Arte y Letras Historia

El milenarismo ya llegó

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Coronación del emperador Otón III del Sacro Imperio Romano Germánico, Apocalipsis de Bamberg, Folio 59v ca. 1002. DP.

Este artículo fue publicado originalmente en nuestra revista Jot Down Smart número 20

Los medios de comunicación adoran las novedades y el cambio, pero saben también que son fundamentales ciertas rutinas para reconfortar al público mostrándole que, a pesar de todo, el mundo tiene un orden. Nuestro equilibrio psíquico requiere que al asomarnos cada día a ver lo que pasa ahí fuera constatemos que si es invierno hará frío, y entonces queremos noticias que nos cuenten que hace eso, frío, y que sí Pérez-Reverte ha creado una nueva polémica es por haber dicho algo característico de Pérez-Reverte. Imagínense que un día hace una declaración propia de Willy Toledo, eso nos desconcertaría, no estaría nada bien por su parte.

En ese paisaje mediático el ilustre científico Stephen Hawking ha adquirido entidad propia y si mañana se descolgase afirmando que nos espera un futuro luminoso al que abrazar esperanzados, cualquier persona razonable no debería hacer otra cosa que entrar en pánico y correr en círculos con los brazos arriba ante semejante ruptura del orden establecido: durante los últimos años ha pronosticado que una pandemia exterminará a la humanidad, que sufriremos una guerra nuclear, que el cambio climático destruirá la civilización, que si entramos en contacto con extraterrestres nos tocará el papel de indígenas, que el bosón de Higgs podría generar alguna reacción en cadena cuántica enloquecida que aniquilará el universo (no me pregunten detalles, él sabe explicarlo mejor) y también que un ordenador que tomase conciencia de sí mismo llegaría a rebelarse contra sus creadores, aunque aquí ya empezamos a sospechar que lo que empieza a contarnos en cada conferencia es la película que ha visto la noche anterior. La cuestión es que, sea de una u otra forma, nos quiere ver muertos a todos, ¿cómo puede caber en ese endeble pecho un corazón tan negro?

En realidad si nos cuenta todo eso es porque sabe que encontrará un público receptivo, no es cosa suya sino nuestra prestar tanta atención a las profecías apocalípticas. Podemos perdernos los cinco primeros minutos de una película, pero no soportamos quedarnos sin los cinco últimos, así que, si el mundo va a acabar y nuestra experiencia nos hace intuir que todo tiene un final—, entonces que sea mientras estamos en él y veamos lo que promete ser el espectáculo definitivo. La historia es eso mismo, una historia, y como toda narración debe tener un planteamiento, un nudo y un desenlace. De ahí que resulte inevitable que sintamos tanta impaciencia por saber de una vez por todas cómo concluirá la existencia de nuestra especie. Un anhelo que en Occidente se ha materializado en una doctrina, el milenarismo, si bien no es exclusiva del judeocristianismo y, dentro de este, tampoco se ha dado de forma homogénea, disgregándose en ramificaciones a lo largo de épocas y lugares tan variadas como la que estudió con tanto detalle el antropólogo Juan Aranzadi en su clásico Milenarismo vasco: Edad de Oro, etnia y nativismo.

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Un comentario

  1. Enhorabuena, esto es lo que se llama instruir deleitando! Admito que me he partido el O.G.T. con las obsesiones de nuestros ancestros… como nuestros descendientes se lo partirán con las nuestras, algún día…

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