
Los más veteranos llevamos padeciendo con rigor estoico el devenir de las últimas ligas de fútbol. Nos hemos intentado acostumbrar sin éxito a nombres como la Liga de Las Estrellas, la Liga Adelante o la Liga 1, 2, 3. Nosotros, que sobrevivimos a la moviola de Estudio Estadio, Supergarcía y Fútbol en Acción, pero también disfrutamos de temporadas en las que el fútbol parecía hasta un deporte… Bueno, sí, un deporte de aquella manera, como cuando Juan Gómez, Juanito, le pisó la cabeza a Matthäus en un Bayern de Múnich-Real Madrid, incidente que se solventó con el regalo de un capote de torero al alemán por parte del jugador de Fuengirola. O aquella final de Copa del Rey entre Barcelona y Athletic de Bilbao que terminó con un combate de patadas voladoras y golpes de kung-fu entre Maradona, Paco Clos, nuestro admirado Tarzán Migueli, Goikoetxea, Sarabia y De Andrés.
Un deporte raro. En cualquier caso, el fútbol no era un programa de cotilleos de televisión y tertulianos como recién salidos de la sala vip de un discotecón de los años noventa. De lo que rodeaba al fútbol, eso sí, había lo mismo que ahora, incluso más y mejor: noticias sensacionalistas, escándalos sexuales, robados posados, reportajes en revistas del corazón y campañas publicitarias más o menos afortunadas. Vamos a ver, que no es cuestión de que exijamos que los jugadores se presenten en los actos públicos como en los años cincuenta, vestidos con el chándal reglamentario (muchos desearíamos, incluso en un sueño acorde con estos tiempos totalitarios, que algunos tuviesen una cláusula en el contrato que les obligase a guardar silencio durante la temporada, norma que podría extenderse a algunos entrenadores). Lo que echamos de menos es el propio deporte, o sea, el fútbol.
Sobre la idoneidad o no de ser aficionado, existe múltiple variedad de tonos: va desde la irracionalidad de Pepe el Hincha a la absoluta indiferencia de Carlos Marx y Federico Engels, que ni se molestaron en mencionarlo en su popular libro. Ni siquiera cuando los autores despotricaban contra los productos que son opio del pueblo. Las autoridades intelectuales también llevan mucho tiempo divididas entre el hooligan militante, el observador despectivo y el fan con complejo de culpa. La transformación del fútbol en un multipantallazo con oscuros intereses internacionales y venta de carísimos objetos no está ayudando a mejorar su imagen, pero, por si acaso, sirva este artículo para recordar por qué y cómo nació.
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La agresión de Juanito a Matthäus se solventó con el regalo de un capote de torero… y con una sanción de 5 años sin poder jugar competiciones europeas. Un poquito de seriedad, por favor.
Hermoso articulo.
Me ha gustado el artículo, había varios clubs que no tenía controlados.
Simplemente comentar que cuando Marx y Engels escribieron su libro (1848) dudo que el fútbol tuviese una implantación real en la sociedad (alemana/mundial) tan importante como para que les preocupase como «opio del pueblo». Teniendo en cuenta que se considera que la primera competición de fútbol fue 15 años después.
Lindo artículo aunque decir que Uruguay ganó el Mundial de 1924…Uruguay ganó la medalla dorada en los JJOO de 1924 en París y de1928 en Amsterdam, y el Mundial los ganó en 1930…
Buen repaso a los clubs «alternativos» del globo, yo desde aquí lanzo un hurra por los hooligans militantes que tratamos de mantener a flote la frase de «Odio eterno al fútbol moderno».
Se jodan Shoreditch y Brixton, lo mejor que se puede hacer un sábado en Londres es ir a ver al Clapton.
Corrijan lo de Holanda en el 78, por el amor de Dios.
Qué hay que corregir?
Ahora, nada. Antes, habían apeado a Holanda en semis.
Y también antes Uruguay había ganado el Mundial de 1924, segun el autor. Pero tambien ha sido corregido con diligencia
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