Arte y Letras Literatura

Tragarse al padre, saltarse el canon (o viceversa: diálogo plutónico con Harold Bloom)

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Harold Bloom (1930-2019). Foto: Cordon.

A las puertas de la muerte me he recitado poemas, pero no he buscado un interlocutor para entablar una conversación dialéctica. (Harold Bloom)

En 2002 coincidí con Harold Bloom en la Universidad de Valencia, y este breve diálogo, ahora que se cumple un año de su muerte, intenta ser, en la medida de lo imposible, una recreación/extrapolación de aquel lejano encuentro, más instructivo que cordial. Plutónico, puesto que es un diálogo con un muerto al que interpelo desde mi propio inframundo.

—Tu declarada admiración por Freud te llevó a trasladar sus especulaciones sobre la supuesta necesidad de «matar al padre» al ámbito de la creación literaria.

—¿Es una pregunta o una afirmación?

—Ambas cosas: una afirmación que espera ser confirmada o refutada.

—La confirmo y la refuto. Hay un innegable paralelismo entre el conflicto edípico del niño que necesita afirmar su identidad superando la dependencia filial y la angustia de las influencias del escritor que busca su propia voz, y así lo he manifestado repetidas veces. Pero conviene advertir que este paralelismo podría resultar más engañoso que esclarecedor. Las relaciones familiares y las relaciones literarias, aunque se complementen y enriquezcan mutuamente, son muy distintas, e incluso antagónicas en algunos aspectos. Para empezar, el padre biológico nos viene impuesto, mientras que los escritores eligen a sus padres literarios entre muchos candidatos.

—Hablas en masculino. ¿Es un masculino inclusivo o te refieres muy concretamente a los escritores varones?

—Al igual que el conflicto edípico, creo que la angustia de las influencias es más fuerte en los varones, pero afecta a cualquier persona que escriba. Por otra parte, hasta hace bien poco la inmensa mayoría de los escritores eran hombres, por lo que, de facto, cualquier análisis con perspectiva histórica se refiere más a ellos.

—¿Explica eso que en la lista de veintiséis nombres de tu Canon occidental solo haya cuatro mujeres?

—Lo explica y lo justifica. No es culpa mía que solo en las últimas décadas las mujeres hayan tenido pleno acceso a la cultura y a la posibilidad de participar en ella de forma activa.

—¿Y qué me dices del hecho de que la mitad de tus canónicos sean angloparlantes? Y entre los que no lo son está Freud, lo cual, tratándose de un canon literario, parece responder a una devoción personal más que a un criterio objetivo, si tal cosa existe. ¿No incurres, al canonizar a Freud, en el mismo error o abuso que achacas a lo que despectivamente denominas «Escuela del resentimiento»?

—Freud escribió el más grande e influyente relato de nuestro tiempo, una auténtica Odisea de la psique, una Divina Comedia en la que el infierno, el purgatorio y el paraíso son sustituidos por el ello, el yo y el superyó.

—¿Y en la que Freud es Dante?

—Y a la vez Virgilio.

—Hay al menos otros dos «grandes relatos» de la misma época tan influyentes o más que la teoría del psicoanálisis: el darwinismo y el marxismo. Y, además, tanto Darwin como Marx eran, al igual que Freud, excelentes escritores. ¿Por qué no están en tu canon?

—La obra de Freud tiene una dimensión literaria y una profundidad de las que Marx y Darwin carecen, así como un poder de evocación único y un estilo propio que creó escuela.

—¿No hay una buena dosis de judaísmo y anticomunismo en esas opiniones?

—Una dosis buena, en todo caso. Y no creo que afecte a mi criterio literario.

—¿Y qué me dices del anglocentrismo?

—Te digo lo mismo.

—Volvamos a tu Escuela del Resentimiento, en la que metes a feministas, marxistas, lacanianos, deconstructivistas, historicistas, semióticos… ¿Caben todas y todos en el mismo saco?

—Depende de la etiqueta que le pongamos al saco.

—Ya se la has puesto: «Escuela del Resentimiento».

—Es una escuela con varias aulas y materias muy diversas, algunas incompatibles entre sí; pero todas comparten el resentimiento.

—El feminismo, por no mencionar a tus otros «resentidos», se rebela contra la opresión patriarcal y es la gran fuerza transformadora de nuestro tiempo. Llamar resentidas a las feministas es como llamárselo a los judíos o a los negros.

—Si algunos judíos o algunos negros atacaran a Shakespeare por incluir en sus obras a un Shylock y a un Otelo, los llamaría resentidos.

—Entre tus canonizados hay al menos dos escritores, Borges y Pessoa, que prefirieron la literatura a la vida y lo proclamaron abiertamente, y tú mismo has hecho algunas afirmaciones en ese sentido, ¿no es así?

—Contestaré citándome a mí mismo: «Santificar una mentira y engañar con buena conciencia es la labor necesaria de la literatura y del arte en general, porque una concepción errónea de la vida es necesaria para la vida, mientras que la idea acertada de la vida simplemente acelera la muerte». La literatura es más vital que la vida.

Una breve pausa para contar hasta diez y cambiar de tema.

—Cuando, a principios del siglo XX, la teoría de la relatividad revolucionó nuestra visión del mundo físico, los consabidos titulares sensacionalistas proclamaron que Einstein había acabado con Newton. James Blish, un destacado autor de ciencia ficción (género al que, dicho sea de paso, creo que deberías haber prestado mayor atención), replicó diciendo que Einstein se había tragado vivo a Newton. ¿Crees que los escritores pueden y deben hacer lo propio con sus padres literarios, tragárselos vivos en vez de matarlos?

—Sí, creo que es una metáfora muy acertada. «Devoramos» los grandes libros y nos enriquecemos asimilándolos; al leerlos atentamente y mantenerlos vivos en nuestro interior nos formamos como lectores y, eventualmente, como escritores. Pero esa asimilación vivificante no está al alcance de cualquiera, o no del todo. Por eso la angustia de las influencias estimula a los buenos escritores y expulsa a los mediocres.

—Y hablando de expulsiones, ¿no crees que el interés de tu canon está más en lo que excluye que en lo que incluye, en las preguntas que esas exclusiones nos llevan a formular?

—¿Como la que acabas de hacerme?

—Y muchas más. Tantas que habría que dividirlas en varios apartados, como, por ejemplo, el de los agravios comparativos: ¿por qué, de los dramaturgos del siglo XX, Beckett y no Brecht, ni Ionesco, ni Pirandello? ¿Por qué Neruda y no César Vallejo? ¿Por qué Borges y no Calvino, ni Buzzati, ni Chesterton? ¿Por qué Joyce y no su padre literario, el imprescindible Lewis Carroll? ¿Por qué Tolstói y no Dostoievski? ¿Por qué Dickens y no Balzac, ni Flaubert, ni Hugo? ¿Por qué, junto al indiscutible Cervantes, no están ni Lope ni Góngora? ¿Por qué Chaucer y no Boccaccio? O el apartado de las exclusiones de sectores enteros y verdaderos: ¿dónde están los grandes poetas románticos, los simbolistas, los modernistas? ¿Y los grandes escritores de ciencia ficción, la narrativa más vigorosa y específica del siglo XX? ¿Por qué…?

—Demasiadas preguntas.

—Tienes toda la eternidad para contestarlas.


Nota

Según Bloom, el canon occidental lo constituyen los veintidós escritores y las cuatro escritoras siguientes:

  1. William Shakespeare
  2. Dante Alighieri
  3. Geoffrey Chaucer
  4. Miguel de Cervantes
  5. Michel de Montaigne
  6. Molière
  7. John Milton
  8. Samuel Johnson
  9. Johann Wolfgang Goethe
  10.  William Wordsworth
  11.  Jane Austen
  12.  Walt Whitman
  13.  Emily Dickinson
  14.  Charles Dickens
  15.  George Eliot
  16.  Lev Tolstói
  17.  Henrik Ibsen
  18.  Sigmund Freud
  19.  Marcel Proust
  20.  James Joyce
  21.  Virginia Woolf
  22.  Franz Kafka
  23.  Jorge Luis Borges
  24.  Pablo Neruda
  25.  Fernando Pessoa
  26.  Samuel Beckett

Obsérvese que los nombres parecen estar en orden cronológico, pero Bloom se lo salta escandalosamente —un salto de tres siglos— para poner a Shakespeare en primer lugar, como si no pudiera soportar que la lista la encabezara un italiano.

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38 Comentarios

  1. Judío anticomunista y anglocéntrico, halaaaa.

    Lo de judío me resulta indiferente, lo sustancial paradójicamente es lo adjetivo. Ser anticomunista y ser anglocéntrico, dos de las principales taras de la intelectualidad estándar.
    Si fuera un judío no anticomunista y no anglocéntrico, me caería mejor. Y si fuera no judío, sino protestante, peor.
    Pero Bloom es Bloom. No se despacha de un plumazo. Mutatis mutandi, como ocurre con Heidegger, esa mala bestia nazi, pero es Heidegger, un genio.

    También hay cosas muy aprovechables en su posición. Los desbarres franceses posmodernos o el feminismo de género anticientífico de última hora, o un posmarxismo, que es todo post y poco marxista… Un paseo por las imposturas de Sokal y Bricmont no viene mal, y no son precisamente conservadores.

    La izquierda posmoderna, tan neoliberal ella, tan identitaria, tan progre, tan moralista, tan intransigente, tan pseudorreligiosa… Sí, la izquierda indefinida es muy resentida y muy hipócrita también.

    Como el protestantismo en la religión cristiana, la «libre lectura de la biblia», sin el contrapunto de la autoridad papal tuvo efectos disfuncionales, pues en la izquierda ídem. El izquierdismo (en sentido leninista) y el libertarismo, en aras de la libertad, acaban consiguiendo lo contrario de lo que pretenden.

    ¿ Y por qué no Graham Greene? ¿O Sánchez Ferlosio? ¿O García Márquez? ¿O Bukowski? ¿O Dashiel Hammett? ¿O Queneau?

    Por lo demás, un placer el diálogo, me gusta especialmente el estilo dialéctico.

    • Muy de acuerdo. Y «La angustia de las influencias» sigue siendo uno de los textos fundamentales de la crítica literaria del siglo XX, pese a sus excesos freudianos. Gracias, Máximo, por tus asiduos y sesudos comentarios. El placer es mutuo.

    • Por cierto, en puridad «judío» también es adjetivo, y significa adscrito al judaísmo; lo que pasa es que lo hemos sustantivado y convertido en genérico de todos los que comparten una cultura, se identifiquen o no con su religión. Es una confusión similar a la de llamar «hindúes» a todos los indios. O hablar de «moros y cristianos», mezclando lo étnico con lo religioso y lo nacional.

      • Recuerdo que, cuando lo estudié, me llamó mucho la atención, el judaísmo como tal es contemporáneo en su origen al cristianismo, o dicho de otro modo, ambas son religiones mosaicas, de un mismo tronco que se abrió en dos ramas. Lo habitual es pensar en el cristianismo como derivación del judaísmo y, en realidad, vendrían a ser más bien como dos hermanos, y el más joven ha tenido mucho más éxito que el mayor.

  2. Constantino

    ¿Y a quién le importa lo que piense un profesor? El que no vale para nada se dedica a la enseñanza. Se ha construido usted un adversario bien facilón.
    Si quiere abogar por la multiculturalidad, hable del «poder blando» o el «poder referente» (*), pero convertir en protagonista al profesor Cojonciano…
    Cuando usted quiere se exige más y escribe mejor, bastante mejor.
    ____________________________
    (*) Mejor si prescinde de Nye, otro profesor, y emplea la referencia de psicólogos clínicos anterior: John R. P. Jr. French & Bertram H. Raven (1956): «The Bases of Social Power»

    • Qué celosón eres, Constantino.

      Mira, te voy a dar más datos para que los utilices contra mí: soy andaluz, tengo doble nacionalidad, no soy solo profesor,
      tengo 52 años, mi formación académica es distinta a la especialidad que imparto. Con esos datos puedes decir que soy un vago, que soy un medio español y que me vaya a mí país, que me evado de mis responsabilidades, que estoy gagá y que me disperso.

      Ahora en tu miseria moralista, juzgas al autor del artículo y especulas sobre lo que se exige o se deja de exigir.
      No sé, quizá es que eres coherente y has descubierto su cuerda ideológica y estás siendo condescendiente con él.

      No hay forma de civilizarte.
      Pero ya te dije que esa contumacia es lo que redime en parte tu moral de esclavo.
      El resentimiento te corroe y vas deponiendo, buscando y buscando el conflicto.
      Sueltas la perlita aquí y allá, asomas la patita, me insultas, te insulto, te callas, no te echo cuentas, reapareces y vuelta a empezar.
      ¿Tú estás bien? ¿Te compensa? ¿Te sientes mejor?
      Eres un guerrillero posteador enfermizo.

      Y sacar la multiculturalidad y hablar de poder blando, sacar a Nye y demás… Otra vez salir por los cerros de Úbeda para mostrar prepotencia, a costa de la coherencia intelectual. Reprochar a Bloom su exceso anglocéntrico no es abogar por el multiculturalismo (multiculturalidad, no, esto es un hecho).
      Tú mismo.
      Sigue cuidándote y haz deporte, quizá eso te mejore.

    • A ver, que quería seguir y tenía tareas domésticas (otro motivo de mofa), antes de ir a una manifestación (otro).

      A ti lo que te fastidia, por razones insondables (Sigmund, Harold, venid aquí) es que un profesor comunista sea, al menos, tan inteligente como tú (si no más, me has desconcertado ahí con tus errores lógicos, lo reconozco) y que tenga, indudablemente, más huevos que tú.

      ¿Qué te habremos hecho los profesores? ¿Qué te habremos hecho los comunistas?
      Quizá los rojos fusilaron a algún antepasado y hay ahí un trauma familiar.
      O hubo un profe que no te ponía la nota que tú creías merecer. O te creías más listo que tus maestros, cuadra más con tu personalidad prepotente y es un perfil de alumno no común, pero tampoco extraordinario, insociable y raruno.

      El estilo guerrillero está muy bien para El Empecinado, el Cura de Arcabón, el Che, el maquis español o el Vietcong, pero aquí, es signo de astucia y cobardía, nada más.

      Te lo vuelvo a decir, déjame en paz, no me busques, no te buscaré, pero, como me faltes, te responderé, una y otra vez.
      Venga, no olvides la próxima cita con el psicólogo. Cuídate.

    • Aunque creo que dejo bien claro que Bloom no es santo de mi devoción, no se le puede ignorar ni infravalorar. Y eso de que «el que no vale para nada se dedica a la enseñanza» me lo tomaré como una boutade. Cuando quieres escribes mejor, bastante mejor, y aunque no esté de acuerdo contigo (o precisamente por eso) tus comentarios me resultan muy interesantes.

      • Constantino

        Puede enfrentar un problema de modo directo, cosa que respeto. Si quiere enfrentar a un canon monocultural otro multicultural, me parecerá bien. Es honesto. Pero, claro está, esa situación es muy incómoda, porque las referencias culturales que usted suele manejar son monoculturales. Enumere diez autores de manera automática que considere capitales en la cultura (o films) y ya me dirá si pertenecen a Asia a África o a Europa (y EEUU). Y de ahí al defcon2: ¿no será la oposición monocultural-multicultural un debate que tiene sentido sólo en el contexto monocultural?
        Usted toma la vía fácil. Presenta un enemigo fácil de derribar (un profesor), se presenta como parte del diálogo, saliendo vencedor y ni pío de los problemas citados. Oiga, que su cultura es marcadamente monocultural (aunque no le agrade reconocerlo) y que la antítesis que pretende debatir surge en el mismo contexto.
        Como lector usted pretende robarme la cartera.
        _________________________________________________
        Aunque todas las personas sean respetables, las hay que no merecen el respeto. Otro día hablamos de Trump.

  3. Frabetti

    En todo momento se habla de un canon occidental, no multicultural. Y Bloom no es un adversario fácil de derribar, ni yo pretendo derribarlo, solo señalar las lagunas y contradicciones de un supuesto canon muy influyente, como lo ha sido, en general, el trabajo de Bloom en el campo de la crítica literaria, en algunos aspectos muy interesante e innovador, aunque, como en mi caso, no se esté de acuerdo con él. Y si profesores son los que no sirven para otra cosa, ¿qué me dices de Wittgenstein, Machado, Fermi…? La lista de grandes filósofos, literatos y científicos que ejercieron la docencia -una de las actividades más nobles y valiosas, dicho sea de paso- es interminable.

    • Señor Frabetti, el señor Constantino juega a su juego.
      Bloom, el profesor Cojonciano… Sí, ya.
      Coloca su boutade (que ha reiterado en otros lugares como ad hominem particular) justo en el lugar adecuado.
      Sabe, porque está en ese lugar escurridizo entre el guerrillero y el terrorista, dónde poner la bomba y le importan poco las víctimas, los «daños colaterales».

      Dicho esto, se están juntando churras con merinas.
      Como ya comenté, la multiculturalidad es el hecho; el multiculturalismo es una forma de afrontar el hecho.
      Por otra parte, una cosa es un debate normativo jurídico-político (hay que ver que normalmente sus protagonistas son profesores, sean filósofos políticos, psicólogos sociales, sociólogos.., qué cosas), que es el que plantea esa dicotomía (y que alguien ha sacado a colación espuriamente, con otras pretensiones) y otra este asunto cultural del canon, que usted sacaba a colación con el diálogo.
      Usted lo ha dicho cabalmente, no se ha hablado de un canon multicultural en ningún momento, ni creo que fuera su intención; se ha hablado de canon occidental, donde caben RU, España, Italia y EEUU, pero no Egipto, China o India.
      El señor Constantino mete de matute su agenda (confundiendo conceptos de facto y de iure y desenfocando el tema tratado) y le acusa a usted de ser quien da gato por liebre. Qué cosas.

      • En realidad, de lo que me acusa no es de querer darle, sino de querer robarle. :) No sé a qué juega Constantino; pero creo que es mi deber contestar lo mejor que pueda a cualquier lector(a) que se tome la molestia de comentar mis artículos, y he de dar por supuesto que su intención es contrastar opiniones y datos para avanzar en la comprensión de los asuntos tratados. Es el equivalente dialógico de la presunción de inocencia. Gracias de nuevo por tus asiduos comentarios.

        • Gracias a usted por su paciencia y su tono siempre ecuánime.

          • Pensaba que el «usted» de antes era retórico. Yo tuteo a mis lectores/as y espero que hagan lo mismo. Y conste que lo mío no es paciencia, sino interés: nada me estimula y enriquece tanto como los comentarios a mis artículos, aunque sean favorables.

            • De acuerdo, te trataré de tú.
              Yo soy un antiguo, así que empiezo por el «usted» y luego, si me dan permiso o hay más confianza o me enfado, ya paso al tuteo.

    • Constantino

      Cuando terminaron en la enseñanza las personas que cita, eran ya hombres acabados. Esa lista es interminable.
      En mi mundo, un médico que se dedique a la docencia es que no tiene más remedio. O ha metido la pata y su seguro no cubre su actividad (con lo que no puede ejercer) o le pudo la profesión. Está quemado. Hay alguno que nació quemado, ciertamente. Los que no saben nada, se dedican a la teoría y a entretener chavales. Qué remedio. Si usted tiene plaza en un hospital y le queda tiempo libre, no se dedica a la docencia. Abre su consulta. En unos 40 minutos habrá ganado lo mismo que un docente durante toda su jornada, ganará práctica, escribirá artículos y puede terminar montando su propia clínica Si se mete a la enseñanza, es que como profesional ha muerto. Lo mismo para un ingeniero o un arquitecto.
      Cuando Wittgenstein se dedicó a la enseñanza, el «Tractatus» ya había sido escrito. Se pasó toda la vida tratando de olvidarlo. Las «investigaciones Lógicas» son eso, un patético intento de tachar tiempos mejores.
      Cuando Einstein se dedicó a la enseñanza, como físico había muerto. Su pedigrí lo labró en la oficina de patentes de Berna.
      De Fermi no sé nada. Lo supongo más investigador que docente.
      Machado entró, primero, en la compañía teatral de María Guerrero y, después, en la editorial Garnier de París. Cuando llegó al instituto, tenía no poco mundo.
      _______________________________________________
      En cualquier caso, su orientación en este artículo es falaz. Su producción es muy dispar. Tiene un puñado de artículos buenos, que dan que pensar, pero en otras oportunidades, como ésta, parece partir de conclusiones que ya ha tomado y construye las premisas. Como lector ahí me siento estafado. También me parece improbable que no fuera en el 2002 con un «walkman», ni que no grabara el diálogo. Yo he ido a unos pocos congresos y hay que andarse con cuidado porque hay más micrófonos abiertos, hasta en el restaurante, que en la Stasi.

      • Hay gente que no sabe a qué dedicarse y se acaba dedicando a matar sanos, mata sanos, matasanos.
        Gran rigor, ¿verdad?
        El mismo que tienen algunos kantianos matasanos que enmiendan la plana a todo quisque que no les da la razón.

        • Un caso verídico. En plan Paco Gandía. Un poco de humor negro no viene mal.

          Mi tío, que hace cuatro años me diagnosticó un tumor en cierta víscera, de modo agudo y certero. Puedo decir que me salvó la vida. Ha sido, durante años, profesor en la facultad de medicina de aquí y, además, académico.
          Extraordinario médico, profesor e investigador. Y todas y cada una de esas tareas las ha desempeñado de modo vocacional, aunque, claro, él es un viejo carlista.

          Hombres acabados, es que hay que reírse, Dr. Killmore.

        • Frabetti

          «Los kantianos matasanos»: excelente nombre para una banda punk. :) Bromas aparte, y aunque no sea asunto mío, me entristece ver a dos lectores cultos e inteligentes peleándose. Vuestros motivos tendréis; pero tal vez tengáis también una vía para la reconciliación y el «contraste armónico de pareceres».

          • El primer paso es el cese de hostilidades, cosa a la que yo he estado dispuesto en varias ocasiones.
            Pero en un bucle el rifirrafe ha vuelto a empezar en más de una ocasión, y yo respondo, no soy de callar.
            Por mí, desde este momento, delante de ti, vuelvo a decir que estoy dispuesto a volver a no ofender, interactuar con inquina, ni lanzar pullas. Ahí lo dejo.
            Y para que se vea que lo digo sinceramente, digo lo que sigue: no siempre, pero sí en muchas ocasiones me resulta interesante lo que comenta, aunque no lo comparta.
            Saludos.

      • Hablando de médicos, uno muy ilustre, Gregorio Marañón, dijo: «El médico que es solo médico, no es ni siquiera médico». Y lo mismo se puede decir de un profesor, y de muchas otras cosas. Desgraciadamente, es cierto que hay gente que se dedica a la docencia porque no puede hacer otra cosa; pero, afortunadamente, también hay muchas personas, y algunas muy valiosas, que lo hacen por vocación. Bloom -y te aseguro que tengo muy poco interés en reivindicar su figura- fue un escritor prolífico, además de profesor, y nos ha legado páginas muy interesantes.
        Pues no, no grabé mi conversación con él en 2002. Y no, no partí de conclusiones ya tomadas cuando discutí con Bloom; de hecho, mi opinión sobre él se modificó sustancialmente tras el encuentro y tras profundizar en su obra. En lo que tengo que darte la razón es en que mi producción es dispar, y ojalá fuera cierto que tengo un puñado de artículos buenos que dan que pensar; es una valoración muy alentadora, gracias.

  4. Bloom y su lista me da igual. Pueden resultarme de interés sus opiniones sobre algunos autores y el conocimiento que tenga de ellos. Pero el orden de sus preferencias y su pretendida intención de trascender gracias a esa lista, me la trae al pairo. Y discutir esto con él es darle una importancia que no merece. Pero bueno, estos tiempos están repletos de sucesos semejantes. De la «entrevista» entresaco una nueva confirmación del personaje: se cita a sí mismo de manera literal. Otro al que no le cabe el ego en su yo.

    • Puedo dar fe de que Bloom tenía un ego potente; pero en este caso soy yo quien le hace autocitarse (un recurso para introducir en la falsa entrevista sus palabras textuales). Y, nos guste o no, Bloom es seguramente el crítico literario más influyente del siglo XX, y su canon se lo toma muy en serio mucha gente, por lo que creo que no está de más recordarlo y cuestionarlo en este primer aniversario de su muerte.

      • Como bien dices, posiblemente sea el crítico más influyente del siglo pasado. Y que su canon es obra de referencia, también. Y efectivamente, no está de más recordarlo (el curso pasado en el taller al que asisto le dimos bastantes vueltas). Quizás, una perspectiva a adoptar sea revisar cuáles fueron los condicionantes que han permitido que unos criterios tan subjetivos como los de cualquiera hayan podido trascender del modo en que lo han hecho. No diré que sus opiniones son injustificadas. Simplemente, son opiniones. Ahora bien, los criterios que sustentan dichas opiniones no son estrictamente literarios. Por mucho que él se empeñara en decir lo contrario.

        Insisto, creo que la importancia del canon, dice mucho de quienes le conceden el crédito y la relevancia que obtuvo: No tardará en imponerse el principio de autoridad incluso para dar un «me gusta».

        Añadir que es muy de agradecer tu interés en respondernos a todos.

        • Tú lo has dicho: interés. Para un escritor es un raro privilegio poder dialogar con sus lectores, y el mayor beneficiario de estos diálogos soy yo. Gracias.

  5. No sé porque, este artículo me ha hecho pensar en eso de que para encontrar la paz hay que ser capaz de diferenciar entre lo bueno y lo malo que aprendiste de tus padres, tener la valentía de deshacerte de lo malo y la humildad de quedarte con lo bueno.

    • Valor y humildad: creo que has dado con las dos palabras clave a la hora de enfrentarse con los padres y madres, tanto biológicos como literarios.

  6. Eduardo Roberto

    Muy buen y provechoso artículo, Carlo, con válidos comentarios que lo complementan, salvo, por supuesto, esos conatos de riña de gallos que me transportan, y discúlpenme todos por el desvío conceptual, a ese pecado original de la izquierda: no obstante el milenario y óptimo bagaje cultural no perdemos ocasión para enzarzarnos en discusiones inapropiadas olvidando su objetivo principal: lo humano y el último recién descubierto: el planeta.
    Resulta, como dijo la polaca,
    que el mundo es una cebolla,
    con sus lacrimógenas capas,
    Y llora quien las pela página
    por página buscando el sino,
    la razón de lo real sabiendo
    que en el centro encontrará
    lo que ya sabía: un planeta y
    su inquilino.
    Según esa lista me faltarían leer tres o cuatro, si no me muero antes. La angustia por las influencias tendré que leerla, lamentablemente, en italiano. Gracias, tano.

    • Me ha gustado el poemilla.
      Ilustra bien el concepto de «Mundo».
      Pero conatos no hay, hay riña, bueno había, hasta nuevo retorno, que ojalá no.
      Y son las izquierdas, no la izquierda, «la Izquierda» es un mito.
      Una ha ido generando a otra y así en sucesión en varias ocasiones; mas, entre sí, son incompatibles en gran parte.
      Salvo alianzas puntuales, el triunfo de una siempre ha supuesto la exclusión de las otras. Esto es así.
      Saludos.

    • Gracias a ti, Eduardo, te echábamos de menos (no es plural mayestático, me consta que no soy el único). Yo también leí a Bloom en italiano, luego en castellano y luego en inglés, y no importa mucho en el caso de La angustia… o El canon (sí cuando comenta a Shakespeare, su fuerte).

  7. The Lady of Shalott

    Humildemente opino que hay muchos otros muertos que merecen más tu atención y el honor de tu diálogo que el profesor Bloom. Si, si, ya he leído tus defensas en los comentarios, pero de veras Frabetti, de poder escoger muertos yo apuntaría hacia alguien mucho más interesante y que arrojase algo más de luz sobre todxs nosotrxs desde el más allá :))). Su personalidad, opiniones y su absurda lista me han resultado insustanciales… No como tus artículos :)). Un cordial saludo

    • Gracias, Milady, me esforzaré más en la selección de muertos. Y, por supuesto, admito sugerencias. Aunque hay que tener en cuenta que no todos están a mi alcance.

      • The Lady of Shalott

        Qué reunión tan peculiar sería esa de muertos que no están a nuestro alcance. Qué buena idea… En este punto ya caemos directos en esa antigua pregunta tan misteriorsa como profunda, «Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?», para buscar una conversación imposible que nos haga trascender con los pelos de punta :D.
        ¿Sugerencias?, ¡no me atrevería!. Aunque hay unos cuantos en la lista de Bloom que serían grandes candidatos, ¿verdad?, como el propio Shakespeare y que nos desvele de una vez por todas si fue uno, si fueron muchos, si era Francis Bacon y de qué iba todo aquello.

  8. Eduardo Roberto

    ¡Qué tarea desagradable elegir muertos,
    Milady!, muertos conceptuales de mitos,
    dogmas inapelables y muertos que fueron
    carne y hueso y nos engañan aun con virtudes
    dispares a través de esa condena que son
    los libros. Si no fuera por aquellos que hoy
    son cenizas y que jamás quisieron ser dogmas
    enseñándome la tolerancia y a tomarme en
    broma mi ÚNICO HEMISFERIO IZQUIERDO yo haría
    una gran fogata con el Capital mal habido
    del Nazareno, pero son libros Milady,
    único lujo que justifica palacios y mansiones,
    el solo consuelo de los que nacieron pobres
    de genomas o en otras latitudes y testimonio
    de los futuros muertos que en algún momento
    anduvieron vivos dentro de las multitudes.

    • The Lady of Shalott

      Que gran reflexión, Eduardo :))). Echaba de menos leer algunas de estas perlas que elevan el nivel de cualquier foro. Me sumo a ella aunque yo extendería ese concepto al Arte en general. Único lujo que justifica palacios y mansiones como bien dices, y en último término, la mejor protesta de este extraño mundo. Puede que el Arte y la literatura de todos esos muertos sea la legítima herencia que nosotrxs decidimos heredar. Y nos define. Un fuerte saludo!, un cordial abrazo!

  9. Frabetti

    Mi candidato es Marlowe; pero ya lo resucitó Jim Jarmusch en «Solo los amantes sobreviven». En cualquier caso, gracias por la sugerencia, aunque no sé si me atreveré a meterme en el jardín de Shakespeare…

    • The Lady of Shalott

      Muy buena opción. Yo creo que intentaría irme muy lejos y puede que escogiera a Homero. Tengo debilidad por los creadores de mundos. Aquellos que son capaces de crear un suelo lo suficientemente sólido como para huir del que pisan. Y a músicos… Sobre todo a músicos.

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