
En un fútbol dominado por la economía de mercado y, lo que es peor, por el deporte, en el que ya solo compiten verdaderos atletas, hay muchos fenómenos de otros tiempos que son absolutamente irrepetibles. Quizá el más paradigmático de todos ellos sea el extraño caso de Jorge «Mágico» González. No solo porque hoy se habría tolerado menos la indisciplina de la que hizo gala durante toda su carrera o porque sus salidas nocturnas, por obra de las redes sociales, habrían sufrido marcajes más duros que sus internadas en el área, sino porque hoy día resulta imposible de imaginar, incluso de concebir, un futbolista que, pudiendo situarse fácilmente entre la élite europea, pasa de todo porque ser millonario no está entre sus prioridades y, según sus palabras, tampoco le gusta mucho destacar.
Dicen los testigos presenciales de sus hazañas y fechorías que no se puede entender a Mágico González viendo YouTube nada más. Hay un contexto, hay un espíritu, hay una ciudad, Cádiz, que hay que conocer previamente para hacerse a la idea de la dimensión que alcanzó el salvadoreño.
Enrique Alcina Echeverría, que hace un par de años trató de reunir en su libro La leyenda (Editorial Dayla, 2015) todos los detalles que configuran el universo «Mágico», se quejaba de que «el fútbol a cámara lenta es una estafa inmobiliaria». Fue este periodista, veintiséis años en el Diario de Cádiz le contemplan, que acuñó el término «submarino amarillo» para describir el legado de un equipo que todavía, en 1991, con la salida de Mágico y el debut de Kiko, se aferraba a la primera división encomendado a fuerzas que no eran de este mundo, quien más ha investigado la figura del personaje en cuestión.
El primer punto a tener en cuenta en sus páginas no es que haya cambiado el fútbol, sino los espectadores. En los ochenta, al estadio Ramón de Carranza acudía un público que se caracterizaba, digámoslo educadamente, por su exigencia.
Eran muy críticos e incluso crueles. Si el equipo no jugaba, se le coreaba «cubatas, cubatas». Solo animaban con banderas y otro tipo de cánticos las Brigadas Amarillas, pero también tenían marcado su signo de los tiempos. En sus propias palabras, citadas en el libro: «Éramos como los hooligans ingleses, pegábamos a todo bicho viviente que se pusiese por delante, fueran catalanes, vascos o lo que fuesen. Con la edad hemos madurado».
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Se ha pasado por alto su etapa con el Bambino Veira en el banquillo cadista. El Bambi, ya ha contado anécdotas al respecto. Lo cierto es que los dos, hacian una pareja muy pequliar. En cualquier caso, cierto, Mágico fue un futbolista extraordinario
Perdón. Quise decir peculiar.
Lastima que esos genes y dones dificilmente volveran
Un gran futbolista que no pudo capitalizar su experiencias x siempre llevar una vida sin disciplina
Un fenomeno que debe documentarse para que sirva de inspiracion a la nueva generaciones
Jugue en contra de el en una oportunidad. Exelente jugador. En guatemala tambien tenia los suyos.
Felipe González es amigo mio.
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Aun recuerdo ir al estadio y escuchar a mi abuelo con el ‘ahora, ahora’ en su boca…
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