
Hoy todo parece ser narco. De la fascinación por los mundos prohibidos del crimen organizado nacen, crecen y se multiplican libros, series y películas que retratan, básicamente, historia contemporánea. Más que una apócope, narco ya es un prefijo. Y si hay narcotráfico, narcoguerra, narcoestado, narcocultura, ¿cómo no iba a haber narcofútbol? Desde hace mucho el deporte más popular del mundo atrae a la cara B del capitalismo como pantalla para oscuras actividades, y desde ese ámbito se repiten los casos de traficantes metidos a empresarios futbolísticos o negociantes que se arriman al dinero sucio de quien lo quiere limpiar. Y ahí encontramos a Latinoamérica, génesis —en el sentido más ancho de la palabra— del narcotráfico, patria pionera de los negociados del fútbol moderno y, por encima de todo, paraíso de la pasión y el folclore que arrastra el deporte. En ese apetitoso cóctel, cada país ha seguido su idiosincrasia, como veremos en cinco fogonazos en ciudades donde la droga ligó con el fútbol, sin un patrón fijo, pero con un denominador común. En las favelas de Río, la Argentina y el México de hoy o la Colombia de los ochenta, penetra por las rendijas invisibles de la sociedad y en el fútbol se fortalece por su factor emocional, en una escena que ya conocemos: mientras el narco opera, millones de personas miran para otro lado con tal de que sus equipos ganen o simplemente su existencia mejore con solo ver un balón rodar.
1 Medellín: Las pachangas de La Catedral

«Bueno, muchachos, aquí los partidos duran tres o cuatro horas, y sin descanso», dice Pablo Escobar sobre la cancha. «Solo hay dos cambios y si se empata, se define por penaltis», añade. Así lo cuenta su hermano Roberto en su libro biográfico, publicado lustros antes de que el Patrón se convirtiese en producto de entretenimiento transnacional. Cabe guardar cierta reserva sobre la exactitud de los diálogos, pero la narración sobre uno de los partidos que se jugaban en la prisión de La Catedral en 1991 es deliciosa: «En los primeros cincuenta minutos nos metieron tres goles. A la hora y media el partido ya estaba empatado. Tréllez nos metió el cuarto y Leonel el quinto. Faltando una media hora para terminar, empatamos. Mi hermano se hizo un golazo desde fuera de las 18» (yardas, desde fuera del área). Y así, con 5-5, se llegó al desempate: «Creo que aquí fue donde René nos ayudó, porque erró el penalti y se dejó meter el de mi hermano, que se lo envió fuerte al puro centro del arco. “Esto no lo ataja nadie”, dijo Pablo antes de tomar impulso». Como para discutirle.
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Una fe de erratas. En la seccion de Juarez Mexico, el nombre no es Rafael Calderon, sino Felipe Carderon, presidente del pais en esos años.
Reportaje completo, aunque hay mas situaciones particulares en cada seccion. En Mexico incluso ya hubo una desafiliacion de un equipo en Primera Division, a mitad del torneo, por algo relacionado. Ademas, los traspasos de jugadores colombianos a Europa -los cuales jugaban en Mexico en ese momento- son algo adicional al texto. Lo reciente del caso Rafa Marquez nos recordo que muchos jugadores se encuentran en su vida profesional con varias personas, digamos, de ese ambiente.
Interesante artículo, ver como el narcotrafico corrompe el deporte y que ningún gobierno luche directamente contra esto da que pensar.
Corriendo por la banda de San Pablo apuntaba maneras. Como periodista, Arturo se supera.
Independiente Medellín o Deportivo Independiente Medellín*
Genial artículo, estoy seguro que sí se investigara, también se encontrarian lazos entre el narco y el fútbol español (el caso del Depor de los 90 siempre ha sido muy sospechoso). Pero por supuesto nunca se llegará al listón colombiano, las anécdotas ponen los pelos de punta..
El «milagro» del Depor se debió a Caixa Galicia y a su crédito fácil. Con eso solo demuestras ignorancia al dar importancia a leyendas urbanas sin base lógica. El equipo dominado por el narco fue el Cambados, que no pasó de 2aB. O eres de la meseta o de Vigo, que está claro que fue a los que más os escoció. Y está claro que aun os escuece. Salud.
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