Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia

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Silencio. Y arriba, las estrellas.

«De cien noches de horror y de combate los lances con placer todos recuerdan. Y de luchar ansiosos se preguntan: «¿En dónde buscaremos nuevas presas?»» nos dice Lord Byron en El Corsario.

«No eres un bonito y único copo de nieve, eres la misma materia orgánica en descomposición que todo lo demás, todos somos parte del mismo montón de estiércol» nos dicen Chuck Palahniuk y David Fincher en El Club de la Lucha.

«Llegó la hora. El instante te manda abrir oídos. Obedece y préstame atención» nos dice William Shakespeare en La Tempestad.

Todo esto nos dice Cesar Barló a través de los ojos y las bocas y los rostros y los cuerpos de los cinco actores y actrices que interpretan Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia. Nos lo dicen a la cara o a la parte más profunda de nuestro hipotálamo. Nos lo dicen con esas palabras o con reverberaciones, pero nos lo dicen. Y también nos dicen todo lo que nos dijo Lope de Vega en el siglo XVII.

«Esta obra es un prólogo. No es el prólogo de otra obra, es el prólogo de lo ustedes mismos han hecho». Así comienza la reinterpretación que AlmaViva Teatro hace de Fuenteovejuna. Algunos le llamarán actualización, pero me temo que el texto de Lope es tan actual como lo era cuando se escribió y como lo era cien años antes. O como lo será dentro de cien siglos. Porque el texto no se recita ni se declama para agradar al público y aún menos para engordar la vanidad de su creador o sus intérpretes; el texto se grita a la cara del espectador o a la parte más profunda de su hipotálamo.

Cinco actores y actrices en escena que, en un formidable despliegue físico, corren y saltan y bailan y susurran y lloran y gritan y golpean y nos golpean el texto de Lope, respetándolo casi verso por verso. Tan solo se permiten un par de libertades que el espectador encaja como puede por cuanto le incomoda en la silla y le conmina a dejar de ser espectador. Introducen breves insertos entre acto y acto, que entroncan de manera directa las vicisitudes de la obra con el devenir más contemporáneo; breves referencias a la actualidad que abren más de un ojo y un cerebro de los asistentes y que nos ponen de frente a una realidad que, a menudo, tapamos de manera consciente.

Cinco actores y actrices que mutan roles sin cambiar de vestuario, con tan solo un cambio en la inflexión vocal o una leve diferencia en el movimiento. Cinco actores y actrices que no respetan la elipsis de Lope, sino que enseñan en crudo la violación de Laurencia; hasta el punto de que nosotros, el público, no siempre sabemos soportarlo. «¡Dejadla en paz!» gritó un espectador, queriendo dejar de serlo.

Cinco actores y actrices que se transforman en todo una pueblo, en toda una nación, en todo un mundo, solapando versos y palabras; pues no necesitan enseñar el destino final del Comendador. Porque ese destino ahora no es final, y ese destino es el que nosotros —todos nosotros debemos asumir, y quizás, conformar.

Cinco actores y actrices que no buscan el aplauso (aunque lo agradezcan), sino la verdadera transmisión que llevará inequívocamente a la reacción. Por eso corren a nuestro lado, por eso están tan cerca; a veces, a apenas un par de centímetros de nuestra respiración.

Cinco actores y actrices (Juan C. Arráez, Alberto Gómez, Iria Márquez, Luna Paredes y Sergio Torres) que nos golpean empapados en sudor con el gancho de izquierda que Lope de Vega lanzó en el siglo XVII y que cruza 400 años hasta impactar en nuestra barbilla y dejarnos casi inconscientes en la lona.

Silencio.

Y arriba, las estrellas.

Nota: Fuente Ovejuna. Ensayo desde la violencia se interpretó en julio en la corrala vecinal de la Calle Montesinos de Aranjuez. Se vuelve a poner en escena los días 13, 14, 20 y 21 de septiembre en la Sala Mirador de Madrid.

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6 Comentarios

  1. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Silencio. Y arriba, las estrellas. «De cien noches de horror y de combate los lances con placer todos recuerdan. Y de luchar ansiosos se preguntan: “¿En dónde buscaremos nuevas presas?”» nos dice Lord Byron en El Cors…

  2. El teatro es un género que agoniza. Tuvo su razón de ser en la Grecia antigua, pero empezó a morir en el momento en que llegó el cinematógrafo. Cierto que su muerte es lentísima pero evidente a pesar de los denodados esfuerzos de los que viven de esto. No hay quien se crea lo que pasa en el acartonado espacio de un escenario. Quizá se salve de la quema el teatro televisado, aunque de cualquier modo nunca podrá competir con la narrativa de un film o de una serie. Además, en las salas de teatro hay demasiada gente, hace demasiado calor y los asientos son incómodos.
    Lo dicho, le quedan cuatro días…

        • Se llama ironía, caballeros.

          El teatro lleva muriéndose (o «en crisis») desde su mismo nacimiento. Más o menos como la novela.

          • Como concuerda usted con el autor del comentario en la crisis del teatro, debo entender que la mayoría de su texto es literal y casualmente -casualmente- solo la frase «Además, en las salas de teatro hay demasiada gente, hace demasiado calor y los asientos son incómodos» es un contrasentido irónico.

            Razón por la que ahora mismo voy a sacar dos entradas, caballero.

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