¿Cuál es el mejor arcade sacamonedas?

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Ustedes no lo entienden. Ustedes, millennials tardíos y miembros de la generación Z. Que tienen consolas por casa, que juegan tranquilamente amorrados en el sofá o ante un ordenador. No pueden compartir los recuerdos de los arcades. Ese momento mágico, embriagador. La mano en el bolsillo haciendo tintinear monedas. Pocas, cuatro normalmente, enormes, color plateado, perfil de Franco, todo papada y mala hostia. Algunas llevaban, también, el rostro del Emérito I de España y V de Emiratos Árabes. Y luego hubo otras, más pequeñitas, amarillas y con agujero en el centro, acuñadas para celebrar los fastos de 1992. Ya somos europeos, ya estamos en la modernidad. Qué tiempos. Qué inocencia.

Entrabas. Los recreativos. Siempre hacía calor, luces de pantallas tintineaban en tus ojos, tarareando durante horas tonadillas en 16 bits. Tarán, tarantán, etcétera. Finales de los ochenta, principios de los noventa. Cuando en mi barrio abrieron una sala de máquinas los chavales nos entregamos al vicio y la depravación con inusitado placer, prólogo sin duda de lo que ocurriría más tarde, durante la adolescencia (solo que esa es otra historia). Allí nos juntábamos todos los críos y algunos adultos pelín despistados. El Chano, el Napis, el Maiquelnai (porque parecía hablar con su reloj, igual que hacía David Hasselhoff en… bueno, ustedes saben). Un delirio. Imaginen que para la época lo único que tenías en casa era el comecocos (lo de Pac-Man es cosa muy indie) y maquinitas de cristal líquido, que ahora son carne para nostalgia pero entonces se quedaban algo cortas de diversión. Así que aquello… oh, sí, el paraíso.

¿Quieren un ejemplo gráfico? A un amigo mío lo expulsaron de los recreativos. Ad aeternum, nada menos, como un Yahvé enfadado. Algún ataque de ira tras perder cinco duros, supongo. Pues bien, el mismo tipo aprovechó los carnavales para entrar allí disfrazado (rostro cubierto por una máscara) y poder viciarse a gusto. El resto lo vimos de lo más normal. Con ciertas cosas no se juega, joder.

Así que aquí tienen mi (personalísima) lista sobre los arcades sacamonedas de la época. Ojo, ni los mejores juegos, ni los más impresionantes técnicamente, ni aquellos que han pasado a la historia… no. Solo esos donde gastábamos como zombis las menudencias que pillábamos por casa. Voten por su favorito o añadan en los comentarios las ausencias que consideren sangrantes. Y si no se ve usted reflejado en estas líneas permita que le felicite…

Es asquerosamente joven.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Street Fighter II

Alfa y omega. Todo un fenómeno social. Si tenías el Street Fighter II eras una persona popular, con éxito, y posiblemente hoy hayas llegado a ministro o influencer cuarentón. La verdad es que estaba justificado (el tirón del Street Fighter II, digo, no lo suyo con las redes sociales, que eso nadie lo comprende). Tenía un nivel de gráficos nunca antes visto, animaciones rapidísimas y «magias» con la dificultad justa para poder dominarlas en pocas partidas. Vamos, que era divertido, muy divertido. Si a eso le sumas un grupo de personajes con carisma, perfectamente reconocibles, y algunos de los villanos más gloriosos de siempre pues tienes un producto (casi) perfecto. Su popularidad fue tan grande que hasta hubo (horrenda) película con un (pasadísimo) Jean-Claude van Damme como «protagonista». Fue el primer film sobre videojuegos (un año antes estrenaron cierto bodrio titulado Super Mario Bros que no se puede considerar cine en sentido estricto), género que no nos ha dado más que disgustos con el tiempo.

Duración media de la partida: quince minutos.

Otras opciones similares: Mortal Kombat (hordas de chavales miraban con atención a quien sabía hacer fatalities), King of Fighters (más personajes, más velocidad), Tekken (era muy avanzado en el aspecto técnico, pero curiosamente se veía menos «real»).


Final Fight

Mike Haggar es el alcalde de Metro City, un sitio bastante chungo lleno de delincuencia y gente que se parece a André el Gigante. La cosa está tan jodida que, en un golpe de lo más audaz, hasta secuestran a su hija. Entonces Haggar decide ponerse manos a la obra, se quita la corbata y baja a las calles para repartir hostias en primera persona haciendo ruiditos un poco grotescos, que suenan como «auuua». En el juego no se nos dice, pero queda claro que Haggar es republicano, vaya. Junto a él hay un WASP de manual y un chico asiático, por lo de la inclusión social. Es el último detalle de corrección política, porque el resto consiste en patear minorías, acuchillar punks y golpear con barras de hierro a mujeres-no-demasiado-femeninas. Qué quieren, eran otros tiempos. El caso es que Final Fight resultaba muy divertido (detener sin violencia al delincuente y llevarlo ante el juez quizá hubiese tenido menos gancho) y se ha convertido en todo un icono generacional.

Duración media de la partida: veinte minutos (hasta que entras en el ring era bastante asequible).

Otras opciones similares: Double Dragon (mismos objetivos, mismo desarrollo), Capitán Commando (que no les engañe el toque futurista… es exactamente igual a los anteriores), Golden Axe (enanos, magia y amazonas en biquini… delirio friki cuando aun no sabíamos qué eran los frikis).


Snow Bros

Tú te llamas Nick y eres alguien muy estándar. Tienes un hermano gemelo, Tom. Ambos estáis hechos de nieve y lanzáis rayos que congelan a la gente, envolviéndolos en una masa fría con textura de merengue. Hasta aquí todo normal. El caso es que un malvado secuestra a las princesas de vuestro mundo (lo típico, vaya) y ambos os lanzáis a salvarlas a lo largo de cincuenta niveles, nada menos. Los enemigos son variados, y van desde bichos de color rojo y boca enorme (no eran los más listos de su clase) hasta ranas antropomorfas que escupen fuego. A todos los destrozas «empompándolos» y atropellándolos con otras bolas. Si a eso le sumas cierta representación de la muerte que te firmaría el Bosco (disfrazada de calabaza con harapos) escupiendo mocos asesinos tendrás el planteamiento perfecto para cualquier novela de Terry Pratchett (lo que hubiese pagado por leerla, joder). Más o menos. En fin, era el juego más divertido de todos. Ganador absoluto. No admito discusión.

Duración media de la partida: cincuenta minutos (es que además resultaba bastante fácil)

Otras opciones similares: Tumblepop (una burda copia, pero efectivo), Joe & Mac Returns (dinosaurios y pantallas laterales).


Pang

Una mecánica sencilla y simpática, una curva de dificultad muy acertada, escenarios atractivos y el punto justo de pique para hacerte meter más y más monedas. Pang tenía todo eso y muchas otras cosas, así que tiene que aparecer en esta lista. Y, sin embargo, jugábamos menos que a otras máquinas. Razones de peso… lo veíamos como un título «de chicas», y nosotros éramos muy machos. Mucho. Muchísimo. Ya saben, qué les voy a contar. En fin, que todo lo que no fuese destruir, acelerar o golpear estaba mal visto en los recreativos, porque el mundo es así de imbécil, y ahora ya no podemos volver atrás para decirle dos o tres cosas a nuestro «yo» de entonces. Eso sí, cuando ninguno de tus amigos estaba delante para chivarse y te atrevías (mirando a los lados) a echar una partidilla al Pang… joder, entonces disfrutabas un montón. Además, es uno de los juegos que mejor ha envejecido de la lista.

Duración media de la partida: veinticinco minutos.

Otras opciones similares: Tetris (la gran fiebre del Tetris no nos pilló del todo, porque la mayoría lo tenía ya en versión portátil), Puzzle Bobble (o los rompecabezas simplificados hasta la máxima diversión), Tant-R (el test de inteligencia para barrios pobres).


Ghosts ‘n Goblins

El sacacuartos definitivo. ¿Han visto ese episodio de Los Simpson en el que Milhouse gasta toda su paga en la maquinita de Waterworld? Pues lo mismo, pero sin Kevin Costner. Por resumir, digamos que Ghosts ‘n Goblins es la experiencia más complicada de siempre. Divertidísimo, ojo. Una música inolvidable, gráficos de primera y mucho, mucho carisma. El protagonista, sobre todo, ese caballero Arthur aficionado a ponerse la armadura directamente sobre los calzoncillos, con lo que debe rozar. Un tipo con irritante tendencia a los saltos larguísimos, lo que desencadenaba la incómoda situación de ser consciente, a mitad de brinco, de que tu partida había terminado. Adorable. Ah, si ustedes tienen los reflejos de Peter Parker y logran llegar al final del juego comprobarán con alborozo que… oh, sí, deben volver a superar todas las fases, porque los programadores son seres sin alma y un grado de sadismo difícilmente medible. Hay gente que ha ido a la cárcel por menos.

Duración media de la partida: cuarenta y cinco segundos, más o menos hasta que aparece el primer enemigo volador.

Otras opciones similares: Wonder Boy III (el primero que pudimos jugar), Shinobi (katanas y estrellas ninja, lo podría haber dirigido Tarantino), Moonwalker (de cuando Michael Jackson molaba).


Tecmo World Cup 90

Como juego de fútbol tenía dos cualidades a tener en cuenta. Primero… era fácil. Muy fácil. Cómo explicarlo… tú avanzabas con el balón, llegabas al borde del área, chutabas fuerte y era gol. Siempre. El cien por cien de las veces (y si no te sabes este truco eres un pardillo, amigo). Marcadores de 32-0 resultaban frecuentes, lo que siempre es interesante si solo llevas cinco duros para pasar la tarde. En fin. Además (y esto lo hacía aun más atractivo a nuestros ojos) el Tecmo World Cup 90 reproducía una Copa de Europa de lo más extraña, con equipos como el Nápoles, el Inter de Milán, el PSV y el Atlético de Madrid. Y en mi barrio había un tipo que jugó en el Atlético de Madrid. Central. Carnicero. Que después se hizo carnicero, digo, aunque antes también lo era, solo que de corto. Uco, lo llamaban, un encanto. A lo que iba, que satisfacía mucho meter goles con el Atlético de Madrid, y Uco era siempre pichichi, porque en el juego no había nombres ni nada que se le pareciese. Simple y divertido. No se lo pierdan.

Duración media de la partida: Incalculable. Si buscabas goleadas de escándalo te ibas por encima de la hora.

Otras opciones similares: Super Sidekicks 2 (con unos cambios de perspectiva que te hubiese firmado J .J. Abrams), World Rally Championship (el «Carlos Sainz» de toda la vida), Windjammers (lo más cerca que íbamos a estar nunca de California, me temo).


Cabal

De niño no sabes nada sobre geopolítica, así que a ninguno nos pesaba demasiado participar en esta invasión imperialista sobre un país que, según contaban los papeles, tenía armas de destrucción masiva. O algo así. El caso es que Cabal era un instrumento de diversión prácticamente perfecto, gracias a una mecánica sencilla, unos gráficos muy resultones y, sobre todo, esa dificultad endiablada que te empujaba a gastar más y más. Estar acorralado en una esquina y empezar a dar volteretas para intentar huir de lo inevitable es una experiencia que todo adulto de mi edad ha sufrido alguna vez. Además los muñecotes saltaban de forma muy graciosa entre pantalla y pantalla, lo que siempre es un plus. Con el tiempo se hicieron distintas versiones de Cabal, disfrazando a sus protagonistas como gánsteres en los años veinte o pistoleros en el lejano Oeste (vaquero y apache, no nos vayan a acusar de sabe-Dios-qué). Ah, si no eras demasiado sutil a esta maquinita la llamabas «el Rambo». Dato anecdótico: jugué a ella en un bar muy sucio en cuyo almacén ejercía el curandero de un pueblo vecino. Saquen, si lo desean, relación entre ambos hechos.

Duración media de la partida: cinco minutos, pero muy intensos.

Otras opciones similares: Sus hermanos bastardos, Contra (patrocinado por Oliver North, supongo), Sunset Riders (el Far West más colorido).


Toki

El protagonista de esta aventura está recién sacado de Mujeres, hombres y viceversa (en serio, ¿a quién cojones se le ocurrió ese nombre?) y tiene una muy asentada relación sentimental con cierta agradable muchacha. Pero todo se tuerce en un segundo. Secuestro de la dama y nuestro Conan de baratillo convertido en mono cabezón. Chúpate esa, Darwin. Bien, el objetivo del juego es salvar a la chica guapa (ojo, sorpresa total) recorriendo una serie de pantallas con distintas ambientaciones (originalidad aquí también). La gracia estriba, como casi siempre, en que es difícil. Muy difícil. Extremadamente difícil. Saltos imposibles, bichos que explotan lanzando estrellas ninja, enemigos con movimientos erráticos… Toki tenía todo para generar frustración adolescente y mala baba preadulta. Digamos que si conseguías pasarte este juego podías considerarte uno de los niños con más carisma en varios kilómetros a la redonda. Eso sí… molaba. Molaba mucho. Y ver al simio con casco y zapatillas resultaba de lo más cool (aunque en los primeros noventa no sabíamos lo que significaba cool).

Duración media de la partida: diez minutos (la primera pantalla era facilita).

Otras opciones similares: Three Wonders (tres juegos en uno, aunque siempre escogías el mismo), New Zealand Story (dificultad nivel hacker para propuesta delirante, con una morsa secuestrando pollos de kiwi… lo juro).


DecAthlete

En realidad DecAthlete es el mismo Track and Field de los años ochenta, solo que con un (enorme) lavado de cara. O, dicho de otra forma, completabas un decatlón mediante la técnica de «dar muy rápido a los botones». De acuerdo, de acuerdo, en este título también debías tener en cuenta otros factores (adelantar el tronco en las carreras, medir ángulos de los lanzamientos) pero fundamentalmente era eso. Para conseguir la cadencia adecuada había dos técnicas: usar una moneda y mover la mano arriba y abajo a toda velocidad; o aporrear los pulsadores como si no hubiera un mañana. Ambas hacían un ruido espantoso, y terminabas agotado (era la única forma de que algunos chavales gorditos hiciesen deporte). Además, las marcas conseguidas epataban, y bajar de nueve segundos y medio en los cien metros hacía que te sintieras un Donovan Bailey (ojo a la referencia vintage). Mi prueba favorita eran, sin duda, los lanzamientos de peso y disco, porque para hacer girar al personaje debías hacer lo propio con el mando, y la sutileza nunca fue nuestro fuerte. Vamos, que la posibilidad de quedarte con él en la mano era (jocosamente) cierta. Y la destrucción, a esas edades, agrada. Para qué negarlo.

Duración media de la partida: diez minutos.

Otras opciones similares: Out Run (por su indisimulado espíritu arcade), NBA Jam (jugadores cabezones y ningún respeto por la física… adorable), Neo Geo Turf Masters (golf para chavales que jamás jugarían al golf).


Metal Slug

Metal Slug es más moderno, empecemos por ahí. NeoGeo, palabritas mágicas que aparecían en algunas pantallas al principio de la partida garantizando gráficos alucinantes y velocidad endiablada. Huimos del clásico juego run and gun introduciendo elementos como los vehículos, el rescate de prisioneros y la enorme variedad en los enemigos. Y, sobre todo, lo otro. El humor. Mucho. Cada personaje tiene animaciones propias, los «malos» lanzan alaridos al vernos llegar, recoges ranas (supongo que para cocinarlas más tarde). En fin, una delicia. Y matando nazis (muy poco encubiertos), que siempre es satisfactorio. Tuvo secuelas con la misma filosofía y aún más opciones. Pena que nos pillase ya algo talluditos y con la atención puesta en otras partes…

Duración media de la partida: quince minutos.

Otras opciones similares: Robocop (se nos escapaba la crítica al fascismo empresarial, pero el juego estaba bastante bien), Cadillacs and Dinosaurs (que es muy mítico, aunque yo nunca le vi la gracia).


Bonus track: J. J. Squawkers

No busquen este juego en ninguna clasificación de los «diez mejores». Tampoco escarben por los recuerdos, porque posiblemente no aparezca allí. No. Hablemos claro, era una castaña. Jamás lo vi en ningún sitio que no fuese mi barrio. Pero a nosotros nos encantaba. Ni idea de las razones, pero nos encantaba. Le cambiamos el título que sonaba muy raro, y era «el de los pollus». Así, con la «u». Un cliché nostálgico, nada más. Se quedó en los noventa, y allí está bien.


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53 Comentarios

  1. He dudado mucho entre el Street Fighter II (al que le he metido muchos duros) y el Metal Slug, que con un primo nos dejamos la paga hasta pasárnoslo.

    Y eso sin entrar en las secuelas.

    Al final he votado uno de ellos, por no poder votar los dos. Eso sí, sin desmerecer a muchos de los otros juegos de la lista, que también se llevaron muchos duros de mi paga.

  2. En estos tiempos de corrección política nadie pone el Gals Panic? La oportunidad de ver pelo con tu madre a 2 metros tomando un JB Cola mientras te ríes «hehehehehehe» por lo bajini.

    • jejejejeje +1
      pero es que ademas era divertido y dificil a la vez!

      Del resto, me flipaba el Cabal, lo jugaba por parejas y es el unico de la lista que consegui pasarme entero por 5 duros

  3. No sé si debe a mi género femenino pero, efectivamente, el Pang es el mío, sin ningún rival que le pueda toser de cerca. Horas y horas disparando cada milímetro de pantalla para ir al cuadradito invisible exacto que te daba una vida extra (o un racimo de uvas que me dirás tú para qué servía eso)

  4. …pepe…pe…pero…pppeeeper…pppeeerrroooo…
    PERO COMO!!!
    Y OUTRUN???
    DONDE ESTA OUTRUN????
    SEGURO QUE NO ERES UN MILENIAL CON ASPIRACIONES????
    🤣🤣🤣

    • Out run!!! Que dices?!! Si las partidas eran de 20 pavos!!! Ni loco te acercabas a jugar!!! Ese era para el nene que venia con su mama a las recreativas

  5. Qué recuerdos, y qué difícil sería respetar la distancia social de darse ahora, ya que eras tú, la maquina y montón de cabezas apiñadas detrás jaja. Y es que desde que mis pequeñas manos tocaron el volante del Out Run no consiguió nadie despegarme de una de estas máquinas, sólo mi escasa economía.

    He votado por el Final fight, aunque también le metí mucho a Street Fighter y Metal Slug.

    Añadiría 5 títulos a los que me piqué bastante también:

    -Fatal Fury. Después de SF este sería mi segundo juego de lucha preferido de la época.
    -Los Simpsons. El beat em up que se sacarón de la manga me enganchó que no veas.
    -Willow. Este fue mi Ghost n gobblins de la infancia.
    -Hat Trick Hero. Con lo fan que era de Oliver y Benji cómo no iba a gustarme este título.
    -Blood Bros. El juego del vaquero y el indio.

  6. Ghost n’ goblins, una forma de pasar dos horas y media de diversión a tope.

    Y, ¡Arkanoid! 33 fases y otra hora y media larga de juego. Y para los que queríamos gorronear puntos, superar el millón era todo un reto.

  7. Cadillacs and dinosaurs…hubo hasta serie en Canal Plus para los más afortunados, yo no pide verla. Todo un sacaduros

  8. De a 5 duros, indudablemente lo mío era el Aero Fighters 2, y de a 20 duros (ya en los estertores de las recreativas) Time Crisis 2 y siempre lo jugaba por parejas con un amigo.
    Y por supuesto y sin entrar en esta categoría por ser analógico, el futbolín.

  9. Gran lista y grandes alternativas. Y los comentarios… Cadillacs & Dinosaurios! Había olvidado ese gran juego! Echo en falta «Bubble Bobble».

  10. Con la crisis de los 40 me compré una recreativa que tengo en el trabajo. Tiene todas las roms metidas y cada año intento acabarme uno o dos juegos nuevos con sólo 5 duros. Algunos de esa lista se pueden conseguir pero otros me resultan totalmente imposibles. Un Súper Pang, un Shinobi o un Street Fighter te lo puedes acabar con un crédito pero un Ghost and Goblins o Un Metal Gear Solid sólo si estás hecho de ceros y unos…

  11. Yo soy más viejo. Lo mío era el Galaxian.
    Pero mientras estudiaba la carrera me dejé un quintal de monedas jugando a uno de un dinosaurio en una especie de isla que querían cazar a estacazos unos hombres primitivos y a su vez te los comías. Dino no se que se llamaba. Y era realmente divertido.

  12. Gracias…
    A mí se me olvidaba con frecuencia la carpeta de apuntes encima de alguna máquina de algún bar…
    Al ir a entrar en el portal… A deshacer el camino!!!

  13. Dios bendiga al mítico CD con el MAME32 que pasaba de mano en mano y que cada cual era peor que el anterior. Gracias a eso pude pasarme la mayoría de los juegos a los que daba cuando era pequeño en los arcades… con vidas infinitas, claro está.

  14. Inconcebible que no estén en la lista, dada su endiablada dificultad y jugabilidad, con el consigiente torrente de monedas tirados a ese monte del destino que es la caja de una máquina recreativa:

    -R-Type – El juego más difícil de la historia de las recreativas (sin debate posible)

    -Operation Wolf- Aquí pagabas por la novedad (si no fue el primero corregidme) de apuntar y disparar con un arma y no con joystick y botones

    -After Burner- …y aquí por estar subido en la cabina móvil (aunque poco) de un F-18

  15. Uff, cuántos recuerdos y cuántos pesos (convertibles 1 a 1 a dólares por aquella época en mi país) gastados en la niñez/adolescencia.

    De los que no están en la lista sumo al Cadillacs & Dinosaurs, Super Sidekicks 2, Sunset Riders, World Heroes y X Men: The Arcade Game como los que más me consumieron. Pero el que más dinero me sacó (en realidad a mis padres) fue el NBA Jam, ya que te pedía una ficha/moneda de 25 centavos por cada partido que jugabas, necesitando un mínimo de ¿24? monedas para derrotar a todos los equipos y convertirte en campeón.

  16. Alien Syndrome, no sólo me costó una fortuna, si no un guantazo de mi viejo que llevaba buscándome todo el día por el pueblo. Cuando entró en el bar y me vio ahí encaramado a la maquinista… Me arreó un de rechazo delante del bar al completo. Mereció la pena!

  17. Del Double dragon dos cosas: tenía modo cooperativo 2 jugadores (Final fight también) y te podías pasar todo el juego únicamente dando codazos (no hacía falta las patadas ni los saltos): Dabas el codazo (tenía un leve retardo de ejecución) mientras el enemigo se acercaba y justo al final del movimiento y si estava al alcance, tumbabas al oponente mientras venía… y así todo el juego.
    Llegué a ver (y jugar) con otras 3 personas simultáneamente a uno de las tortugas ninja.

    Echo en falta: Bubble bobble (ya mencionado) … y New Zealand Story.

    Mención aparte los que, en algunos salones, valían 100 ptas 3 partidas (OutRun -con volante-; AfterBurner -con cabina- y Operation Wolf (lagrimones al leerlo antes), con Uzi de plástico).

  18. Y los que empezamos con Pong? Había uno en el aeropuerto de mi pueblo. No recuerdo si a duro o cinco duros.
    Y el Space Invaders de mesa, dos jugadores, uno a cada lado. Y las copas encima. En su pub o discoteca de confianza.

  19. Entre el ya mencionado juego de los Simpson, el Sunset Riders y el primero de las Tortugas Ninja, Konami se hizo millonaria a mi costa (o a la de mi viejo, que era el que me financiaba los vicios, mejor dicho).

    En mi caso, uno de los árcades más memorables fue el Strider de Capcom: no fue la primera máquina recreativa a la que jugué, pero recuerdo que fue la que me causó mayor impacto: hasta entonces sólo había jugado a juegos de NES (Ay, el Súper Mario Bros 2!) en una máquina que tarifaba por tiempo y cosas más modestas gráficamente, así que ver semejante despliegue audiovisual me dejó epatado de por vida…

    • PS: Yo también disfruté como un gorrino en un charco con el JJ Squawkers! Los loros surcoreanos y su particular Tomatina lisérgica merecen un altar en el Olimpo de los jueguicos!

  20. Todos los que comentais son magníficos….recordar también el King of dragons , Big karnak, de gaélco…juegazos muchos …. Big striker , knights of the round ,

  21. Todos los que comentais son magníficos….recordar también el King of dragons , Big karnak, de gaélco…juegazos muchos …. Big striker , knights of the round ,

    • Pues tienes merito, era un juego muy dificil para mí, los coches rojos no me dejaban pasar de la sexta pantalla jamas

  22. Yo me dejé una fortuna en el Beastie Feastie, un juego de plataformas laberinticas con ascensores por todas partes en el que una babosa debía recoger todas las frutas para pasar de nivel y evitando a sus enemigos.
    O en el Crazy Climber, un extraño juego de escalar edificios en el que solo empleabas dos palancas para jugar

  23. Con el Cabal, el Toki y el Golden Axe, grandes momentos. El Cabal y el Axe memorables en su versión de dos jugadores.

  24. Por supuesto el rey fue y será porque ya no existen las salas como las conocimos el Street Fighter II. De hecho además de la gastar inumerables monedas de 5 duros tengo el recuerdo de que en la Casa da Xuventude de Ourense pusieron una Supernintendo con ese videojuego y podías echar la tarde jugando en modo rey de pista.
    A mayores de los de la lista echo de menos el Cool Boarders un juego sobre snow que era una pasada.

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