Empezar desde tres Opinión

Manual para no desconectar en vacaciones

Connection, I just can’t make no connection.
But all I want to do is to get back to you.
(«Connection»,The Rolling Stones).

El sol brilla con fuerza y ha puesto la calma en las olas y el amarillo en las banderas. Mucha gente en la playa. Desde primera hora de la mañana hordas de buscadores de pepitas de sol embadurnadas de protectores solares enfilan hacia el arenal con sus niños, sus sillas playeras y sus viseras de cajas de ahorros variadas. Nunca me ha gustado tomar el sol. Y menos en playas habitadas. Desde el sitio de mi recreo veo llegar a unos vecinos para quedarse un mes en la casa de al lado. «¡Aquí sí que desconecta uno de todas las preocupaciones!», vocifera un andoba gordezuelo mientras saluda al portero de la finca. Sigue admirándome esa gente que se afana por buscar nichos de vacaciones donde desconectar del trabajo, de las preocupaciones, de los afectos demediados; como si fuese una nueva acepción del llamado «kilómetro sentimental»: piensan que la lejanía física ayuda a olvidar el drama, por ejemplo, de los malos resultados económicos, de los conflictos familiares o de una historia de amor no correspondido. Desconectar, desconectar, desconectar… es la obsesión de un país donde apenas si se desconecta a los enfermos terminales que lo piden. El periodista Arcadi Espada decía hace un par de años que un hombre que vive de la actualidad no puede desconectar nunca de los canales de información y que le hacían mucha gracia esos tipos ufanos con «caradelquesabe» que en los hoteles se jactaban de encender el móvil solo una hora al día pero que pasaban las otras veintitrés horas remirando sus smartphones con cara de angustia infinita. Yo creo que no solo el tipo que vive de la actualidad debe permanecer siempre en guardia. También debe hacerlo cualquier otro que tenga algún cargo de responsabilidad sobre el devenir de los demás. Y en general, debe quedar libre y absuelto del pecado de desconexión todo aquel ciudadano que disfrute con la vida, que nos ha dado tanto… La necesidad de desconectar en vacaciones es una impostura, como la del que va al psicoterapeuta a cambiar su vida. Porque nadie va a una psicoterapia a cambiar nada. En general, la gente va a hacer una psicoterapia para que les sequen las lágrimas, les suenen los mocos y para que les digan que no lo están haciendo nada mal pese a que lleven una vida harto desgraciada. La tan manida necesidad de desconectar encubre básicamente el deseo de hacer durante un tiempo lo que nos da la gana lejos de miradas indiscretas. La necesidad de desconectar también tiene algo de bovarismo, de ensimismamiento bobalicón. Y también un punto de rendición y búsqueda de la madre amniótica, como hacen los enfermos alcohólicos, que buscan aturdirse para recordar a aquella madre que nos protegía de los peligros desde su vientre porque aún no habíamos nacido pero ya bebíamos de su boca.

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13 comentarios

  1. El problema es que la mayoría de la gente no puede «descansar cuando la ocasión lo sugiere». Por eso tiene que aprovechar al máximo «cuando lo ordenan los Santos». No tiene nada que ver con la psicología positiva, sino más bien con las relaciones laborales y las responsabilidades varias. La gente descansa cuando puede, y como no puede casi nunca, intenta aprovecharlo al máximo. Da la impresión de que el autor es un afortunado, y no porque haya guasapeado desde la celda de Chopin en Valldemossa, sino porque parece gozar de una situación vital de la que, desgraciadamente, no disfruta el común de los mortales. Quizá haría bien en percatarse de que es un afortunado en lugar de escribir criticando lo que hacen los demás, que no es otra cosa que, ay, lo que pueden hacer. Y sí, yo mismo, después de un año profesionalmente muy intenso, espero no pensar en el trabajo durante unos 15 días de los 365 que tiene el año. Fustíguenme.

  2. He observado que las personas más inclinadas a «desconectar» radicalmente en verano, obligándose a hacer viajes porque toca o a pasar unos cuantos días a cuarenta grados en alguna saturada localidad levantina suelen ser también aquellas menos leídas, más gregarias (a dónde va Vicente… ) y superficiales y con menor capacidad de introspección.

    En mi opinión es gente que trata de proyectar desesperadamente una imagen de «felicidad» o de «plenitud» que en realidad no existe y que está muy lejos de existir. Eso es lo que hace que reaccionen con hostilidad o ánimo censor cuando alguien, como yo, les dice que prefiere quedarse en casa con el aire acondicionado puesto y una buena lectura antes que enfrentarse a las incomodidades y agobios de la aburrida, soporífera y alienante sesión playera de turno.

    En resumen, creo que es una cuestión de nivel cultural e independencia. Quien tiene recursos para llenar su día a día de momentos introspectivos de calidad o de saciar su curiosidad intelectual a través de la literatura, música o cine, etc. no tiene necesidad alguna de tratar de vender ante los demás una imagen neurótica de felicidad bovina ni de escapar de una rutina diaria que ya es lo suficientemente enriquecedora y profunda.

    • Así que rutina diaria enriquecedora y profunda. Ojo, que si todo el mundo se las arregla para seguir su sabia y elitista visión de las cosas, para conseguir una rutina de ese calibre, se acabo el aire acondicionado y la élite. Por mí, bien.

      • Fíjese usted en qué punto estarán las cosas que sacar un poco de tiempo al día para leer un libro se considera «elitista»…

        • «En resumen, creo que es una cuestión de nivel cultural e independencia.» De donde coligo que se sitúa usted en un nivel superior, cultural y libre-pensadoramente hablando (y discúlpeme el feo neologismo). Decir elitista aquí, D. Saulo, es meramente descriptivo. Pero eso sí, no haga caso usted de las propias trampas que contiene su razonamiento, quédese con la cáscara. En cuanto a la posibilidad de leer un poquito todos los días, y dejando de lado el bobo tópico de que leer es bueno, así, en abstracto, sin considerar qué es lo que se lee, no sé si ha considerado usted a quienes, haciendo una estúpida utilización de su libertad individual (risas) tienen trabajos que hacen prácticamente imposible ese «sacar un poco de tiempo», ya sea porque el que disponen han de utilizarlo para otros menesteres más urgentes que no creo necesario detallar, ya porque la actividad laboral de autorrealización en la que se hayan embarcados (risas) les incapacita por completo para cualquier esfuerzo intelectual. Y es que son unos mastuerzos.

          • Sin embargo, tienen tiempo para hilar comentarios pretendidamente irónicos en Jot Down o pasar horas sin fin tumbados, al sol, sin hacer nada y con la mente en blanco. Fíjese usted que curioso. ¿Sabía usted que el tiempo es relativo? ¿No? Pues lea más, así podrá elaborar argumentos sólidos, con fundamento, y dejará de hacer el ridículo cuando crea que está razonando con agudeza (risas).

            Insisto: si la profundidad (es decir, curiosidad intelectual) es algo rechazable y ser un mastuerzo algo loable y si sacar un poco de tiempo al día para leer se considera elitista, es que esta sociedad ha caído muy bajo. Bajísimo.

            Las consecuencias están a la orden del día.

            ¿La culpa? … De los políticos, los sindicatos, los funcionarios, los periodistas, los banqueros, etc.

            Muy maduro. Muy adulto.

    • ¿Leer tumbado en la playa cuenta?
      ¿Es menos alienante la playa con lectura?
      ¿Ir unos días a remojarse en el mar con los críos es vender una imagen neurótica?
      Menos mal que el columnista y alguno más se quedan de guardia, mientras los demás lo mandamos todo a paseo por unos pocos días. me quedo mucho más tranquilo.

  3. Juan José Martínez Jambrina

    «Yo creo que esto de la conexión o desconexión en verano es algo muy personal y que tiene que ver con el trabajo y con la biografía de cada uno y con sus perspectivas de futuro.»

    Yo no me refiero a los periodos vacacionales (yo tengo que tomar, con cierta posibilidad de variación los que me manda la empresa) sino al uso que se le den o no a esos días. Hoy por hoy, el consejo mas habitual es DESCONECTAR. Al autor, que es un afortunado porque le gusta su trabajo, no le gustan que le impongan qué hacer con su tiempo de ocio. Ni siquiera si lo convierte tiempo de ocio o no.
    Pero ya digo que todo debe depender de cada trabajo y de cada persona. No de los Santos.
    Lo último que he leído en psicolopositivismo es «¿cómo desconectar de la familia en vacaciones?». Un greatest hit.

    Me alegro que si usted necesita desconectar pueda hacerlo ahora que lo necesita. Pero ojalá si «la felicidad» pasa por su lado no la deje irse demasiado lejos por motivos laborales.

  4. Ambos tienen su parte de razón. Pero les planteo una reflexión. Estamos ante una cuestión de LIBERTAD. Carecemos de ella a diario. Trabajo, familia, compromisos, el teléfono y la silenciosa esclavitud que impone (y eso que nació para que hablásemos por él)…ellos dirigen nuestras vidas. Pasan 24 horas y NADA hacemos para nosotros. NADA. Y por supuesto no se detenga a PENSAR en que su vida NO le pertenece. Así que, llegadas las vacaciones, si quiere seguir esclavo del maldito móvil hágalo. Si puede déjelo en casa y ponga kilómetros de por medio y sino es el caso quitele hasta la batería y guardelo en un oscuro cajón. Merece un castigo mayor.
    Disfrute con los que quiere y le quieren y haga lo que le plazca….oiga esta de VACACIONES.

  5. Resumiendo, que cada uno haga de su capa un sayo o una bufanda. Basta ya de que nos digan que hacer o no hacer, somos mayorcitos.

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