
—Tienes en una habitación a James Cameron, Michael Bay y Michael Mann. Te dan una pistola con dos balas. ¿A quién disparas?… a Michael Mann. Dos veces. (Chiste hollywoodiense)
Mi obsesión con Michael Mann empezó cuando a finales de los ochenta alquilé en VHS Ladrón. Por aquel entonces yo no sabía nada de Miami vice, ni —por supuesto— de Manhunter pero como ya me había pasado con John Carpenter y Asalto a la comisaria del distrito 13 quedé seducido por aquel tipo que filmaba Los Ángeles como si fuera un pueblo del antiguo Oeste. No era solo el estilo, aunque era innegable su clase a la hora de visualizar una historia aparentemente tópica, sino ese enganche con el espectador a través de la odisea de un hombre solo. Esa fijación con la soledad, con la idea del Ulises moderno, es una constante en la carrera de Mann, quizás una extensión de su propia personalidad: uno de los tipos más odiados de Hollywood. Y uno de los más temidos.
No me andaré con líos: Mann empezó rodando documentales y lo hacía muy bien. Tardé años en poner las zarpas encima de sus piezas sobre el mayo del 68 (Insurrection) y el que seguía un viaje de diecisiete días por la Costa Este de Estados Unidos (17 days down the line). Vi ambas en una cinta de vídeo de terrible calidad por un inexplicable afán de completismo que solo he sentido con David Fincher y el mencionado Carpenter y que sin duda ha dañado mi frágil salud mental. También tardé un lustro en conseguir una buena copia de El torreón y celebré con champán la salida de una preciosa edición en Blu-ray de Manhunter.
A los cinéfilos es un filme que les resultará familiar, al resto le sonará a artilugio para hacer gimnasia, pero Manhunter es una obra maestra indiscutible. Con William Petersen al frente, Tom Noonan ejerciendo de uno de los asesinos en serie más brutales de la historia del cine y el fabuloso Brian Cox como Hannibal Lecter (sí, han leído bien, Hannibal Lecter), es difícil pensar en Seven, El silencio de los corderos o cualquier otro thriller psicológico que no haya bebido de este filme. Atmosférico hasta la médula, alérgico al ruido y con una tensión narrativa que crece desde la nada (en la película hay más silencios que en un monasterio budista), Manhunter es la quinta esencia del estilo Mann y el filme que le puso en el punto de mira de Hollywood. Antes había rodado otra película estupenda (a la que los años han sentado mal) llamada The jericho’s mile, sobre un tipo que debe decidir entre el atletismo y la cárcel y un par de cosas para la tele, que denotaban que el hombre sabía lo que hacía.
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Podría escarbarse más en porqué es tan, tan odiado. Digo, no basta solamente con escribir que era un cabrón en el set de rodaje… ¿o no?
Sin duda que se agradecerían anécdotas ilustrativas
Hablando de tiroteos es imposible no mencionar el final de «La pandilla salvaje» o «Grupo salvaje» según las latitudes. O sea «The Wild Bunch» de Peckinpah. Madre mía. Para no entrar a competir con Mann podríamos hablar de géneros distintos. Pero en el género que esté «The Wild Bunch», gana siempre.
Tienes razón, la masacre final de Grupo salvaje es una de las escenas mas impactantes que recuerdo haber visto nunca en el cine.
Puede que ya se haya superado, o igualado – como no suelo ver cine violento no me habré enterado – pero desde luego es digna de verse.
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Genio Michael Mann. La mezcla de thriller y romanticismo en Heat es insuperable
Me gusta mucho el estilo de Michael Mann, frío y urbano, pero siempre cercano a sus personajes, y disfruto especialmente de las tres películas aquí destacadas: «Heat», «The insider» y «Collateral». Destacar el papel de la música y la fotografía, pues crean una atmósfera lánguida, contemplativa y fibrosa a un tiempo. El resto de su filmografía, aunque con aspectos interesantes, se mueve entre las medianías y las mediocridades, a peor cuanto más se aleja de las ciudades y del thriller, sus espacios naturales.
Tal vez me traicione la memoria pero juraría haber leído un par de entrevistas a Luis Tosar donde calificaba de ‘excelente’ su experiencia trabajando con Michael Mann.
Hombre, a ver qué va a decir… Si quiere que lo llame otra vez, no le queda otra…
the insider me pareció maravillosa, collateral me resultó hipnótica . . .
pero a lo que nunca le he encontrado pies ni cabeza es a la exaltación de Heat. parece un episodio de Doraemon pero con pistolas, todo el mundo dando explicaciones, el ying, el yang, este café lo pago yo, tu dinero no vale en este garito y tal y cual.
a la habitual calificación de shakespeariano a este involuntario sainete habría que aplicarle mejor la castiza «madre, el drama padre»
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Las películas de Mann me parecen visualmente extraordinarias (Heat, El Último Mohicano, The Insider), aunque alguna tenga un final de moralina irritante (Collateral). Espero que nos deje alguna obra más, puesto que la última, Blackhat, me decepcionó un poco: gran realización, interesante historia, horrible guión (amén de pretender que Chris Hemsworth pueda pasar por un hacker creíble).
Al realizador, como al artista, se le valora por su producto final. Personalmente, eligiría a Bay como candidato a «sufrir el exceso de plomo»…
Michael mann, el director más sobrevalorado junto con Robert Altmann, que por lo menos hizo Mash y Shortcuts.
Hasta los periodistas y críticos que más me gustan caen en el amarillismo. Como si todo el mundo tuviera que pagar ese precio por leerlos.
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