
De los periodos de cambio que han agitado el baloncesto NBA en setenta años el actual es uno de los más intensos. Desde la revolución iniciada por los Suns de Mike D’Antoni hace poco más de una década, cuyos efectos vemos ahora en esplendor, sigue latiendo bajo la superficie de nuestro tiempo una vibración incesante que no permite avistar con claridad la próxima cordillera del juego.
Su historia sigue repitiendo una fórmula tan simple como paradójica: todo modelo ejemplar se imita y combate a la vez. En cuanto un patrón despunta hegemónico los planos superiores tienden a replicarlo y los inferiores, a derribarlo. Mientras solo los primeros definen cada época los planos de fondo, el subterráneo de la competición que hoy nos parece irrelevante, combate la estructura dominante con nuevos factores en apariencia invisibles, como patógenos que ataquen al organismo. Resultado de ambas fuerzas en colisión el baloncesto avanza hacia algo, siempre fue así, superior y más complejo. Si de pronto los patógenos de las capas inferiores se multiplican el escenario admite un increíble aspecto de agitación y vida. Y nada describe mejor la era actual que este asedio de mutaciones de arriba abajo y la impresión de no presentarse acabada, de seguir aprontando el siguiente nivel.
Cuando el baloncesto apenas ha comenzado a recobrarse de la inmensa sacudida del triplismo y la reformulación del ritmo y el espacio —pace & space— que lo ha acelerado y dilatado todo, emergen varios ejemplares que, lejos de combatir el nuevo mantra, vienen a reforzarlo, pero he aquí lo crucial, en una nueva dimensión. Porque a la actual ya van por delante. Y son estos recién llegados quienes mejor permiten vislumbrar el porvenir. O al menos su horizonte más fabuloso.
Conviene antes fotografiar dónde estamos.
Mientras una porción de analistas refiere la NBA actual como «a guards’ league» otra prefiere interpretarla por la decisiva mutación del cuatro. Unos y otros admitirían satisfecha la revolución por el nuevo acuerdo entre las cuatro primeras posiciones, lo que además quedaría verificado en la explosión del small ball como aspiración general. Adaptarse y fortalecer este contexto desplazaría por primera vez la relevancia histórica del cinco y su tradicional campo de acción: los aledaños del aro, desalojados ahora de ineficientes presencias para facilitar el comercio del juego pequeño.
La relación secular entre grandes y pequeños descansó siempre en el suministro de estos a aquellos al poste bajo. El baloncesto de hoy sigue promoviendo eliminar esta histórica división. Para ello basta camuflar a los interiores en el lugar y funciones del juego exterior. La nueva ingeniería ofensiva explora como nunca antes el mismatch inmediato. Y al abrirse el juego, arrancar a los interiores de su viejo nicho y promiscuir los cruces, los desajustes se multiplican exponencialmente. Por eso la pintura ha perdido su hegemonía como vector de ataque. Porque ya no hay ventaja en instalar dos grandes patrullando el interior. O se suman activamente al acordeón de ataque o desaparecen en favor de quintetos más pequeños, más rápidos y más difíciles de defender. Reduciéndose sin cesar desde 2001 la estatura promedio, en cuya mitad planean cómodamente los Warriors, y conquistados así cuatro de los últimos cinco títulos, diríase que la revolución habría finiquitado, con años por delante para agotar el nuevo yacimiento.
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Lenguaje barroco pero acertado. A Porzingis hay que dejarle madurar uno o dos años más y será realmente dominante. Como aficionado de hace muchos años a los Knicks pienso lo mismo que en todas las temporadas: A ver si esta es la buena! Go knicks!
Muy interesante. Y qué pena que Pau no llegue ahora a la NBA. Hubiese sido un increíble big small ball
Pingback: Porzingis como preludio de los futuros dioses – Jot Down Cultural Magazine | BRASIL S.A
Porzingis es de esos jugadores cuyo juego se adapta mucho mejor al basket NBA que FIBA. Puede que domine la NBA como nunca lo hará en basket FIBA (otro jugador similar es Antetokoumpo).
El primer día que le ví en Sevilla, pese a hacer 5 faltas en apenas 12 minutos, ya se le veía algo especial
http://www.sillonbol.com/euroliga/muneca-balcanica-semana-1
«Lo que ahora hechiza del letón es lo mismo que asombraba en el jovencísimo Sampson, el primer Gasol, el Sabonis de Stuttgart o, salvando tallas, el serpenteante Kukoc europeo y su hipnótica libertad. En todos ellos el mito del gigante ágil se hizo realidad. El fortalecimiento muscular de Porzingis tan solo sería razonable a un grado que no penalice su ligereza y velocidad. Porque son sus prestaciones físicas actuales, su prodigiosa soltura, el tesoro más valioso que proteger. Y así su utilidad será infinita y su carrera, un atajo en el tiempo.»
Todo el articulo es magnifico, pero ese parrafo es directamente, emocionante
«… el hechizo de su cuerpo…» «…la liberación sexual del yugo…» «…esa erótica visual…»
Mmmh…
Iba a preguntar si te has echado novia pero vaya, none of my business…
Gran articulo, como siempre… me ha hecho recordar cosas que ya apuntabas en otro escrito anterior (el de Draymond Green, posiblemente).
Al igual que Ivan Fdez , destaco el tema de su desarrollo físico.
Algunos ya querían meterle en un gimnasio de engorde y ponerle directamente como 5 rim-protektor de esos (siempre me ha sonado a personaje de super-heroes Manga) desde que aterrizó en New York.
Estoy muy de acuerdo con Horny en que Porn debería esperar para ello (si es que llega).
Mmmh…
«Horny», «Porn»… igual soy yo el que necesita echarse novia.
Retomo:
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No se trata de hincharlo a kilos como un ternero para el sacrificio de los codazos bajo aro, ni infiero que le supusiera a él ni al equipo ningún tipo de beneficio negociar assets musculares pagando en moneda de ligereza, rapidez y sobre todo, resistencia…
…no solamente la aeróbica, sino muy específicamente resistencia de tendones y articulaciones.
A más kilos, peor (exceptis excipiendis, ojo, que Sullinger es hamor).
La genética y el azar explican mucho de la aparentemente endémica tendencia a la lesión rebajatechos que han padecido muchos Big-Dancers (saludo lateral a Kaminsky)… pero siempre he pensado que si no les hubieran hormonado (natural o artificialmente) con el fin de dar el peso mínimo en la báscula que hay/había en el pinturarring de las hostias como panes, es posible que hubiesen gozado de mayor salud y carreras más largas.
Para terminar y jugando a futurólogo afirmo que, por troll reasons, está por aparecer en algún draft del futuro un personaje raro que será imposible de encajar en los sistemas habituales y a quien habrá que diseñar un contexto táctico ad hoc.
Un manomadera dominador de la pintura de menos de 1’90.
Que Tolliver nos vuelva a pillar confesados.
… el hechizo de su cuerpo…” “…la liberación sexual del yugo…” “…esa erótica visual…”
Mmmh…
Iba a preguntar si te has echado novia pero vaya, none of my business…
Jeje, una lastima que el redactor sea blanco de tus inseguridades sexuales.
No te preocupes, ya no estamos en 1950, no es necesario reirse del hombre que encuentra hermoso a otro a hombre, para aliviar la incomodidad que sientes.
Los gays podemos encontrar una mujer hermosa, y no sentir ninguna inseguridad.
Fascinante.
Gratitud por tu amable feedback.
dos palabras Don Alejandro
Jot Down nunca contrataría a Góngora por demasiado seco y espartano.