
Poco a poco, tanto en Europa como en el resto del mundo, los gobiernos de distintos países están invirtiendo muchísimo esfuerzo y energías en desarrollar tecnologías que consigan seguirle la pista a la pandemia del COVID-19 y poder acabar con ella. Pero ¿eso ocurrirá algún día?
Whatsapp, Telegram, Facebook, Twitter y demás redes sociales ya se están llenando de mensajes que solo buscan la inestabilidad y el miedo. Es el mejor momento para jugar con el temor, y máxime si se trata de una amenaza de la que nos llevan advirtiendo durante mucho tiempo: el estado de vigilancia permanente en el que nadie podrá moverse sin que sea permanentemente vigilado.
En el que todas las decisiones que afectan a nuestra vida dependerá de lo que el resultado de esa vigilancia permanente decida.
Billones de euros han sido y están siendo invertidos en esta industria tecnológica que está haciendo que solo unas pocas organizaciones salgan beneficiadas, aumentando la discriminación y la desigualdad, al tiempo que nos venden el volver a sentirnos seguros. Y picaremos.
Y, realmente, lo que queremos es sentir seguridad en todos y cada uno de los escenarios de nuestras vidas. Queremos que nuestras familias estén sanas, queremos mantener nuestro puesto de trabajo, y sentirnos seguros en él. Queremos disfrutar de una vida social de una forma segura, poder estar rodeados de gente, poder tocarnos, decirnos secretos al oído, acceder a espacios y permanecer en ellos de forma segura. Queremos ir por la calle tranquilos. Ir al supermercado sin sobresaltos. Queremos disfrutar de nuestra vida de una manera segura y, al mismo tiempo, no ser discriminados, señalados, estigmatizados o rechazados.
Queremos vivir seguros y en libertad.
Es justo en este momento en el que, en todos los escenarios de nuestra vida, aparecerá la seguridad en forma de tecnología para salvarnos, para hacernos recuperar nuestro trabajo, para poder mantener a nuestras familias sanas, y poder volver a celebrar los cumpleaños y las fiestas en las casas de nuestros amigos. Pero, cuidado. Es una mera ilusión.
Desde el año 2007, en el que ciertas innovaciones acaecidas en Silicon Valley se produjeron y que dieron lugar al Big Data, la tecnología no ha hecho otra cosa que ofrecernos nuevos productos y servicios que han simplificado nuestra vida. No solo eso, han hecho nuestra vida mucho más excitante.
Airbnb nos permitió la magia de prescindir de hoteles y empezar a hospedarnos en las casas y apartamentos que habíamos soñado tener para pasar nuestras vacaciones. Tinder nos dio la oportunidad de buscar y encontrar chicas y chicos con los que ligar y que estaban a unos metros a la redonda. Uber vivir la experiencia de viajar en coches privados sin tener que hacer colas en las paradas. Amazon nos permitía comprar cualquier cosa en cualquier parte del mundo desde casa. Con Netflix teníamos el cine en casa. Con Whatsapp pudimos chatear gratis sin tener que pagar cada SMS, mandar audios, y hacer videollamadas. Ya no era posible dar marcha atrás. La vida se había convertido en una toda una experiencia emocionante a través de servicios tecnológicos increíblemente innovadores. Y esto solo acababa de empezar.
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Observación/petición estúpida, lo sé, pero ¿podríais reemplazar la figura 1 para que tenga más resolución? Para ser la conclusión, presenta una calidad visual de lo más pobre.
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Es cierto estas consideraciones