
Hace unos años fui a comer al restaurante de El Corte Inglés de Alicante y pedí una merluza a la plancha que, para mi sorpresa, estaba asada por fuera pero congelada por dentro. El camarero no solo no se responsabilizó del asunto sino que me la cobró y, con el ticket en mi poder, presenté la reclamación correspondiente; a los pocos días me llamó el jefe de cocina para disculparse e invitarme a comer —en desagravio— lo que quisiera y cuando quisiera, solo tenía que ir y preguntar por él, por Manuel Cebollada.
Llamarse Cebollada y ser jefe de cocina me pareció una excusa estupenda para iniciar una colección de apellidos predestinados que fui reuniendo en una agenda que, desgraciadamente, he perdido. Mi memoria flaquea y solo recuerdo de aquellas primeras anotaciones a José María Grúas, propietario de un negocio de ídem en Lérida y a J. A. Rioflorido de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Tenía muchos más.
Todos conocemos extrañas combinaciones, jugarretas del destino, leyendas urbanas como la de Dolores Fuertes de Barriga o Francisco Macías Pajas y hemos convertido en comunes algunos apellidos que han servido para nombrar los objetos que utilizamos a diario porque los inventores bautizaron con ellos sus descubrimientos; esto es particularmente visible en el mundo del automóvil: Henry Ford inventó la producción en cadena de vehículos, Édouard Michelin vio las posibilidades que tenía el caucho vulcanizado e inventó las llantas desmontables en 1891 y Andrè Citroën cambió las carrocerías de madera de los primeros automóviles por las de acero antes de inventar la suspensión hidroneumática, por recordar algunos ejemplos de objetos con los que convivimos usando un apelativo.
Claro que algunos apellidos, más que útiles, nos resultan paradójicos: Podemos es, entre otras cosas, un partido anticlerical, antitaurino y anticapitalista que fue fundado por Iglesias, Errejón y Monedero. Rufián es el apellido de un diputado que ha hecho bandera de la lucha contra la corrupción y Botín el de una saga de banqueros. Otros nos resultan inexplicables: llamarse Doylataguerra, Miravete o Follana puede parecer extraño al que no los maneja pero esto va por barrios, como la alegría, y no suenan tan raros cuando nos son cercanos; todos conocemos ejemplos sabrosos.
Hay libros en el mercado y programas de radio que nos ponen al día de las casualidades y, a veces, de la guasa de algunos padres que no se conforman con lo que el destino les ha proporcionado y redoblan las posibilidades de que sus retoños sean objeto de burla. Existen curiosidades que no anoto por no molestar aunque ganas me dan de saber cómo lo llevan el reportero sevillano Diego Velázquez, el asesor jurídico Luís Tomé de la Mano o la malagueña Mar Conejo Doblado.
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En Madrid, Alonso Cano 33, la portera se llamaba Olvido de la Llave
¡Qué bueno! Me la quedo para mi colección de apellidos predestinados, muchas gracias.
Pues yo conocí en los años setenta a un Cabrero Cabrerizo que no era pastor pero era un cabronazo.
No me extraña que estuviera amargado con esa combinación, jajaja. Muchas gracias.
Brillante, como siempre.
Gracias.
???
Buen artículo. Faltó el castizo garrote vil, pero buen artículo.
Aaay Torquemada… Qué pena no haber coincido…
Jajajajaja, no cabía mucho más, garrote vil y más apellidos habrían hecho interminable este divertimento. Muchas gracias por la sugerencia.
El ginecólogo de mi madre se apellidaba Salido
Pasaba consulta en Jerez de la Frontera, quizá no sea difícil de comprobar
Jajajajaja, no cabía mucho más, garrote vil y más apellidos habrían hecho interminable este divertimento. Muchas gracias por la sugerencia.
No quiero ni pensar la guasa jerezana…muchas gracias.
El veterinario de Salinas (Asturias) se llamaba Delfín Cordero.
¡Un nombre aunténticamente predestinado! Lo anoto en mi nueva agenda. ¡Gracias!
Urbano Delicado, guardia urbano barcelonés.
¡Muchas gracias! Otro predestinado…
– ¿Cómo se llama usted?
+ Me llamo Jojojosé.
– Perdone ¿es usted tartamudo?
+ No, tartamudo era mi padre y el funcionario del registro un HDP.
Hay una empresa de extintores española que se llama Palma Peña. (fácilmente googleable)
Jajajajajajajajajaja ¡Gracias!
Un antiguo compañero de trabajo, Carlos Hueso Doblado
Pobreeeeeee…¡Gracias!
Mauro Entrialgo, genial dibujante, tuvo una serie llamada «Como su priopio nombre indica» centrada en este tipo de casualidades…
¡Gracias! Voy a buscarlo
Mi padre tenía la tarjeta de un representante de una empresa de antenas para comunicación via satelite (era pre Internet) que tambien tenia al Ministerio de Defensa como clientes.
El nombre estelar era: Armando Guerra Segura.
Además de nombre, valía de slogan y ahorraban espacio en la tarjeta…
Es buenísimo ¡gracias!
En el hospital Vistahermosa de Alicante hay una ginecóloga que se llama Deborah Labios
Siiiiii, la conozco y sé que ha tenido que soportar muchas risitas ¡Gracias!
El jefe de seguridad de una entidad bancaria se llamaba Manolo Butrón. Palabrita de Niño Jesús :P