Bret Easton Ellis: American Writer

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Bret Easton Ellis. (DP)

«He escrito un libro malvado y me siento inmaculado como el cordero». Esta es una frase de Herman Melville (1819-1891) inmortalizada en una carta que le envió a su buen amigo, el también escritor Nathaniel Hawthorne (1804-1864), refiriéndose a su magna obra, Moby Dick. Pero bien podría haberla dicho otro escritor americano, contemporáneo y provocador, acerca de su obra más famosa: American Psycho. Ambas novelas podrían tener en común el retratar una Norteamérica oscura, obsesiva y aquejada de su propio tiempo. La una, a mediados del siglo XIX; la otra, a finales del XX.

Aunque solo uno de los dos sigue escribiendo hoy en día.

El escritor contra su obra

Bret Easton Ellis (1964) nació en Los Ángeles, fruto del baby boom, comenzó a escribir en el instituto, publicó su primera novela en la universidad, el éxito editorial y posteriormente adaptado a la gran pantalla Menos que cero (1985), y desde entonces se ha convertido en nombre recurrente cuando se habla de la moderna literatura americana. Signifique esto lo que el lector quiera. También es un autor muy poco prolífico en cuanto a los formatos estándares de libro se refiere, con tan solo ocho editados en tres décadas de carrera. Claro que, cada uno a su manera, ha sabido poner el dedo en la llaga de una sociedad conservadora, temerosa de sí misma, del vecino, deslumbrada por las luces de neón, y, pese a todo, defensora de un ideal de libertad incorruptible y casi divina.

La publicación en castellano de su último libro, Blanco (Penguin Random House, 2020), y el paso de la novela tradicional (aunque de tradicional hay poco en su producción) al ensayo autobiográfico parece la excusa perfecta para volver sobre los pasos del país que retratara Melville hace doscientos años como una nación en proceso de maduración. De la época Reagan que se lee en American Psycho (1991), pasamos a la época Trump que tanto da que hablar en Blanco; de las fiestas de universidad en Las leyes de la atracción (1987) a las cenas con crisis nerviosas por los resultados electorales; y de los discos de Whitney Houston o Huey Lewis & The News a Kanye West y los podcasts. Mucho ha llovido desde los alocados años ochenta y Bret Easton Ellis vuelve sobre sus pasos para narrar la historia de un muchacho homosexual nacido y criado en la América profunda, que va a la universidad pese a las reticencias de su padre, y que se convierte en el chico más odiado de la literatura moderna.

Blanco es, sobre todo, la historia de un hombre tragado por su propia fama. Un ejercicio de honestidad, pese a quien pese, por mucho que algunas de sus opiniones resulten anquilosadas, conservadoras o evidentemente provocativas. En un alarde estilístico Ellis habla de su propia vida en la infancia, la juventud y la madurez. Un escritor de más de cincuenta que confiesa sentirse constreñido por las reglas de la novela clásica y que ahora despliega su potencial literario en Twitter, algo que le ha granjeado no pocas enemistades y polémicas y más de una risa. De estas anécdotas se construye un ensayo provocador que desde su portada señala todos aquellos improperios que se van a esgrimir contra el autor: que es un hater, lover, privilegiado, transgresor, hombre y, desde luego, blanco.

Claro que también habla profusamente del sexo. De la imagen que la televisión estadounidense quiere dar de la homosexualidad (Ellis nunca ha escondido su homosexualidad), en lo que él mismo define como un tratamiento de «victimización» de los gais, a los que se otorga la categoría de «elfo mágico», y pone el foco de atención en las películas gay friendly en que la visión de un director heterosexual sesga la representación y la convierte en una suerte de parodia. Alude, por ejemplo, al modo en que se ruedan las escenas de sexo homosexual; a cómo se esconden estas, o se tratan de forma poco realista en la mayoría de cintas aprobadas y alabadas por la maquinaria de Hollywood. Y, en el camino, parece no dejar títere con cabeza, aunque su análisis resulta interesante.

En boca de Ellis, todo se limita a las etiquetas que puedan justificar o descalificar tu discurso. Algo (una forma de pensar) que resulta especialmente esclarecedora en este párrafo extraído de su último libro:

Sin embargo, yo argumentaría que vivir sin una experiencia directa de la pobreza o la violencia estatal, crecer sin que nunca se te presuponga una amenaza en los espacios públicos y no enfrentarse jamás a una existencia donde cueste encontrar protección no equivale a ausencia de empatía, juicio ni comprensión por mi parte y no exige, de forma justa y automática, mi silencio. (Bret Easton Ellis, Blanco, Penguin Random House, 2020. Traducción de Cruz Rodríguez Juiz)

Podríamos aventurar que aquí se encuentra el germen, la síntesis, del trabajo del autor en esta nueva publicación. Analizar, si se quiere, la libertad de expresión en el contexto de las redes sociales. Ese es el gran tema tras un ensayo que coquetea con la autobiografía, con la crónica postelectoral y el análisis sociológico. Pero, pese a que nos guste vender a Bret Easton Ellis como un provocador, un deslenguado, un enfant terrible (como muchas veces se le ha llamado), su obra siempre ha destilado honestidad. Por muchos problemas que eso haya conllevado.

Y aquí es cuando nosotros (y el autor) tenemos que hablar de American Psycho.

El psicópata estadounidense

No se pueden escatimar críticas, elogios, insultos, aplausos y descalificaciones para la que sigue siendo una de las obras más polémicas que han visto la luz. También, para muchos, una de las mejores novelas del siglo XX. American Psycho se publicó en 1991, después de que la editorial original, Simon & Schuster, cancelara el lanzamiento teniendo ya la portada, las correcciones y galeradas y habiéndose distribuido algunos ejemplares no venales. En boca del propio autor en estas recientes memorias, salió ganando al ver la novela publicada en una editorial de más prestigio (Vintage Books) y poderse quedar el adelanto. Muchos en aquellos comienzos de la década de los noventa querían bien lejos un libro tan malvado como American Psycho, y no pocas librerías se negaron a venderlo; no pocas voces se alzaron en su contra. ¿Por qué? Bueno, podríamos decir que es una novela que pone el dedo en la llaga como pocas antes: materialismo, egocentrismo, falta de empatía, violencia, sadismo… Estos son los atributos que Ellis otorgaba a toda una generación de jóvenes emprendedores del centro de financias mundial: Wall Street.

La novela, para los no iniciados, narra las aventuras sangrientas de Patrick Bateman (interpretado en la adaptación cinematográfica del año 2000 por Christian Bale; dirigida esta por Mary Harron), un yuppie de menos de treinta que hace miles de dólares diarios en la bolsa de New York; al que le gustan los trajes caros, la música, comer en buenos restaurantes y la tortura, la violación y la necrofilia. Una novela narrada en primera persona con un tono aséptico, carente de toda emoción, que retrata una mente profundamente enferma. El giro se da cuando la novela nos deja entrever que todo parece parte de la imaginación del protagonista, y que esos actos depravados pueden ser solo anhelos. Algo terrible si se tiene en cuenta que Patrick Bateman podría ser cualquier joven educado en las mejores universidades y que todos querríamos tener como vecino.

En Blanco el autor se sincera sobre esta novela. Narra su proceso, las advertencias de sus allegados sobre los problemas que podrían acarrearle la publicación; el proceso de desprestigio al que fue sometido y el subsiguiente encumbramiento de la novela cuando se estrenó su adaptación cinematográfica y más tarde su adaptación musical en Broodway (con el papel principal interpretado por Matt Smith y más tarde por Benjamin Walker). Cómo Estados Unidos (y el mundo) ha terminado por aceptar y reconocer los aciertos de su novela, hasta el punto de pintarla con una pátina de espectáculo musical inofensivo, y enarbolar la novela como símbolo de una generación y fin de una época. Un libro que sigue ganando adeptos, que sigue generando polémica y acrecentando la leyenda del tuitero empedernido en que se ha transformado su autor. En una charla en Madrid en el año 2010, en el marco de la presentación de su anterior novela Suites Imperiales (2010), confesó este que Patrick Bateman lo perseguía en aquella época. Que se dormía y despertaba en mitad de la noche sobre el escritorio y había rellenado, sin ser consciente de ello, más y más páginas en que el psicópata contaba su historia. En las mismas describe a este personaje en la novela Lunar Park (2005), donde reimagina su vida como hombre heterosexual y casado, perseguido por los personajes que él mismo ha creado.

¿Cómo encaja el Ellis actual la lectura de su propia y más conocida obra? Hace unos años, en una de esas incontinencias nocturnas que terminan con Ellis tuiteando sin mesura, sugirió estar trabajando en una secuela. En Blanco, sin embargo, parece retractarse de esto y piensa en Patrick Bateman en la era Trump (no olvidemos que el actual presidente de los Estados Unidos ya formaba parte de la novela, siendo el ídolo del protagonista), la facilidad con la que hoy podría ser identificado con una fotografía de teléfono móvil, si tendría Instagram, Facebook… En resumen, ¿tiene sentido American Psycho fuera de su contexto social y temporal? Quizás lo tenga en la medida en que la novela guardaba una profecía autocumplida: la sombra de Donald Trump, de quien tanto habla Ellis en estos ensayos; una sombra que ha dividido Estados Unidos, que genera ansiedad y depresión en unos, y esperanza y placer culpable en otros.

De lo que vino tras el éxito arrollador, Ellis se desmarca. Él solo escribe, opina, tuitea y la mitad de las cosas que dice, según reflexiones propias, no deberían tomarse tan enserio.

American Psycho ha vivido una atípica historia en su vida editorial, como atípica es la relación que guarda con su creador. Aquí mismo, en España, el libro se ha visto relegado a las mesas de los libreros de viejo durante demasiado tiempo. Aprovechando la publicación de su último ensayo, se reedita la novela al completo en el sello Literatura Random House, con una cubierta inspirada por la película y una traducción revisada. Se cambian las «líneas de cocaína» que tradujera Mariano Antolín Rato en los noventas por las más actuales «rayas de cocaína»; se adapta la frase de la Divina Comedia con que arrancara la narración y salta de «Perded toda esperanza al traspasarme» a «Abandonad toda esperanza al entrar aquí», más acorde con la prosa del autor. Por lo demás, el texto sigue siendo igual de malvado.

El escritor y su sociedad

Toda obra acaba siendo un reflejo de su época, se quiera o no. Incluso la ciencia ficción no es sino la respuesta a lo que ocurriría en el futuro si todo sigue igual. A través del cine (una interminable lista de películas y críticas de estas que parecen extraídas de un blog), de la música, de anécdotas personales, de la infancia y de la propia producción, tras ocho libros, un podcast y una película (The Canyons, Paul Schrader 2013), Bret Easton Ellis se desnuda y nos muestra que bajo la polémica solo hay una persona real. Nos habla de su vida privada, de su vida pública, desmitifica muchos de los titulares que le dieron fama y nos muestra que el disfraz es un reflejo de la verdad. Se niega a quedarse callado y el resultado es una obra sincera. Este es el mayor apelativo que un crítico podría colocarle; la etiqueta más acertada. La sinceridad de Ellis pasa por elaborar un discurso mentiroso que refleje la verdad como nada lo hace. Así fue desde el principio con una novela sobre una juventud alienada y elitista que poco o nada tenía que ver, en principio, con el grueso de la población que fingía retratar; lo hizo hablando sobre el sexo y el amor en su segunda novela; sobre la sociedad y el dinero en la ya mencionada American Psycho; la juventud en clave casi de humor en Los confidentes; la autoficción mentirosa en Lunar Park, el show business en Suites Imperiales y, por primera vez, sin miramientos ni ficciones en su última obra, Blanco.

Quizás pasen otros diez años hasta ver publicada su nueva novela, o quizás esta no llegue nunca. Quizás cuando el autor desaparezca se junten todos sus tuits y pensamientos en las páginas de un libro (traicionando, de paso, el espíritu de las redes sociales) y esto de pie al primer nuevo libro de una nueva época. O, tal vez, lo haga el propio autor pasado mañana. Quién sabe. Mientras, no está de más volver sobre la Norteamérica imaginada de una de las voces más grotescamente elegantes de nuestros tiempos.

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