Arte y Letras Historia

Cómo batirse en duelo y salir airoso

Duelo a garrotazos, Francisco de Goya.
Duelo a garrotazos, Francisco de Goya.

Assi entre la nobleza y cavallería como entre la gente más común, apenas hallaréis hombre que no esté aparejado y dispuesto a vengar qualquiera injuria o afrenta, o pedir entera satisfacción, según essas mismas leyes del duelo. (Vascones, Destierro de ignorancia)

«Dejaré que los dioses decidan mi destino, demando un juicio por combate». Aunque en nuestra vida diaria no tenemos demasiadas ocasiones para soltar una frase así y de hecho probablemente nos mirarían raro, tampoco se trata de mera ficción. Además de ser un recurso muy utilizado por Shakespeare o George R. R. Martin para enfrentar a sus personajes y resolver las tramas, el juicio por combate era una costumbre feudal que permitía a un acusado negar legitimidad a lo que considerase un «juicio falso» y zanjar la cuestión mediante un combate, ya fuera con él mismo empuñando las armas o por medio de un paladín que luchaba en su lugar. Con el tiempo la costumbre derivaría en el duelo, un ritual aristocrático en torno al honor que se fue volviendo progresivamente más complejo y reglado aunque en el fondo todos comprendemos intuitivamente su lógica: al fin y al cabo en todo colegio que se precie existe la tradición de quedar en el patio para pegarse si un niño falta a otro al respeto, mientras el resto hacen un corro alrededor gritando «¡pelea, pelea!». Al menos en el mío era así. Pero retrocedamos un poco más en el tiempo.

Una preocupación común de todas las sociedades humanas ha sido desde siempre cómo resolver las disputas que inevitablemente surgen de la convivencia, de manera que se minimizase el derramamiento de sangre y el motivo de fricción quedase resuelto definitivamente. Había que atajar la posibilidad de represalias que eternizasen un conflicto durante toda la vida de los implicados e incluso a través de generaciones posteriores. La convención social que fue asentándose en muchas partes dictaba que podía resolverse con un enfrentamiento más o menos violento, pero que solo tendría lugar una vez, y ambas partes aceptarían el resultado para siempre. Reducir una interminable sucesión de peleas a solo una es todo un logro civilizatorio, pero a menudo se fue aún más lejos estableciendo unas reglas para ese enfrentamiento. En las tribus nuer del valle del Nilo si la disputa era con alguien que viva lejos la lucha puede ser a muerte, pero entre vecinos solo se permitía que el duelo fuera con garrotes. Entre los aborígenes australianos la lucha se detenía generalmente con la primera herida, y entre los esquimales consistía en un duelo cantado en el que el público decidía el ganador (aunque en casos más graves lo resolvían a golpes). Los piratas del Caribe también recurrían a los duelos para resolver diferencias, pero lamentablemente no nos consta que en ellos se pronunciaran frases como «¡Ha llegado tu hora, palurdo de ocho patas!».

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13 comentarios

  1. Pingback: Cómo batirse en duelo y salir airoso

  2. Urdangarín pequeñoburgués? Menuda tontería.

  3. Two men enter one man leaves!!!

  4. Leí vuestro artículo sobre el «cine de tacitas» y me gustó mucho, pero no metáis a Barry Lyndon ahí, por favor :) El cine de tacitas aparte del componente romántico e histórico, tiene que tener muchas escenas de sobremesa y té y en Barry Lyndon apenas hay ninguna. Eso sería reducir una gran película a un topicazo.

    • Captain Miller

      «En los primeros minutos de esta película, que podríamos englobar en el llamado cine de tacitas, «

  5. buen artículo y muy detallado

  6. Que Barry Lyndon, que si la otra peli, o la otra. Menuda cultureta la de la intelligentsia española.

    Durante el siglo XX y por supuesto el XIX el duelo en Uruguay era legal y por ejemplo Batlle (de una familia que le ha dado a Uruguay cuatro presidentes) mató en duelo a pistola a su rival Washington Beltrán, tras acerbos artículos (ambos eran periodistas y propietarios respectivamente de El Día (hoy desaparecido) y El País ) en realidad porque Batlle ganaba elecciones y Beltrán le montaba revoluciones.

    Y luego está la tradición francesa, de hecho el último duelo en Francia fue entre dos diputados, a espada y en 1967, no hace tanto

    Seguramente PedroJ y Marhuenda hubieran insultado menos a Rubalcaba, llamándolo Fouché de correr el riesgo de ser atravesados por el acero o el plomo.
    Ya no da hombres el tiempo.

  7. Entonces al final fue KO Tecnico o que? :D

    buen articulo…apunto notas por si me veo en una tesitura de tal calibre :D

  8. Luis Manteiga Pousa

    ¿Los duelos?. Bueno, a fin de cuentas es un acto de libertad.

  9. Pingback: La política desde el punto de vista de la Teoría de Juegos – LA CLASE media

  10. L.Manteiga Pousa

    Divagando un poco. ¿Legalizar los duelos?. No lo se. Desde el punto de vista de la libertad, si. Si quieren batirse libremente, por los motivos que sean por (por algún tipo de disputa, por la adrenalina, por la aventura, por estar aburridos y/o cansados de la vida (desechando el suicidio por los motivos que fuesen)…) no veo ninguna razón para prohibirlos. Eso si, tendrían que estar bien organizados y reglados y estando muy claro que el duelo sea totalmente voluntario por parte de los duelistas, fuesen estos cuantos fuesen. Por supuesto que podría participar cualquiera, sin distinción de clases sociales ni de ningún tipo. ¿Habría público?. Sólo si los duelistas lo permitiesen, y hubiese quien quisiese ir, claro. Los duelos serían de uno contra uno, incluso duelos de uno contra uno sucesivos, o cualquier otras variantes de número de participantes que ellos quisiesen.

  11. L.Manteiga Pousa

    Los duelos podrían ser a rendición de uno, a primera sangre, a muerte…como quisiesen. Un saludo y perdón por la digresión.

  12. Pingback: Jugar en política – LA CLASE media

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