
Una clásica operación de retromanía con leves rasgos de colonialismo cultural rescató el movimiento tropicalista brasileño para la industria musical de Occidente. Corrían los años noventa, segunda mitad, cuando Beck explicaba a quien quisiera escucharlo lo mucho que adoraba a Os Mutantes, una banda psico-pop del Brasil sesentero entonces olvidada. La moda se extendía. Incluso la industria publicitaria tomaba nota. A Os Mutantes los había rescatado de las arcas del rock no anglosajón David Byrne, a través de su sello Luaka Bop. Everything is possible se tituló el recopilatorio con que ascendieron al trono del trending topic antes de que existiesen los trending topics. Y sí, era cierto: en la música tropicalista todo parecía posible.
Aquel burbujeante, cromático movimiento, comandado por Caetano Veloso y Gilberto Gil, cruzaba el pop psicodélico procedente del norte continental con la miríada de sonidos folk del país del ordem e progresso. Mecanismo antropofágico, como aquella vanguardia literaria liderada por el poeta Oswald de Andrade en la década de los veinte, el tropicalismo devoraba la cultura pop para apenas digerir lo importante y bastardizarlo. Su lírica era además políticamente consciente. El disco colectivo Tropicália: ou Panis et Circenses, publicado el año maravilloso de 1968, hizo las veces de manifiesto. En él participaron Veloso, Gil, Os Mutantes, Gal Costa y el indómito Tom Zé. Caetano Veloso resumía, en su ensayo memorialístico Verdade Tropical, el medio ambiente estético que alumbró el elepé: «Más allá de Mahalia Jackson y Jorge Ben, continuábamos oyendo a los Beatles y pasamos a oír Mothers of Invention y James Brown y John Lee Hooker y Pink Floyd y The Doors y lo que hiciese falta. Pero no habíamos dejado de escuchar y reescuchar a João Gilberto, y naturalmente todo lo que salía de nuestros colegas brasileños, los más próximos y los menos próximos».
Pero las circunstancias históricas frenaron la revolución tropicalista. A finales de 1968, la dictadura militar que gobernaba Brasil desde que, cuatro años antes, había derrocado al progresista João Goulart, efectuó un giro represivo. Los años de plomo decretaron el final definitivo de la juerga canibalista. Veloso y Gilberto Gil se exiliaron en Europa tras pasar por prisión. Los policías que los llevaron al avión se lo dejaron claro, recuerda Verdade Tropical: «No vuelva nunca más. Si piensa en volver, venga a entregarse nada más llegar, para ahorrarnos el trabajo». Tropicália era ocupada. Cautivo y desarmado, el movimiento se disolvía. Pero la música en Brasil, pese a la adversidad, continuaba. Había vida más allá de Tropicália.
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Estimado,
Estábamos contentos con la cita «1973 o ano que reinventou a MPB» en su campo. Tenga en cuenta que el texto en el disco Walter Franco está firmado por Ayrton Mugnaini Jr.
Célio Albuquerque
Todo muy bien. Pero a ver si un día le hacéis un repaso a Tom Zé, que básicamente es un país entero él solo. Qué digo, un continente. Y que sigue sacando discos cada par de años, el último pasados los 80
Raul Seixas y Sergio Sampaio también.