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Bowdlerízate para no ofender a nadie

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El británico Thomas Bowdler (1754-1825) fue un doctor que nunca llegó a practicar la medicina porque tenía cierta aversión a la gente enferma, un miembro de la Royal Society, un ajedrecista profesional, un caballero viajado que se tiró cuatro años trotando por Europa, un entregado defensor de la reforma penitenciaria (en Londres dedicó quince años de su vida a ello) y una persona tan ilustre como para que su nombre se haya convertido en verbo gracias a su legado. De todo lo anterior, la historia ha decidido que lo último es lo único que merece realmente la pena y por eso mismo los diccionarios de inglés reconocen oficialmente la palabra bowdlerize (que sería algo así como ‘bowdlerizar’) como un vocablo válido que quiere decir: «Extirpar de un texto o similar el material que es considerado ofensivo, obteniendo como resultado una obra más floja y menos convincente». La culpa de todo la tenían los padres de Bowdler, una pareja muy amiga de meterle mano a William Shakespeare y a las Sagradas Escrituras.

Shakespeare edición familiar

La infancia de Bowdler estuvo marcada por un progenitor (un hombre que también se llamaba Thomas Bowdler, porque en el siglo XVIII la descendencia se entendía como una clonación) que entretenía a su esposa e hijos leyéndoles en voz alta las obras de Shakespeare. Con el tiempo, el pequeño Bowdler descubrió que las lecturas de su padre omitían y camuflaban aquellas secciones que el hombre consideraba más inapropiadas para que las almas puras de su mujer y sus seis hijos no sufrieran demasiado. La Sra. Bowdler (una mujer cuyo nombre real se desconoce porque los historiadores son muy de obviar a la gente sin pito), además de ser la esposa de Thomas Bowdler y la madre de otro Thomas Bowdler, también era aficionada a meterle tijera a aquello que consideraba ofensivo: ella misma publicó, en 1775 y de manera anónima, una versión del libro bíblico del Cantar de los Cantares donde había censurado o modificado personalmente todo lo que su criterio consideraba sucio o inapropiado. Aquel Cantar de los Cantares de la Sra. Bowdler era tan exageradamente puritano y pardillo como para sustituir la palabra «cama» por «carroza de nupcias». Con tanto antecedente en su propia casa, no resultó extraño que al pequeño Bowdler Jr. se le ocurriese trabajar en una empresa similar: la de producir una edición de la obra de Shakespeare para todos los públicos, un producto libre de contenido ofensivo o pernicioso e ideado para todas aquellas unidades familiares que no tenían un padrazo con capacidad para editar sobre la marcha la lectura. A la hora de podar los escritos de Shakespeare, recibió la ayuda de su hermana Henrietta Maria (Harriet para los amigos), una erudita muy religiosa que consideraba indecentes a los bailarines de ópera y que acabaría publicando (anónimamente porque estaba mal visto que las mujeres se pasasen de listas) un exitoso libro titulado Sermones sobre las doctrinas y deberes del cristianismo.

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2 comentarios

  1. El caso más sangrante que yo conozco es una versión para televisión de las dos primeras entregas de «El Padrino», contadas por orden cronológico y con escenas adicionales (hasta aquí bien), pero en la que se habían eliminado las imágenes más violentas. Por ejemplo (aviso spoilers), no llegábamos a ver el agujero de bala en la cara de Fanucci. Curiosamente, el caballo desangrado en la cama sí permaneció.

    El caso más famoso seguramente sea aquel Han Solo vs. Greedo que desembocó en la legendaria frase friki «Han shot first!».

  2. sentido como un

    Este fenómeno es prerrogativa de anglosajón. Mmmm… A estudiar.

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