt, del que Steven tomó el apellido al ser como un padre para él. De hecho, su nombre original es Steven Lento.

  12. La serie tenía un muy competente equipo detrás de las cámaras. No sólo tenía a David Chase, también estabán Matthew Weiner (Mad Men), Terence Winter (Boardwalk Empire), Tim Van Patten, Rodrigo García, Allen Coulter, entre otros. Incluso Steve Buscemi dirigió uno de los mejores episodios de la serie: aquel en el que tienen que cargarse a un ruso y…

  13. Vale, pero ahora explícanos el final a los que no lo hemos entendido.

  14. A mi la serie me decepciono completamente, me trague temporada tras temporada buscando esa genialidad que todo el mundo alababa en la serie. Sin emabrgo me parecio lenta, previsible una vez establecido el argumento principal, y aburrida. No se como puede provocar empatia el personaje de tony, a mi me resulta el tipico gordo acomplejado y abuson, mala persona. A excepcion de algunos capitulos o algunas partes de ciertas temporadas, la serie fue profudnamente decepcionante, quizas debido a las altas expectativas. the wire sin embargo, es una genialidad, un triptico de -6 temporadas que desgrana la realidad de la sociedad actual, inspirada en baltimore pero extrapolabale a cualquier ciudad grande de la sociedad occidental actual.

    • Muy mal, chaval. Y The Wire no es un tríptico ni tiene seis temporadas. Quedas mal porque vas de listo, y así te luce. Gran artículo, por cierto.

    • “The wire” es enorme y “Los Soprano” también.

  15. Genial serie con un personaje increible,Gandolfini se puede retirar de la actuación que le seguirán estudiando su trabajo por años.
    Un pero,hay capítulos en la quinta temporada que bajan mucho el nivel,cuando Tony esta en coma.Parecen dirigidos por David Lynch y se sale del tono general de la serie,aún así en su última temporada remonta el vuelo,muy alto.

  16. Pingback: La Página Definitiva » La red está llena de basura. Nosotros somos la prueba

  17. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Carlos Boyero: “Los verdaderos creadores saldrán adelante con subvenciones o sin ellas”

  18. Genial articulo como el de The Wire. Siempre hablais de la grandeza de estas dos series, y estoy totalmente de acuerdo, pero nunca mencionais The Shield, para mi, cuanto menos, a la altura de las otras dos… ¿Que opinion os merece?

    • A mí esa cámara con tembleque me marea, pero el personaje de MacKey y la interpretación de Chiklis son excelentes.

  19. Tony es el menor de sus hermanos.

    Tenía un vecino clavado a Furio…menudo pájaro también.

  20. En mi orden de preferencias Los Soprano siempre seran los Primeros, Tony es el mas carismatico con diferencia, no puedes dejar de mirarle en pantalla, es un hortera, un zampabollos, un vividor, un bicho con patas, pero aun asi….el mejor, despues The Wire, siguiendo a Mcnulty,a Bunk, a Strengel Bell, a Omar Little,… nunca olvidaremos a la gente de Baltimore, y a continuacion The Shield, tambien estupenda, con Vic Mackey y su Equipo de Asalto, no os la perdais, 7 entretenidas temporadas con un buen final.
    Que desazon cuando todas estas series terminaron, pense, ¿y ahora que hago?

  21. Ahora van a poner en LaSexta una serie que se llama CREMATORIO, española, ya la pusieron en Canal+, estupenda, nada que envidiar a las series de la HBO,con Pepe Sancho perfecto en su papel de constructor “mafioso”, os la recomiendo, os enganchara, los secundarios estan tambien al mismo nivel, y ademas es un tema muy actual.

    Tampoco os perdais series como, BOARDWALK EMPIRE, he visto las 2 temporadas y Steve Buscemi se sale, mafioso al estilo antiguo, y por supuesto TREME, con una tematica totalmente distinta, mas de denuncia social sobre el Post-Katrina, la mala gestion de la reconstruccion y las personas que han quedado a la deriva, encontrareis a varios personajes de THE WIRE, no os los digo para que los veais vosotros.

    • “Ahora van a poner en LaSexta una serie que se llama CREMATORIO, española, ya la pusieron en Canal+, estupenda, nada que envidiar a las series de la HBO”

      No resisten la comparación, lo siento.
      Estamos a años luz.

  22. LOS SOPRANO. Apaguen las luces y pasen las páginas de una granovela.

  23. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | FALTA FOTO – Librerías con encanto: Librería Méndez (Madrid)

  24. quiero algo asi pero de MAD MEN!!!

  25. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Imprescindibles: Boardwalk Empire

  26. Pingback: Imprescindibles: Boardwalk Empire : The Magazine

  27. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Sasa Curcic: el Dennis Rodman serbio (y II)

  28. Se diga aquí lo que se diga, una serie como “The Sopranos” – que para mí, no tiene imaginarios altibajos en su desarrollo – merecía que el responsable y su cohorte de ayudantes, se hubieran estrujado la mollera al máximo para que el aterrizaje fuera apoteósico y también, si se quiere, anti-convencional. Tal como se decidió el final, y lamento en el alma decirlo, mancharon el conjunto con una de esas manchas que no salen ni a tiros. Y no se esfuerce el autor de este artículo en creer que algunos no lo hemos entendido. Por mi parte, está bastante claro, pero sigue siendo fallido. En cuanto a “The Shield”, es junto con “The Wire” – estilos opuestos, geniales resultados en ambos casos – el mejor policíaco de la historia hasta el momento, algo que para mí, no admite discusión.
    Y volviendo a “The Sopranos”, no nos engañemos… la adoro y la he visto ya TRES veces completa, pero David Chase no supo como acabarla con acierto.
    Para mí, acabar una serie fenomenal, de manera fenomenal, es lo que hizo Shawn Ryan con “The Shield”.

    • Recientemente terminé de ver la serie por segunda vez. El capitulo final me dejo igualmente insatisfecho y sin llegar a entenderlo completamente, lei bastantes opiniones, criticas y analisis en internet hasta que llegue a un blog que analiza escrupulosamente el porqué de la grandeza de ese final. Te recomiendo que lo visites y quizás, llegues a cambiar de opinión. Un saludo

      http://masterofsopranos.wordpress.com/the-sopranos-definitive-explanation-of-the-end/

      • Usted mismo lo dice claro como el cristal:
        “Recientemente terminé de ver la serie por segunda vez. El capitulo final me dejó igualmente insatisfecho sin llegar a entenderlo completamente”
        Todo lo que sigue a continuación, son opiniones ajenas a usted. Siga su instinto y su parecer que además, resulta ser lo único digno que podemos -todos- hacer. Puede que dentro de veinte años, veamos nuevamente “The Sopranos” y entonces ese final nos parezca una maravilla; si se diera esa circunstancia, no tendré ningún inconveniente en decirlo en voz alta y clara aunque nadie me garantice que no sea precisamente en ese momento, cuando estuviera equivocado y no ahora.
        Lo que nadie me podrá echar nunca en cara cuando pasen esos veinte años y, por casualidades de la vida, se dictamine en ese hipotético futuro que el final de esta serie había sido y seguía siendo un fiasco, repito, nadie podrá decirme:
        “Sabías que era una birria de final pero dejaste que te influyeran ciertas corrientes de pensamiento y acabaste por “ver” cosas que nunca estuvieron ahí”.

  29. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | El infierno es usted

  30. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Cuando la música significaba algo o la nostalgia de David Chase

  31. Pingback: Hasta siempre, James [1961-2013] | elblogdepachi

  32. Pingback: Hannibal, casquería exquisita

  33. Pingback: La revolución femenina y televisiva de Jenji Kohan

  34. Pingback: The Shield: un tipo de policía diferente

  35. Pingback: Conocimiento Abierto » Blog Archive » Serie: Los Soprano

  36. Pingback: Clásicos que deberías leer aunque te digan que deberías leerlos: Orgullo y prejuicio

  37. Simplemente una serie memorable que se ha quedado en el recuerdo de muchos y se colocó como una de las mejores de la época. Además sus últimas temporadas han quedado marcadas por la participación de M. Weiner y eso le dio un plus.

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Store Libros

Jot Down 100:Series juveniles
24.00
Jot Down 100:SCI-FI
24.00
Jot Down 100:CÓMICS
24.00
A Marte
13.50

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR