The Last Dance: el puro, el bate y Michael Jordan

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The Last Dance. Imagen: Netflix

Cuando comenzó la emisión del estupendo documental The Last Dance se asumía que la secuencia clave iba a ser el último minuto del sexto partido de la final de 1998. Rodada con una combinación de imágenes de archivo, entrevistas de actualidad y metraje inédito grabado dentro de la intimidad de la plantilla en la temporada 1997-1998 (la llamada «el último baile» que da nombre a la serie), en realidad no ha aportado mucho a lo que ya sabía la mayoría de seguidores de la NBA de los ochenta y noventa… aparte, eso sí, de inundarnos de nostalgia y de comprobar cómo ha tratado el tiempo a algunos entrevistados, como la sensata madurez de B. J. Armstrong o Toni Kukoc y el pacto con el diablo de Carmen Electra, pasando por el preocupante color de ojos de Michael Jordan o el formidable tono de negro del pelo de Scottie Pippen, y dejando en el aire cuestiones como por qué se está transformando Dennis Rodman en Paco Clavel o si los hombros de Phil Jackson los ha diseñado Volvo.

Aunque en especial en los primeros capítulos se entraba en detalle en otros elementos clave del éxito de los Bulls (como Pippen o Rodman), a medida que se iba desarrollando la serie fuimos descubriendo que el enfoque de la misma gravitaba, como sospechábamos, en torno a Jordan. En fin, es ridículo entrar en la polémica sobre los destripes porque hace ya más de diez años de aquello y copó portadas y muchos minutos en los medios, así que todos sabemos ya lo que hizo Jordan en toda su carrera, en especial durante la temporada 97-98 y, en concreto, en los últimos segundos de la final. Pero eso es la punta del iceberg: bajo esa finta a Bryon Russell y el tiro en suspensión con pose para la historia se encuentra una mole monolítica de mentalidad ganadora que coquetea con la psicopatía. Y esa característica queda reflejada a la perfección con una sola escena de todo el metraje, incluida en el episodio VIII. Es reveladora, cinematográfica, por momentos da la sensación de estar guionizada, pero es imposible que lo sea porque cualquiera que haya visto Space Jam sabe que las habilidades actorales de Jordan, a diferencia de las baloncestísticas, son terrenales.

The Last Dance: La Escena. Imagen: Netflix

La secuencia en concreto tiene lugar el día después de que Charlotte Hornets empatara la serie a 1 en la primera ronda de playoff de la temporada 97-98. Jordan está en el vestuario, con ropa de entrenamiento, jugueteando con un bate de béisbol, silbando y con un tremendo puro entre sus dedos. En mitad de uno de los hitos deportivos mundiales de cada año, el en aquel momento ya indiscutible mejor baloncestista de todos los tiempos está fumando en vestuario justo antes (o después, no está situado temporalmente) de una sesión preparatoria. Uno de los reporteros que han conseguido el permiso para grabar a los Bulls durante ese año pregunta al escolta:

—¿Estás cabreado por lo de anoche?

—¿Por qué? ¿Debería?

MJ intenta disimular con una sonrisa, quitarle importancia. No lo consigue. Su lenguaje corporal está diciendo «te reviento con el bate; te piso el cuello, hijo de puta», pero su boca murmura:

—Perdimos un partido, nada más.

Añade:

—Mañana entraremos a matar. No pasa nada.

Y pone cara de psicópata; a pesar de transmitir cierta contrariedad, también parece estar encantado con esta situación. Frunce el ceño. Aferra el bate con las dos manos, lo balancea. Comienza a reflexionar en voz alta, iniciando un monólogo que deja ver su filosofía al respecto:

—Veremos si nos vacilan cuando estemos los dos cero a cero en lugar de ellos llevándonos ventaja. Ahí es donde empieza.

Sin dejar de balancear el bate, dice:

—Así demuestras lo que vales, si vacilas cuando estáis empatados. O cuando vas perdiendo. Cuando vas ganando es más fácil hablar.

Vuelve a sonreír. Sopesa el bate. Está macerando la rabia. Sabe que va a acabar con ellos. Todos sabemos que va a acabar con ellos. Fin de la escena.

La obsesión competitiva de Jordan se ha reflejado en numerosas ocasiones en el documental (otra escena inédita muy elocuente es la repetida apuesta con un miembro de seguridad a ver quién deja la moneda más cerca de la pared), pero esta vez es la más visual. Casi se adivina el mecanismo mental de un competidor enfermizo, de qué maneras busca motivarse. Hemos visto algunas de ellas, como crear afrentas inexistentes (el «buen partido, Mike» que supuestamente le dijo LaBradford Smith pero resulta que se lo inventó) o nimias («George Karl no me saludó en un restaurante»). A muchos ha sorprendido esta faceta, como si no la hubieran detectado hasta ahora. Hay infinidad de anécdotas aparte de las incluidas en The Last Dance: durante la universidad perdió una partida al billar con un entrenador y se marchó cabreado gritando que la mesa no era reglamentaria (en una entrevista, veinticinco años más tarde, lo recordaba perfectamente y recalcaba que después le ganó varias partidas).

También se ha podido constatar que era tan tenaz en su afán por ganar que la exigencia rozaba el límite de la humillación a sus propios compañeros. Por ejemplo, durante su etapa en North Carolina apuntaba en una pizarra del vestuario, en una lista con todos los jugadores, las veces que machacaba por encima de ellos. ¿Alguien imagina trabajo más ingrato que ser el escolta suplente de los Bulls durante el reinado de Jordan? No solo tus minutos de juego serían muy escasos, sino que en los entrenamientos tienes que defender al mejor jugador del mundo… y también es él quien te defiende a ti cuanto tú atacas. Incluso esta forma de afrontar la competición caló en todo su entorno y se potenciaba en sus anuncios publicitarios («Dime que estoy viejo. Dime que ya no puedo volar»). También es verdad que se puede haber diluido en la memoria porque Nike extendió este tipo de eslóganes de manera artificial y que chocaba ver, con el mismo espíritu, a Iván de la Peña diciendo «si yo juego en él, el partido es mío». No, no es lo mismo.

¿Cómo un chaval de Wilmington, Carolina del Norte, que nunca había estado en Chicago, consiguió que «el circo ambulante de cocaína» que eran los Bulls a principios de los ochenta se convirtiera en una máquina de ganar con seis títulos en ocho años? Es decir, ¿cuál fue de verdad la «cerilla para prender todo ese fuego»? El origen de esa competitividad se intuye en la serie. No hace falta ser muy perspicaz para detectar que la relación con su padre le marcó muy profundamente. Para mal, incluso. Sin ir más lejos, hasta el gesto de sacar la lengua mientras jugaba fue heredado o más bien copiado a su padre, quien lo hacía cuando trasteaba con las herramientas. James Jordan contaba que cuando Michael era un niño le mandaba literalmente a la cocina con las mujeres porque era muy poco habilidoso en los trabajos manuales y chapuzas domésticas. Ser el cuarto hijo de cinco, el menor varón, y con esa imagen que tenía su padre sobre él daría para desarrollar al menos dos actos de un drama griego.

La forma de destacar y atraer la atención de su progenitor fue el deporte, tanto dentro del hogar (jugando en la canasta del patio trasero contra su hermano Larry, uno de los que le robaba la atención de su progenitor) como fuera del mismo, primero en el béisbol durante su etapa escolar y después en el baloncesto. Es decir, un ámbito en el que poder hacer sentirse orgulloso a su padre ya que no opinaba lo mismo de sus habilidades «masculinas«. Y vaya si lo hizo. En todos sus triunfos ahí estaba al lado James. Durante cada una de las celebraciones del primer three-peat había dos constantes en las imágenes de Jordan en esos momentos: el puro y su padre. Tras su muerte, y si asumimos la versión oficial, MJ dejó el baloncesto para jugar al béisbol, su primera pasión competitiva… y el deporte favorito de su padre. Ya le había comentado en vida que lo haría, pero tras el asesinato de James se antoja una obligación moral para un hijo que expresaba una devoción sin límite por su padre. Fue una presencia apabullante en la vida de Jordan, condicionando fuertemente su personalidad desde la infancia, apoyándose en él durante toda su carrera y teniéndolo presente siempre, en especial durante la consecución del cuarto anillo en el día del padre, rompiendo a llorar desconsoladamente en el suelo del vestuario.

El puro como emblema de la victoria, el bate de béisbol como el símbolo de la influencia de su padre y Michael Jordan compartiendo sus ideas competitivas y métodos para motivarse. Todo estaba en esa escena. Un documental extraordinario para poder admirar, una vez más, al mejor y más plástico competidor de la historia del baloncesto.

Cómo que «competidor». Imagen: Netflix

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38 Comentarios

  1. Un documental fantástico, una joya para los que mamamos el basket NBA con parabólicas rudimentarias!! MJ marcó el camino de la NBA y del circo mediático que supuso.

  2. Más miedo que Negan da en ese vídeo. Lástima que no encontrara un némesis de su generación a su altura y que el único con capacidad para montar una alternativa de poder se fue antes de tiempo por enfermedad.

    • Yo creo que Petrovic era el que estaba destinado a ser su némesis: estaba tan enfermo y obsesionado con la victoria como Jordan, puede que incluso más. No digo que Drazen le hubiese derrotado; pero si los Nets hubiesen acompañado, estoy seguro de que hubiese sido el archirival de Michael de la segunda mitad de los 90.

      • Me refería a Magic, que terminó su última temporada con 31 años y en los últimos cinco había sido MVP tres veces en el 87, 89 y 90 (dos Jordan, 88 y 91). Y digo montar una alternativa porque si bien Jordan a nivel individual y sobre todo anotador seguiría siendo el mejor, Magic también era más competitivo que nadie y seguro que hubiera buscado y presionado a los Lakers para conseguir un equipo potente que enfrentase con garantías a los Bulls e intentar la revancha del 91, en la que lo peor que les pudo pasar a los Lakers fue ganar el primer partido y despertar a la bestia mientras creían que los Bulls pagarían el pato de ser nuevos en las finales. Todo son conjeturas pero su presencia seguro que hubiera influido en el resultado de las siguientes temporadas, porque Magic jugaba solo para ganar (9 finales en 12 años).

        Petrovic (DEP) daba completamente el perfil (como un Sabonis sano ante Shaq), más tras su explosión del 92 (tras su marginal paso por los Blazers) y los juegos olímpicos (máximo anotador de la final) pero para mi el bajón que tuvo en los playoffs de 1993, su momento para explotar definitivamente en la NBA, lo desacreditó para ser alguien que pretendía mirar a Jordan de tu a tu. El pobre murió ese verano (DEP).

        • De hecho eso que comentas se ve perfectamente en los partidos de preparación del Dream Team donde se ve a Magic que le carcome la necesidad de enfrentarse a Jordan y ganarle. Muchos hablan de la dinastía de los Bulls pero los Lakers de Magic no iban muy atrás y quién sabe que hubiera pasado si el VIH no se hubiera cruzado.

  3. Y recordad, niños: el secreto para triunfar en la vida es tener un padre cabrón que te humille durante tu infancia. Ahí tenemos los ejemplos de Johnny Cash. Michael Jackson, Walt Disney, Michael Jordan, Little Richard…

  4. A medida que iban pasando los capítulos he ido perdiendo interés quizá porque conocía mejor la historia, pero me ha gustado. Coincido en la escena del bate y puro como resumen.
    La uno a la escena del piano, como una explicación a vivir el momento que explica parcialmente el carácter de MJ, unido a una especie de búsqueda permanente de adversario y un objetivo lejano, pero fijo. Siempre me resistí a dejar a Magic como mejor jugador que había visto, pero cuando los anillos empezaron a engarzarse….y de esa manera… ya no pude negar la evidencia.
    Muy bien explicada su comprensión natural a que no podía ganar el solo, siempre me he fascinado el por que lo entendió. El documental lo explica muy bien

  5. Siempre Magic fue mi favorito y los Lakers mi equipo, primero odie a los Celtics y a Bird y luego a Jordan y a los Bulls. Consideraba a Jordan un chupon y un chulo. Pero con la madurez asumí que Jordan fue y sigue siendo el mejor de la historia (me descojono con el debate sobre Jordan o Lebron, que no le llega a la suela de los zapatos). Es buenísima la parte del documental cuando Bird yMagic dicen, cuando todavía los Bulls ni se acercaban a ganar un campeonato, que Jordan es el mejor jugador de la NBA. Que grandes Magic y Bird. Para mi el top 3 de la historia.

  6. Claro que hay omisiones que hubieran enriquecido el documental, como su ex esposa, la nueva pareja, Malone, algún ex Piston más etc. Pero supongo que no han querido y Jordan además es productor, con lo que tiene derecho de veto. En cualquier caso es un documento excelente, imperdible, donde queda claro que no hizo muchos amigos. Pero para ser el mejor en un deporte de equipo tienes que ser un tirano. Además, él mismo lo dice y lo reconocen el resto de compañeros: «Nunca pedí nada que yo mismo no estuviera dispuesto a hacer». Curiosamente el último episodio es el peor, con los últimos 15 minutos de relleno. Los mejores, 5,6 y 9, siendo muy alto el nivel global.

  7. El documental es genial pero a mi me deja la sensacion, mayor si cabe, de que Jordan en esta epoca promediaria 50 puntos y 15 asistencias por partido al final de la temporada facil. Es que los numeros que hacia con unas defensas en las que raro era el partido que se llegase a 100 puntos, muchos de ellos en torno a los 70-75 que esta temporada se meten al descanso.

    • Totalmente de acuerdo. Y habría entrenado el triple y el step back de manera obsesiva. Y habría sacado ventajas de los cambios de reglas en defensa y demás. Su (enfermiza) mentalidad competiva le hubiera hecho triunfar en los 60, en los 90 o ahora…

  8. Me ha encantado. Sin ser seguidor del baloncesto, y creyendo conocer algo de MJ, he visto como llego a formarse un ídolo, la psicología patológica de un fuera de serie, el espíritu de un equipo que lo ganaba todo, y su influencia sobre toda la sociedad norteamericana. Diez horas que nos muestra como se va formando una cultura desde un personaje único y que ha llegado a todo el mundo occidental. Habrá otras historias pero no como esta. Irrepetible. Cada cosa tenía su lugar.

  9. Si os ha gustado «The Last Dance», os recomiendo que deis una vuelta de tuerca más a esos Bulls de los 80-90 y leáis el polémico –inmerecidamente polémico– libro «The Jordan Rules» de Sam Smith, ese hombre de bigotito blanco y continua gesticulación que aparece en ocasiones en el documental. Ahí sí que no hay favoritismos hacia Jordan y, de hecho y si las malas lenguas no se equivocan, «mister 23» continúa negándose a leerlo después de todos estos años.

    Y es una actitud necia porque la exposición de las miserias de Michael Jordan no emborronan su figura sino que la engrandecen. No hay nada más falso y artificial que el «role model», el deportista o artista sin mácula, la perfección encarnada y las historias Disney. Para alcanzar la cima tienes que pisar el cuello de tus competidores, no hay otra. Y para ser el mejor escalador de cimas de la historia, en un juego de equipo, has de exigirte excelencia y exigírsela a tus compañeros, por las buenas o por las malas. La NBA, la de antes del infausto –y divertidísimo– «Malice at the Palace», era una selva donde, si no comías, te comían. Y si no lo sabías, Thomas, Laimbeer y Rodman, o los Knicks de los 90, se encargaban de que lo aprendieras. A base de hostias.

    A mi juicio, lo único realmente repugnante que hizo Jordan a lo largo de su carrera fue el bullying a Jerry Krause cual matón de instituto. Todo lo demás no es más que reflejo de una competitivad y una cabezonería obsesivas que fueron a la vez clave de su éxito y talón de Aquiles, léase problemas con su adicción a las apuestas o aventuras estrafalarias en el béisbol profesional.

    Y ya es hora de ir dejando las comparaciones con los lebrones, curries y hardens de turno. El baloncesto actual tiene tanto en común con el del siglo XX como el rugby con el fútbol americano: la forma de la pelota y poco más. De hecho, lo de ahora no debería llamarse «basketball» sino «allstarsball», porque es como un All Stars Weekend ampliado a 82(+playoffs) partidos: mates, triples y ausencia de defensa. El pasatiempo perfecto para una generación enfermizamente adicta a los estímulos continuos.

    Jordan aparte, dos momentos para las carcajadas: el «kamikaze» de Rodman mirando de reojo a la cámara y la cara de poker de Larry Bird mientras toda Indiana se volvía loca tras aquel increible triple de Reggie. Qué dos personajes irrepetibles también, esos dos.

  10. Cuarentones y cincuentones ensalzando el baloncesto de los ochenta(del que apenas tienen un recuerdo ya que si lo hubiesen revisionado en Youtube probablemente no lo elogiarían con tanta firmeza) y despreciando el baloncesto actual.Quien lo iba a pensar.

    El documental es un producto mas de ESPN.Magníficas imágenes y montaje,destinados a entretenerte y emocionarte.Ya lo de la fidelidad y objetividad a los hechos ,lo de ofrecer diferentes puntos de vista y lo de ser crítico con los errores del protagonista ,mejor en otro momento.

    • Cualquiera que vea el documental, por mucho sesgo que tenga, llega a la evidente conclusión de que Jordan era un cabronazo. Si faltan testimonios no solo es por el derecho de veto de Jordan, también se negaron a participar, por ejemplo Malone. Más allá de este y Juanita, ¿a quién echas de menos? De los Bad Boys supongo que también se negaron salvo Thomas. En fin, siempre hay cosas que criticar, pero ello no le resta valor. Es un documental estupendo.

      • Es un cabronazo no porque es un cabrón.Es un cabronazo porque sólo siendo un cabronazo les hará ganar.Eso es lo que transmite el documetal.Es un cabrón pero por su bien.Cualquiera que se haya leído alguna de las buenas biografías que van por ahí de Jordan sabe que eso no es cierto.En ese sentido poca crítica hay hacia el protagonista en «The last game».
        ¿A quién echo de menos?.Pues un poco más de las opiniones y los puntos de vista de sus más acérrimos rivales.Especialmente la versión (obviamente no en primera persona) de Jerry Krause,al que en los primeros capítulos se le reparte cera de lo lindo y se le hace un simple comentario redentor en el último.
        Por no hablar de ese final a lo Disney que tampoco tiene nada que ver con la realidad(Las relaciones de Jordan con la mayoría de sus ex-compañeros son bastante mejorables)
        El documental es entretenido,superficial y visualmente atractivo,cómo suele hacer quien lo realiza.Pero informativamente,vuelvo a repetir,es flojo ya que ese no es el objetivo del mismo.

        • En el deporte profesional (o hiperprofesional desde hace tiempo ya), para ser el mejor en un deporte de equipo tienes que ser un tirano. Es incompatible el buenismo y con la competitividad y sacrificio extremos que exige grabar tu nombre con letras de oro en los libros de historia. Ahí están los ejemplos de Di Stefano, Messi, Pelé etc. que no eran (son) hermanitas de la caridad con sus compañeros. Jerry Krause queda retratado como un magnífico mánager y en lo personal, su figura crece por al desprecio recurrente de Jordan y Pippen. Coincido en que lo peor del documental es la parte de la pira espiritual que cuenta Kerr, una concesión «Coelhiana» muy acorde a la forma de pensar de Phil Jackson, que también es un tipo muy complejo. Hay un momento en que Will Perdue dice literalmente, que «Jordan era un gilipollas, un imbécil etc…pero haciendo balance era lo necesario para conseguir lo que conseguimos». Las relaciones de Jordan no es que sean mejorables como mencionas, es que el documental desprende que eran pésimas. Esa es la grandeza de «The Last Dance», huir de la hagiografía para retratar a un héroe griego, un mito, lleno de aristas y contradicciones cuya mayor virtud es haber sido el mejor deportista de la historia, y cuyo mayor defecto el haber sido una mala persona, no muy diferente a cualquiera en cualquier ámbito laboral que ostente una posición dominante.

          • Si el último capítulo del documental no te parece hagiográfico …
            De los nombres que mencionas no equipararía el nivel de tiranía de Jordan con el que ellos ejercen o ejercieron.Para nada es incompatible no ser un dictador (lo del término despectivo «buenismo» lo dejamos para otro momento) con ser una estrella.Ahí está el caso de Lebrón James sin necesidad de cambiar de deporte,no le hace falta ser un santo para que sus compañeros no hablen pestes de él.Y otras mega estrellas de la NBA cuyo recuerdo por parte de sus ex-compañeros es bastante bueno(Bird,Magic).Tan sólo equipararía a Jordan en ese sentido con Kobe Bryant,su imitador confeso.
            Por no hablar de la faceta rencorosa y ególatra de Jordan.Pienso que ahí si el documental deja lo suficientemente claro lo resentido que puede ser.Algún detalle hay para evitar que la loa sea completa,es cierto.
            Ya me explicarás en que parte del documental crece la figura de Jerry Krause(salvo el comentario final que he mencionado antes) que me lo he perdido.
            No,»the last dance» no huye de la hagiografía.Tiene momentos y detalles que no lo convierten en un panfleto.Pero hagiográfico es un rato.

            • Cualquiera con un mínimo de capacidad deductiva llega a la conclusión de que Jerry Krause es maltratado y por ello gana enteros su valoración, porque no tiene quien lo defienda salvo unos mínimos apuntes.
              No sé cómo es LeBron James, supongo que cuando se haga un documental suyo (si no se ha hecho ya) aflorarán aspectos negativos. Pero el carácter de Jordan tiene que ver con la autoexigencia y competitividad extrema que se impuso, aparte de aspectos personales como la muerte de su padre o las distintas fricciones que tuvo con jugadores rivales en una época de la NBA donde se daban hostias hasta en el carné de identidad, muy diferente a lo que pasa desde el cambio de siglo. Cuando mencionas lo resentido y ególatra que es Jordan indirectamente confirmas que no es una hagiografía, de lo contrario no se hubieran incluido esos pasajes. Es más, hasta trolea a Gary Payton descojonándose de él cuando le enseñan unas declaraciones en las que minimiza la importancia que se atribuía el de los Supersónics al marcarle.
              Y sí, creo que para ser el mejor en algo que implique trabajar en equipo, necesariamente hay que ser un dictador. Ponme más de contraejemplo que invalide mi afirmación.

  11. Claro,te he dicho que ese detalle del rencor y algunos mas impiden que sea una hagiografía total pero que el tono del documental es hagiográfico en su mayoria.
    Lo que dices de Jerry Krause no tiene ni pies ni cabeza.Es decir,lo humillan,y como no lo siguen humillando(aunque no se diga una buena palabra de él hasta casi el final) su valoración gana enteros a lo largo del documental
    No tengo que ponerte contraejemplos de nada,ya te he citado unos cuantos dentro del baloncesto,los hay a puñados en otros deportes(Indurain,Maradona…dictadores?,) ,más bien ponme tu ejemplos de tiranos en deportes de equipo a nivel de Jordan.Tiranos que humillasen con la sarna que él hizo a muchos de sus compañeros.Que no se muestre,si no en una pequeña parte,eso en el documental casi que valida mi argumento de hagiografía al uso.

    • La valoración de Krause gana enteros por contraste. Dudo de que haya alguien que viendo el documental no llegue a la conclusión de que fue injustamente tratado. ¿Induráin? No lo sé, las dinámicas del ciclismo, pese a ser un deporte de equipo, no tienen mucho que ver con el fútbol o el baloncesto. Jean Fran¢oise Bernard no creo que guarde buen recuerdo suyo por haber estado a su servicio cuando tenía suficiente entidad para liderar otro equipo y haber ganado alguna gran ronda. ¿Maradona? Recuerdo haber visto un reportaje del mundial de México 86 y no era Atticus Finch precisamente. ¿Bird y Johnson? Seguro que fueron buenos compañeros pero, ¿quién ha sido el más grande? Ahí veo la diferencia, que para ser el más grande tienes que llevar al límite a tus compañeros y sacar de ellos cualidades que ni sabían que atesoraban. En el caso de Jordan hay una relación causa efecto entre ser un cabrón y el mejor deportista de la historia. Hablamos del #1, no uno de los mejores, y en mi opinión hubiera sido imposible llegar a eso sin esa personalidad enfermiza, obsesiva y dictatorial.

      • Jean François Bernard está acabadísimo para las grandes vueltas cuando va a Banesto.Mejor otro ejemplo para demostrar lo «cabrón» que era Indurain.
        Por favor,Maradona,exigiendo entrega máxima a sus compañeros,siendo él el primero en dar ejemplo…Maradona.Dieguito sólo daría gritos para que le pasaran la farlopa.
        Claro que no sería Atticus Finch,pero tu estás diciendo que tienes que ser un tirano para ser el mejor, y yo te pongo ejemplos de gente que ha sido y es la mejor en lo suyo sin ser un tirano como Jordan.Y no hace falta ni cambiar de deporte, Kareem,Magic,Bird,Chamberlain…fueron los mejores de su época y no tienen la reputación entre sus compañeros que tiene Jordan.Ser «el mas grande» no tiene que ver nada.Es una excusa que pones para justificar que Jordan era un capullo integral.

    • Los Lakers y los Celtics ya eran franquicias respetadas, con solera. Jordan convirtió a los Bulls, una mediocre franquicia a la que ganaba en asistencia hasta el equipo de soccer femenino de Chicago, en un equipo de leyenda en la era donde el deporte ya estaba hiper profesionalizado y la competencia era extrema, a diferencia de los Lakers de los años 50 o los Celtics de los 60. Los Bulls pueden disputar a esas franquicias la primacía por el mejor equipo de la historia, y eso lo hizo, principalmente, Jordan.

      • Claro,pero es que era un extraordinario jugador.Eso en ningún momento lo he puesto en duda(ni creo que nadie lo haga por un instante).Pero no hablabamos de eso

  12. Si que hay un tío que llegó(e incluso superó) a Jordan en nivel de haterismo a sus compis.Van a emitir un documental sobre él,espero que mejor que este: Lance Armstrong.

  13. Concuerdo con Pep en su disputa con Dani: ni por asomo hace falta ser un tirano para ser el mejor en cualquier actividad, creo que puso ejemplo más que sobrados. Y, obviamente, hablo de ser el mejor en una época porque las comparaciones intergeneracionales para hallar a números uno de la historia son bastante absurdas en deportes de equipo: nunca llevan a nada, la objetividad real, además, se hace insostenible.

    Se pueden manejar datos y llevarlos a la comparación, pero nunca resolverán el conflicto. Un ejemplo, ¿Messi es mejor que Maradona debido a su poco discutible mayor regularidad en su carrera? ¿O Maradona mejor que Messi porque alcanzó, en la competición más importante, el Mundial, el pico de rendimiento e incidencia jamás lograda por un futbolista? ¿O Pelé porque tiene tres Mundiales y brilló al lado de astros -tan buenos, por cierto, como él- que no apagaron ni minimizaron su fulgor? ¿O Meazza que ganó dos Mundiales seguidos, uno el de su patria, pero cuatro años después, sin esas «ayudas locales» lo volvió a lograr y jugaban en campos ultrairregulares que eran como de labranza, con balones casi medicinales -sobre todo si llovía- y unas botas que era como llevar pesos en los pies y, además, no había cambios?

    Todas las estrellas habidas y por haber están jalonadas de victorias y derrotas, de méritos y deméritos… y, ojo, que para mí Maradona es el mejor de la historia y soy de una época posterior, no viví su apogeo, a lo sumo, sus rescoldos lejanos. Y lo puedo argumentar, razonay y objetivar, pero no demostrar objetiva y científicamente. Y no, no era un tirano ni por asomo: discusiones en el campo las hay en todos los deportes de equipo, es más, son necesarias para corregir errores «in situ» e incluso para motivarse grupalmente. Y en el 86 no hay más que ver vídeos de exjugadores de aquel plantel para desmontar cualquier atisbo de tiranía: Ruggeri, por ejemplo, cuando dice que actualmente los jugadores jóvenes de Argentina en la selección deben «bajar a Messi del póster de ídolo», refiere que aquel grupo no tenía a Maradona en ningún altar, al contrario, lo «puteaban» bastante, como a uno más. No niega que fuera «líder», obviamente, lo era, pero líder positivo, de los que aúnaban, agrupaban y no masacraban para motivar al resto y llevarlos a su mejor nivel.

    En baloncesto, que conozco menos, supongo que será algo parecido, ¿cómo comparar épocas donde había mayor contacto o permisividad o no había tiros de 3 -con la dificultad que entraña despegarse en el marcador de 2 en 2- con otras donde sí lo había? No se puede menospreciar o minusvalorar a Russell y sus Celtics que asolaron la NBA y casi era imposible toserles porque, en ese momento, eran poco menos que invencibles y sus rivales tampoco eran mancos: ni antes ni después se logró una marca semejante; los cito por poner un ejemplo concreto e ilustrativo.

    Y, por último, volviendo al inicio, al meollo de la cuestión, aclaro que no vi el documental de Jordan, pero en cuanto a la necesidad de ser «tirano» para ser el mejor y que lo sea tu equipo -porque sin el equipo no hay Jordan ni Maradona ni Messi ni Russell que valgan-, lo niego en absoluto. Que alguien como Jordan lo fuera -según parece- y lograra vencer en seis ocasiones no prueba nada, creo que perdió antes del 91 y en su regreso a Wizards más campeonatos de los que ganó y no creo que fuera menos tirano. Y, personalmente, dudo que ganará dos tripletes seguidos, con ese mismo equipo, en los años 80, por ejemplo, aunque esto ya es historia-ficción.

    No dudo que Jordan fuera el mejor, en su época lo fue, pero también perdió, como toda estrella de cualquier tiempo, y su tiranía no le sirvió cuando perdió. Si se suma que en otros deportes de equipo (yo menciono uno, pero habría que ver en otros deportes: balonmano, rugby, balonvolea…) tiranía no equivale de forma generalizada a triunfo ni a ser la más alta cima, creo que la conclusión es sencilla: los liderazgos tiranos no son necesarios para alcanzar la victoria ni la cumbre más alta de ninguna actividad e, incluso me atrevería a afirmar lo contrario: el camino más corto para la victoria son los liderazgos positivos, agrupadores y lo más colectivos posible; al fin y al cabo, son deportes de equipo y no parece sensato -ni demostrado- que sea desde lo individual, y menos desde la imposición o la coerción, desde donde se logren los mejores resultados.

    La falta de «tiranía» no equivale a relajamiento o incapacidad de superación, solo desde el convencimiento individual y colectivo y desde la motivación nacida de ese convencimiento se puede lograr la mejoría y estar en las mejores y más cercanas condiciones -que no garantías: esas no existen- para lograr triunfos.

    Saludos.

    • La tiranía lleva a la máxima exigencia cuando el tirano está dispuesto a hacer los mismos sacrificios que exige a sus subordinados. Y repito, hablamos del mejor deportista de la historia, no uno de los mejores, el primus inter pares. Parece haber bastante consenso al respecto de ello.

      • Discrepo en varios puntos.

        Lo primero, la afirmación «La tiranía lleva a la máxima exigencia» me parece bastante gratuita, en el sentido de que no contiene detrás nada que la avale, es una mera impresión, lícita, pero una impresión. Como afirmación es muy discutible, pues cualquier persona en su propia experiencia lo puede constatar y lo explicaré. Es obvio que Jordan era un líder y, además, el más dotado como baloncestista -en su época, claramente y en la historia, de los más talentosos sin duda. Lo del mejor ya comenté que me parece poco objetivo sostenerlo para cualquier deporte, aunque las preferencias subjetivas son siempre lícitas y, en todo caso, entre gigantes, las diferencias son de «microdécimas», por así decirlo [ejemplo: si Maradona lo considero un 10, Messi es un 9,99…, Puskás un 9,99998, etc. – y en baloncesto supongo que pasará algo similar].

        Como decía, cualquier persona puede constatar que si detrás de un liderazgo se esconden formas y actitudes tiránicas (humillaciones, desplantes, menosprecios…), es muy dudoso que exista o irradie de ahí ningún tipo de inspiración para la «persona liderada o subordinada», entendiendo en el caso de Jordan que sus compañeros eran sus subordinados en cuanto al talento (aún así, y aunque yo de baloncesto no controlo mucho, vi algún partido de Kukoc con Yugoslavia en el Europeo de 1991, los echaron en Teledeporte esta cuarentena, y era un subordinado, cuanto menos, absolutamente genial y lleno de talento, igual que Pippen, o Rodman para defender). Que en el caso de aquellos Bulls funcionara ese liderazgo en cuanto a que ganaron, puede ser cierto, ahora, extrapolar esa experiencia, que me parece muy particular y un caso de excepción, a algo general sobre la validez de liderazgos tiránicos creo que no se puede sostener con rigor.

        Ni siquiera funciona en el caso de Jordan en el global de su carrera, pues jugó 15 temporadas y ganó 6 veces, menos de la mitad y cuando ganó tenía un equipazo detrás, aunque él, insisto que no hay duda, era el mejor sobradamente de su equipo (eso no es motivo de discusión).

        Por tanto, asociar como relación de causalidad liderazgo tiránico con triunfo o máximo nivel de exigencia, por mucho que el tirano sea el más sacrificado individualmente, no es cierto. Si en algún caso concreto, esa tiranía alcanza el triunfo o logra altos niveles de ejecución, es una excepción y es el camino más complicado.

        Es más factible lograr un alto nivel de exigencia colectiva desde un liderazgo positivo que irradie y contagie las ganas de superarse y de autoexigirse (si la figura líder se esfuerza, el resto se va a intentar poner a su altura de forma natural y por imitación o admirción porque de otra forma verán en su experiencia que no van a lograr nada), que desde uno que degrade a compañeros que, insisto, necesita obligadamente en un deporte colectivo: sin tus compañeros no eres nada, como Jordan pudo comprobar en 9 de sus 15 campañas en la NBA.

        Por último, disiento también en otras dos afirmaciones: «el mejor deportista de la historia, no uno de los mejores, el primus inter pares» y «Parece haber bastante consenso al respecto de ello». Sobre el mejor «deportista» de la historia (hay un comentario posterior de Michel al respecto con el que concuerdo), ya comenté anteriormente que no es posible establecer quien es el mejor en un solo deporte, al menos de forma científica e indiscutible hasta ese momento (siempre puede aparecer alguien mejor después), como para poder aseverarlo en todos los deportes.

        Si no hay «mejor de la historia» en un deporte, establecerlo para «todos los deportes» me parece ya descabellado. Si para un solo deporte ya es complicado (más bien, no es posible) establecer criterios objetivos aplicables a cada época, entre deportes diferentes es simple y llanamente imposible.

        Y que haya bastante consenso no significaría nada, que dudo que lo haya porque no lo hay ni con respecto a Jordan en el baloncesto (hay, por suerte, discrepancias muy justificadas: Michel creo que dio algunos datos con respecto a Russell, quien ganó 11 de 13 que jugó -8 seguidos y 10 finales seguidas y no jugaba contra mancos, aunque hoy día haya más «profesionalismo», que más bien hay «mas medios médicos y deportivos», Russell jugaba en el profesionalismo máximo de su época), pero aunque hubiera «consenso», si no hay detrás de ese consenso «datos objetivos» (e insisto en que no puede haberlos y si los hay que se citen), ese consenso es bastante vacuo.

        En definitiva, que Jordan no es «el mejor deportista de la historia», esa figura no existe, como no existe «mejor novelista», «mejor poeta», «mejor cerebro científico» ni mejor nada, por hablar de otros ámbitos no deportivos; y que los «liderazgos tiránicos» no son imprescindibles (hay otros mejores y con más resultados), igualmente, en ningún ámbito de la vida, y menos en el deporte colectivo.

        En todo caso, es un placer discrepar contigo, Dani.

  14. Gano bastantes mas anillos Russell que el y no era un tirano,que digan que es el mejor deportista de la historia a mi no me lo parece,pues hay muchos deportes que incluso tienen mas exigencia que el basket,es mas los años que ganaron los Rockets al segundo año ya volviera jordan y no dio ganado,perdiera con Orlando,ese dato nunca se menciona,tambien decian que Rossi era el mejor hasta que aparecio quien aparecio…y lo de ser un hijo de puta pues otros no lo fueron tanto o no lo fueron y no ganaron,yo si tengo un jefe asi literlmente le acabo reventando la cara a ostias.

    • Comparar épocas siempre es complicado. Pero convendremos que en la época de Russell el deporte no estaba tan profesionalizado. No hablamos del mejor por un motivo estrictamente deportivo, también estético y de exigencia máxima. Cuando volvió su cuerpo no estaba acondicionado para el baloncesto, había estado año y medio jugando al béisbol. Encuentro comparación con Maradona, que llevó a un equipo mediocre como el Nápoles a ganar 2 Scudettos, y a la selección argentina 1 Mundial. Pero retirarse y volver con 33 años para volver a ganar el Three Peat para mí marca la diferencia.

      • Concuerdo en lo de las épocas y en el indiscutible mérito de Jordan al volver con 33 años y volver con las ganas y el afán con que lo hizo: mérito y un talento descomunal, casi a partes iguales. Y no sé si marca la diferencia para cambiar la consideración de la grandeza que nadie puede osar discutir a Jordan, pero desde luego es algo que, por si quedaban dudas (que pienso que había pocas), lo encumbró para siempre en el Olimpo del Baloncesto y, además, es un argumento de peso para quien lo considere el «mejor de la historia» de ese deporte. Que conste que yo creo que lo es en baloncesto, al menos en cuanto a talento puro, a lo que sumaba su capacidad de superación y su capacidad de lucha por la victoria. En eso también me recuerda a Maradona (en talento y ansia por el triunfo; a Diego le faltó mucha profesionalidad – a Jordan le sobraba- y le sobró vicio y adicción -a Jordan le faltaba, por suerte para él- como le sobraba técnica para repartir y seguir siendo el más mejor y más dotado)

    • Añadiría al comentario de Dani: los Celtics de los 60 eran una apisonadora perfectamente engrasada en el que todos sus integrantes rendían al mismo nivel. Russell era la cabeza visible, quizá porque tenía asignada la ingrata tarea de defender, o intentar defender, a Chamberlain; pero también estaban Cousy, Ramsey, Heinsohn y los dos Jones (todos ellos en el Hall of Fame). Un equipazo. Por tanto, no había necesidad de tiranías y, por añadidura, ahí estaba Auerbach para imponerse. Por cierto, otro cabrón. Una de las más afiladas inteligencias en la historia del deporte, pero cabrón.
      Nada que ver con los Bulls de Jordan, un equipo descompensado en sus inicios (¿Oakley? ¿Orlando?). Russell gano el anillo en su primera o segunda temporada, no recuerdo bien; MJ tardó siete años desde su debut.
      Salvando las distancias, yo compararía a esos Celtics con los Spurs del cambio de siglo: un hombre alto alejado de lo espectacular pero tremendamente eficaz (Duncan) y un rosario de trabajadores (Parker, Ginobili…), junto a un gran entrenador (Popovich), formando una escuadra equilibrada y lista para conquistar anillos a lo largo de muchos años.
      En cuanto a los Bulls de aquel tiempo, se podrían comparar con cualquier equipo en los que hubiera un estrellón y una directiva incapaz de cazar jugadores que lo equilibren: los Hawks de Dominique, los Sixers de Iverson… o los Lakers entre la salida de Shaq y la llegada de Pau. Todos sabemos a lo que llegaron, con (Kobe) o sin tiranías.
      Por cierto, hubo no pocos intentos de «reventarle la cara a hostias» a Jordan (Cartwright, Perdue, Grant…). Pero todos sabían lo que se jugaban. Como para que le pasara algo grave a esa gigantesca máquina generadora de dinero: el autor no sólo tendría que huir de Chicago, sino del hemisferio Norte.
      En cuanto a lo de «el mejor de todos los tiempos», puede parecer injusto pero no sólo se mide la cuestión estrictamente deportiva sino el impacto socio-cultural. Cualquier niña que haga gimnasia rítmica a nivel profesional le da mil vueltas en cuanto a sacrificio a los grandes nombres que se han nombrado en estos comentarios, pero ellas no llenan pabellones ni estadios. Jordan generaba, lo hemos visto en el documental, una histeria colectiva y una admiración global comparable a la de los Beatles, ésos que eran «más famosos que Jesucristo». Sólo determinados futbolistas (de los que no llevan casco) podrían estar a su nivel en cuanto a impacto, pero ya sabemos que estas listas las hacen los estadounidenses…

      • Estoy muy de acuerdo con casi todo tu comentario, muy detallado y explicativo en el tema de las comparaciones de equipos (yo no controlo de baloncesto hasta ese punto), me parece muy ilustrativo en ese punto y se puede apreciar lo de los liderazgos tiránicos o no perfectamente. Yo no digo que un liderazgo tiránico no pueda, en algún momento, lograr triunfos, ya que, de hecho, la realidad es que también los logra (solo estoy en contra de afirmar que son los que llevan a la victoria sí o sí -que no digo que tú sostengas eso, eh, das ejemplos muy variopintos).

        Discrepo en lo de «mejor de todos los tiempos» como concepto en sí mismo (aunque yo tenga mis favoritos en algunos deportes, mis «mejores de la historia»), pero aun discrepo más si se incluyen en el concepto aspectos extradeportivos como «impacto socio-cultural» o zarandajas de esas [no lo digo por ti, Raúl,obviamente: zarandajas de quien elabora listas «deportivas» manejando esos pseudo-criterios], por muy yanquis que sean quienes elaborar las listas.

        Jordan tenía impacto mundial como otras muchas estrellas deportivas, si bien es cierto que el negocio lograron que durara hasta hoy en día, al menos con lo de las zapatillas y en la mercadotecnia en general. Ahí Nike supo aprovechar y expandir muy bien el impacto, que no era solo por Jordan en sí mismo sino por lo que lograron generar alrededor (películas, incluidas).

        Por cierto, es curioso sobre esas listas, que en las de la The Associated Press estadounidense, Jordan fuera el segundo mejor del siglo XX por detrás de Babe Ruth. ¡Ni en EEUU hay unanimidad al respecto! Pobre Jordan… ;) (al menos si la wikipedia no se equivoca)

  15. Jordan hacía cosas que yo no le he visto hacer a nadie en comparación al medio en que se desenvolvía. Magic o Bird fluían y hacían fluir, Jordan era como un ariete en su constancia y un superhéroe en sus prestaciones físicas. No tenía a nadie ni remotamente cerca. Y ni siquiera estaba tan mazado como los deportistas actuales, tenía todavía algo del tirillas puro nervio a lo Bruce Lee. Competidores psicopáticos a su nivel: Lance Armstrong, Eddy Merckx, Rafa Nadal; quizá Cristiano Ronaldo podría haberlo sido, bastante hizo tratando de ponerse al nivel de un futbolista como Messi que supone una nueva especie de deportista ultracompetidor -no tan nueva, ahí ya hubo un Bobby Fischer-, no el psicópata, sino el autista.

  16. buenos días,

    puede que no se esté entendiendo por qué era necesario ese carácter de Jordan o que se comportara así con sus compañeros. El objetivo era hacerles duros para que cuando los rivales les complicaran las cosas, supieran responder. Es decir, hacerles trash talking cada día en los entrenos porque eso mismo es lo que les harían los Pistons, Knicks… Pegarles en cada acción, para que estuvieran preparados cuando el encuentro se endureciera. Aparte de ser un ególatra, como bien queda reflejado en el libro «Jordan Rules», Jordan quería gente que no amilanara cuando los encuentros son duros, tener claro con quien vas a la guerra y no va a retroceder como hicieron sus compañeros en el 89 y 90 contra los Pistons. Siempre se ha dicho que se juega como se entrena, y los rivales no iban a jugar blando ya que los Bulls tenían más talento.

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