
«La sala de fiestas más famosa del mundo». Así de grandilocuente se anunciaba el Pasapoga en 1952, con un cartel que recalcaba las exclusivas actuaciones de cantantes hispanoamericanos y el humor de los actores Antonio Casal y Ángel de Andrés, ambos con mediática descendencia artística en su hija y sobrino respectivamente. Diez años atrás había tenido lugar la inauguración de tan fastuosa sala, cuando el humor era distinto y la Gran Vía madrileña, donde estaba situado, se llamaba Avenida de Pi y Margall. Aquellos bajos venían de ser un salón de billar que había quedado en desuso poco antes de la Guerra Civil.
Su reapertura vendría de la mano de cuatro empresarios que decidieron formar un acrónimo con las dos primeras letras de sus apellidos. Patuel, Sánchez, Porres y García dieron lugar a Pasapoga, sin imaginar que de tan comunes sobrenombres surgiría el cabaret más emblemático del solar patrio. Aquel Patuel que aportaba la primera sílaba ejercería años después de suegro de Carmen Sevilla, cuando esta ya se había divorciado del prestigioso compositor Augusto Algueró. Crónica social aparte, si algo distinguía al Pasapoga era su decoración. Columnas, palcos y escalinatas flanqueaban las pistas de baile, y sus cortinas, espejos y pinturas murales dotaban a la sala de un glamur que hacía olvidar que se trataba en realidad de los bajos de un cine, situados a ocho metros bajo tierra. La ostentación parecía ser el lema de Pasapoga, en unos años de posguerra en los que todavía seguían vigentes las cartillas de racionamiento. El precio de la entrada hacía que el espectáculo estuviese reservado para tan solo unos pocos privilegiados, con eventos por entonces tan elitistas como desfiles de joyería y exhibición de sombreros.
En 1952 José Luis Sáenz de Heredia quiso trasladar la esencia de la sala al séptimo arte, llevando por vez primera al Pasapoga a la pantalla grande, en una de las escenas de Los ojos dejan huellas. En dicho thriller el director sitúa a los protagonistas disfrutando de una velada en el famoso music hall, del mismo modo que en otras secuencias retrata otros emblemáticos y concurridos lugares de Madrid. En el film se puede contemplar como el público acude trajeado y de etiqueta mientras toman una copa y la orquesta ameniza la pista de baile. Su fotografía en blanco y negro dota de una mayor elegancia a una época que nada tendrá que ver con lustros posteriores, donde las actuaciones de jotas aragonesas irán sustituyéndose paulatinamente por el contoneo de exuberantes vicetiples.
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Me gustaría saber si el cantante ingles Mac Morrón debutó en Pasapoga en el año 1969
Yo vi a Susana Estrada en » Machos» junto a Eva León las dos eran buenas artistas y las dos estaban muy buenas.
Es cierto Susana Estrada y Eva León estaban muy buenas .
ES CIERTO SUSANA ESTRADA Y EVA LEON ESTABAN MUH BUENORRAS.