«¡Tanto súper y tanta hostia!»: origen y apogeo de un equipo de ensueño

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Arsenio Iglesias. Foto: Cordon Press.
Arsenio Iglesias. Foto: Cordon Press.

El árbitro pita el final del partido y Arsenio Iglesias sale del banquillo como alma que lleva el diablo, chándal azul, blanco y verde, baja las escaleras que llevan al vestuario y suelta un contundente «¡Tanto súper y tanta hostia!» que refleja a la perfección lo que el técnico de Arteixo piensa sobre las exigencias desmedidas en torno a su equipo. El Deportivo acaba de empatar a dos contra el Tenerife. Teniendo en cuenta que hablamos del mejor Tenerife de su historia, el de Jorge Valdano, con jugadores como Latorre, Redondo, Felipe, Del Solar o el infalible Pizzi, la cosa no debería provocar tanto escándalo.

Sin embargo, Riazor está mudo y descontento. Refunfuña como refunfuña su entrenador. A falta de tres minutos y a pesar de jugar con diez hombres casi toda la segunda parte, el Deportivo ganaba 2-0 y solo dos despistes defensivos, cuando los jugadores estaban más a la celebración que al partido, permitieron que primero Dertycia y luego Ezequiel Castillo empataran en un abrir y cerrar de ojos. Tanto súper y tanta hostia. Tanto recrearse en el triunfo y al final te la juegan como si siguieras siendo aquel equipo que peleaba con sangre en las promociones de descenso a segunda división.

Es un partido clave porque es el partido de en medio. El partido que mide la resistencia mental de un gran equipo, de un «superequipo», de creer a la prensa. Por los altavoces suena aquello de «Yo digo Deportivo, vamos a ganar este partido» y algunos jugadores tienen aún la cabeza puesta en el de la jornada anterior, perdido en el Bernabéu después de adelantarse en la primera parte mientras otros fantasean con llegar líderes al Camp Nou, cosa que ya no sucederá porque se ha interpuesto esa cosa pringosa llamada presente.

Arsenio lo sabe. Sabe que los campeonatos son cuestión de hemeroteca. De partidos que nadie recuerda pero que sumaron dos puntos. Por ejemplo, el Tenerife en casa. También sabe que el público de A Coruña, como cualquier público, tiende a la montaña rusa. Poca gente ha tenido una relación más complicada con Riazor que el viejo zorro plateado, el llamado «bruxo» en parte por su personalidad enigmática y en parte por su facilidad para encontrar soluciones tácticas. Debutó en 1951 como jugador. Coincidió con Helenio Herrera, tuvo que vivir el exilio en varios clubes del sur y el este de la península y volvió en 1971 como entrenador para ascender al equipo de segunda a primera, un dramático partido ante el Rayo Vallecano que acabaría 1-0.

Los momentos de euforia se habían mezclado con los de decepción demasiadas veces, tantas que a Arsenio le gustaría un poco de calma, de tranquilidad, de disfrutar y punto. Tan solo un año y medio atrás, en mayo de 1991, había anunciado su retirada del fútbol a los sesenta años. No aguantaba más. «La ciudad quería el equipo en primera ya en septiembre. Estoy cansado», dijo a la prensa como queja amarga después de aguantar varios meses de críticas y abucheos: Arsenio, estás acabado; Arsenio, mejor vuélvete al pueblo. Unos meses que en realidad fueron tres años, desde que Lendoiro le rescatara del Compostela a mitad de la temporada 1988/89 para evitar que el Deportivo se fuera a Segunda B.

Desde entonces: una promoción de ascenso perdida, unas semifinales de Copa del rey y, por fin, el pase a primera división. Ahí os lo dejo, es vuestro, no contéis más conmigo.

Todo esto está demasiado reciente como para que Arsenio se deje embriagar por los éxitos de su equipo. Demasiado recientes las críticas destructivas y demasiado recientes los coros que pedían su vuelta nada más aterrizar Boronat en Coruña. El retiro duró solo ocho meses, lo que tardó Lendoiro en convencerle de nuevo: «Salva al equipo y luego ya vamos viendo, la gente está contigo». Y aunque Arsenio era consciente de que la gente está contigo ahora y cuando el Tenerife te empate a dos estará en tu contra porque para eso va la gente al fútbol, para buscar culpables, decide hacer otra vez de salvavidas, sumando puntito a puntito y ganando la promoción ante el Betis con un 0-0 en el Villamarín, el resultado que le acompañaría peligrosamente el resto de su carrera.

Solo medio año después, ya saben, esto: tanto súper y tanta hostia. El Deportivo empezó el tríptico Bernabéu-Tenerife-Camp Nou como líder, con dos puntos de ventaja sobre los dos grandes y lo acabaría tercero, a dos del Madrid y a tres del Barcelona de Cruyff. Ya no se reharía esa temporada. La gente estaba con él, sí, pero igual convenía recordarle a la gente cómo demonios un equipo que venía de quedar decimoséptimo el año anterior estaba ahí disputando la liga.

El verdadero y adolescente Súper Dépor

En el principio fue Djukic. También se podría decir que en el principio fueron los hermanos José Ramón y Francisco Javier González Pérez y no sería del todo mentira. Puede también que el principio fuera el propio Arsenio o, yendo un poco más atrás, muy poco, Augusto César Lendoiro, ese canterano del PP que fue dirigiendo equipos desde la adolescencia hasta que la madurez le pilló en una diputación, como era de esperar, «saneando» las cuentas del club de la ciudad que le negaba cada cuatro años la alcaldía.

El caso es que todo empezó en algún momento y supongo que ese momento llegó cuando se juntaron todos: Djukic, un serbio desconocido —por entonces, yugoslavo; por entonces, a precio de saldo que podía alternar la posición de líbero defensivo con la de organizador, los pujantes canteranos, el entrenador canoso y el directivo ambicioso, tan ambicioso que no solo subió al equipo a primera sino que se propuso que disfrutara de los mejores años de su vida, unos años que se pudieran recordar siempre, aunque costaran bancarrotas posteriores e intervenciones judiciales.

Ya habría tiempo para pensar eso luego.

De momento, verano de 1992, el Deportivo se ha salvado. Arsenio ha reconsiderado su retirada y decide continuar al menos una temporada más, si la salud y las críticas le respetan. El club se acaba de convertir en Sociedad Anónima Deportiva y Lendoiro decide sacar la chequera. Una chequera que aún no se sabe muy bien de dónde sale y qué hizo ahí esperando tanto tiempo. Una chequera que trae, de golpe, sin anestesia, a un montón de segundos espadas de clubes grandes: Nando, del Valencia; Aldana, del Real Madrid; Serna, ex del Barcelona: Ramón, casi inédito ya en el Sevilla y Juanito, un chico del Compostela que acabaría haciendo carrera en segunda.

Ellos eran el equipo, el sustento. Ellos y los que venían ya del año anterior: Liaño, Albistegi, Sabin Bilbao, Ribera, Claudio o López Rekarte. Con eso había para mantenerse. Con cierta holgura, además. Faltaban sin embargo, las estrellas. Eran los años del dinero loco y fácil en el fútbol español, los años en los que cada Osasuna tenía su Kosecki, cada Oviedo tenía su Lacatus, cada Logroñés fardaba de su propio Polster. Lendoiro fue más allá: trajo a un centrocampista del Bragantino, un tipo que no había marcado un gol como profesional en toda su vida y que se llamaba Mauro Silva, y como broche se llevó a Bebeto, que ya había sido internacional con la selección brasileña y máximo goleador de la liga de su país con el Vasco de Gama.

Y la cosa se salió de madre. Por completo. El Deportivo de la Coruña pasó de la promoción contra el Betis a ganar sus cinco primeros partidos, con siete goles de Bebeto y tres de Claudio. El último de esos cinco, ante el Real Madrid de Benito Floro, aún herido por la pérdida de la anterior liga en Tenerife, cuando Leo Beenhakker ocupaba el banquillo. El Madrid se adelantó 0-2 con goles de Hierro y Zamorano, pero el Dépor no se vino abajo: Bebeto marcó el 1-2 antes del descanso, luego empató a dos mediada la segunda parte y, a diez minutos del final, Ricardo Rocha cabeceaba el 3-2 en su propia portería.

Aquel era el tercer gol de Rocha en propia puerta en menos de seis meses. Los dos anteriores le habían costado al Madrid la eliminación de la UEFA a manos del Torino y la pérdida de la citada liga en Tenerife. El brasileño era un hombre carismático y muy querido por la afición madridista pero tenía estas cosas. También es cierto que sus rivales por el puesto eran Nando y Spasic.

En fin, que siguieron pasando las jornadas, el Barcelona también cayó en Coruña y el Deportivo llegó a ganar diez de sus once partidos en casa antes del famoso empate en el descuento y aquel «Tanto Súper y tanta hostia» de Arsenio. La semana siguiente se irían goleados del Camp Nou y quedarían ya apeados en la práctica de la lucha por la liga. Daba igual. La semilla estaba plantada. Siendo justos, el único año del «Súper Dépor» como tal debería ser ese, el de la epifanía, cuando todo era nuevo y excitante. Todo lo demás llegó como por inercia aunque, por supuesto, lo que quedará en la memoria de todos los aficionados al deporte será la tragedia del año siguiente.

El penalti más largo del mundo

No voy a explayarme en una historia que ya conocen de sobra. En la temporada 1993/94, el Deportivo llegó al liderato de la clasificación justo a tiempo para ver cómo el Madrid se hundía en Lleida al grito de «con el pito nos los follamos» y el Barcelona vivía su particular montaña rusa, capaz de recibir seis goles en Zaragoza y de meterle cinco a los blancos. A falta de cuatro jornadas para el final de la liga, los de Arsenio Iglesias tenían tres puntos de ventaja con cuatro partidos por jugar en unos tiempos en los que la victoria valía dos puntos. En otras palabras, el Deportivo podía permitirse al menos dos empates o una derrota y sería campeón aunque el Barça lo ganara todo.

Había sido una temporada mucho más «práctica». Menos goles y más tensión competitiva. Aquel era mucho más el equipo de Mauro Silva o del recién llegado Donato que el de Bebeto, que se quedó en dieciséis tantos, muy por detrás de Romario, Suker o incluso Meho Kodro. Solo había concedido cuatro derrotas en liga: las habituales en el Bernabéu y el Camp Nou más una muy temprana en casa contra la Real Sociedad y un 3-1 que se llevó en San Mamés, cortesía de Julen Guerrero y Ernesto Valverde.

Los nuevos fichajes —muy en la línea del año anterior, es decir, hombres veteranos, provenientes de grandes equipos pero lejos quizá de su esplendor habían funcionado: Voro parecía mejorar a Ribera en la zaga; Donato en seguida mezcló bien tanto con Djukic en la posición de líbero como con Mauro Silva en la de organizador; Alfredo, Pedro Riesco y Paco daban profundidad de banquillo y Manjarín, una de las dos grandes promesas del Sporting de Gijón junto a Juanele, acabó quitándole el puesto de titular a Claudio.

En la jornada 35, el Deportivo jugaba en Lleida ante un equipo casi descendido pero que había sido capaz de ganar al Real Madrid en casa y al Barcelona en el Camp Nou. Era un partido para sumar los dos puntos pero acabó 0-0. Por su parte, los de Cruyff ganaron 0-4 en Vigo. La ventaja pasaba a ser de dos puntos a falta de tres jornadas. Una semana después, el Deportivo recibía al Rayo Vallecano, otro equipo involucrado en la lucha por el descenso, con un excelente portero recientemente fallecido, Wilfred, que hizo uno de sus habituales partidazos contra los grandes, y volvió a dejar su portería a cero. Segundo empate consecutivo e inesperado y segundo 4-0 a favor del Barcelona, en este caso ante el Sporting de Gijón.

Daba la sensación de que el Deportivo estaba muerto de miedo, mal de altura… Pero las cuentas cuadraban: tenían que visitar Logroño en la penúltima jornada mientras el Barcelona iba al Bernabéu. Todo el mundo contaba con el pinchazo de Cruyff en un estadio que nunca se le dio bien —en cinco temporadas como entrenador del Barça nunca había ganado en la Castellana— y con celebrar de antemano el campeonato, sin prisas. Una multitud de deportivistas fueron a llenar Las Gaunas y a festejar así el triunfo 0-2 de su equipo, con goles de Donato y Manjarín en la segunda parte. El partido se jugó un domingo, pero no hubo alirón porque el día anterior un solitario gol de Amor a pase de Stoichkov había vuelto a dejar la clasificación patas arriba: un punto de diferencia y un partido por jugarse. Tercer año consecutivo que el Barcelona se veía en la misma situación. Tenía sentido dar por hecho que ganarían su partido en casa ante el Sevilla, así que faltaba por ver qué iba a hacer el Deportivo ante un Valencia venido a menos, séptimo, sin esperanzas de llegar a Europa y con cuatro entrenadores en un solo año, aunque con la curiosa casualidad de que el primero, Guus Hiddink, acabaría siendo el quinto, al volver para los últimos ocho partidos de liga.

El ambiente era el de las grandes promociones, el de los grandes ascensos y descensos. La ciudad volcada en el entusiasmo y Arsenio, el hombre meditabundo, con un aire siempre nostálgico, recordando a todo el mundo que, ojo, podía pasar como otras veces, que se podía perder tanto como se podía ganar. Arsenio en rueda de prensa rebajando euforias porque alguien que lleva en el fútbol desde los años cincuenta sabe demasiado como para dar por hecho nada. La gente que le para por la calle, que le felicita por un éxito aún no certificado mientras él sonríe y dice «bueno, bueno, vamos a ver» y se despide con algún gesto cariñoso.

Porque Arsenio está muy nervioso, al menos en la primera mitad. En la segunda, directamente, adopta su pose fatalista mientras pasan y pasan los minutos y el gol no acaba de llegar. Tercer empate a cero casi consecutivo ante un equipo inferior, tendría que haber pensado en eso antes, haber buscado algo parecido a un plan B. No hay noticias de Bebeto. No hay noticias de Manjarín. No hay noticias de Fran ni de Claudio. El técnico de Arteixo siente el dolor de la decepción pero a la vez ha aprendido a aceptarlo. Corre el minuto 88 y está claro que el Deportivo va a perder la liga en casa, ante decenas de miles de coruñeses que nunca se verán ante una igual. Y además, él tendrá que salir a explicarlo, como si vivirlo no fuera ya suficiente.

Solo que hay un jugador que no está dispuesto a rendirse: Nando, el lateral izquiedo reconvertido a carrilero, ex precisamente del Valencia. En un ataque de rabia, una jugada algo alborotada, Nando entra en el área, se deja el balón un poco largo pero es capaz de tocarlo justo antes de recibir la patada del defensor che. Penalti. Como una casa. Hay un momento en el que todos dudan de si el árbitro va a pitarlo o no porque ganar una liga en el minuto 89 y de penalti es un sueño demasiado bonito. Lo pita. La grada espera ver a Bebeto acercarse al área con el balón en la mano, pero Bebeto hace mutis, influido por los que ha ido fallando a lo largo del año. Donato no está, sustituido minutos antes. Podría tirarlo Fran, pero le toca a Djukic.

Y cuando todos vemos cómo respira Djukic antes de iniciar la carrerilla, cómo eleva los hombros delante del mundo entero en señal de que no le llega el oxígeno, sabemos que lo va a fallar. Y lo falla, claro. Y Arsenio, más que lamentarse, hace un gesto como de «esto se veía venir, esto es lo que pasa siempre en el estadio del pez pequeño». Y la liga se va y viaja a Barcelona, la cuarta consecutiva, mientras todo Riazor invade el campo y consuela a Djukic que se va entre lágrimas, sabedor de que toda su carrera estará ya siempre marcada por ese fallo.

El tercer año que casi nunca se menciona

Puede que Arsenio esperara algo parecido a un linchamiento. Puede que se viera a sí mismo tan solo tres años atrás, cuando tras conseguir el ascenso a primera se vino completamente abajo, abrumado por las exigencias, las expectativas desmesuradas. Si aquel año se le hizo eterno porque el equipo no conseguía dominar la segunda división, ¿qué pasaría ahora que habían perdido una liga? Estuve pensando en enlazar el vídeo del penalti, pero ustedes han visto el vídeo del penalti doscientas veces, y sean del equipo que sean, estarán de acuerdo en que es un momento demasiado doloroso (yo cumplía diecisiete años ese mismo día y abrazaba como loco a la chica que luego sería mi novia cuatro años. Cuando recuerdo mi entusiasmo, me siento culpable. Supongo que para ella sería peor; al fin y al cabo ella era coruñesa. Nunca volvimos a hablar del tema).

Me quedo, en cambio, con la rueda de prensa de Arsenio, con su claridad, su resignación, el aplauso de los medios, invadidos por una tristeza aún mayor que la del técnico, como si el reino del Bruxo no fuera de este mundo. Como si se imaginara lo que iba a llegar el año siguiente. Echen un vistazo porque esto no se ve ahora, resultaría imposible. Achacar la pérdida del título a las propias limitaciones y no al árbitro o al horario o a la mala suerte. Cuando Arsenio habla, todos callan…

Ahí ponen muchos el fin a los años dorados del Deportivo, aunque en rigor los años dorados del Deportivo duraron al menos hasta los tiempos de Djalminha, Diego Tristán y el Turu Flores, aquella liga de 2000, aquel «centenariazo» de 2002. Puede que sí fuera, hasta cierto punto, el fin de Arsenio, o al menos el de su comunión total con Riazor. Para la siguiente temporada, Lendoiro le trajo a Villarroya, a Julio Salinas y a Kostadinov. Tenía sentido. Funcionó bien. No fue suficiente.

Después de lo vivido los dos años anteriores, la afición del Deportivo, y sobre todo su presidente, no se conformaban con segundos puestos y empates a cero. Ya es difícil creerlo cuando apenas tres años antes el equipo estaba en segunda, pero uno se acostumbra rápido a lo bueno. La temporada del Dépor fue excelente. Luchó con el Madrid hasta la jornada 36 e hizo falta el mejor Zamorano para tumbarlo. El de Valdano era un muy buen equipo en un estado de gracia mental y técnico. El último canto de la Quinta del Buitre y el primero de Raúl González Blanco.

No solo fue segundo el Deportivo en la liga sino que ganó la Copa del Rey. En dos días. Y ante el Valencia. El primero acabó en una lluvia torrencial, una tormenta de verano madrileña que anegó el Bernabéu como pocas veces se había visto. El resultado por entonces era 1-1 y, de alguna manera, entre las decenas de miles de coruñeses que se habían cruzado media península para celebrar el título que no pudieron celebrar el año anterior, se mascaba la tragedia.

No era aquel un mal Valencia, y ahí estaba Pedja Mijatovic para demostrarlo, autor precisamente del gol que daba el empate. Quedaban quince minutos sueltos, a celebrar entre semana días después, miles de bajas por enfermedad repartidas por astilleros, oficinas y organismos públicos para poder quedarse más en Madrid y no perderse el final del cuento de hadas. Porque si el Leicester va a tener el suyo, ¿cómo no iba a tenerlo el Deportivo? Y cuando, de nuevo, todos esperaban a Bebeto o a Claudio o a Aldana o a Manjarín o a Fran, apareció un espontáneo: Alfredo Santaelena, el hombre que le dio la Copa al Atleti en 1991 y que se la daba ahora al Deportivo con un doble cabezazo en los morros de Zubizarreta.

El primer título de la historia del Deportivo.

Arsenio, de nuevo agotado, de nuevo demasiado exigido, de nuevo apesadumbrado ante lo que él consideraba falta de paciencia por parte del entorno —broncas con Fran, con José Ramón, Lendoiro pregonando el fichaje de Toshack casi a mitad de temporada…— anunció de nuevo su retirada. Una retirada en todo lo alto que nunca debió romper, porque, meses después, ahí estaba de nuevo, esta vez en el Bernabéu, culminando desastrosamente la temporada 1995/96 que había empezado el propio Valdano. Supongo que quiso darse el gusto de dejarse de modestos e incluir al Madrid en su currículum. Un último baile como Dios manda. Junto a García-Remón, intentó enderezar el rumbo de una plantilla confusa y solo consiguió que los periódicos se llenaran de faltas de respeto. Ahí, sí. Ahí, Arsenio puso el punto y final.

A sus ochenta y cinco años, de Arsenio se sabe poco. Desde su experiencia en Madrid, aquel gol de Padovano que le dejó fuera de unas semifinales de Champions League, apenas se ha prodigado más que como comentarista ocasional. Desde hace diez años, ni eso. Sigue viendo fútbol y sigue entendiéndolo a la perfección. Cuando debutó en el Deportivo, Di Stefano aún jugaba en Millonarios. En medio lo ha visto todo, absolutamente todo, y, como decía Kipling, ha aprendido a tratar ese todo como si fuera un mismo impostor.

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26 comentarios

  1. José Antonio

    El Deportivo jugó la penúltima jornada de la temporada 93/94 sabiendo que el Barcelona ya había ganado al Madrid y estaba por delante de ellos. Porque es justamente al revés de como lo cuentas. Nunca el Depor, hasta la última jornada, tuvo opciones reales de proclamarse campeón. Y el día que las tuvo, las desaprovechó.

    • Cuando he leído el artículo también me ha chirriado el dato de que el Depor jugara el sábado y el Barcelona el domingo. Recuerdo perfectamente que el Madrid – Barça se emitió por autonómicas, por lo tanto, en sábado.

      Basta con tirar de hemeroteca para comprobarlo:

      http://elpais.com/diario/1994/05/08/deportes/

    • Pablo OF

      Vale, campeón, podrías buscar un poco en Google antes de corregir al autor. No sé de qué Liga estarás hablando, porque en la temporada que señalas el Dépor fue líder de forma ininterrumpida desde la jornada 14 hasta la 37, para perder el liderato únicamente con el fin del campeonato.

      • José Antonio

        Cuando me refiero a opciones reales de ser campeón, me refiero a cantar el alirón, o sea, a ser campeón, campeón, valga la redundancia. Y el que podría documentarse un poco mejor es el articulista que te puedo asegurar que a mí no me ha hecho falta mirar Google para saber que el Depor jugó después del Barcelona en la última jornada, más que nada porque estuve en el campo. Sé perfectamente que estuvo líder durante gran parte de la Liga.

        • José Antonio

          Que el Depor jugó después del Barcelona en la penúltima jornada quería decir, perdón. En Logroño, un Domingo y retransmitido por Canal +

          • «Una multitud de deportivistas fueron a llenar Las Gaunas y a festejar así el triunfo 0-2 de su equipo, con goles de Donato y Manjarín en la segunda parte. El partido se jugó un domingo, pero no hubo alirón porque el día anterior un solitario gol de Amor a pase de Stoichkov había vuelto a dejar la clasificación patas arriba: un punto de diferencia y un partido por jugarse»
            Creo que el articulista deja en todo momento bien claro que el Depor juega el domingo, es más, lo dice explícitamente. Y tan sólo habla de que la gente contaba confiaba con celebrar el título esa jornada si el Barça era derrotado en el Bernabéu.

            Tenemos tantas ganas de corregir a la gente que no sabemos ni lo que leemos. Y eso es lo que verdaderamente chirría.

            Interesante artículo.

            • José Antonio

              Lo dice porque se lo corregimos a tiempo. Que en el original está puesto al revés. Y se lo corregí con educación.

  2. animalinho

    En realidad fue Arsenio, tras una bronca con el tonto (mi ex-idolo de ninhez…) de Fran el que dijo que lo dejaba. Igual se esperaba que Lendoiro volviese a pedirle que se quedase y dorarle la pildora. No lo hizo esta vez y Arsenio se vio dolido ante la llegada de un substituto. Pero no fue una cosa antes que la otra. El primero, a mitad de curso y jugandonos la liga, abrio la caja de los truenos. Contemos las cosas como son. Entre los muchos defectos de Lendoiro no estaba el de tirar entrenadores.
    Por lo demas, es justo que te sientas culpable por celebrar ese penalty. Celebracion de perdedores es esa. Yo estaba en el campo y nunca olvidare el impacto que fue ver a «gente mayor» llorar desconsoladamente. Tendria 9 anhos yo. Por cierto, mi primer partido en Riazor fue el 2-2 al Tenerife, lo recuerdo como si fuese hoy, en una grada que ya no existe. Me hipnotizo ir al estadio desde el primer momento. Y ahora, aun en el extranjero, sigo siendo socio. Nunca jamas nada podra ensombrecer todo lo que disfrute durante tantos anhos en Riazor. 19 anhos viendo al Madrid moder el polvo. Los grandes de Europa. Los derbis. No tiene precio. Forza Depor.

  3. Aquel Depor fue el equipo de los que no querían que los grandes monopilizasen la Liga. Fue muy grande lo que hicieron y aunque Arsenio nunca ganó la Liga parte de aquella de Irureta fue suya puesto que no se entiende un Depor campeón en 2000 sin haber hecho un equipo grande durante la década de los 90.

    A mí no me gustaba el estilo de Arsenio en su momento. Hoy miro atrás y lo respeto como lo que fue, un hombre humilde que tuteó a dos trasatlánticos con un botecito que cada vez fue haciéndose más grande. Y eso tiene mucho mérito. Más incluso que el del Atleti de hoy día.

  4. Interesante artículo pero no bien documentado. Arsenio Iglesias entrenaba al Compostela y no es cierto que Lendoiro lo haya repescado como dice usted. El Señor Lendoiro era Vicepresidente de la Diputación de La Coruña y no era ni socio del Deportivo.
    Las personas responsables de ese fichaje en aquella época (1988) y dada la crisis del Deportivo con el cese del entrenador Eusebio Ríos se hizo cargo el entrenador del Deportivo B, Luis Rodríguez Vaz, han sido Andrés García Yáñez y Julio Meana Álvarez (Presidente y Vicepresidente del Real Club Deportivo), que fueron a Santiago y en una comida en un conocido restaurante con el Presidente del Compostela y un directivo llamado Señor Caneda se realizó el acuerdo con el Compostela.

  5. wbrujo

    Que tiempos aquellos en que la noticias de deporte( si había más que fútbol , no mucho pero…) no era monopolizado por el pu… Mandril o el pu… Farsa y las noticias tipo Salvaje de ellos.

  6. Sanjuanconmiedo

    El vídeo de la rueda de prensa siempre me hace llorar. Sabiduría. De visionado obligatorio cuando se necesita rebajar el ego o recordar los orígenes cuando uno está de eufórico subido. Grande Arsenio. Siempre.

    Me dolió su aventura madridista, donde además le despreció públicamente el «niñato».

    Si alguien quiere saber qué precedió a lo que relata el autor:
    http://www.losotros18.com/gol-en-las-gaunas/43728/paul-heaton-valeron-y-el-triste-depor-de-los-80/

  7. Sería interesantisimo una entrevista en profundidad por parte de jot down a arsenio iglesias.
    Saber sus opiniones sobre luis suarez,amancio,fran,bebeto,david vidal etc seguro q a los amantes del fútbol nos encantaría
    Los q vivimos n Coruña solemos verlo pasear x l paseo marítimo siempre con una sonrisa y una humildad sorprendente

  8. Apoyo lo de la entrevista a Arsenio. Todavía estamos a tiempo..

  9. fat_fredy

    Soy del Sporting a morir pero viví aquél Depor como si fuera mi equipo y ver aquel penalty de Djukic fue de lo más cruel que he visto en el fútbol. Es uno de esos partidos que te acuerdas donde estabas y con quien, en mi caso en la mili, todos mis amigos catalanes y con el Barça por supuesto, excepto yo y un gallego de la Costa da Morte..
    Al menos la liga se la llevó un equipazo como el Barça de Cruyff, aunque para mí no en su versión más pura, siempre me fascinó la forma de jugar que tenían antes de la llegada de Romario..pero ese ya es otro tema

  10. que gran persona este señor,por que es un señor,y no digo esa palabra de mucha gente,tenia un saber estar impoluto,entendia el futbol como nadie,lastima que no hubiera sido mas joven,por que cuando fue al madrid,solo fué por ir,ya que sabia que en media liga no iba a poder hacer nada y encima se topó con muchos jugadores que ganaban mucho dinero y no le respetaban,pero si hubiera sido mas joven,tendria un gran curriculum,mas del que tiene,que ganar la liga con el depor es una cosa al alcance de pocos

    • Arcimboldo

      El fútbol (y el deporte profesional en general, pero es más evidente en el omnipresente fútbol) pierde a marchas forzadas su carácter de escuela de valores, en paralelo a la desaparición de perfiles como los de Arsenio Iglesias. Dudo que en este país de barricadas y disensos perpetuos no haya alguien que no lo encuentre entrañable y digno de admiración.

  11. Guillermo Ortiz López

    Teníais razón en lo del cambio de día. El Deportivo jugó el domingo y el Barcelona jugó el sábado. Lo confundí con el año anterior, cuando el Madrid jugó con el Atleti el sábado y el Barcelona con el Osasuna el domingo. Debería haberlo comprobado. Tampoco cambia mucho el artículo, la verdad, pero lógicamente hemos decidido cambiar esa parte gracias a vuestra colaboración. Un saludo a todos!

  12. RomanoBv

    Y por cierto, el Michele Padovano que eliminó al Madrid de Arsenio hoy en día está haciendo tiempo en la trena en Italia, donde cumple 8 años por tráfico de drogas. El angelito estaba en una organización que las metía de contrabando en Italia y el padre de Mark Iuliano le acusó públicamente de ser el «camello» de la Serie A italiana, arruinando las carreras de su hijo y Gianluca Vialli, entre otros.

    • ¡Hostias! Desconocía totalmente la historia de Padovano y que con ello arrastrara a gente como Vialli o Iuliano. Tremendo.
      Eso sí, recuerdo mejor los goles de Raúl, Del Piero y del propio Padovano de aquella eliminatoria de hace 20 años mejor que los de este fin de semana.

  13. Siendo madridista, sentí mucho más el penalty de Djukic que las ligas de Tenerife.

  14. Floxinesky

    De Arsenio yo solamente le pondría un debe en su contra.
    Estando ya en el Madrid tenía a Soler (gran lateral izquierdo de Espayol, Barcelona, At Madrid, Mallorca…) a falta de un partido para su renovación automatica. Pues bien, habiendolo jugado todo o casi todo, le llegó una orden desde arriba de que no jugase su partido 30 para no renovarle automaticamente. El obedeció. Para una persona que está ponioendo punto y final a su carrera me pareció un gesto demasiado servil demasiado dejarse manipular por la direactiva.
    Todo lo demás Sr Iglesias, chapeau

    • John Constantine

      Recuerdo perfectamente lo de Soler y me pareció un final vergonzoso a su carrera como entrenador. Demostro muy poco o nada como persona y en cuanto a carácter. Más cuando sabía que no iba a continuar.

  15. Jacopo

    Me sumo al elogio. Un tipo honrado y que sabía mucho de fútbol y poco del negocio que le rodea. No estoy seguro pero me temo que lo de escuchar «y digo Deportivo, vamos a ganar este partido» en el descanso no era posible en la época de Arsenio. Esa canción vino en la etapa posterior.
    En cualquier caso gracias por recordar a un gran tipo con respeto, como merece.

    • Simplemente como aclaración jacobo,el himno del depor de gandhi se escribió en 1987 y recuerdo como ya lo ponía habitualmente en.el año del ascenso 1991 en adelante.
      Un errata sin importancia que pone el autor es » yo digo deportivo… » cdo como bien apuntas es » y digo deportivo… «un saludo

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