Rarezas y excentricidades del Draft de la NBA

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Lusia Harris. Imagen cortesía de NBA.
Lusia Harris. (DP)

Cualquier fanático del baloncesto profesional norteamericano jamás olvida que una vez llevadas a término las Finales de la NBA, aún espera una tarde/noche mágica de la que disfrutar antes de que aterrice la quietud estival. Una ocasión en la que nadie viste de corto y en la que sobreabundan trajes y esmóquines de escaso gusto. Unas horas en las que los jugadores sudan nerviosos mas no por el esfuerzo físico realizado en un pabellón. A finales de junio, el mundo de la canasta se cita para seguir el Draft de la NBA.

Un sistema como el de esta elección pretende que los equipos escojan nuevos jugadores en un orden de selección que ayude a las franquicias en peor momento deportivo a igualarse con las más en forma. Pervive con la intención de proveer el deseado equilibrio de fuerzas. Un producto tan americano como ajeno a nuestra cultura deportiva europea.

La NBA ha ido cambiando sus particularidades en torno al gran día de la elección. Así, en 1989 se acordó dejar atrás las siete rondas que conformaban entonces el Draft y aún hoy se mantiene aquella decisión que implica un formato dotado de dos únicas tandas cada ejercicio. Para quienes se hayan estrenado en el universo cestero con LeBron, Curry y los Gasol, podrá parecerles una extravagancia que hace veintiséis años existieran las citadas siete vueltas. Pero qué son siete si las comparamos con las veintiuna que tuvieron lugar en 1960, récord de la liga. Desde 1974 y hasta el año 85 el número permaneció inalterado en diez y fue entonces cuando se rebajaron a las antedichas siete. Bastante cambiante.

En las décadas de los cincuenta a los ochenta, el general manager de un equipo podía arriesgarse a elegir en función de una corazonada, de un capricho, de una confidencia secreta… o incluso para llamar la atención y pasar a la historia como el que escogía a un fulano famoso o de procedencia rimbombante pero que poco o nada tuviera que ver con el baloncesto. Tantas elecciones en una sola noche para una misma franquicia podían dar pie a exhibirse en el antojo o la boutade.

Desde hace más de un cuarto de siglo ya no se estila.

A partir de 1989 solo salen ungidos sesenta jugadores por año y más les vale a los decisores dar en el clavo si quieren que su franquicia permanezca en lo más alto o alcance a dar un salto de calidad que le permita abandonar el furgón de cola. Cada decisión pasa por tantos filtros, tantas horas de vídeo, programas estadísticos, procesos personalizados de seguimiento durante años… que fallar puede suponer la rescisión del contrato de un GM.

Antes de que el número de elecciones se redujeran drásticamente en los estertores de los ochenta, nos encontramos a grandes atletas de otras modalidades deportivas que fueron elegidos por equipos de la National Basketball Association. Si la NBA es la meca del baloncesto, los Juegos Olímpicos son el evento polideportivo por excelencia. Pues bien, hasta tres olímpicos con medalla de oro conseguida fuera del ámbito de la canasta fueron seleccionados por alguno de los equipos de la NBA.

Oros olímpicos ajenos al aro

Bob Beamon fue el primero del trío en salir a la palestra. Ocurrió unos meses después de sus extraterrestres 8,90 metros logrados en México D. F. durante los Juegos de 1968. Beamon —huérfano ya a los once meses de vida— había jugado a baloncesto en el reformatorio al que fue obligado a asistir siendo un adolescente. Constantes robos en comercios, peleas callejeras y el trapicheo con drogas hicieron que un juez le confinara en la Public School 622 del barrio neoyorquino de Queens a los catorce años. Dos cursos de buen baloncesto y mejor atletismo le valieron para lograr el pasaporte a la Jamaica High School, una escuela en la que promedió quince puntos y once rebotes en su último año como estudiante. Allí, además, se granjeó una fama de excelente taponador. Su extraordinario talento para la longitud y el triple salto le condujeron a abandonar el balón naranja de camino a la universidad, mas, pese a ello, los Phoenix Suns le llamaron la noche del Draft de 1969 en el puesto 189.º de la 15.ª ronda.

El segundo propietario de una presea olímpica dorada tiene una historia aún más peculiar que la de Beamon. Igualmente neoyorquino, Bruce Jenner se ganó una beca para enrolarse en el equipo de fútbol americano del Graceland College de Iowa. Una lesión en la rodilla le apartó de la práctica del deporte del balón ovalado y fue reconducido al decatlón por sus mentores. Durante sus años de instituto en el Newtown High, Jenner había competido en football, baloncesto y los 100 metros lisos, por lo que las pistas de atletismo no le eran extrañas. El verano de 1976 Bruce se proclamaba campeón olímpico de decatlón en Montreal batiendo la mejor marca mundial al alcanzar los 8634 puntos. El hecho de que la prensa le colgara el cartel de «El más grande atleta del mundo» le sirvió para que los Kansas City Kings le escogieran durante el Draft de 1977 en el puesto 139º de la 7ª ronda. Jenner no había pisado una cancha de baloncesto desde el instituto. Tampoco lo haría con los profesionales de Missouri. Eso sí, resultó una aguda operación de marketing por parte de unos financieramente necesitados Kings.

Hoy en día Bruce Jenner es oficialmente Caitlyn Jenner, después de finalizar su cambio de sexo a mujer durante 2015.

Y como quiera que no hay dos sin tres, que entre en escena «el Hijo del Viento». El nonacampeón olímpico era desde muy joven el diamante del track and field estadounidense. En los primeros campeonatos del mundo de atletismo de la historia, celebrados en Helsinki en 1983, se había colgado tres oros en los 100 metros lisos, el salto de longitud y el relevo de los 4×100. Era el llamado a dominar en los Juegos de Los Ángeles 84 ya que, además de las tres pruebas anteriores, amenazaba con imponerse en los 200 metros. Semanas antes de la cita angelina, los Chicago Bulls se llevaban a Michael Jordan en el tercer puesto general del Draft y se reservaban la sorpresa de la elección de Carl Lewis para la 10.ª ronda, puesto 208.º. Un Carl Lewis que jamás había jugado a basket en equipo alguno ni en el instituto ni en la universidad. Los Bulls acababan de seleccionar a dos de los mejores deportistas de la historia de una tacada. Jordan les llevaría a conquistar seis anillos; Lewis nunca llegaría a cambiar el tartán por el parqué. Ron Weiss, jefe del scouting de Chicago en la Costa Oeste, y Ken Passon, su segundo, recomendaron la elección de Carl en la 10.ª ronda porque era «el mejor atleta disponible».

Llamados desde cuatro ligas

El Draft de la NBA ha visto cómo otras estrellas del deporte USA entraban a formar parte de su historia. En algunos casos fueron grandísimos deportistas como Jim Brown —posiblemente el mejor jugador de la historia de la NFL— o Tony Gwynn, excelso bateador de los Padres de San Diego de la MLB, los que fueron llamados por los Syracuse Nationals en la 9.ª ronda del 57 y por los San Diego Clippers en la 10.ª del 81, respectivamente. Pero quizá el más destacable de los ejemplos de esta naturaleza sea el de Dave Winfield.

Dave Winfield como baloncestista universitario y como exterior profesional del béisbol. Imagen cortesía de MBL.
Dave Winfield como baloncestista universitario y como exterior profesional del béisbol. Imagen cortesía de MBL.

Winfield fue número 4 del Draft de la Major League Baseball de 1973 e irrumpió en la plantilla de los San Diego Padres sin pasar por las Ligas Menores. Una posición tan alta en la elección respondía a que Dave era un extraordinario pitcher en la universidad y, sin embargo, los Padres lo reconvirtieron en right fielder, confiando en su potencia de bateo y la velocidad de su brazo para devolver las bolas desde el fondo del campo. La apuesta demostró ser acertada puesto que acabó siendo elegido para el Hall of Fame de béisbol en 2001 sin haber jugado nunca como el lanzador que le hizo famoso en la universidad. Winfield combinó el béisbol y el baloncesto durante su etapa del college y, pese a no alcanzar el nivel que mostró en el primero de los deportes, la canasta se le daba francamente bien. Bill Musselman, entrenador en competiciones como la NCAA, ABA, NBA, WBA y CBA, manifestó en una ocasión que Winfield era el mejor reboteador al que había entrenado en toda su carrera. En 1972 y a las órdenes de Musselman, desde su 1,98 contribuyó a que la Universidad de Minnesota ganara el complicado campeonato del Big Ten de la NCAA de baloncesto, hecho que no había ocurrido jamás en más de medio siglo de historia del nombrado centro.

En 1973 todo el mundo parecía querer asociar su nombre al de Dave Winfield. Además de ser el número 4 en el Draft de la MLB, los Atlanta Hawks de la NBA le echaron el lazo en el puesto 79.º, los Utah Stars de la ABA en el 58.º y los Minnesota Vikings de la NFL hicieron lo propio en la 429.ª posición, pese a que nunca había jugado a football en su periplo universitario. Dave Winfield se convertía así en el segundo y último deportista en ser elegido en los Drafts de cuatro ligas profesionales. Su predecesor había sido Mickey McCarty seleccionado por Chicago Bulls (NBA), Cleveland Indians (MLB), Dallas Chaparrals (ABA) y Kansas City Chiefs (NFL) en 1968. El polivalente zurdo decidió, sin embargo, aceptar el reto del football —deporte que no había practicado desde su época en Pasadena Hig School— y solamente fue capaz de disputar tres partidos como tight end en la NFL antes de retirarse para siempre como deportista profesional.

El más grandullón

El gigante Yasutaka Okayama saluda a una joven en un entrenamiento con Japón. (DP)
El gigante Yasutaka Okayama saluda a una joven en un entrenamiento con Japón. (DP)

Junio de 1981 volvió a conocer otra ceremonia de selección de novatos. Un acto del que salieron asignados jugadores del talento y rendimiento de Isiah Thomas, Mark Aguirre, Buck Williams, Orlando Woolridge, Tom Chambers, Kelly Tripucka, Rolando Blackman, Larry Nance, Jay Vincent y Danny Ainge. Grandes en cualidades deportivas, pero no tan grandes en tamaño —pese a su considerable estatura— como Yasutaka Okayama. El nipón Okayama medía 2,34 m y fue cazado por los Golden State Warriors en la 8.ª ronda en el puesto 171.º. Yasutaka tuvo noticias de que había sido elegido en el Draft de la NBA gracias a la llamada que recibió de un periodista de su país. Hoy en día sigue siendo el baloncestista más alto jamás drafteado, aunque cabe señalar que no solo no jugó nunca en la liga sino que no llegó a tener contacto alguno con los Warriors ni ninguna otra franquicia.

Okayama había residido durante dos años en los EE. UU. tras acceder a un programa universitario de intercambio. Formó parte del equipo varsity de la Universidad de Portland en Oregón, a cuya disciplina llegó midiendo 2,08 m. Al terminar el primer año pensó en volverse a casa, tal y como estaba previsto en el acuerdo, pero accedió finalmente a la petición de su entrenador, Jack Avina, de permanecer un año extra en el campus. Sería su año senior y Avina le prometió debutar con el primer equipo en la NCAA Division I. Se podría, de esta forma, convertir en el primer japonés de la historia en formar parte del más alto nivel colegial norteamericano. El gigante exjudoca cumplió con su parte del trato, mientras que Avina no.

Okayama terminó fichando por el que acabaría siendo el equipo de su vida: el Sumitomo Metal Sparks de la competición nipona. Asimismo, defendió durante años los colores de su país. El gigantismo que le detectaron los servicios médicos de la Universidad de Portland permitió, en cierta manera, controlar su exagerado y rápido crecimiento que le llevó de los 2,08 m a los 2,34 m en un breve lapso temporal. Nunca llegó a saberlo a ciencia cierta, pero siempre sospechó que fue el legendario Pete Newell —quien había sido entrenador ayudante de la selección de Japón y consultor externo de Golden State— el que recomendó su estrafalaria selección en aquel Draft del 81.

Simbolismos generosos

Pocas universidades tan prestigiosas en el ámbito del baloncesto como la de Indiana; no digamos durante los largos y fecundos años en los que el jefe no era otro que el genial e irascible Bobby Knight.

Landon Turner era un interior de ébano que prometía mucho. En 1979, su primer año bajo el mando de Knight, participó en la consecución del único título del NIT de la historia de los Hoosiers. Dos temporadas después, en su año de junior, contribuyó decisivamente a que Indiana se coronara como campeona de la NCAA. En aquel equipo destacaba fundamentalmente Isiah Thomas. La gran final ante North Carolina (63-50) se disputó con unos minutos de retraso porque tuvo lugar poco después del intento de asesinato de Ronald Reagan, presidente de los EE. UU.

Solamente ciento diecisiete días después de ser una valiosa pieza del equipo campeón, la carrera deportiva de Landon Turner se fue por el desagüe. Un accidente de automóvil lo dejaba permanentemente inmóvil de pecho para abajo. Once meses después de la tragedia, Red Auerbach utilizaba la última elección de todo el Draft de 1982 —10.ª ronda y puesto 225.º— para escoger a Landon Montel Turner de la Universidad de Indiana.

Bobby Knight se había hecho amigo del patriarca de los Celtics a través de John Havlicek a comienzos de los años sesenta. Knight y «Hondo» habían sido compañeros de equipo en Ohio State y el primero le pidió al viejo Red que seleccionara simbólicamente a un jugador que habría salido escogido en la primera ronda de no haber tenido tan mala fortuna en la carretera. Se lo propuso «como un acto de generosidad». Y así lo hizo el judío. Bobby Knight declaró a la CNN el año 2000 que «eso dice todo lo que cualquiera necesita saber sobre Red Auerbach».

 Landon Turner sonríe ataviado con el uniforme de Indiana. Imagen cortesía de NBA.
Landon Turner sonríe ataviado con el uniforme de Indiana. Imagen cortesía de NBA.

Turner confesó que el noble gesto del rector de Boston le cogió como «una total sorpresa» y a lo ya dicho hay que añadir que Auerbach enviaría a su debido tiempo a Landon Turner los relojes conmemorativos de los títulos de la NBA de 1984 y 1986. Exactamente los mismos que recibieron Larry Bird o Dennis Johnson por citar a dos de los máximos exponentes de aquellas plantillas de los Celtics. Hoy es el día en el que el físicamente impedido exjugador de los Hoosiers de Indiana aún conserva ambos regalos en su casa. Landon nunca ha escondido que «Boston Celtics no era mi equipo favorito y no me gustaban aquellos uniformes verdes». Pero hoy todavía sigue la pista al equipo de Boston y desea verles hacerlo bien por lo que Auerbach hizo por él.

Un año antes de la elección de Turner y también en la 10.ª ronda, puesto 206.º, los Nets de New Jersey llamaron a Vic Sison para sorpresa de quienes no habían oído hablar jamás de él y para incredulidad de quienes le conocían.

Larry Brown había terminado recientemente de entrenar a UCLA para fichar por los Nets y quiso hacer un guiño a quien había trabajado abnegadamente como uno de sus student managers o lo que es lo mismo, uno de los chicos que se encargan de hacer de aguadores del equipo, de trasladar las bolsas del autocar al hotel, de anotar esas otras incidencias que no aparecen en las hojas estadísticas habituales, de editar vídeos… En definitiva, un student manager es quien trata de hacer lo que sea necesario para que los jugadores universitarios puedan despreocuparse de todo aquello que no sea el juego en sí.

Vic Sison era un chico ejemplar y por eso Brown deseó tener el detalle con él. Vic, además, era el único miembro senior de toda la tropa a cargo del coach en su último año en UCLA. Ningún jugador era elegible según las reglas de aquel entonces. «Fue una sorpresa para mí. Más bien un regalo de graduación que me hizo Larry Brown», explicaría años más tarde un Sison de 1,70 m de altura.

Kevin O’Connor, vicepresidente seéior de Operaciones de los Utah Jazz y entrenador asistente en UCLA en 1981, explica qué pesó en la elección de Sison: «Vic era uno de esos chicos de los que te enamorabas, era un trabajador incansable».

Ni que decir tiene que la aventura NBA de Sison comenzó y terminó con el instante de su selección como 206.º del año 81.

Que pasen las mujeres

Denise Long anota dos de los noventa y tres puntos que subió a su casillero en la final del campeonato del 13 de marzo de 1968. (DP)
Denise Long anota dos de los noventa y tres puntos que subió a su casillero en la final del campeonato del 13 de marzo de 1968. (DP)

Denise era una niña un tanto extraña y sus compañeras de clase aprovechaban que se salía un poco de la norma para tomarla con ella. La niña, presa de la angustia, se las ingenió para encontrar un refugio en el que desembarazarse de sus demonios y, dado que vivía en el pueblo de Whitten (Iowa) —donde las alternativas no brillaban por ser numerosas—, el gimnasio del colegio resultó ser el santuario más idóneo. Denise Long había nacido en 1951 en aquella localidad y pronto asombraría a cercanos y hostiles por su habilidad para el baloncesto.

Denise anotó más de seis mil puntos en sus cuatro años de instituto y llevó en volandas a Union-Whitten High a ganar el campeonato estatal de Iowa durante sus últimas dos temporadas. La primera final la ganaron con sesenta y cuatro puntos de la chica de 1,80 m y, durante su curso final, Denise Long fue capaz de promediar 69,6 tantos por encuentro —con un partido de ciento once puntos incluido— antes de volverse a llevar el trofeo del estado al pueblo. Era un baloncesto de seis contra seis.

La ley federal que dictaba igualdad de trato entre sexos en los programas atléticos universitarios —que se daría a conocer como Title XI no entraría en vigor hasta 1972, tres años después de que Long hubiera terminado el instituto. La participación de las selecciones femeninas de baloncesto en los JJ. OO. no tuvo lugar hasta Montreal 76. Por esa carencia de facilidades, Denise no sabía muy bien hacia dónde tirar una vez graduada en la escuela, pero mientras tanto ocurrió algo realmente inesperado.

Sonó el teléfono en casa de los Long y una voz al otro lado de la línea avisaba a la espigada Denise de que había sido escogida en el Draft. Le costó un buen rato caer en la cuenta de que el Draft del que le hablaban era el de la NBA y no el de la Armada del Ejército de los EE. UU. ¿Cómo iba una mujer a pensar —por extraordinaria que fuera practicando el baloncesto— que la querían reclutar en la mejor liga del mundo? Resultaba tan impensable… y, sin embargo, los San Francisco Warriors la habían llamado en el puesto 175.º de la 13.ª ronda.

El n.º 1 del año 69 fue un neoyorquino llamado Lew Alcindor que dos cursos después adoptaría el nombre de Kareem Abdul-Jabbar. Denise Long fue escogida nueve puestos antes que Mack Calvin, un base anotador que completaría once temporadas entre la ABA y la NBA con un notable rendimiento.

De todos modos, James Walter Kennedy —el entonces comisionado de la NBA— invalidó la elección de Denise Long pese a la insistencia de Franklin Mieuli, dueño de los Warriors, de su idoneidad. Denise y otras chicas más estuvieron jugando partidos amistosos antes de los encuentros locales de los Warriors durante una temporada. Pasado ese periodo, Long se matriculó en la Universidad de Northern Iowa y tuvo la oportunidad de viajar a Japón para disputar una gira con un equipo de estrellas de la canasta.

Su último fulgor relacionado con el deporte tiene que ver con que en 1984 se convirtió en la primera fémina en ser elegida para el High School Sports Hall of Fame de Iowa.

Lucy medía 1,91 m y el marrón de su piel formaba parte del paisaje habitual de las gentes de su Mississippi natal. Era la décima de once hermanos, la cuarta de las cinco chicas. Su abnegada madre, Ethel, se hacía cargo de la casa y la oncena de mocosos. Willie trabajaba en inabarcables jornadas como granjero agricultor.

Lusia Harris se hace con un rebote. (DP)
Lusia Harris se hace con un rebote. (DP)

Lusia —su verdadero nombre— Harris encontró acomodo en la plantilla de baloncesto del colegio tal y como había sucedido con sus seis hermanos varones y una de las chicas. Muy pronto se constató que Lucy gozaba de un descomunal talento más allá de su agradecido físico atlético y longilíneo. Fue una estrella en el Instituto Amanda Elzy de Greenwood y una aún mayor en la universidad. Sus cuatro años vistiendo el uniforme Delta State (25,9 puntos y 14,5 rebotes) le reportaron la posibilidad de representar a los EE. UU. en torneos de tanto relumbrón como el Campeonato del Mundo (8.º), los Juegos Panamericanos (1.º) y los JJ. OO. de Montreal 76 (2.º). En Canadá compartió vestuario con jugadoras del nivel de Nancy Lieberman, Pat Head (después Pat Summit) y Ann Meyers (única mujer en firmar un contrato profesional con una franquicia NBA, los Pacers). Frente a ellas, la joven e inabarcable Uliana Semenova, que, junto a sus compañeras soviéticas, se llevaría el oro.

Arribaba casi un año después de los JJ. OO. el momento del Draft de la NBA. Del que en 1977 salieron elegidos gentes como Otis Birdsong, Marques Johnson, Walter Davis, Bernard King, Jack Sikma, Cedric Maxwell, Tree Rollins, Rickey Green, Norm Nixon y Eddie Johnson. Sería un pecado no citar a nuestro Essie Hollis, quien continúa siendo una leyenda aquí y que tan solo disputó veinticinco encuentros con los Detroit Pistons. «Superbeltza» fue llamado en el puesto 44.º.

Cuando los nombres de los jugadores de la séptima ronda iban añadiéndose a la letanía que parecían recitar en la sala, se produjo un cierto alboroto. Los dirigentes de los New Orleans Jazz acababan de elegir en el lugar número 137 a Lusia Harris. Lucy no recibió ningún impedimento por parte de Larry O’Brien, el comisionado de entonces, y pasó a ser la primera mujer oficial y legalmente elegida en un Draft de la NBA. Pese a ello, Lucy nunca mostró interés aparente en los Jazz y su selección, y no acudió al campus para novatos de pretemporada. Todo quedó en una mera anécdota, si bien tiempo más tarde se conocieron las razones que llevaron a Harris a rechazar cualquier opción que la ligara con los de New Orleans: en el momento del Draft Lucy estaba embarazada.

Un hijo y un galeno

Pat Williams acababa de ser padre de un hermoso varón. Lo llamaron James Littlejohn Williams en honor a los padres biológico y espiritual, respectivamente, de Pat —en aquel momento GM de los Atlanta Hawks—. James Williams y Richard Erlic Littlejohn habían resultado decisivos para que el directivo fuera quien era y de ahí que los quisiera homenajear al nacer su nuevo vástago.

El neonato se había asomado al mundo el 27 de mayo de 1974, el mismo día del Draft de la liga en la que trabajaba papá. Comenzó a elegirse a los mejores hombres de la hornada de ese año: Bill Walton, Bobby Jones, Scott Wedman, Keith Wilkes (después Jamaal Wilkes), Brian Winters, Maurice Lucas, Billy Knight, John Drew, Phil Smith y George Gervin. Todo parecía ir por el cauce natural hasta que Pat Williams rompió la quietud.

Llegado el turno de elección de los Hawks en el puesto 168.º de la 10.ª ronda, Pat Williams prendió el teléfono y dijo alto y claro:

—Los Atlanta Hawks seleccionan a James Williams.

Una de los que atendían al multiplex telefónico respondió inmediatamente:

¿James Williams? ¿Te refieres a Fly?

James «Fly» Williams era un jugador de tercer año en la Universidad de Austin Peay State del estado de Tennessee. No era elegible según las normas en vigor.

Pat Williams volvió a hablar ante semejante expectación:

No, James Littlejohn Williams —remarcó.

¿De qué centro? —intervino Si Gourdine, asistente de J. Walter Kennedy.

Hospital Piedmont, en Atlanta —replicó Williams sin inmutarse—. Mide diecinueve pulgadas y media y pesa siete libras y media.

Se hizo el silencio; corto pero espeso. Gourdine reaccionó:

Desautorizado.

Tres años después, Pat Williams y su esposa esperaban su segundo hijo. También sería varón y le pondrían Bobby. Nació el 10 de junio de 1977. ¿Y bien? Su madre trajo al mundo a Bobby otro día de Draft, hora y media antes de comenzar el ritual de selección de los novatos.

Y saltamos al 28 de junio de 1983. Todas las miradas estaban puestas en un altísimo y delgado chico procedente de la Universidad de Virginia. Ese que llegaría años más tarde a jugar unos partidos en Málaga para solaz de los aficionados españoles: Ralph Sampson.

Los Rockets lo amordazaron con el número 1 y detrás de él llegaron otros del nivel de Rodney McCray, Byron Scott, Thurl Bailey, Antoine Carr, Dale Ellis, Jeff Malone, Derek Harper, Clyde Drexler, Doc Rivers y Manute Bol. Hasta las leyendas estudiantiles David Russell y John Pinone fueron elegidos en los puestos 37.º y 58.º respectivamente del 83.

Harold Katz había comprado a los Sixers de Philadelphia el verano del 81, y aún estaba disfrutando del título de la NBA con el que le habían obsequiado sus jugadores liderados por Erving y Malone. Katz tenía en sus manos la 228.ª elección del Draft de aquel año, el último nombre a escoger de la jornada. Y Katz dijo que quería a Norman Horvitz, 1,78 m de estatura y 92 kilos de peso.

El doctor Horvitz tenía cuarenta y nueve años; se había graduado en la Philadelphia School of Pharmacy en 1956. Trabajaba para Katz en Nutrisystems, la empresa de control de peso del segundo, y era uno de los habituales de las timbas semanales de póquer que arreglaba el dueño de los 76ers.

El doctor Horvitz se tomó la elección con humor:

«Soy un aficionado entusiasta del baloncesto y he jugado al mismo, sí. Fui elegido en el combinado de mejores jugadores de mi Escuela de Farmacia. Es por ello por lo que estoy sorprendido de que no haya sido drafteado antes», sentenciaba el médico que ya frisaba la cincuentena.

Lo que surgió como una broma de Katz con sus amigos, llevada finalmente a la práctica, no paso finalmente el filtro de Larry O’Brien y su equipo. Horas después de la excéntrica selección de Horvitz, la NBA la anuló aduciendo que habían transcurrido veintiséis años desde la licenciatura del doctor y que por lo tanto habría que considerarlo, si acaso, agente libre y en consecuencia sin ataduras para negociar por el equipo que quisiera.

El galeno —cómo no— encajó con deportividad la negativa de los dirigentes de la liga:  «Si no puedo incendiar la NBA, probablemente me iré a Italia entonces. Allí puedes conseguir los Gucci a mitad de precio».

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10 comentarios

  1. Marcos Montealto

    ¡Qué coño mujeres, bebés y ancianos! Los yanquis están peor de la cabeza que los romanos de Asterix… Me ha gustado.

  2. Si bien lo mencionas entre las perlas del Draft de 1981, creo recordar que Danny Ainge era miembro de la plantilla de los Toronto Blue Jays de la MLB al momento en que Red Auerbach lo seleccionó para los Celtic, que se acababan de consagrar en las finales de ese año ante los Rockets…y de hecho, creo que tenía contrato en vigor, por lo que los Blue Jays lo demandaron …algo así creo que fue la historia…otro dato, cuando mencionas a Katz, que se hizo con los Sixers en el año 81…y que todavía estaba disfrutando del título que le regalaron DrJ y compañía. …pues debo recordarte que los Sixers perdieron las finales en 1980 ante el ‘rookie’ magic, reconvertido en pivote por ausencia de Abdul Jabbar en el partido 6 de la serie…ese año los Lakers se quedaron con el trofeo dirigidos por el artífice del «run and gun», paul westhead…

  3. Sobre Carl Lewis, es interesante decir que en 1984 también fue seleccionado en el draft de la NFL como WR en la 12ª ronda por los Dallas Cowboys

  4. Pablo, no sé si le ha quedado bien expresado o no pero creo que Lartaun hace referencia al draft del año 83, posterior al único título de los 76ers. Lo que pasa que como habla de que Katz compra el equipo en 1981 igual no se entiende bien. Al menos es así como yo lo he comprendido.

    Por lo demás he descubierto algunas «rarezas» que ni sospechaba. Tienes razón Marcos cuando dices que están mal de la cabeza. desde luego.

    • tienes razon Luis…yo mal interprete, porque el parrafo arranca mencionando el draft de 1983, y lo de la adquisicion de la franquicia por parte de katz esta explicado como un detalle añadido …y como bien dices, los sixers ganaron el trofeo en 1983, barriendo por 4-0 a los lakers

  5. Mikel Landa

    Vamos, que no llegó a jugar una mujer por el canto de un duro y aquí en Europa no colocamos un hombre hasta mediados los ochenta. Que cosas.

  6. Al final hay ciertos portentos atléticos que lo harian bien en casi cualquier deporte .

    • Ernesto

      Kresimir Cosic estuvo muy cerca de jugar en la NBA en los años 70 pero estuvo dos años en la NCAA.

  7. Nos resultó sumamente interesante conocer de la trayectoria de atleta de pista y campo de Michael Jordan, antes de entrar a la gloria que luego le significó su paso por el baloncesto, al igual que el dato del draft de Carl Lewis, absolutamente desconocido por nosotros como información acerca de este extraordinario atleta.

  8. Limones

    Llamadme raro pero lo que más me ha sorprendido es que un empleado de la NBA tuvo dos hijos en dos días distintos del draft. Estas historias están llenas de curiosidades. ?

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