
Cuando era un crío mi abuela Montse me regaló en Navidad un pequeño transistor de radio. Era gris, con una larga antena plateada, su ruedita blanca para sintonizar y dos pilas «de las normales». Fue un disgusto, la verdad. A mi hermana le habían regalado un juguete lleno de ruidos y colores y yo me vi ahí, desamparado, con mi radio gris.
Las Navidades siguientes se repitió la escena: esta vez mi abuela me regaló un bolígrafo. Era precioso, pero yo todavía era un chaval y ver el maletín lleno de pinturas, rotuladores y acuarelas de mi hermana me volvió a afligir. Ni se me ocurría exteriorizar ese disgusto, claro. Yo perfilaba sonrisa y miraba con envidia los regalos de mi hermana tragándome el lamento.
Se ve que mi abuela se lo olía. Sin ser yo todavía capaz de comprenderlo, ella ya tenía más o menos claro hacia dónde se dirigía mi vida. Creo que fue la primera persona, mucho antes que yo mismo, en darse cuenta de que lo mío eran las historias. Apostaba ella, sobre todo, por la radio. Y por la radio empezó todo.
Tenía mi viejo una negra de enorme antena que se pegaba a la oreja cuando había jornada de Liga. Escuchaba al Butano y al resto de comentaristas de la COPE con el patrocinio de El Corte Inglés, con «Terry, tú y a por todas» y con «Seguros Finisterre y no dejes cabos sueltos». De José María García aprendí que era posible que un tipo ganase el Tour de Francia y al instante le estuviese escuchando el mismísimo rey de España: «Miguel, campeón, te escucha el rey»; descubrí que se puede intentar resolver una huelga de controladores para que el Madrid pueda jugar un partido de Copa de Europa y hasta comprobé que se puede despedir a un tipo en directo o llamar nueve veces, nueve, «tonto» a Perico Delgado por salir tarde en una crono. «No quiero hacer leña del árbol caído, pero…», empezó aquella diatriba.
Ah, sí, también tomé nota de cómo se arranca una entrevista: «Hoy vamos a hablar de unos de los peores árbitros de Primera División, un árbitro malo de solemnidad. Don Japón Sevilla, buenas noches». «Buenas noches, José María».
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