Y Hacienda se hizo forofa

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Este artículo se ecuentra disponible en papel en nuestra revista Jot Down Smart número 9

2 de junio de 2013. A Coruña. El campo del Dépor se embarra y engulle a los blanquiazules de camino a la segunda división en cuestión de seis minutos: los que transcurren desde el gol en Balaídos de Natxo Insa (entonces en el Celta), que salvará a los vigueses de los puestos de descenso, hasta el gol en Riazor de Griezmann (hoy en el Atlético de Madrid, entonces en la Real Sociedad), que envía al Dépor a los infiernos y enfila a la Real hacia la Champions. Crujen las cuentas del Deportivo mientras sus hinchas despiden del modo más duro al mítico Valerón. «Volveremos», dice el entonces entrenador Fernando Vázquez. Y volverán (un año después), pero en ese momento la Agencia Tributaria no sabe a qué carta quedarse. Se lleva las manos a la cabeza por el Dépor, respira por el Celta mientras la Hacienda Foral de Gipuzkoa hace la ola en honor de la Real. Fútbol español. Demasiados equipos al filo de la navaja pendientes de una clasificación, de un ascenso o lo contrario para asegurar su subsistencia y el pago de sus deudas. Si uno gana, el otro pierde.

20 de agosto de ese mismo año. Estadio de Gerland (Francia). Minuto cincuenta. Haris Seferovic dispara un trallazo desde fuera del área que se cuela por la escuadra de la portería del Olympique de Lyon. 0-2. La Real, en concurso de acreedores, acaba de comprar medio billete para pasar, por segunda vez en su historia, a la fase de grupos de la Champions, hito que confirmará en Anoeta una semana después. Más de cuatro mil seguidores del conjunto donostiarra, que han viajado al campo galo a animar a su equipo, estallan de alegría. Las cuentas del club se ponen en pie. Aunque no pasará de esa fase y solo logrará un punto de empate en Anoeta, la clasificación se traducirá en un aumento de los ingresos del equipo txuri urdin de 22,3 millones de euros, según las cifras presentadas ante el registro mercantil consultadas a través de Infoempresa. Una cifra nada desdeñable que permite que los ingresos totales pasen de los 39,2 millones de la temporada 2012/2013 a 62,7 millones. Bueno para el club, bueno para las arcas públicas. La Real gana margen para seguir devolviendo el préstamo participativo de la Diputación Foral de Gipuzkoa (gracias al que se sostuvo tras el concurso de acreedores) y adelantar incluso aplazamientos de pagos de IRPF y Seguridad Social.

Inicio de la temporada 2014/2015. Con solo dos competiciones que disputar y por las que lograr ingresos (la Liga y la Copa del Rey), el Valencia, en causa de disolución y sin terminar de amarrar la entrada del nuevo accionista, cambia al entrenador (ficha a Nuno Espíritu Santo) y a doce jugadores. Entran Yoel, Orban, Otamendi, Mustafi, Cancelo, André Gomes, Rodrigo, Negredo, Felipe Augusto, Zuculini, De Paul y Enzo Pérez. El conjunto che sale a jugar esa temporada con la plantilla más joven de la Liga y de Europa. No está para otras alegrías. Las cuentas, desbocadas en los tiempos de bonanza, mandan cuando ya no queda otra. El equipo ingresa por su participación en competiciones la escuálida cifra de 5,7 millones de euros ese año, aunque los derechos de retransmisión (principal ingreso de todos los clubes) permiten amortiguar la caída de los ingresos, que aún así descienden un 10% hasta 77 millones de euros. El Valencia consigue esa temporada la puntuación más alta en los noventa y séis años de historia del club, que le vale el cuarto puesto en la Liga y un duelo de infarto contra el Mónaco que clasifica al Valencia para la Champions tras dos años de ausencia. En el que iba a ser uno de sus peores ejercicios, el club valenciano, merced a los ajustes, logra zanjar sus deudas con el fisco y encara una temporada de ingresos holgados reforzados por los créditos participativos del nuevo accionista, la hongkonesa Meriton Holdings Limited, que se ha hecho con el 70% del equipo, y por la renegociación de la deuda con la constructora del nuevo estadio. El balance che está de fiesta.

Los resultados deportivos permitirán que «los ingresos por la comercialización de los derechos de televisión y los acuerdos comerciales crezcan de manera considerable», pudiendo ser de más si el anterior consejo de administración no se hubiese descontado cinco millones de euros de derechos televisivos de las siguientes temporadas cuando firmó el actual contrato. Aun así, para que los números cuadren tal y como se han planteado, el Valencia recoge en sus cuentas del pasado ejercicio que será necesario «disputar competición europea todas las temporadas». Ups.

Fútbol. Contabilidad. Impuestos. Cuentas ante el registro que huelen a economía, saben a economía, pero llevan césped entre las cifras. No hay sector comparable. Los activos del balance incluyen (como si fuese un edificio o maquinaria) piernas para correr, brazos bajo los palos, derechos sobre unos jugadores que valen lo que se dice hasta que se lesionan o simplemente no dan lo que se esperaba y hay que abonarlos al banquillo. Si el jugador es un fichaje, lo que se pagó por él se va amortizando anualmente como se hace con el coste de un ordenador. Si se engendra una estrella desde la cantera, su venta será dinero en vena para la entidad el día que se produzca, como vender un edificio surgido de la nada en suelo gratuito.

El fútbol español tiene una historia en las crónicas deportivas y otra paralela en las cuentas. No hay campo firme en el modo en que se han gestionado la mayoría de los equipos de este país durante años. Cuando los derechos televisivos inflaron las cuentas, el fútbol (o para ser precisos, buena parte de él) se olvidó de sus deberes con el fisco, acumuló deudas hasta niveles inabarcables, mucho más inabarcables cuanto más caros eran los fichajes y los impuestos impagados ligados a los mismos, hasta demostrar que aquella burbuja no era de reglamento sino un balón de playa que se los podía llevar volando al más mínimo pinchazo.

«Se hizo mal», reconoce Javier Gómez, director general corporativo de la Liga de Fútbol Profesional (LFP). «Primero los administradores de los clubes, luego los órganos de supervisión, la Liga de Fútbol incluida. Entre todos se provocó que, en un sector con cuarenta y dos entidades, más de la mitad acabase en concurso de acreedores».

La situación ha cambiado drásticamente en los últimos años, de eso no hay duda. Aunque paseando por el registro mercantil se hace evidente que los auditores de los clubes siguen acostumbrados a dar por buena la continuidad de empresas cuyas cifras dicen que están en causa de disolución. Persiste la sensación de que a los clubes no se les dejará caer, a pesar de los que han caído. «Esta es una situación natural en el sector futbolístico al que pertenece la entidad», decía Ernst & Young de las cuentas del Valencia 2014/2015 para explicar que se considerase en continuidad a una empresa con un fondo de maniobra negativo de 86,6 millones de euros. El fondo de maniobra viene a ser la capacidad de hacer frente a los pagos previstos del siguiente ejercicio con los ingresos de la actividad habitual de la empresa.

Debido a las pérdidas acumuladas, el auditor plantea «dudas sobre la capacidad del Getafe para continuar su actividad», aunque considera un factor mitigante «el fuerte y constante apoyo de los accionistas», dicen las cuentas del club madrileño. El Espanyol también presenta fondo de maniobra negativo, pero el auditor admite la continuidad como empresa en funcionamiento dando por buenos los 47 millones de euros que se anota el club como revalorización de la plantilla del primer equipo, los 14 millones de revalorización que se apunta sobre los terrenos de la Ciutat Esportiva y algo, esta vez sí, mucho más tangible: el contrato de 38,5 millones por siete años correspondiente al naming right del estadio, que ha pasado a llamarse Power8 Stadium.

El Atlético de Madrid cerró las cuentas 2014/2015 con un fondo de maniobra negativo de 174 millones de euros, derivado básicamente de «inversiones en jugadores en las últimas temporadas destinadas a la mejora de los resultados deportivos con el objetivo de participar en competiciones europeas». Pero esto, dicen las cuentas, es «común a la inmensa mayoría de los clubes». Es fútbol. Como factores mitigantes, las cuentas señalan: la participación en competiciones europeas, la construcción del nuevo estadio en La Peineta, que permitirá aumentar los ingresos, y que los accionistas mayoritarios están comprometidos con la continuidad del club.

Al club madrileño le dan motivos para reafirmarse en su tranquilidad los resultados deportivos, que han permitido darle la vuelta a las cuentas. Otros siguen bordeando el riesgo. A cierre de junio de 2015, el Deportivo de la Coruña «incurre en una de las causas de disolución contempladas en el artículo 363 de la Ley de Sociedades de Capital», explica el auditor. El caso del club gallego merece especial atención. No solo entró en concurso de acreedores desde enero de 2013 y tuvo que pactar un convenio para la devolución de sus deudas (que incluía una quita del 33% y un pago a diecisiete años sin intereses con una carencia de dos años), fue el proceso concursal el que descubrió los defectos y omisiones contables utilizados por el antiguo consejo de administración, con Augusto César Lendoiro al frente, en las cuentas de 2011 y 2012, tal y como consta en las cuentas del registro. Lo que figuraba como equilibrio financiero era en realidad patrimonio negativo.

El saldo de su deuda a finales de la temporada 2014-2015 una vez descontada la quita asciende a 140 millones de euros. La Administración Pública y las entidades financieras renegociaron deudas pero exigiendo garantías a cambio. Según las citadas cuentas, el Dépor tenía comprometidos a comienzos de la presente temporada los ingresos por derechos de imagen; los derechos audiovisuales, televisivos, radiofónicos y digitales; los derechos de la plantilla, así como un embargo preventivo de los ingresos por las competiciones UEFA, los de cesión de jugadores a selecciones nacionales, los ingresos por descenso, los de competiciones oficiales, los inmuebles de la sociedad y tiene en prenda pignoraticia los abonos de la temporada. En las cuentas de 2014/2015 el fondo de maniobra sigue siendo negativo, aunque se ha reducido a 5,4 millones. Esos números rojos se dan «al final de cada temporada» y «se equilibran al principio de la siguiente con los ingresos de las ventas de abonos y los derechos de televisión», explica la información entregada al registro mercantil.

Las condiciones para mantener cierta tranquilidad están claras, «fundamentalmente la permanencia del primer equipo en las categorías profesionales de la Liga». Teniendo esto en cuenta, el equipo reconoce que camina por un campo de minas. Tiene incluso calculado cuánto puede resistir si la cosa se tuerce y desciende de Primera. «La capacidad del Deportivo para atender sus deudas (…) está sujeta al no descenso» y en todo caso a evitar «la permanencia del primer equipo más de tres temporadas en la categoría de Segunda División». La Agencia Tributaria no debe perderse un partido.

Por si acaso, el 7 de marzo de 2014, se firmaba un acuerdo singular de refinanciación de la deuda tributaria con el Dépor que permite «el pago de los créditos privilegiados en un plazo máximo de diez años, con reducción de las cuotas en caso de descenso de categoría y pagos anticipados en caso de ingresos extraordinarios». Las arcas públicas, a ritmo de la competición.

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La deuda con Hacienda

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Hacienda, las diferentes Haciendas de España, dejaron que creciese una inmensa bola de deuda de los clubes de fútbol con las arcas públicas. Cuando vino el boom de los derechos televisivos, cuando los clubes se pusieron a ingresar dinero a espuertas, de lo último que se acordaron muchos fue de pagar a Hacienda. No abonaban las retenciones por IRPF de la plantilla, no pagaban el IVA. Euro que entraba cuando las cosas iban bien se iba a comprar jugadores, a planes para nuevos estadios. Cuando pintaban bastos, el equipo caía de categoría o no lograba la clasificación para Europa, aún menos se atendían los deberes con el fisco.

«Digamos que, durante años, el pago de impuestos no se reclamó con intensidad», comenta José María Mollinedo, secretario general del sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha). «Se suponía que los clubes iban a estar permanentemente ahí porque siempre habría una entidad pública, una diputación, un ayuntamiento o una comunidad autónoma detrás para favorecerlos. Cuando se empieza a restringir esa manga ancha para que las entidades públicas no subvencionen a los clubes, no se recalifiquen los terrenos de los antiguos estadios etc., se genera una falta de acomodo de las corriente de ingresos y pagos a los que se enfrentaban estos clubes».

Durante años, «se les dio un trato favorable que no se daba a ningún otro ciudadano. A cualquiera con una deuda pendiente de pago con Hacienda se le exige una garantía para el aplazamiento. Una garantía tangible, una hipoteca o un aval bancario. A los clubes se les otorgaban los aplazamientos con los derechos audiovisuales como garantía o ingresos que dependían de los resultados deportivos. Si el club era uno de los grandes y quedaba descabalgado de los primeros puestos, los ingresos caían a plomo. Por no hablar de aquellos a los que la situación deportiva les llevaba a descender de categoría. Se arruinaba la garantía», añade Mollinedo.

Y llega la crisis. «Las empresas dejan de anunciarse, de hacer publicidad en los estadios, los acuerdos que se hacen para el reparto de los derechos audiovisuales benefician a los grandes clubes en detrimento de los clubes más modestos», recuerda el portavoz de los técnicos de Hacienda, y entonces esa realidad siempre en el filo entre la gloria y el desastre se encuentra, a finales de 2011, con el paro desbocado en España y el Gobierno subiendo los impuestos del ciudadano de a pie a todo trapo. Como las cifras bailan dependiendo de quién las presente y los parámetros que utilice, Jot Down ha realizado una petición de información a la Agencia Tributaria a través del Portal de Transparencia del Gobierno según la cual, a cierre de 2011, «el importe de la deuda pendiente de los clubes de fútbol que participaban en las ligas de Primera y Segunda división A ascendía a 613 millones de euros».

Teniendo en cuenta, como recuerda la Agencia Tributaria en su respuesta, «que cada año suben y bajan tres o cuatro clubes de cada categoría de acuerdo con su clasificación en la liga, por lo que los datos se refieren a distintos contribuyentes», a 30 de septiembre de 2015 la deuda de Primera y Segunda división A ascendía a 349,7 millones de euros, un 43% menos.

Con la crisis, la deuda del fútbol se volvió socialmente inadmisible y eso explica el cerco a las cuentas de los últimos años, pero hay que reconocer que parte de lo que ha cambiado en el fútbol español, para enhorabuena de Hacienda, ha venido desde fuera. En 2011, con Joseph Blatter aún como presidente, la UEFA puso en marcha el llamado juego limpio financiero (Financial Fair Play Regulations). Los clubes clasificados para disputar competiciones UEFA deben demostrar desde entonces que no tienen deudas: ni con sus jugadores, ni con otros clubes ni con las autoridades tributarias. O diseñar un plan para reducirlas. Sus gastos e ingresos deben buscar el equilibrio o se corre el riesgo de ser excluido de la competición.

Al hilo de esa iniciativa, a finales de enero de 2013 el presidente del Consejo Superior de Deportes, Miguel Cardenal, y el entonces presidente de la Liga de Fútbol Profesional, José Luis Astiazarán, presentaban un nuevo reglamento de control económico de los clubes españoles aplicable ya en la temporada 2013/2014. Objetivo: «La sostenibilidad económico-financiera del fútbol profesional». Arma: la fijación de un límite en el coste de la plantilla deportiva en busca del equilibrio presupuestario.   

«Lo que hicimos fue implantar un control económico que iba más allá del implantado por la UEFA, que no daba los resultados que necesitábamos», explica Javier Gómez, director general corporativo de la Liga de Fútbol Profesional (LFP). «Mientras el suyo era a posteriori, nosotros decidimos controlar a priori a cada sociedad anónima, determinando qué importe podía destinar a plantilla. Eso se calcula teniendo en cuenta las deudas que tienen que pagar. No solo a la Agencia Tributaria. Todas las deudas. El efecto ha sido que, si en la temporada 2011/2012, excluyendo al Real Madrid y al Barcelona, los clubes de primera y segunda perdieron en conjunto 212 millones de euros, en la temporada 2014/2015 han ganado más de 100 millones de euros».

Hacienda también tomó sus medidas, que le costaron unos cuantos rifirrafes más que dialécticos con algunos clubes e incluso la LFP. Para la historia ha quedado la entrevista de El Mundo en agosto de 2014 al presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, en la que este dijo aquello de «me hace gracia cuando hablan de la deuda de 500 millones a Hacienda (refiriéndose a cuanto ascendía en ese momento el pasivo de la totalidad de los clubes) […] Entiendo que Hacienda quiera cobrar y tal y cual, pero que tenga en cuenta también que el fútbol genera un factor social magnífico, que desde septiembre a mayo tenemos entretenida a gran parte del país». Fueron meses de tensión que incluyeron la interposición de una querella por parte de la directora del Departamento de Recaudación de la Agencia Tributaria, Soledad García López, contra el actual presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, por un delito de injurias tras las declaraciones de Tebas al diario As en las que este dijo que el sistema de control económico ya estaba reduciendo la deuda pero que a pesar de ello desde Recaudación se estaban dando «interpretaciones torticeras, arbitrarias y contrarias al derecho» porque «alguien en Hacienda quería liquidar los clubes». Desde la Agencia Tributaria explicarían públicamente las reuniones que estaban manteniendo con los clubes para lograr soluciones a la delicada situación financiera de muchas entidades financieras, agravada tras las Medidas Fiscales y Administrativas para 2013 aprobadas por el Gobierno del Partido Popular que prohibían el aplazamiento de deudas tributarias correspondientes a las retenciones del IRPF.

«Hubo una decisión de la Agencia Tributaria», explica José María Mollinedo, «que afectaba a todos los contribuyentes pero significativamente a los clubes de fútbol. Consistió en no permitir el aplazamiento de las nuevas retenciones por IRPF y esto fue decisivo. Además, como había un compromiso de reducir las deudas de los clubes, fue la Liga la que se empezó a ocupar de retener parte de los derechos audiovisuales o los ingresos procedentes de las quinielas para asignarlos al pago de esas deudas y así se han logrado reducir de esa forma tan significativa en estos años».

Según el último informe al respecto de la Liga de Fútbol Profesional, «para la temporada 2019-2020 se esperan cancelados todos los aplazamientos concedidos, salvo una cantidad residual derivada de la deuda subordinada que se ha visto afectada por concursos de acreedores».

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Objetivo, cobrar

Una de las claves fue apretar al fútbol pero sin ahogar. El objetivo era cobrar. En muchos casos ha funcionado. La Agencia Tributaria concedía al Getafe un aplazamiento en marzo de 2013 de las deudas que el club madrileño terminó de pagar en julio de 2015. El Granada, en concurso de acreedores desde 2011, tuvo que llegar a un acuerdo con las administraciones públicas por sus créditos privilegiados que hoy están totalmente pagados, mientras que aquellos créditos tanto de la Agencia Tributaria como de la Seguridad Social que sí se vieron afectados por la quita del 50% pactada en el convenio de acreedores, se terminan de pagar en la presente temporada. En julio de 2013, la Real Sociedad pagaba de forma anticipada las cuotas pendientes del aplazamiento concedido por la tesorería de la Seguridad Social en junio de 2012 y el 21 de julio de 2014 se declaraba concluso el procedimiento concursal, devolviendo a sus administradores sus facultades de gestión del club, tras cuatro años y medio desde que se firmase el convenio de acreedores.

A pesar de aquellas palabras de Cerezo, si hay un equipo que ha reducido su deuda con Hacienda de forma drástica y ha mejorado su situación financiera, es el Atlético de Madrid. La entrada de Wanda en el capital, con la adquisición del 20% del club, no es ajena a la  mejoría en la estabilidad. Pero la clave de nuevo es la evolución del equipo colchonero en las diferentes competiciones y su participación de forma regular en las ligas europeas. Esa evolución lleva el nombre del entrenador: Diego Pablo Simeone, el Cholo. Lo ocurrido con el Atlético en las últimas temporadas ha permitido reducir el gigantesco lastre que el club llevaba colgado en su balance, buena parte procedente del siglo pasado, de la época de Jesús Gil y de las actas de inspección levantadas en la temporada 2002/2003 correspondientes al IVA, el IRPF y el Impuesto de Sociedades de 1995 a 1999. El club llegó a deber a Hacienda más de 200 millones de euros, cantidad que a cierre del pasado ejercicio había quedado reducida a 60 millones.

Sigue siendo la cantidad más abultada de todos los clubes, pero mientras el equipo vaya bien el dinero traerá más dinero, como ha ocurrido en la pasada temporada con la firma del patrocinio con Plus500 (42,5 millones en cuatro temporadas); Nike (92 millones mínimos hasta la temporada 2025/2026); Coca-Cola y La Caixa, así como la china Huawei. A ello se ha unido la venta centralizada de los derechos de televisión que para el Atleti ha supuesto doblar casi sus ingresos por este concepto en Liga y Copa del Rey.

En el caso del Espanyol, las cosas siguen complicadas, reconocen sus cuentas. Se hizo de todo sin atender correctamente los impuestos y, cuando llegó la crisis, no había dinero al fondo. Al fisco, llegada esta situación, le quedaba pactar si quería recuperar los más de 43 millones que le debía el equipo. «La sociedad obtuvo, con fecha 11 de febrero de 2013, de la Administración Tributaria un nuevo acuerdo de amortización de la deuda con ella mantenida en aquel momento que permite adecuar el cumplimiento de las obligaciones en él contenidas con la generación de excedentes de tesorería». No fue a cambio de nada. El club ha tenido que poner como garantía las fincas de Cornellá de Llobregat y El Prat de Llobregat donde está el Estadio Power8 y la finca de Sant Adrià de Besòs.

El roto a la luz

La Agencia Tributaria publicaba a finales de 2015 el primer listado de deudores con la Hacienda pública. Las condiciones para salir en él eran tener deudas con el fisco superiores al millón de euros y en fase ejecutiva, es decir, no se incluyen las que han sido objeto de pacto con la Agencia Tributaria siempre que se estén cumpliendo los plazos de pago oportunos. De ahí que clubes que mantienen deudas millonarias con las arcas públicas no apareciesen en el listado.

Los que lo hicieron fueron en realidad peor noticia para Hacienda que para los propios deudores. Con la actitud negociadora mostrada por la Agencia Tributaria para cobrar todo lo que fuese posible después de los años de manga ancha y el riesgo de descenso de quien no atendiese los pagos, aparecer en la lista solo podía significar dos cosas: o que la deuda se puede dar por perdida para el fisco o que prácticamente se puede dar por perdida.

Un buen número de los nombres que allí aparecieron se corresponde con clubes que ya ni existen, como es el caso del equipo que mayor deuda en fase ejecutiva presenta: la Unión Deportiva de Salamanca, con 13 millones de euros después de tener ya subastados sus bienes. Igual de irreversibles son los rotos de la Unió Esportiva Lleida (11,4 millones), el Ciudad de Murcia (3,9 millones) y el Alicante Club de Fútbol (1,9 millones). Equipos desaparecidos.

El Xerez, a julio de 2015 (fecha a la que hacía referencia la lista), mantenía una deuda con Hacienda de 10,3 millones de euros difícilmente atendible si se tiene en cuenta que su hundimiento financiero procede del año 2009, cuando cerró un presupuesto de 11 millones de euros para afrontar con alegría su ascenso a Primera División, en la que solo se mantuvo una temporada. De ahí la caída fue en picado, al principio por los resultados y después por los impagos, hasta llegar a Primera Andaluza. A ver quién consigue atender semejante deuda desde allí. El Racing de Santander tampoco va a tener fácil desde Segunda B afrontar los 8,99 millones ya reclamados en fase ejecutiva por la Agencia Tributaria que figuran en el listado de morosos, máxime cuando los problemas de liquidez han vuelto a dejar a los jugadores varios meses sin cobrar.

La tentación de los clubes

¿Existe riesgo de que el fútbol vuelva a las andadas? «El control que hemos implantado está teniendo un éxito rotundo y no vamos a permitir desde la Liga que un club gaste más de lo que genera para sus gastos y para devolver su deuda», asegura Javier Gómez, de la LFP. «Ahora puede haber unos cuantos clubes con problemas todavía pero a 30 de junio de 2019 la Liga de Primera División no solo estará completamente saneada, estará en cabeza a nivel de ratios económico financieros del panorama europeo. No vamos a permitir que los clubes gasten más de lo que pueden generar».

Aun así, con deuda pendiente y la situación financiera muy inestable en algunos clubes, hay señales a las que merece la pena prestar atención. Una de ellas es la reinversión de los beneficios de los traspasos de jugadores en nuevos jugadores, una acción que permite eximirse del pago de impuestos. Un caso a modo de ejemplo: la Real Sociedad pactó con la Diputación Foral de Gipuzkoa que solo está obligada a entregar un 5% de sus ingresos extraordinarios para amortizar el préstamo participativo que le dio la administración pública y que aún asciende a 17 millones de euros. Cuando en julio de 2013 la Real vendió a Asier Illarramendi al Real Madrid por 32,2 millones de euros, la Diputación no dudó en aprobar el plan de reinversión presentado por la Real para acogerse a la exención del pago de impuestos, incluso a pesar de reconocerse que no se iba a cumplir el plazo de tres años máximo que fija la norma para la citada reinversión.

¿A qué iba a destinar el dinero el club? Parte a remodelar el estadio de Anoeta, pero sobre todo a lo que lo destina todo equipo de fútbol cada vez que un euro cae en sus manos: a comprar jugadores. La jugada fue perfecta para el equipo de San Sebastián, porque no hay nada mejor para las cuentas de un club que vender a buen precio un jugador de cantera como era Illarramendi, un activo no adquirido sino creado por el club. La Real no pagó un euro a las arcas públicas por ese ingreso. Al menos sí lo hizo el Real Madrid, que abonó a la Hacienda nacional 6,8 millones en concepto de IVA por la compra del jugador.

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2 comentarios

  1. WalterG

    «El Racing de Santander tampoco va a tener fácil desde Segunda B afrontar los 8,99 millones ya reclamados en fase ejecutiva por la Agencia Tributaria que figuran en el listado de morosos, máxime cuando los problemas de liquidez han vuelto a dejar a los jugadores varios meses sin cobrar.»

    El Racing de Santander ascendió a Segunda División al final de la temporada pasada.

  2. BallsToaster

    El artículo no es actual, es una republicación de la revista Smart en papel (la de los domingos con El País) de junio de 2016… Estaría bien que junto al enlace a la tienda para comprar el ejemplar correspondiente apareciese la fecha original del artículo.

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