
Adán servía cafés por la mañana y por la tarde era pirata somalí. También era un sinvergüenza del tamaño de un camión. Un caradura útil. Adán empezó su negocio hace unos siete años, cuando explotó uno de los asuntos más sexy de la información africana de la última década: frente a las costas de Somalia, grupos de piratas habían iniciado una ola de secuestros sin precedentes de pesqueros internacionales. Informativamente, lo tenía todo. De un país en ruinas, golpeado por la guerra y el hambre desde 1991, surgían unos tipos desharrapados —¿eran pescadores agraviados?, ¿jóvenes con soplos de Robin Hood?, ¿una mafia organizada?—, que secuestraban cargueros o atuneros y ganaban millones de dólares en rescates. Llegaron reporteros de todo el mundo a cubrir la alarma, pero había un problema: toda Somalia estaba bajo control del grupo yihadista Al Shabab. En aquella época un blanco únicamente podía moverse por Mogadiscio, bien con la ONU, bien previo pago de mil quinientos dólares diarios a un señor de la guerra para que te llevara por cuatro calles de la capital en pick-up y rodeado de adolescentes armados hasta los dientes. No había forma de reportear en la costa.
Aquel desgobierno fue una bendición para el camarero Adán. Como nadie podía trabajar en suelo somalí, algunos periodistas entrevistaron a piratas en la seguridad del país vecino, Kenia. En un parpadeo, corsarios modernos con semblante serio y mirada desafiante aparecieron en reportajes y documentales de los medios más prestigiosos del mundo. Había otro problema: era mentira. Ante el interés de los reporteros occidentales, varios kenianos que ni siquiera habían estado jamás en Somalia se hicieron pasar por piratas. Y coló. Algunos fixers, una suerte de ayudante local que cocina el reportaje al periodista que puede pagárselo —cobran entre trescientos y quinientos dólares diarios—, presentaron a amigos como si fueran piratas. Al acabar su turno en el café, Adán se convertía en un temible lobo de mar por doscientos euros el engaño. Entre ambos le echaban bastante pimienta y prorrogaban varias veces el encuentro para hacer creer al periodista occidental que todavía era demasiado arriesgado acercarse al desconfiado rufián de mar. Además de darle emoción y credibilidad al sainete, les servía para engordar la factura diaria. El pastel lo descubrió el periodista somalí Jamal Osman con solo poner la oreja. Al oír hablar a aquellos falsos piratas —un documental danés sobre la piratería en el cuerno de África se distribuyó en hasta dieciocho países—, Osman supo enseguida que el acento era de una provincia del noreste de Kenia, donde hay dos millones de kenianos de etnia somalí. Para Osman, detectar el engaño fue tan fácil como para un gallego lo sería descubrir que un tipo de Cádiz se hace pasar por un narco de la Ría de Arousa.
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Excelente artículo. Nunca está de más recordarnos a donde nos pueden llevar los prejuicios y la falta de humildad ( y no solo en Africa).
Grandes reflexiones que pueden ser aplicadas a los demás ámbitos de nuestra monótona vida.
Un continente que siempre ha estado igual y en donde la miseria,las guerras,la violencia, en todos sus aspectos,nunca a dejado paso a los avances económicos,sociales y tecnológicos.¿Cual es el problema cuando disponen de todas las materias primas para que ese desarrollo hubiera sido más que factible?.Antes se hubiera dicho que todo era a raíz de la colonización imperialista del hombre blanco.Pero eso ya no se sustenta por ningún lado.Esa lacra desapareció hace décadas y en la gran mayoría de países no hubo después los avances de ningún tipo.Solo desidia,corrupción,guerras,ambrunas perpetuas.No no es el hombre blanco el responsable de ello.
Supongo que será ironía tu comentario… Hoy día 27 de abril de 2019 una empresa canadiense obtiene de una mina de Botswana el segundo diamante más grande del mundo. 2019…y que siga el saqueo.
Fantástico artículo de Aldekoa como siempre.
Ha caido en mis manos el libro Ebano de Kapuscinski. Es un escrito de que he leido varios libros y me gusta como escribe. Éste en concreto me estaba gustando mucho, pero hacia la mitas ya empezaba a vislumbrar que su idea de Africa en general se parece mucho a lo que comenta Diego y como Daniel no estoy al 100% de acuerdo con esa idea. Solo un botón como muestra: todo el Africa Occidental tiene una única moneda , el CFA, impuesto por los franceses y en cuyo banco central se encuentra el 50% de las reservas de todos esos paises. ¿por qué se oponen los franceses a que se elimine esa moneda y que cada pais tenga la suya propia o creen una cuyos fondos estén en sus paises y no en Europa.
Me ha recordado una anécdota que me contaron en la universidad.
En cierta ocasión, lamento no saber dónde ni cuándo, una ONG construyó un pozo para ayudar y mejorar las condiciones de vida de una aldea. Especialmente de las mujeres, quienes tenían que hacer una larga caminata de tres horas cada día, para recoger agua y llevarla a su casa.
Sin embargo, tras entrar en funcionamiento el pozo, las mujeres de la aldea se deprimieron. Resulta que vivían mucho peor con el pozo que sin él. No sólo habían perdido el único momento del día que tenían para ellas mismas, sino que los hombres habían aprovechado el pozo para hacer alcohol y poder emborracharse mucho más. Y encima, debido a ello, las mujeres acabaron teniendo más trabajo.
Es gratificante leer este tipo de artículos para recordar la importancia de una profesión tan necesaria como devaluada como es el periodismo. Y aún mejor si, de paso, sacamos conclusiones que bien podemos aplicar a nuestra vida personal.
Lo que no he entendido muy bien es qué quiere decir con lo de «reportaje facilón del coltán». No se si el calificativo es por muy visto (no creo que lo sea) o por lo «facil» que es conseguir información sobre ello (no lo sé).
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