Asleigh Barty, Novak Djokovic y casi todo lo que nos dejó Wimbledon 2021

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Novak Djokovic, campeón de Wimbledon 2021. Foto: Cordon.

A mediados del cuarto set, el público gritaba «MA-TTE-O, MA-TTE-O» enfebrecido, en lo que era más una muestra de desafecto al jugador más completo de todos los tiempos que un apoyo sincero al finalista italiano. Pero Matteo ya no estaba ahí. Matteo estaba fundido y con la incómoda sensación de tener que enfrentarse a algo completamente distinto a lo anterior. El campeón de Queen’s, el ganador de seis partidos sin apenas complicaciones en Wimbledon, de repente se enfrentaba a un jugador ante el que no tenía respuestas. Un rival que le mandaba a una esquina, luego a la otra, le hacía una dejada, buscaba un ángulo… Un enemigo que le obligaba, al tercer punto de partido, a flexionar cada vez más las rodillas con esos reveses cortados: una vez, dos veces, tres veces… y sí, la pelota volvía por los pelos hasta que los aductores dijeron basta y la cuarta pelota se fue definitivamente a la red.

La superioridad de Djokovic, ya quedó dicho hace un mes, no es la del dominador contundente e inalcanzable. Ante Berrettini regaló el primer set y sufrió en los tres siguientes. Djokovic solo es ligeramente superior a su rival, pero lo es siempre y en esa regularidad basa su reinado. Nadie ha ganado más torneos de Grand Slam que él, nadie ha ganado más Masters 1000 ni ha sido más semanas número uno del mundo. Estamos en julio y puede que en septiembre, cuando acabe el US Open, todo ese debate acerca de quién es el mejor de la historia —numéricamente, me refiero, una guerra de palmarés— no solo se haya acabado sino que esté enterrada entre un montón de trastos viejos.

Esto es lo más importante que nos ha dejado Wimbledon 2021, un nuevo capítulo dentro de una batalla a tres que dura ya trece años, desde que Djokovic ganara en Australia su primer grande. Repasemos a continuación todo lo demás:

1. El triunfo de Djokovic llegó sin haber jugado un partido en hierba en dos años. No sé si eso lo hace más humillante para el resto de competidores pero diría que sí. Durante años hemos hablado del dominio de Federer en esta superficie y de cómo la pista central del All England Lawn and Tennis Club era su coto privado, pero Djokovic ya se ha impuesto en este torneo seis veces, tres de ellas, precisamente, contra Federer en la final. Tras sus triunfos en 2018 y 2019 van ya veintiún partidos consecutivos finalizados con victoria en Londres. 

2. El de este año quizá haya sido el más sencillo de los tres. Igual que sucede con la tierra batida, ya no hay especialistas en hierba y todo el mundo parece sentirse incómodo. Camino a la final, Djokovic cedió solo un set, ante el desconocido Jack Draper, en primera ronda. Denis Shapovalov le llevó al límite en semifinales, pero «el gran escapista» supo llevarse el partido en tres ajustadísimas mangas. Una vez plantados en la final, Berrettini no fue inferior en cuanto a pegada, pero sí lo fue en cuanto a variedad: Djokovic pone la bola donde quiere y tiene tal cantidad de recursos que abruma a cualquiera. Se le escapó el primer set de manera absurda y probablemente fuera inferior hasta el 4-3 del cuarto, pero da la sensación de tener siempre una bala de más en la recámara.

3. No me quiero extender en los récords de Djokovic porque son básicamente los mismos de hace un mes pero con un grande más. Ahora bien, no es un grande cualquiera porque es el vigésimo y eso es como si Messi ganara un Mundial: se acabaron las pegas. No hay un resquicio por donde se pueda cuestionar la superioridad histórica de Djokovic. Se puede apelar por supuesto a las sensaciones, es decir, uno puede haber disfrutado más de Federer o de Nadal, puede valorar más determinados aspectos del juego de cualquiera de estos dos campeones o de los grandes maestros de décadas anteriores. Dicho esto, números en mano, la superioridad es abrumadora: se va a tirar cuatrocientas semanas como número uno de seguir así, tiene el H2H ganado con los mejores de su generación y solo le falta ganar en Tokio y en Nueva York para completar un inédito Golden Slam en un mismo año y codearse con la leyenda de Rod Laver.

4. Pasemos al finalista. Qué gran torneo, el de Matteo Berrettini. Qué grandes dos últimos meses, desde que jugara la final del Masters 1000 de Madrid. Parecía que el italiano iba a ser flor de un año pero nada más lejos de la realidad: Berrettini es un hombre clásico, de saque y derecha. Suficiente para impresionar durante once partidos consecutivos en hierba y para ubicarse definitivamente en la élite, por si había alguna duda. Sin Djokovic al otro lado, el italiano habría ganado Wimbledon sin ningún problema, paseándose… pero, claro, estaba Djokovic.

5. Berrettini es ahora mismo la punta de lanza del risorgimento del tenis italiano, que promete unos años esplendorosos para el país de Raffaella Carrá y Roberto Mancini. Tras sus pasos ya están Jannik Sinner, Lorenzo Musetti y el algo más veterano (veintiséis años) Lorenzo Sonego, que se coló en octavos de final de Wimbledon sin hacer demasiado ruido. Cuando se actualice el ranking y acabemos con esta chapuza, es muy probable que estos cuatro tenistas más el tumultuoso Fabio Fognini tengan un lugar entre los treinta mejores del mundo. Algo, obviamente, nunca visto en la historia de este deporte, con todo el respeto a los Adriano Pannatta y compañía.

6. Fue un torneo de muchas alegrías, la verdad. Una de ellas fue ver a Denis Shapovalov en semifinales de un Grand Slam y compitiendo como un animal contra el número uno del mundo. Shapovalov se resistió a su destino derrotando en primera ronda en cinco sets a Philip Kohlschreiber y haciendo lo propio en cuartos de final contra Karen Khachanov. El canadiense tiene un enorme potencial y una desesperante tendencia a rendirse. Esta vez no lo hizo y eso anuncia un futuro prometedor si es que el futuro llega algún día.

7. Hablando de canadienses, enorme el torneo también de Felix Auger-Aliassime. Por fin, habría que decir. Los últimos meses de Aliassime han sido extraños: anunció el fichaje de Toni Nadal para asesorarle en la temporada de tierra. Dicha temporada de tierra fue tal desastre que se saltó Roland Garros. A cambio, preparó de maravilla la gira de hierba: hizo final en Sttutgart, semifinales en Halle y llegó a cuartos de final en Wimbledon donde solo cayó, y en cuatro sets, ante una gran versión de Berrettini. Exactamente esto es lo que esperamos de la gran promesa de la década, que parece que lleva toda la vida entre los mejores pero solo tiene veinte años.

8. Toda esta insurgencia de nuevos nombres no debe hacernos olvidar que, desde 2003, solo cuatro tenistas han ganado en Wimbledon: Federer (ocho veces), Djokovic (seis), Nadal y Murray (dos cada uno). De hecho, si quitamos a Dominic Thiem y su triunfo en el extraño US Open del año pasado, el llamado «Big 3» se ha repartido los otros diecisiete últimos grandes. En concreto, Djokovic y Nadal han ganado doce de los últimos trece. El relevo, un torneo más, se hace esperar.

9. Nos hemos dejado un nombre revelación pero lo hemos hecho a propósito: Hubert Hurkacz. Difícil enamorarse de Hubert Hurkacz y su exasperante regularidad, pero imposible orillar el hecho de que esta semana será el número ocho de la ATP Race. Tras imponerse en el Open de Miami —Cayo Vizcaíno para los ya vacunados con pauta completa—, el polaco se plantó en cuartos de final de Wimbledon derrotando en su camino a Lorenzo Musetti y a Daniil Medvedev y ahí hizo lo que nadie jamás había hecho: plantarle un rosco a Roger Federer. En la siguiente ronda, no tuvo mucho que hacer ante Berrettini y de hecho él mismo se comió un rosco de vuelta, pero, en fin, gran torneo el suyo y enorme temporada.

10. Todo este rodeo para hablar de lo importante: Roger Federer. Sensaciones muy encontradas en torno al suizo. Después de verle jugar en Halle y de estar al borde de la eliminación en primera ronda ante Adrian Mannarino, daba la impresión de que Federer estaba más cerca de la retirada que de otra cosa. Parecía un exjugador: inseguro, lento, torpe, fallón… De repente, cuando todos le dábamos por muerto, pasó por encima de Gasquet, de Norrie y de Sonego y nos lo encontramos en cuartos de final con un tenis bastante solvente. ¿Cómo no ilusionarnos viendo que su rival era precisamente Hurkacz? Lo que pasó a continuación fue doloroso.

11. No hablamos de la derrota porque perder en cuartos de final de Wimbledon, insisto, es mucho más de lo que ninguno de sus fans le habríamos pedido antes de empezar el torneo. El asunto es cómo se dio la derrota. En unas circunstancias meteorológicas muy adversas, con un viento realmente incómodo, Federer, consciente de que quizá fuera su última aparición en su gran torneo, en vez de luchar, miró el reloj y decidió que lo mejor era irse de ahí cuanto antes. Peleó el primer set, regaló el segundo y en el tercero, directamente, se dedicó a mandar todas las bolas fuera. Una sucesión escandalosa de errores no forzados impropios del jugador más elegante y más preciso que estos ojos han visto. No sabemos ni si jugará en Tokio, como para saber si seguirá un año más. Sinceramente, no tiene pinta, pero si la peor versión de este jugador se planta en cuartos de final de un grande supongo que él mismo habrá pensado que quizá con unos cuantos entrenamientos más, igual le da para un último baile más apañado.

12. Vamos con más decepciones: Stefanos Tsitsipas podría jugar estupendamente bien en hierba, pero se conoce que va a ser de esos jugadores que cuando acaba la tierra batida, desconectan. No solo no pudo ganar a Francis Tiafoe en primera ronda sino que se marchó de Londres sin ganar ni un solo set. Alexander Zverev, otro jugador al que la hierba debería venirle de maravilla, cayó ante Aliassime en cinco sets, su suerte preferida en los Grand Slams. En cuanto a Dominic Thiem, ni siquiera participó por molestias en la muñeca derecha.

13. La presencia española en el cuadro masculino se redujo básicamente a Roberto Baustista-Agut, semifinalista aquí hace dos años. Llegó a octavos de final, donde cayó con Shapovalov en tres sets. Pedro Martínez alcanzó la tercera ronda y Carlos Alcaraz, la segunda. El murciano se impuso en cinco sets a Uchiyama pero no pudo hacer nada contra Medvedev, ante el que no ofreció resistencia alguna. Todos los demás cayeron en primera ronda, incluido Feliciano López, un clásico de estas superficies, que perdió contra Dan Evans en tres mangas.

14. Cerramos el análisis del cuadro masculino con un recuerdo para Andy Murray. Lleva casi cinco años lesionado, le han operado la cadera doscientas veces, no sé cuánto tiempo hace que no roza el top 100 de la ATP… y ahí está el tío en Wimbledon, negándose a rendirse. Su partido de segunda ronda contra Oscar Otte fue de los más emotivos de la primera semana de torneo, con remontada incluida para colarse en tercera ronda. Allí fue destrozado por Shapovalov, claro, pero, bueno, que le quiten lo bailado. Otro jugador con pinta de que se ha despedido ya de su torneo fetiche para siempre.

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Ashleigh Barty, campeona de Wimbledon 2021. Foto: Cordon.

15. Vamos ya con el cuadro femenino y empecemos felicitando a la número uno del mundo y nueva campeona, Ashleigh Barty. Desde su muy inesperado triunfo en Roland Garros hace dos años, la australiana se había quedado cerca de repetir pero siempre había fallado algo. Su juego se acopla a la perfección a la hierba y es lógico que su segundo grande haya venido en esta superficie. Venía medio lesionada de Roland Garros y le tocó sufrir de lo lindo en la final contra Karolina Pliskova… y en la primera ronda contra la española Carla Suárez-Navarro, una de las grandes historias del torneo, capaz de arrebatarle un set a la campeona tras haber superado un cáncer. La canaria se llevó una de las mayores ovaciones de la quincena.

16. Tan inestable y poco jerárquico es el tenis femenino que los tres Grand Slams disputados este año han tenido doce semifinalistas distintas. Nadie ha repetido. De hecho, de las ocho semifinalistas anteriores, la que más lejos llegó en Wimbledon fue la checa Karolina Muchova, que jugó cuartos de final. De las treinta y dos cabezas de serie, solo quince superaron la segunda ronda. Entre las que se quedaron por el camino, la siete veces campeona de Wimbledon, Serena Williams, que sigue a un Grand Slam de Margaret Court-Smith y que vio su participación truncada en primera ronda por un mal resbalón en una pista central demasiado peligrosa.

17. La eliminación de Serena podría implicar algo parecido a la retirada. Al fin y al cabo, hablamos de una campeona con la misma edad que Roger Federer… pero viendo a su hermana Venus compitiendo con cuarenta y un años y disfrutando del juego, a lo mejor ella también se anima a seguir uno o dos años más. Al fin y al cabo, Serena venía de cuatro participaciones seguidas jugando al menos la final en Wimbledon. Veremos si hay energía para más, porque con lo equilibrado que está todo, dos semanas tontas te dan un título a poco que tengas suerte.

18. No hemos hablado aún de la finalista, Karolina Pliskova, cuyos mejores días parecían cosa del pasado. Pliskova jugó la final del US Open de 2016 y fue número uno en 2017. El futuro parecía suyo pero no pudo ser, como tantas cosas. Desde aquella irrupción en Flushing Meadows hace casi cinco años, lo más lejos que la habíamos visto era en dos semifinales, la última en Australia 2019. Cabeza de serie número ocho gracias a su regularidad en torneos menores, la checa se cargó en semifinales a una de las grandes favoritas, la bielorrusa Aryna Sabalenka, en un partido que vio treinta y dos saques directos, algo no muy común. Si esto será la continuación de algo o quedará en una simple anécdota resulta imposible de saber.

19. Para resurrección, la de Angelique Kerber. A sus treinta y tres años, finalista en 2016 y campeona en 2018, la alemana supo darle la vuelta a un par de años realmente horribles y se plantó en semifinales derrotando a Muchova y a Cori Gauff. Nadie esperaba nada de ella, pero es lo que decíamos antes acerca de Serena: merece la pena seguir intentándolo. Si Pavlyuchenkova fue capaz de jugar una final en Roland Garros, ¿por qué no va a hacerlo cualquier otra tenista de calidad?

20. La historia bonita y a la vez triste del cuadro la protagonizó la británica Emma Raducanu. A sus dieciocho años, se plantó en la pista central de Wimbledon para jugar los octavos de final contra la australiana Tomljanovic, diez años mayor. Portada de tabloides durante el domingo de descanso, foco quizá excesivo de atención, la chica se vino abajo entre temblores y vómitos y tuvo que retirarse en el segundo set cuando ya había perdido el primero. Estas cosas pasan, y a veces hay que cuidar un poco a tus jóvenes promesas… si de verdad quieres que se conviertan en estrellas.

21. Todo lo bien que lo hizo Carla Suárez, lo hizo mal Garbiñe Muguruza. No hay explicación para el último mes de la vasca-venezolana, sobre todo después de un espléndido principio de año. Van ya seis torneos desde que ganara en Dubai con solo unos cuartos de final en Berlín como mejor resultado. Cayó en primera ronda de Roland Garros y ahora en tercera de Wimbledon. Vale que su rival, la tunecina Ons Jabeur, es una excelente jugadora, pero van pasando los años y no vemos continuación a los éxitos del pasado de Garbiñe. Es una pena porque ya sabemos que talento lo tiene todo.

22. En medio queda Paula Badosa, que no tiene en la hierba a su mejor aliada pero aun así llegó a octavos de final. Volvió a demostrar carácter al remontar un partido que tenía perdido contra la polaca Magda Linette, pero luego cayó ante Muchova en un encuentro en el que tuvo opciones para algo más. Badosa necesita que su tenis sea más regular, que no sea todo un «ahora o nunca» y no parezca una montaña rusa constante. En cuanto lo consiga, tiene nivel para mantenerse un buen tiempo entre las veinte o incluso las diez primeras.

23. Público. Al igual que sucediera en Roland Garros, fue una de las grandes noticias de la quincena. Sobre todo, a partir de cuartos de final cuando las pistas se llenaron por completo. Los ingleses tienen un peculiar sentido del riesgo. No hubo ni un solo positivo entre los jugadores, lo cual es una buena noticia en medio de un repunte tremendo en las islas británicas. Es de entender que todos los deportistas de élite a estas alturas ya están vacunados, pero aun así, es una excelente noticia para lo que nos viene en Tokio.

24. Ane Mintegi. La guipuzcoana de diecisiete años se convirtió este domingo en la primera española en ganar el torneo junior femenino de Wimbledon. Eso ya no se lo puede quitar nadie y nos viene de maravilla en un momento especialmente duro para una disciplina que tantos éxitos ha dado a este país durante las últimas tres décadas. La verdad es que la compañía en el palmarés en los últimos veinticinco años impresiona: Amélie Mauresmo, las hermanas Radwanska, Caroline Wozniacki, Ashleigh Barty, Jelena Ostapenko, Iga Swiatek… Incluso una carrera como la de Belinda Bencic la firmamos ahora mismo.

25. Acabemos con el resto de ganadores: el doble masculino fue para los croatas Nikola Mektic y Mate Pavic, los grandes dominadores del año. En el doble femenino, se impusieron la belga Elise Mertens y la taiwanesa Hsei Su-Wei, ya a los treinta y cinco años. El mixto fue para Neal Skupski y Desirae Krawczyk. El campeonato junior masculino se lo llevó el estadounidense Samir Banerjee. Por ahí estaba el hijo de Björn Borg, Leo, que cayó en segunda ronda pero se llevó unas cuantas reseñas. 

En fin, toca cambiar el chip y marcharse inmediatamente a Tokio para ver unos Juegos Olímpicos plagados de bajas. El oro olímpico es de esas pocas cosas en el mundo del tenis que Novak Djokovic no ha conseguido jamás, así que hay que entender que estará hambriento. También hay que recordar que los Juegos Olímpicos de Río rompieron el ritmo del serbio, que venía de ganar cuatro grandes seguidos —desde Wimbledon 2015 a Roland Garros 2016— y dieron comienzo a su peor racha en los últimos diez años, con una sequía de ocho grandes sin conseguir el título. Inmediatamente después, en septiembre, llegará el US Open. No hay tiempo para aburrirse, vaya. Pronto nos leemos.

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24 Comentarios

  1. Muy buen artículo como siempre.

    Sólo un pero,en el apartado 2 haces una analogía comparando llegar a los 20 grand slam con ganar un mundial Messi en el sentido de que ambos son Goat con ese título sin discusión.

    No estoy de acuerdo. Efectivamente, ahora mismo el serbio toma ventaja y las posibilidades de que al final de su carrera lo sea sin discusión es muy probable,pero desde luego si cabe resquicios para poner en duda ese aserto. Tiene números similares a pesar de todo.
    En el caso de Messi pasa exactamente igual, si gana un mundial superaría a Maradona ( para mi ya lo ha logrado hace tiempo), pero no necesariamente superaría a Pelé.

    Muy discutible afirmaciones tan categóricas. En otros deportes (natación,trial,baloncesto etc) hay mucha más seguridad para hacer afirmaciones tan rotundas.

    • Creo que es un error comparar deportes individuales con deportes colectivos. Respecto al debate del GOAT ya dije que incluso con 18-19 grandes, aunque no hubiera llegado a 20, tenía mejores argumentos que Roger y Rafa. Se comete un error contumaz desde la prensa española en señalar como baremo único los GS, obviando muchas otras variables.

  2. No se recordará esta edición de Wimbledon 2021 por el nivel del tenis que se ha visto, pero ese tipo de apreciaciones son insignificantes a la hora de hacer balance de un torneo que vio de nuevo coronarse al chacal, añadiendo otra muesca a la lista de récords que viene devorando con determinación y voracidad. Tuvo en Matteo Berrettini un digno rival, que a diferencia de Tsitsipás en Roland Garros o Medvedev en el Open de Australia, sí que creyó en sus opciones y no le perdió la cara al partido, apoyado en el mazo que tiene al saque y la derecha. A diferencia de otras ocasiones, más contenido y cerebral, templando la sangre balcánica que le hierve al más mínimo contratiempo, Djokovic ni se inmutó cuando la grada se decantó claramente por el italiano, llegando a molestarle en los turnos de saque, ignorando una vez más que el serbio se agiganta en la adversidad. Tanto da: juega contra todo, contra todos y contra la historia. Elegante en el discurso, homenajeó a Nadal y Federer, tapando muchas bocas que lo siguen viendo como el malo de la película. Solo 4 tenistas habían ganado los 3 primeros Grand Slam en un año, y el último (nada menos que Rod Laver) lo hizo en 1969. De nuevo, un bocado a la eternidad.

    Matizaciones al siempre excelente análisis de Guillermo Ortiz:

    – Lo de que Djokovic es solo ligeramente superior a sus rivales: Creo que juega con una versión diésel de sus capacidades. Este Wimbledon ha jugado al 70% y le ha valido para ganarlo, no ha necesitado de su mejor versión (por ejemplo el tercer y cuarto set de Roland Garros contra Nadal), o la paliza que le infligió a Medvedev en Australia. Quizá el camino que tuvo (bastante despejado) hacia la final, le hizo activar el modo “ahorro” y con eso le valió. En los JJOO (si acude) necesitará subir algo más su nivel no por los rivales, sino porque a 3 sets tiene menos margen de error.

    – Aposté antes del torneo por la final Djokovic-Berrettini, que dicho sea de paso, no tiene mucho mérito viendo el trazado del cuadro de ambos, y el nivel exhibido por el italiano en Queen’s lo que, unido a su saque (muy difícil de leer porque lo esconde muy bien, como Shapovalov, por cierto), su derecha y su slice le hacían claro candidato a finalista.
    Grandes decepciones Tsitsipás y Zverev (ambos tienen efectivamente tenis de sobra para llegar lejos en hierba, pero sus cabecitas están en otras cosas, el misticismo en el caso del griego y los numerosos problemas personales en el caso del alemán), leve decepción Rublev (que no parecer ser consciente de que los torneos de GS se juegan al mejor de 5 sets).
    Medvedev, a pesar de ser el #2 no me decepcionó tanto porque se topó con Hurkacz, cuyo juego en hierba es complicado de atajar. Le perjudicó no acabar el partido el mismo día que empezó (incomprensible decisión de los responsables del torneo que lo trasladaron al día siguiente), y Daniil decidió no comparecer en cuanto a juego. Ahí sí que tiene que hacérselo mirar, tiene unos arrebatos injustificables.

    -Federer merece un párrafo aparte porque su llama se apaga inexorablemente. Bastante hizo con llegar a cuartos tras estar más fuera que dentro contra Mannarino, a quien solo una inoportuna lesión privó de echar al suizo a las primeras de cambio. Reconozcamos que su camino después era un caramelito, con Gasquet, Norrie, Sonego y, por qué no, Hurkacz, un rival asequible en cualquier ronda de cuartos de final. Sin menospreciar al polaco, que ganó en Miami, no duele la derrota, sino la forma en que perdió. Si Roger hubiera luchado hasta la extenuación y palma en 5 sets, bien jugado, aplauso de la central, quizá lágrimas y broche digno y épico a su singladura.

    -Nombres a resaltar: Berrettini, Shapovalov y Aliassime (este con alfileres). Lo más positivo que se puede decir del italiano ya lo puse en la entradilla, su mentalidad que no le hace irse del partido pese a perder sets. Lo demostró con Aliassime y Hurkacz. Tiene un serio problema con su físico espectacular, y es que con su altura su tren superior está descompensadísimo con el inferior, lo que en un futuro le puede provocar lesiones de rodilla a no ser que se machaque en el gimnasio. Hay que recordar que en Australia ni siquiera saltó a la pista a jugar su partido de cuartos de final por una lesión abdominal, probablemente consecuencia de la hipertrofia que luce de cintura para arriba.
    Shapovalov, con ese juego de piernas que recuerda a la máxima de Mohammed Alí (“floto como una mariposa y pico como una avispa) tiene un tenis atrevido, maravilloso, variado y espectacular, que lamentablemente no va unido a una cabeza por cuyo interior discurre un enjambre de pájaros. Si consigue estabilizar el bullicio de su sesera, podrá ganar algún GS de pista rápida o Wimbledon. Para la tierra juega demasiado a tumba abierta como para poder aguantar partidos de varias horas a 5 sets. Lo que le sobra y falta a Denis, es justo de lo que adolece su compatriota Aliassime, con un tenis ordenado, estable y sin aspavientos, pero al que le falta colmillo y un par de gritos de vez en cuando para calentar el pecho frío que gasta.

    – Del torneo femenino solo el dato de que las 12 semifinalistas de GS de este año han sido diferentes es suficientemente elocuente como para no hacer más sangre. Solo añadiré que no estoy de acuerdo en que Garbiñe tenga talento, sino más bien contundencia y pegada, es decir, el prototipo de jugadora que impera desde la irrupción de las Williams, Sharapova etc, y que tiene su continuidad en el presente con Sabalenka, Kvitova u Osaka. Talento es lo que tiene la que ha sido la sorpresa agradable del torneo, la tunecina Ons Jabeur. Una pena que no llegara más lejos porque además de lo deportivo, si la jugadora árabe continúa evolucionando puede ser una referencia muy importante para que miles de niñas que viven sometidas en esos países sueñen con emularla a través del deporte.

    -Bonus track: Tampoco estoy de acuerdo con lo de Emma Raducanu. La chica de 18 años tiene la inmejorable ocasión de jugar en la pista central de Wimbledon, la catedral del tenis, habiendo cumplido de sobra y con una presión nula, más allá de la que los tabloides o ella quiera imponerse, porque no tiene nada que perder y todo lo que venga es a favor de obra. Pero le entra la ansiedad y tenemos un “Osaka Bis” en menor medida. Por si fuera poco, es una persona cosmopolita, estudiante, ha vivido en varios países y sus padres se dedican a las finanzas. Presión tendría si de avanzar rondas dependiera el sustento de su familia o llevase 10 años en el circuito llegando a finales y no hubiera ganado ninguna. En fin, no volveré a comentar lo de la nula capacidad de sacrificio de estas generaciones, henchidas de derechos pero cicateras con los deberes.

  3. Como si de la saga de James Bond o “The fast & the furious” se tratase, es difícil ir superándose entrega a entrega haciendo cosas cada vez más inverosímiles, así que al tenis femenino ya le quedan pocas cosas con las que poder epatar al personal con su eterno carrusel de sorpresas, y en este Wimbledon 2021 han tirado de pillería: han sorprendido a propios y extraños… ¡haciendo lo predecible! ¿Quién podría haberlo previsto? Cual si de torneo masculino se tratase, la número uno del mundo y primera cabeza de serie avanzó sin oposición por su rama del cuadro mientras la número dos y segunda cabeza de serie hacia lo propio por el suyo, y solo una enorme Pliskova evitó un encuentro en la final como el que los miembros del Big 3 llevan representando los últimos quince años ininterrumpidamente.

    La final fue más emotiva que emocionante, y estuvo dominada por los nervios, sobre todo en el primer set, que se llevó la que empezó a ponerse nerviosa más tarde. Karolina Pliskova, que solo había cedido cuatro veces su servicio en todo el campeonato iba a igualar esos números en la final, comenzando por dos primeros y horrosos turnos de servicio que hicieron que Ashley Barty se pusiera 5-0 casi contra su voluntad y en apenas 11 minutos. La reacción de Pliskova llegó tarde y no sirvió más que para maquillar el resultado a 6-3, y de nuevo cedió su servicio nada más empezar el segundo set.

    Si la cosa no acabó en dos sets y menos de una hora fue porque Barty tampoco estaba tan fina y sirviendo para ganar el campeonato acabó perdiendo el servicio y el tie-break. Ahí tuvo la oportunidad de su vida Pliskova para tratar de recuperar la mejor versión de su servicio, la que la llevó hasta semifinales sin ceder un set y la llevó a la final con una cómoda victoria ante la poderosa Aryna Sabalenka – que no os engañe el marcador: 5-7 6-4 y 6-4 suenan a batalla disputada, pero lo cierto es que Pliskova dominó de principio a fin y no pareció que Sabalenka tuviese opciones en ningún momento. Se llevó el primer set aprovechando el único punto de break que tuvo tras salvar con mucho pundonor los ocho que le arrancó la checa, y en otras ocasiones eso habría bastado para que Karolina perdiera la cabeza y el foco, pero en este caso no, siguió jugando exactamente igual, sin despeinarse, y la suerte de Sabalenka no siguió dos sets más.

    El tercer set de la final fue el que vio el mejor tenis, pero Pliskova sacó solamente bien, y ante Barty necesitaba sacar por encima de su media, porque los puntos largos caían casi todos del lado de la australiana. Lo de menos es que Pliskova solo hiciera 6 aces por 14 que hizo en la semifinal; la verdadera diferencia está en que en la semifinal, además de los 14 saques directos Karolina colocó al menos otros 30 que Sabalenka tocó pero no consiguió devolver. Barty en cambio sí pudo restar la mayoría de los servicios de Karolina, y con la bola en juego había tantas posibilidades de que ganara el punto como de que lo perdiera.

    Al final, aunque tras el partido contra Sabalenka temí tener que comerme mis palabras sobre que si una checa llamada Karolina gana un Grand Slam será apellidada Muchova y no Pliskova se cumplieron los pronósticos y la máxima favorita se llevó el torneo. Se supone que las jugadoras de tenis carecen de regularidad, pero a Barty no deben haberle pasado el memorándum. En lo que llevamos de 2021 lleva diez torneos disputados: Melbourne, Aus Open, Adelaida, Miami, Charleston, Stuttgart, Madrid, Roma, Roland Garros y Wimbledon. ¿Resultados? Ganadora, cuartos, octavos, ganadora, cuartos, ganadora, finalista, lesionada, lesionada y ganadora. En internet hay muchos haters de la australiana, culpable de uno de los mayores pecados en una tenista a decir de una buena parte de los seguidores de este deporte: no está buena; pero ciertamente es la número uno más sólida que ha conocido el circuito desde los mejores años de Serena Williams. Aunque algo más gafada con los Grand Slam – nervios, probablemente – la australiana gana prácticamente la mitad de los torneos que juega, gracias a una técnica excelente, un servicio incomprensiblemente poderoso en un retaco de 1,67 y la mayor inteligencia táctica del circuito.

    Barty se benefició de un cuadro todo lo amable que permite el circuito femenino, donde cualquier rival te puede amargar la fiesta, empezando con un partido homenaje a Carla Suárez – olvidaos de lo que dice Guillermo, que o no vio el partido o le puede el amor patriotero por la canaria: Barty ni sudó para ganar el match. Se llevó el primer set 6-1, le supo mal que el partido de despedida de Carla en Wimbledon fuese una paliza humillante y como Ash tiene el carácter buenazo de Miguel Induráin (te gana pero procura no humillarte) aflojó el pedal en el segundo, con tan mala pata que cedió el servicio cuando tocaba cerrar el partido y se le enredó la cosa en un tiebreak que perdió. Ahí, claro, se acabó la broma, que una cosa es no querer hacer quedar mal a una tenista muy querida en su gira de despedida y otra cosa tirar por la borda un Grand Slam.

    Donde sí padeció de lo lindo fue en su partido de segunda ronda ante Ana Blinkova, otra de las muchas adolescentes llenas de talento y de ganas que pueblan el circuito, pero más que por mérito de la rusa, que aún está muy verde, sino con su propio servicio. Como la propia Ash reconocía al final del partido “hay días que sientes que mides 8 pies (2’4m) y la red no es más que una raya en el suelo, y hay veces que parece que mides 4 pies (1’2m)”.

    Superado el escollo Barty se mostró mucho más consistente ante Katerina Siniakova, que luchó con la fiereza y, a veces, la poca cabeza que la caracterizan y no aprovechó las oportunidades que tuvo de poner en riesgo el servicio de la australiana. Una lástima, porque Siniakova estaba jugando muy bien, recién llegada de una final en Alemania donde solo se vio superada por una esplendorosa Angelique Kerber. Kréjcikova le dio menos problemas, aunque el marcador parezca más ajustado. Entre el servicio y el revés cortado Barty desarboló completamente a la checa, y luego además pudo disfrutar de un partido de descanso ante su compatriota Ajla Tomljanovic, que aparte de pegarle muy duro a la bola no sabe hacer mucho más.

    Una lástima, porque esperaba con interés el duelo Barty-Ostapenko, que prometía bastante. Oliona llevaba una campaña de hierba excelente, tras proclamarse ganadora en Eastbourne. La letona ha mejorado considerablemente su primer saque, que ha pasado de “lamentable” a “aceptable”, y algo menos el segundo servicio (de “horroroso” a “mediocre”), pero además está empezando a jugar de manera menos kamikaze. Ya no se juega cada bola a la línea, ha aprendido a ser algo más paciente y preparar el punto antes de dejar caer el mazazo. Y el mazazo sigue siendo igual de contundente. Antes había una garantía del 100% de que uno de sus mazazos iba a ser un winner o un error no forzado. Ahora… también, pero como prepara más los puntos el reparto winner-error es más bien 80-20 en lugar de 60-40. Eso la había permitido una racha de 8 victorias consecutivas que yo creo que Ostapenko no había vuelto a ver desde que ganara Roland Garros aprovechándose de llegar de tapadillo y sin que nadie la conociese.

    También habría sido bonito ver un duelo ante Daria Kasatkina, pero ya sabía yo que eso no iba a poder ser cuando vi el sorteo. Dasha empezó muy bien el año, lleva dos títulos (ambos en pista dura) y esperaba mucho de ella en la gira de tierra batida, que siempre se le ha dado muy bien – sobre todo porque ahí su servicio la penaliza menos – pero fue bastante decepcionante. En hierba la cosa pintaba mejor, tras llegar a la final del torneo de Birmingham (que perdió ante Ons Jabeur, que conseguía su primer título WTA) y dejar buenas sensaciones en Eastbourne donde aplastó a Iga Swiatek tras perder el primer set (4-6 6-0 y 6-1), pero ahí ya perdió ante Ostapenko. Dasha es buena restadora y ante alguien con el servicio de Jelena Ostapenko se puede poner las botas… pero lo mismo se puede decir al revés. En efecto, en Eastbourne Ostapenko y Kasatkina se rompieron mutuamente el servicio 7 veces, pero la letona espació mejor las roturas y se llevó el partido. En Wimbledon la rusa se superó a sí misma y le rompió el servicio 8 veces… pero lo entregó en 10 ocasiones, incluyendo sus últimos 3 servicios consecutivos. Sirviendo dos veces para ganar el partido. En fin.

    Y en la semifinal Barty se cruzó con una renacida Kerber, a quien media internet lleva pidiéndole dos años que se retire pero ha vuelto jugando el mejor tenis que se le recuerda. En Bad Homburg remontó una semifinal durísima ante Petra Kvitova (3-6 6-4 y 7-6) para luego ganar el título, y aquí en Wimbledon hizo el que o mucho me equivoco será votado como “partido del año de la WTA” a finales de año, una maratón de 3 horas contra Sara Sorribes-Tormo. No soy muy fan del juego de Sara, que debe su éxito de este año a conseguir disputar los partidos en pista rápida como si fueran en tierra, lo que deja a las rivales ojipláticas y derrengadas (‘you’re a fucking animal’, le dijo una reventada Jennifer Brady en Miami, y algo parecido expresó Andreescu más tarde) pero en hierba me ha gustado mucho su uso de un revés cortado muy bueno, y también de su habilidad para subir a la red, incluso para hacer saque y volea. Sara perdió el partido, pero salió de la pista dos habiendo ganado varios miles de fans y con una ovación tan grande como la que se llevó Carla Suárez-Navarro.

    Y ya que las he mencionado, vaya decepciones Kvitova y Andreescu, sobre todo la primera. Vale que le tocó de entrada Sloane Stephens, que es como sacar a Fernando Verdasco como rival en primera ronda: sabes que no va a ganar el campeonato, pero igual te arruina el tuyo, pero aún así es un fracaso mayúsculo para una jugadora de su nivel caer en primera ronda de su torneo favorito. Y a Bianca hasta ahora solo la habíamos conocido en dos estados de forma: o ganaba el torneo o se retiraba lesionada. Ahora estamos viendo a una Bianca Andreescu en modo Belinda Bencic: no parece que esté fuera de forma o lesionada, pero su nivel está muy lejos del que le vimos en 2019. Perder dos veces en una semana ante Alizé Cornet no es una buena señal.

    • Tu comentario sobre el partido Sabalenka Pliskova me lleva a recordar un asunto del que suelo acordarme y es la manía de ir informando de los aces que tienen lugar en un partido cuando esta particularidad tiene escasa relevancia. Lo que sí es importante es la cantidad de unreturned services que tienen lugar en el encuentro y cuya información no se facilita habitualmente. Creo que es una de las costumbres adquiridas en el tenis que deberían de cambiar.

      • Cierto… en el partido vi las estadísticas por set que ofrecía la emisión en inglés y no ponían “Aces” sino “Unreturned services”, que es mucho más destacable.

  4. Disfruto muchísimo de estos artículos y tanto o más de los comentarios. Es admirable cuánto sabéis de tenis y lo bien que lo explicáis. muchas gracias.

    Djokovic se va a convertir, si no lo es ya, en el más grande. Puedo equivocarme, pero la lucha en el US Open entre Nole y Rafa puede ser verdaderamente épica.

    • Rafa siempre sorprende y da lo mejor cuando se le da por enterrado. Pero es que últimamente, fuera de la tierra batida y especialmente en hard court, hay ya unos cuantos que le pueden ganar en cualquier torneo. Medvedev, Zverev, Tsitsipas, Federer!!!!!!!….
      Yo más veo a Nole ganando (decir lo contrario a día de hoy es muy atrevido), pero sufriendo un poco o bastante más de lo que lo ha hecho en Wimbledon.
      Veremos, pero esa final con Djokovic no me la perdería ni aunque durase toda la noche aquí en Europa.

      • Federer ya no es rival para nadie, en especial a partidos al mejor de cinco sets.
        Nadal es, todavía, uno de los cuatro o cinco candidatos para ganar el USO.
        Y estoy seguro que su ímpetu le hará pelear por ganar uno o incluso dos títulos más de GS en lo que le queda de carrera.

    • Djokovic será favorito en el US Open, aunque es cierto que el desgaste más mental que físico de lograr el Golden Slam o el Gran Slam en su defecto caso de no ir a los juegos, abre una rendija a varios aspirantes entre los que por supuesto, estaría Nadal tras ordenar la mente y descansar del desgaste que le produjo la temporada de tierra. Con todo, no hay que olvidar que Medvedev, Berrettini, Shapovalov, Zverev o Tsitsipás tendrán mucho que decir al tratarse de una superficie propicia para su tenis, sin olvidar a Thiem que para entonces es probable que llegue recuperado de su apagón físico y mental. Por ubicación en el calendario es el GS más “abierto”, aunque el nivel de confianza sideral que tiene el serbio lo sitúe como favorito #1 indiscutible. Nadal ha de incluirse en la lista de aspirantes, diría que casi al mismo nivel que los arriba mencionados. Recordemos que en Australia no pudo con Tsitsipás, y que desde 2013 no vence a Novak en pista dura.

  5. Wimbledon ya no es lo que era pero sigue siendo un torneo diferente. Hace muchos años la imagen de la pista central el último día del torneo presentaba importantes calvas en el centro de la pista y hacia adelante en los dos cuadros de saque. Esto ya no sucede así porque en el tenis contemporáneo se ha impuesto el juego de fondo frente al saque-volea que casi no se practica.

    No obstante, Wimbledon tiene los códigos que impone la hierba. El número de intercambios que se cierran cerca de la red. Los resbalones intermitentes a los que tienen que acostumbrarse los jugadores. La cantidad y la menor duración de los rallies. La importancia de la dejada porque el bote en hierba es mucho menos vivo, a pesar de que los jugadores no golpean tan lejos de la línea de fondo como en otras superficies. El uso de los cortados no solo como un golpe defensivo. Y la relevancia de los puntos ganados con el primer servicio.

    Esas peculiaridades hacen de Wimbledon un torneo especial. También lo hace especial el ridículo descanso del domingo (que parece que se acabará definitivamente), las constantes interrupciones por la lluvia que han perjudicado el ritmo de varios partidos de la primera semana, la imposibilidad de jugar por la noche o los códigos de vestimenta. Recordemos que hasta hace nada el juez de silla se dirigía a las mujeres usando Mrs. o Ms. según procedía. A ello se le añade la brevedad de la temporada de hierba (este año sin solución de continuidad tras la tierra) y la ausencia de un torneo Master1000 en esta superficie que obligue a más jugadores a tener que disputar esta parte del circuito. Aún así está claro que determinados jugadores se tiran de cabeza hacia la yerba porque potencia sus habilidades (que se lo pregunten a Kyrgios, Federer, Humbert o Hurkaz, por ejemplo).

    Si tenemos todo esto en cuenta encontramos explicaciones a por qué razón muchos partidos han acabado del modo que lo han hecho.

    En primera ronda se repitió la suerte del OA2021 y se cruzaron Kyrgios y Humbert. Kyrgios es un verso suelto que cada vez está ganando más seguidores entre el público porque dice lo que piensa. Sus fans se suman porque ha madurado un poco más y ya no se le pasan por la cabeza tantas ideas peregrinas. El tipo se planta con muy pocos entrenos y menos preparación en los torneos previos a Wimbledon y en primera ronda se carga al ganador de Halle. Humbert estará maldiciendo su mala suerte una vez más pues estoy seguro de que de haber tenido otro sorteo hubiera llegado mucho más lejos en Wimbledon. El partido fue uno de los mejores de la primera semana y contó con todos los alicientes de Wimbledon: aplazamiento por lluvia, caída de la noche, juego en dos días y final en cinco sets con prolongación más allá del límite del tiebreak. Hagamos recordatorio de que Kyrgios es protagonista de un récord difícil de superar al ser el jugador de más bajo ránking que batió en un GS a un número 1. Lo hizo en su debut en Wimbledon cuando fue invitado al torneo y en tercera ronda (o cuarta, ya no me acuerdo muy bien) eliminó a Nadal con bastante suficiencia hace muchos años.

    Luego el torneo siguió para el australiano hasta que se rindió ante Aliassime por cansancio físico y dolores en el vientre. El tipo entre tanto dijo dos cosas a tener en cuenta: que la hierba este año no estaba tan rápida (a mí me dio la impresión de que estaba como otros años) y que había llegado justo de forma física a Londres (viva la sinceridad). Yo por mi parte sigo pegado a la carrera de Humbert y espero mucho de él en pista dura. A ver qué tal lo hace.

    No había visto hasta este torneo jugar al polaco Hur… (tengo que ver cómo se escribe) Hurkacz. La victoria sobre Federer la había repartido entre el demérito del suizo y las capacidades del polaco. Un juego compacto, sin fallos, apoyado en su porcentaje de servicios le otorgaba haberse hecho merecedor de la victoria. Luego lo poco que pude ver contra Berrettini me hizo cambiar mi impresión de ese partido anterior y se me dio por pensar que Federer había quizá contribuido mucho más a su propia derrota que el propio jugador polaco (no puedo negar que quizá también me haya influido la opinión de Guillermo Ortiz). Yo creo que Federer ya no volverá a Wimbledon. Voy a echar de menos su juego de ataque, su precisión, sus subidas a la red incluso al resto del segundo saque y esa forma de moverse por la pista.

    Tuve ocasión de ver cómo se decidía el set decisivo entre Zverev y Aliassime. El alemán venía remontando dos sets en contra y yo no hubiera dado un duro por el francés antes de comenzar la quinta manga. Al inicio del set este último se pone dos cero en juegos y en un resto muy agresivo al saque del alemán se la juega a todo o nada a llevarse el tercero. La bola toca el pasillo y Zverev se recompone y se lleva ese juego y los dos siguientes. En ese momento se me dio por pensar que ese golpe fallado pudo haber decidido la suerte del partido y que Aliassime no recuperaría la compostura. Sin embargo el destino del choque volvió a cambiar y a mí me dio la impresión de que el siguiente servicio del alemán fue más una derrota propia que una victoria del francés. La impresión de verlo sin mordiente no fue muy positiva, hasta me pareció que se había rendido antes de tiempo, pecado que no hubiera cometido ninguno de los miembros del big three.

  6. Otro jugador que supo explotar las ventajas de la yerba fue Shapovalov. Si tu estrategia de juego es fabricar golpes ganadores desde el fondo de la pista llevando la iniciativa, la fórmula funciona si tus errores no forzados no superan a los golpes ganadores. Y en la superficie de Wimbledon es mucho más fácil conseguir winners porque los golpes de derecha y de revés (menudo revés a una mano) se envenenan al resbalar en la hierba. Los partidos ganados hasta toparse con Djokovic obedecieron a esa fórmula. La señora (su madre, supongo) pálida y de gesto severo que lo acompaña en muchos partidos no estaba en la grada y yo vi a Shapovalov (imaginaciones mías quizá) jugar más suelto y liberado.

    Lo que sucede es que cuando toca jugar contra Djokovic la cosa no es tan sencilla. No estoy de acuerdo con la afirmación de Guillermo que ha indicado luchino en su comentario. Tampoco me parece preciso decir que a Djokovic le basta con jugar al 70 por 100 para ganar. Yo creo que Djokovic ha demostrado ser muy superior a todos sus rivales jugando al 100 por 100 cuando es necesario. Cosa distinta es la forma en que ha gestionado sus victorias y esa manera que tiene de jugar al resto cuando ya ha adquirido ventaja al romper el servicio de su rival. Como en el partido entre Federer y Hurkacz, podemos pensar en atribuir la victoria según méritos del ganador y deméritos del contrincante y a veces esa tarea será muy difícil de realizar (muchas veces me he preguntado cuántos puntos caen en el terreno dudoso del error forzado (categoría que no se distingue en las estadísticas) y el no forzado), pero cuando veo a Djokovic y su despliegue de golpes, su movilidad en la cancha, la forma en que limita sus errores no forzados, su servicio solidísimo o el control que tiene del partido yo no dudo en atribuirle todo el mérito. Es el mejor jugador de la historia y no hay más vueltas que darle.

    Dani ya lo apuntó en sus comentarios al RG2021. La sorpresa que nos dio Nadal no fue la renuncia a Wimbledon. Lo que sorprende es que también se haya borrado de Tokyo2020. Tanto tiempo fuera de la pista sin haber llegado a pisar la final de RG no augura nada bueno. Yo personalmente creo que Djokovic no ganará los JJOO y el USOpen (uno de los dos quizá sí) porque, como ha sucedido otras veces, no va a poder gestionar el final de la temporada al mismo ritmo que al principio. Lo peor es enfrentarnos a la incógnita de resolver quién lo va a ganar si no es el serbio. Y en esa tesitura cuesta ver a Nadal en estos momentos. Ojalá haga una buena gira americana. Aún es capaz (pero lo digo cada vez con más dudas).

    La mejor noticia del torneo femenino es Barty. Es lo mejor que le puede suceder a una competición que necesita referentes. Recibí con decepción su no concurso en RG y deseaba verla en un torneo grande. En muchas ocasiones me ha recordado a Henin, no tanto por su aspecto físico sino por su solidez desde el fondo de la pista. No esperaba verla contra Pliskova el penúltimo día del torneo porque yo daba como favorita a la número 2 del mundo en las semis. De hecho ya me había reservado la tarde del sábado para ese partido y ver a Pliskova en su lugar no me causó mucha emoción sobre todo después de que en uno de los primeros puntos del partido, ante un globo de Barty que la pilló adelantada, apenas luchó por girarse y tratar de recuperar la línea de fondo. Si la checa tuviera tanto genio como técnica ya habría ganado muchos GS. Pero esta mujer es una sinsangre que se ha beneficiado de su altura, de su técnica pero no ha sabido adoptar una mentalidad resiliente y ganadora. En frente Barty con la lección aprendida de mandarle todos los reveses cortados que le fuese posible (a veces hasta la saciedad) para hacerle perder la compostura en el juego de atrás. La mayor parte de las veces le sirvió para llevarse puntos mientras la checa basaba su juego en la eficacia de su servicio. Estuve muy pendiente todo el partido de sus subidas a la red y cómo muchas veces renunciaba a ellas no sé muy bien por qué. Solo quizá hacia el final supo aprovechar algunos golpes fáciles desde esa posición. La victoria de la checa en el segundo parcial fue posible porque la australiana no se mostró tan segura pero el tercer set fue una de las mejores cosas del torneo femenino que pude ver porque fue allí donde ambas jugadoras hicieron exhibición de sus virtudes.

    Gracias a Guillermo Ortiz por sus comentarios. También a los que se acercan a escribir aquí, especialmente a Dani y a Valhue. Sin sus valiosas aportaciones yo a lo mejor no hubiera ofrecido las mías. Tengan el valor que tengan.

    • Todas las aportaciones suman y son buenas ;) . Un inciso sobre Aliassime, es canadiense, no francés, aunque obviamente de la parte francófona, Montreal. Respecto a Kyrgios, no sé si Dustin Brown (el alemán de las rastas) comparte con él el mérito apuntado, ya que también sorprendió a Nadal en tercera ronda si mal no recuerdo. No dije nada de Barty pero coincido en que es la más regular, y digna sucesora en ese aspecto de Halep, además de que tiene un tenis más versátil.

      • Ya no me acordaba de Dustin Brown. Acabo de comprobar que eliminó a Nadal en 2015 en segunda ronda. En ese momento el alemán estaba más o menos de número 100 y el balear de número 10. Iniciando la decadencia temporal de los años 2015 y 2016 cuando apenas cosechó títulos. El descalabro fue importante pero no tanto como el del año anterior que le batió Kyrgios con una WC y una cara de niñato que tiraba para atrás ganando al número 1 de ese momento (aunque no la cabeza de serie número uno). La curiosidad me llevó a consultar el H2H entre ambos. Dos enfrentamientos y dos victorias para Dustin Brown. Creo que es una absoluta rareza.
        Gracias por lo de Aliassime. Menudo equipo el de Canadá para la Davis Cup.

        • Sí, Canadá tiene un equipazo para las competiciones por equipos, sea la Davis Cup o la ATP Cup, aunque ambas, a pesar del intento de reanimación que han experimentado últimamente por Piqué y compañía, no suponen una prioridad para los tenistas, a no ser que no interfieran con sus objetivos individuales de preparación de GS y el resto del calendario. Aunque el mejor equipo lo va a tener Italia: Berrettini, Musetti, Sonego, Sinner y un crepuscular Fognini. Mucho donde elegir. Hablando de los transalpinos, creo que Sinner se va a quedar atrás. Le llovieron los elogios demasiado pronto (yo me subí a ese carro) y el chico, con ese carácter que ni siente ni padece no aparenta tomarse demasiado en serio el tenis por su nula capacidad de progresión respecto al año pasado. Es más, ha involucionado y lo que le he visto este año es una versión peor de la del anterior. Es obvio que todavía es muy joven y que tiene margen de progresión, pero tengo el pálpito de que no va a estallar como se presuponía. Su juego me parece muy previsible y falto de variantes.

    • Defenderé un pelín a Karolina Pliskova, aunque soy más fan de la persona que de la tenista. Karolina, como toda jugadora (qué leñe, como todo profesional que se precie) tiene sus virtudes y defectos y a lo largo de su carrera ha batallado para limar los últimos. Los puntos fuertes de Pliskova son el mejor saque del circuito durante los últimos diez años, con permiso de Serena Williams, y una derecha plana que es el mismo golpe que su servicio pero en horizontal.

      En contra tenía un revés muy flojito, muy mala mentalidad ganadora con tendencia a irse del partido y una pésima movilidad, tanto lateral como de subida a la red. Estos tres elementos son los que ha tenido que ir trabajando. Su revés fue la primera cosa que mejoró y aunque no es su arma principal le sirve para defenderse muy bien, tanto liftado como cortado. La mentalidad ha sido siempre su principal punto en contra, pero ha ido controlándolo tras una máscara de impasibilidad. No es que Pliskova carezca de sangre, es que cuando era más sanguínea perdía más partidos. La (aparente) sangre de horchata que tiene es un mecanismo de autocontrol que normalmente le sirve para no dejarse dominar por los nervios o verse influida por haber perdido algún punto clave. Obviamente, la procesión va por dentro y al final los nervios pueden traicionarla, pero bueno, es el mecanismo que ha escogido ella para tirar adelante y le funciona bastante, si tenemos en cuenta que es una de las tenistas más laureadas de la WTA en cualquier superficie. Y la movilidad la ha trabajado bastante, la verdad. El juego de Karolina es de los más engañosos que se puedan ver. Parece que es una bestia de colocar aces gracias a su 1’86 de altura… pero si te fijas en las velocidades de sus saques, no está ni el top 10 de saques más rápidos. Es todo colocación, por eso mete los mismos aces por partido en dura, tierra, hierba o moqueta. También parece que no sabe correr o le falta fondo, pero luego la ves llegar a bolas increíbles. Y parece que no tenga carácter, pero luego te ves estas cosas: http://www.youtube.com/watch?v=GTnl4Rj4wWA&t=0m53s (una rareza, la verdad, porque Karo no es de discutir con el árbitro, pero pocas veces he visto a un jugador con más razón para protestar, pero además el vídeo es supergracioso. Pliskova ganó muchos fans con la tontería, simplemente por expresar que es humana).

      Pero sigue siendo una tenista muy cerebral. No corrió a por ese lob de Barty… porque sabía que no llegaba. Hay jugadoras como Halep o la propia Barty que habrían corrido a pesar de todo, pero Karo no es de esas. Además de que su movilidad vertical todavía deja mucho que desear. No sabe cuándo subir, cuando sube lo hace mal a menudo, y una vez arriba no sabe bajar, cual gato subido a un árbol.

  7. Djoko is the GOAT y no hay mas por otra parte me alegro es el unico antivacunas y antiNWO que hay en el circuito, tiene su familia y lucha por los tenistas de abajo cosa que federer y nadal en su torre de cristal no hacen. Debería no obstante tener 19 Grandes y Federer 21, ese wimbledom ganado unicamente a base de tie breaks me parece el partido mas injusto a historia, aun así bravo por el. Probablemente llegue a 22-23 tampoco creo que mas, es verdad que la next gen les falta hambre pero por estadistica tiene que salir algún tenista que lo jubile, ya que con 34 años esta en la fase final

    • Ese partido contra Federer, igual que la semifinal del Us Open 2011, demuestra la pasta de la que está hecho. Aun admitiendo tu argumento cogido con alfileres, recuerda que no se celebró Wimbledon 2020 y que fue injusta aunque legalmente descalificado del Us Open del año pasado: estaríamos hablando probablemente de 21 GS ya a día de hoy.
      Llevas razón en lo de su lucha porque los jugadores más modestos cobren más, algo que no se valora y que, efectivamente, es algo que Nadal y Roger no han defendido, limitándose a figurar cada vez que ostentaban un cargo ATP. Lo de las vacunas mejor lo dejamos por inconsistente.

      • Si quieres ponerte una vacuna en fase 3 de la te dicen que tu eres responsable de su uso haya tu, yo no me la pongo y respecto al tema de debate, si dicho partido fue tremendamente injusto no es solo que federer tuviera 2 bolas de partido y que djokovic ganara sus tres sets en tres tiebreaks es que los dos sets que gana Federer literalmente arrasa con djokovic, este fu el resultado 765 16 764 46 1312

        • A estas alturas está de más recordar que el tenis es de los pocos deportes donde se puede ganar haciendo menos puntos o menos juegos, y que consiste en ganar ciertos puntos, no todos los puntos. Por eso a nivel mental es el más exigente y por eso la mentalidad es tan importante como saber jugar. Por eso no fue injusto, porque revela a un tipo de una mente de titanio. No entro a valorar lo de la vacuna porque no es este el foro apropiado.

          • Si por supuesto puedes perder 60 60 67 67 67 pero a mi me parecio bastante injusto es una forma de apreciarlo nada mas, igual que por ejemplo el partido que gana en roland garros a nadal tiene un merito brutal porque si esta claro que si nadal gana el tercer set ( y lo tuvo en su mano) lo gana en 4, pero ahi estuvo luchando como un jabato

            • Si Nadal hubiera ganado el tercer set, es posible que hubiese ganado, pero en 5 sets y apelando a la épica. Andaba muy justo de gasolina y por eso creo que la victoria de Djokovic era inexorable.
              Por otra parte, sobre lo “injusto” de la victoria del serbio sobre Federer en Wimbledon 2019: creo que influye más la percepción de Roger como yerno ideal que criterios puramente deportivos. Imagina que en lugar del suizo fuera Kyrgios el que perdiera en esas circunstancias, ¿dirías que es injusto? Me juego 100 € a que no.

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