Historia del Arte con nombre de mujer

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Historia del Arte con nombre de mujer

Historia del Arte con nombre de mujer, es el nuevo libro de Manuel Jesús Roldán (Sevilla, 1970) publicado por la editorial El Paseo. Un volumen que tiene como objetivo divulgar toda la cronología de la Historia del Arte, a través de sus mujeres protagonistas.

El libro recoge casi un centenar y medio de artistas. Nombres conocidos tales como Luisa Roldán, Sofonisba Anguissola, Artemisia Gentileschi, Laura Alma Tadema, Georgia O’Keefe, Frida Khalo. Y también, un largo elenco de artistas prácticamente ignotas, a pesar de su talento: Sabina von Steinbach, Lavinia Fontana, Judith Leyster, Angélica Kauffman, Elena Brockman, Anna Bilinska, Berenice Abbot, Hannah Höch, Gerda Taro y Ángeles Santos. Pintoras, escultoras, diseñadoras, fotógrafas, creadoras cuya producción artística, ha pasado desapercibida, o ha sido arrinconada en los manuales de Historia del Arte.

De la Prehistoria hasta nuestros días

Acompañada de un completo aparato gráfico en color que ilustra sus páginas, la obra, resalta estos nombres de mujeres imprescindibles, como si fueran las últimas piezas de un puzzle incompleto, para comprender, en su totalidad, la Historia del Arte.

Aspira a ser referente en su materia, libro de consulta para otras posibles ediciones. Como indica el propio autor: «se trata de ofrecer una especie de reconstrucción básica que posibilite el acercamiento general a la obra de las mujeres artistas y que sea, ojalá, la motivación de futuras publicaciones». Por otra parte, Historia del Arte con nombre de mujer pretende «abrir líneas de investigación» antes que «cerrar teorías». En este sentido, el historiador, ha declarado que: «lo peor que se puede hacer con el libro es otorgarle etiquetas. Aquí no venimos a abanderar nada, venimos a hacer justicia a un olvido injusto».

De esa omisión inmerecida, se ocupa Roldán, al abordar la vida y la obra de artistas como Ana Bilinska, cuyo autorretrato –«Un boceto que cuenta una vida» – ilustra la portada.

Idéntico interés nos produce Sonia Delaunay, a través de su propuesta estética repleta de fantasía; o los retratos, magníficos, de Juana Romani. El dominio de la técnica y genialidad en el planteamiento ornamental de retratistas como Angelica Kauffman y Elizabeth Vigée, o la impresionista Berthe Morisot. 

 El autorretrato

No todo queda en la pintura o en la escultura. Hay más. Historia del Arte con nombre de mujer se acerca a otras manifestaciones artísticas, como la fotografía -disciplina relevante a partir del siglo XIX en las que destacan Gerda Taro y Tina Modotti-. También hallamos a Frances Benjamin Johnston, fotógrafa oficial de la Casa Blanca a principios del siglo XX, cuya imagen posando con un cigarro, cerveza en mano y gestos propiamente masculinos en aquella época, suponía una clara ruptura de todo convencionalismo social. 

«Es muy curioso que la mayoría de las artistas acudieran al autorretrato. El libro ilustra muy bien esa constante. Es evidente que el autorretrato de las artistas incide mucho en un aspecto reivindicativo, especialmente de su propia condición de artistas y de su sólida formación intelectual: se retratan en poses creativas, se pintan con sus pinceles, y buena muestra de ello son aquellos cuadros en los que se pintan desnudas. Ya no es un hombre el que mira el cuerpo de Suzanne Valadon, de Frida Khalo, de Paula Modersohn o de Florinne Stettheimer, sino que ellas mismas exploran su propia piel. Es un cambio brutal en la mirada», agrega el escritor. 

Nuevas ideas y enfoques para un debate cultural

Historia del Arte con nombre de mujer propone interesantes tesis, Manuel Jesús Roldán sitúa el origen del olvido de la mujer artista en un tiempo concreto: el siglo XIX.

«Ese silencio [el olvido de la mujer creadora] llega en el siglo XIX, un siglo especialmente machista en el que el hombre limita mucho más a la mujer que en el siglo XVI. El siglo XIX no les permite la asistencia a las academias, a las clases de dibujo. Además, es muy importante porque es el siglo de la creación del gusto, del coleccionismo y de los grandes museos, por lo que es cuando se hace la selección de la historia del arte. Es el siglo de los grandes manuales de la historia del arte, con lo cual nosotros vemos el mismo esquema repetido en la historiografía actual porque se ha copiado del siglo XIX».

Manuel Jesús Roldán

El propósito fundamental de la obra de Manuel Jesús Roldán, es trascender desde la investigación rigurosa, focalizar en el arte y propósito vital de las creadoras y no en sus «personajes». No es su interés indagar en cuestiones adyacentes, accesorias a la propia obra de las artistas.

«La gran mayoría de las pintoras deberían ser más reconocidas y dejar de ser esposas de, amantes de o alumnas de… Sobra el Sálvame cotilla en torno a muchas de sus biografías… Curiosamente la gran aportación y apuesta reivindicativa del siglo XX, la de Frida Khalo, va unida más a sus circunstancias personales que a su propia creación pictórica… Es algo frecuente, el envoltorio y el contexto acaban ahogando la propia creación»

Uno de los argumentos más consistente e iterativo del autor es la necesidad de resaltar el protagonismo femenino a través de su creación: “La exposición de Artemisia en la National Gallery de Londres es excepcional, pero cuando se informa del tema se sigue repitiendo el trance de la conocida violación de la pintora y todo el proceso posterior, en vez de centrarnos en la calidad de su pintura”. 

El tono, no condescendiente, mantiene en todo momento un criterio historiográfico serio y solvente, alejado de cualquier sensacionalismo tendencioso: “Este es un libro feminista, pero muy abierto. Ahora parece que hay que meter con calzador la figura de la mujer, y no es eso, no se trata de encontrar hasta el último resquicio de la mujer, sino de que hay determinadas y demasiadas figuras que deben estar al nivel del hombre, no por el hecho de ser mujeres sino por su propia calidad. Este libro quiere situar en el lugar que se merecen a una serie de personas que luego han sido silenciadas e injustamente olvidadas”. 

La obra no es una simple recopilación de mujeres artistas. Historia del Arte con nombre de mujer revisa tópicos actuales sobre el papel de la mujer en la creación artística: lugares comunes sobre el rol social de la mujer en la Historia del Arte. El profesor aclara que si bien estas nunca gozaron de total condición de igualdad respecto de los hombres, no es cierto que siempre estuviesen olvidadas, ignoradas por su tiempo y sus semejantes. Pone como ejemplo, entre otros, el caso de la escultora barroca Luisa Roldán: «Hay casos muy aislados en los que, estudiando el contexto y aceptando las circunstancias de la época, podemos hablar de pintoras y escultoras en plano de igualdad en siglos pasados. Ojo, son casos excepcionales y aislados, pero la realidad es que Sofonisba Anguissola retrató al mismísimo Felipe II, que Diana Scultori recibió privilegios papales, que Elizabeth Vigée retrató y se codeó en lujos con toda la aristocracia europea del siglo XVIII o que Luisa Roldán, con todas sus penurias económicas, trabajó para la corte de Carlos II y de Felipe V. Pero son islas, además, silenciadas, total o parcialmente, con posteridad».

«Muchos de nosotros miramos con ojos del siglo XXI y pensamos que la Edad Media, por ejemplo, era un lugar oscuro, pero a lo mejor no era tan oscuro y le daba más apertura a las mujeres que otros periodos de la historia, curiosamente. Hasta que no llega el siglo XX no hay un cierto plano de igualdad, pero, cuidado, fue relativo porque ni las vanguardias históricas de los años 10 a los 30, fueron capaces de poner en igualdad a la mujer y al hombre».

Respecto de las vanguardias, Manuel Jesús Roldán desmitifica algunos de sus clichés: «Las mujeres estuvieron en las vanguardias históricas, pero fueron muy silenciadas, incluso por aquellos compañeros masculinos, librepensadores y avanzados, pero que seguían reproduciendo esquemas del pasado. Fue pionera del dadaísmo Hannah Höch, pero estuvo pronto apartada; fue creadora de la pintura abstracta Hilma Af Klimt, pero todas las glorias se las quedó Kandinsky; fue pionera Lee Krasner, pero conocemos la abstracción norteamericana con el nombre de Jackson Pollock, su pareja». “Creo que no se llega a una aceptable igualdad hasta bien avanzado el siglo XX, no antes de la Segunda Guerra Mundial”, concluye el autor.

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