La insoportable levedad de Novak Djokovic

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Novak Djokovic en el Open de Australia 2015. Foto: Xu Yanyan / Cordon Press.

Toni Nadal: «Tenemos un problema y se llama Novak Djokovic»

Quizás el aficionado al tenis no recuerde la primera vez que escuchó o leyó el nombre de Novak Djokovic. En mi caso, yo le vi jugar por casualidad por primera vez en 2005, en la primera ronda del Open de Australia ante Marat Safin, campeón a la postre del torneo. Pero Toni Nadal sí recuerda cómo lo conoció: «Estábamos en Wimbledon y vi a Juan Mónaco contra otro jugador. No sabía quién era y pregunté por él. Era Novak Djokovic y entonces tenía dieciocho años. Le vi cinco minutos y me fui directo al vestuario: «’¡Rafel!’ —Toni Nadal, con su acento mallorquín tan marcado, parecía que llamaba a su sobrino así en vez de ‘Rafael’—tenemos un problema! Acabo de ver a un tío muy bueno». Novak Djokovic era uno de aquellos atletas que creció con el conflicto en los Balcanes de telón de fondo. Sus primeros pasos tenísticos los dio con apenas seis años, en 1993, entrenando con una de las grandes leyendas del tenis serbio como Jelena Gencic. Novak era un niño inquieto, con una curiosidad tremenda por los deportes y ajeno a la política internacional y a lo que acontecía en los Balcanes. Solo veía tenis. Ver jugar a Pete Sampras en televisión fue lo que lo motivó a practicar este deporte. Como él mismo ha señalado en alguna ocasión: «Aprendí a jugar al tenis antes que a leer y a escribir. Sampras siempre fue mi ídolo». No, no era una exageración, sino toda una declaración de intenciones por parte de un niño alto, delgado como un bailarín y con esa sonrisa que solo la inocencia es capaz de dar. «Tuve la suerte que otros niños no tuvieron y pude huir de Serbia durante la guerra. Eso me hizo sentir mal durante mucho tiempo». «Cuando uno experimenta una guerra y sabe que cualquier día puede ser el último de su vida, uno acaba apreciando la vida mucho más».

Gencic, una leyenda del tenis serbio, había formado en sus inicios a esa joven Monica Seles que ganó ocho de sus nueve Grand Slam antes de que cumpliera los 21 años y a Goran Ivanisevic, campeón de Wimbledon 2001 y número dos del mundo. Novak se dedicaba a pelotear en las desangeladas y derruidas pistas del Partizan Tennis Club de Belgrado. «Es básico entender este tipo de situaciones y por qué quería jugar al tenis. El tenis no era solo para mí un deporte: era escapar de todo», dijo en una entrevista para la BBC. Gencic se encargó de moldear esa tempestad emocional que era el pequeño Novak. Después de haber completado su ciclo allí, viajó a Alemania y a Torino,  entrenando a las órdenes de Ricardo Piatti. Sin embargo, la persona más importante de la carrera de Novak Djokovic fue Marián Vajda, su entrenador desde 2006: un antiguo exjugador de tenis eslovaco que había crecido bajo los escombros del comunismo checoslovaco, en esa red de espionaje y terror que era su país antes de la desintegración de la Unión Soviética. No fue fácil para ambos esa unión en un comienzo por el choque de caracteres: Vajda era un gran mentor y un muy buen psicólogo, pero su disciplina militar se le hacía cuesta arriba a su pupilo. Pero para Nole, Marián se acabó convirtiendo en esa autoridad moral que necesitaba. En su Toni Nadal particular. Eso sí, con un matiz: el joven jugador serbio no era Rafa, era más díscolo y su umbral de sufrimiento era mucho menor que el del mallorquín. Además, Djokovic era asmático. Los partidos largos para él eran una tortura.

Cuando tío Toni le habló a su sobrino de Djokovic, Nadal empezó a entrenar con el serbio. Siendo de la misma generación —Nadal es un año mayor que el serbio— era normal que no tardaran en encontrarse en pista. Y así fue. En junio de 2006, Nadal y Djokovic se vieron las caras por primera vez en los cuartos de final de Roland Garros y no pudo ser peor para el serbio: cuando el español había ganado los dos primeros sets, Djokovic se retiró por lesión. En partidos posteriores tampoco pudo dar con la fórmula que le impidiera contrarrestar el asedio tenístico, pero sobre todo psicológico, al que Rafa sometía —y somete— a sus rivales. Con Federer casi se repetía la misma historia. Pero en este caso, los argumentos tenísticos del suizo eran demasiados para cualquiera que no fuera Nadal. Roger mandó en el circuito con puño de hierro desde el año 2004 hasta agosto de 2008, que fue cuando  Rafa le quitó el número uno. Su clase y su inagotable fuente de recursos técnicos abrumaron al serbio. Cuando Novak jugó su primera final de Grand Slam ante Federer en el US Open de 2007, su resistencia ante el empuje del suizo solo duró un set. El resto fue un paseo. Aquel partido confirmó lo verde que estaba aún en las grandes citas.

En 2008, sin embargo, Nole dio un gran salto cualitativo y cuantitativo. A Federer lo derrotó en las semifinales del Open de Australia para, posteriormente ganar su primer Grand Slam ante el francés Jo-Wilfried Tsonga. En ese 2008 se adjudicó, además, torneos también tan prestigiosos como Roma, el torneo más importante en tierra batida después de Roland Garros, e Indian Wells, considerado por muchos como el quinto Grand Slam. Coronó ese 2008 ganando su primera Copa de Maestros: el trofeo en el que los ocho mejores del ranking se citan a final de temporada. Parecía que había nacido una estrella. Pero todo quedó en letra muerta en 2009 y en 2010. Los problemas físicos como el asma volvieron a aparecer y su fondo físico le volvió a causar problemas de rendimiento. Tampoco la relación profesional con el norteamericano Todd Martin para mejorar su saque y su juego en la red fue bien. Nole lo despidió, quedándose solo con Vajda en su equipo. El punto de inflexión en la carrera del serbio fue la final del US Open que perdió ante Nadal en septiembre de 2010 —que le sirvió al español para ganar el Grand Slam que le faltaba—. Un mazazo duro. Pensó incluso en dejar el tenis porque se sentía incapaz de hacer frente a Federer y a Nadal. Pero entonces aparecieron los buenos oficios de Marián y su paciencia para hacerle entender que podía ser igual o mejor que ellos si trabajaba más y aprendía a sufrir en pista. Y surtió tanto efecto que 2011 cambió radicalmente la carrera del serbio.

2011: el año en el que Djokovic se convirtió en un superhombre

Siete años después del ascenso al Olimpo de Nole muchos se preguntaron qué fue lo que cambió para que Novak destronara a Federer y a Nadal. En primer lugar, la dieta. Eliminó el gluten de sus comidas y eso le ayudó a aumentar su rendimiento físico. En segunda instancia: la paciencia. Nole no aceptaba que el tenis era un deporte de fondo. El proceso de maduración de un tenista es duro y él quería ser tan precoz en todo como Michael Chang, Boris Becker, Mats Wilander, Monica Seles o el propio Rafael Nadal. Pero, sin duda, la clave de su rendimiento fue que aprendió que la derrota siempre enseñaba lecciones más valiosas que la victoria. Nole decidió cambiar y aprender a afrontar el sufrimiento en pista. Y los cambios se notaron en pista rápidamente. Ganó el Open de Australia 2011 a Andy Murray, y Miami e Indian Wells a Rafa Nadal. El nivel que mostró dejó boquiabierto a la prensa y a los aficionados.

Varió su juego ante Rafa: la derecha liftada del balear en sus buenos tiempos superaba las cuatro mil revoluciones. En las pistas de tierra batida o en las superficies de velocidad media-lenta, alcanzaba muchísima altura, alejando a los rivales de la línea de fondo. Nole aprendió a contrarrestar el golpe de derecha del español echando el cuerpo hacia delante para ganar unos metros en pista a la hora de golpear de revés —su mejor tiro—, impidiendo así que la pelota de Nadal lo alejara del fondo de pista. El español se encontraba con un contrincante que no cedía tantos metros en pista. Djokovic encadenó cinco finales consecutivas ganadas a un Nadal que veía también cómo en tierra batida, —y suerte que Federer frenó a Djokovic en semifinales de Roland Garros de ese 2011—. Djokovic, paulatinamente, empezó a meterse en la cabeza de Nadal. Aprendió la máxima de Nikolai Davydenko: «Si ante Nadal te quedas alejado de la línea de fondo estás muerto». Davydenko sabía de lo que hablaba. Él fue uno de los pocos tenistas que tenía el cara a cara favorable con el balear. También el serbio aprovechó su habilidad para abrir ángulos con su revés para sacar a Nadal de su zona de influencia a la hora de golpear. No obstante, dejando de lado tácticas de juego, lo que ayudó a equilibrar las fuerzas entre ambos fue el aspecto mental. Djokovic entendió que los partidos ante Rafa eran un castigo psicológico que había que soportar para alcanzar la victoria. Federer no se enteró de eso hasta el año 2017.

Después de una primera mitad de temporada incontestable, alcanzó el número uno tras la final de Wimbledon en 2011, que ganó, otra vez,  a Nadal, al igual que el US Open. Cerró un año maravilloso, el mejor hasta ahora de su carrera. No tenía fisuras en su estilo de juego —dejando de lado la volea—; pero, sin duda, se convirtió en el competidor que Vajda buscaba desde que comenzaron a trabajar juntos. En 2012, en la final del Open de Australia —a mi juicio, la final más espectacular que he visto jugar al serbio—, volvió a ganar a Nadal en un maratoniano partido que duró más de cinco horas. Perdió la final de Roland Garros frente al español. Roland Garros se convirtió, de hecho, para Nadal, en el último fortín donde refugiarse de las acometidas de Nole. 2013, por el contrario, no fue tan brillante para Djokovic: ganó otra vez en Australia, pero perdió gran parte de sus partidos importantes que jugó contra Nadal —a excepción de la final de Copa de Maestros—. El balear se llevó la semifinal de Roland Garros, la del Master Mil de Montreal y la final del US Open, y pudo sacarse momentáneamente el fantasma del serbio de la cabeza. ¿Volvería el Nole de 2011? No tardaríamos mucho en verlo.

2015: el mejor año de la era Open de la historia

Boris Becker y Novak Djokovic durante un entrenamiento en el U.S. Open 2015. Foto: Cordon Press.

2014 comenzó con la incorporación de Boris Becker junto con Vajda al staff técnico del serbio. Ese mismo año volvió a perder la final de Roland Garros ante Nadal, pero, a cambio, conquistó su segundo Wimbledon y su cuarta copa de Maestros  ante Federer. En 2015, el único obstáculo era el suizo —Nadal ofreció un nivel muy pobre ese año y en 2016 debido a lesiones y episodios de ansiedad—, que estaba intentando reestructurar su tenis agresivo de sus comienzos con ayuda de Stefan Edberg. Si en anteriores párrafos anteriores he hablado de cómo varió el juego del serbio ante Rafa, mención merece la táctica que Djokovic adoptó contra Roger. Nole sabía que el punto débil de Federer como jugador, aparte de ese revés a una mano que Nadal martilleó a base de bolas altas que lo obligaban a golpear por encima del hombro, estribaba en su poca paciencia desde el fondo de pista. El serbio evaluó la situación, y llegó a la conclusión de que si quería sacar réditos de sus duelos contra él, tenía que extenuarlo físicamente desde la línea de fondo como lo hacía Nadal.

Por otro lado, el saque de Federer, eficaz siempre ante la inmensa mayoría de los rivales, ante Nole no funcionaba debido a que el serbio era —y es— el mejor restador del circuito. Así las cosas, el balcánico desquiciaba al suizo cuando este subía a la red para intentar acortar los puntos, no entrar en un peloteo intenso como le pasaba cuando jugaba contra Rafa— y se encontraba con un passing shot por parte del serbio. Esa táctica no le dio resultado a Nadal. Federer intentaba acortar los puntos, meterle efectos a la bola con el revés cortado, hacer dejadas e, inmediatamente, subir a la red para añadirle más presión a Novak. Esa forma de encarar los partidos dio resultados en momentos esporádicos, luego devino eficaz. El serbio es una máquina tácticamente: se le podía engañar una o dos veces, pero no más. Además, conocía las debilidades del suizo, como su incapacidad en estos últimos años de aprovechar las bolas de break a favor. De tanta presión que el suizo quería meterle al serbio, al final acabó siendo contraproducente, porque eso lo llevó a cometer más errores no forzados.

También Federer probaba con sacar al cuerpo de Djokovic para impedir que restara en condiciones. Una vez más, la estrategia funcionaba en momentos esporádicos, porque Novak enseguida echaba el cuerpo ligeramente hacia un lado y devolver así la bola con garantías. En todos los partidos fundamentales que disputaron en 2015 —las finales de Indian Wells, Roma, Wimbledon, US Open y de la Master Cup fueron para el serbio, a excepción de la de Cincinnati, donde se impuso el suizo— Djokovic dominó al suizo como hizo con Nadal en 2011. Cerró la mejor etapa profesional de su carrera con tres GS, seis M1000, su quinto Torneo de Maestros y unos récords que no se habían visto en la era Open. Lo que no hicieron Borg, Sampras, Lendl, Connors, Agassi, Federer o el propio Nadal, lo hizo Djokovic. Quizás la única mancha de Nole en 2015 fue perder la final de Roland Garros ante el suizo Stanislas Wawrinka, que impidió que ganara los cuatro Grand Slams en una misma temporada: algo que solo Rod Laver, en el circuito masculino, y Steffi Graf, en el femenino, habían llevado a cabo. Pero eso, mirándolo ahora, resulta anecdótico. Porque la pregunta era la siguiente: ¿cómo motivar a un tío que en 2015 lo había ganado todo, acumulaba casi doscientas semanas como número uno, y había reducido a Federer y a Nadal a añicos?

2016 y 2017: el crepúsculo de los dioses

El serbio comenzó 2016 arrasando como hizo en 2015. Consiguió su sexto Open de Australia ante Andy Murray, no sin antes ganar a Federer nuevamente en semifinales. Durante la primera mitad de la temporada siguió aplastando a sus rivales. Llegó como máximo favorito a Roland Garros, y por fin ganó el título ante el escocés Andy Murray. Se había cerrado el círculo y la celebración de Djokovic lo decía todo: tumbado en la tierra batida con los brazos extendidos y los ojos cerrados como diciendo: «se acabó, ya me he liberado del fardo emocional de haber perdido tres finales aquí». París, la tierra que había asistido al bonapartismo tenístico de Nadal, coronó por fin al serbio como emperador de la tierra batida. ¿Y saben qué fue lo peor que le pudo pasar a Nole? Ganar ese torneo. Fue su tumba durante dos años.

Veamos: Novak ya tenía veintinueve años, iba a ser padre y el tenis pasó a un segundo plano. Lo había ganado todo y se desmotivó. Este deporte no ofrece respiro ni espera a nadie: o pones tus cincos sentidos o estás fuera. Nole hizo un gran derroche en el aspecto físico y mental para conseguir su objetivo. Todo esto en la segunda mitad del año 2016 comenzó a pasarle factura. Se acomodó y en Wimbledon, donde defendía título, cayó en tercera ronda ante el norteamericano Sam Querrey. En los Juegos Olímpicos de Río perdió en segunda ronda ante un renacido Juan Martín Del Potro. Visiblemente afectado por el pobre nivel ofrecido ante su país en un evento tan importante, se fue de la pista con lágrimas en los ojos y la sensación de que había decepcionado a su nación. Había perdido una oportunidad para seguir agrandando su leyenda. Tanto Becker como Vajda, ante el espectacular bajón de nivel de Novak, presionaron para que volviera a centrarse. Pero la cabeza del serbio estaba en su mujer, Jelena, y en el pequeño Stefan, su hijo. Djokovic sufría desconexiones mentales en los partidos. Parecía que se sentía abrumado por el peso de la misma leyenda que él mismo estaba construyendo. Había sometido a Nadal y a Federer en sus encuentros directos y había conseguido despertar incluso la admiración de sus escépticos. Pero estaba fundido.

Djokovic estaba desesperado. No encontraba soluciones. Había cierta fatiga moral y existencial en él. Resoplaba en pista. Su cuerpo y su mente se habían escindido. El propio Becker contaba que muchas veces lo veía como si estuviera ausente. ¿Por qué ese cambio? Tras soltar lastre, se acomodó. Y era normal. Casi todas las grandes estrellas del tenis llegan a un momento en que se les funden momentáneamente los plomos. Por eso Börg se retiró con veinticinco años, Sampras con treinta y un años o Steffi Graf, con treinta y Marat Safin con veintinueve. Los deportes individuales son muy duros, durísimos, mentalmente desgastan mucho. Un solo error de cálculo puede echar al traste horas de entrenamiento. En la pista de tenis uno solo se tiene a sí mismo, no hay entrenador que te pueda dar indicaciones, solo animarte. Es como un centro de reclusión, que diría Andre Agassi. Pese a la jovialidad que el balcánico demostraba cuando imitaba a otros tenistas, se arrancaba la camiseta y empezaba a chillar tras ganar torneos importantes, era un chico que había crecido en plena guerra. Durante su decadencia veía la belleza de un viejo mundo destruido: el de su gloria tenística. Como los árboles de los jardines de los cerezos, se estaba acostumbrando a la extrañeza de lo nuevo. El  tenis llegó a hacerle sufrir; la paternidad, por otra parte, le convirtió en una isla feliz en medio de esa tempestad en que se estaba convirtiendo su carrera. Terminó 2016 fundido en todos los sentidos. Andy Murray le arrebató el número uno del mundo. Becker, viendo que su pupilo no iba a hacer cambios, abandonó el barco, no sin duros reproches hacia Novak en posteriores entrevistas, acusándolo de no haber entrenado lo suficiente. De falta de amor de propio y de tensión competitiva.

Contaba Agassi en su biografía el momento en que le llegó el desencanto vital. Fue en 1995, se encontraba en las calles de Palermo. Había ganado el Abierto de Australia y era el número uno. Sin embargo, una vez en la cima se preguntó por qué seguía jugando. Se nos vende el éxito como la máxima de esta vida. Pero la soledad se acrecienta. Novak no llegó a odiar el tenis como André, pero también se sentía como si estuviera en régimen de aislamiento en una prisión. Si David Foster Wallace viviera, habría escrito interesantes textos sobre esta fase del serbio. Djokovic comenzó 2017 igual de mal que finalizó 2016. Después de su sorprendente derrota en tercera ronda del Open de Australia ante el uzbeko Denis Istomin, la gira norteamericana de pista dura de primavera, como la de tierra, no le fue bien. Jugaba más bien por inercia. Marián Vajda y Djokovic, que eran uña y carne y pasaron por momentos delicados anteriormente, rompieron su relación. Llegaron a la conclusión de que era necesario un cambio. Rompieron una de las relaciones profesionales más exitosas de la historia de este deporte. Sin el eslovaco ya en el staff, Djokovic llegó a la final de Roma ante el alemán Alexander Zverev, pero su rictus de desesperación lo decía todo: quería huir de la pista de tenis. Para defender su corona en Roland Garros decidió contar con el asesoramiento de Agassi, pero su ayuda sirvió de poco: cayó en cuartos de final ante Dominic Thiem, con otra mala imagen en pista. De hecho, Mats Wilander, el hombre que un año atrás profetizó el dominio absoluto de Novak en el mundo del tenis —«Novak Djokovic será el motivo por el cual Roger Federer nunca gane más un Grand Slam»— tuvo que matizar sus palabras declarando que «Djokovic parecía incapaz de saber qué hacer para ganar un punto ante Thiem». En Wimbledon 2017 tuvo que retirarse en cuartos ante el checo Thomas Berdych por una lesión en el codo, y  decidió por dar finalizada la temporada. Mientras Federer y Nadal se repartieron los Grand Slams: Federer acumulaba ya diecinueve; Nadal, dieciséis, y Nole, doce.

2018: renacimiento y segunda juventud

Novak Djokovic en Wimbledon 2018. Foro: Cynthia Lum / Cordon Press.

Djokovic comenzó 2018 con André Agassi como entrenador. Consideraba que era la figura idónea para volver a ser el dominador de los años 2011 y en 2015. Con él trabajaría uno de los mejores amigos de Nole en el circuito: Radek Stepanek, recientemente retirado del tenis. Como no podía ser de otra forma, esta unión generó mucha expectación, en primer lugar, porque el serbio rompió con todos aquellos que lo ayudaron a tocar el cielo; en segundo lugar, porque el serbio se había encomendado a la controvertida figura de André Agassi. La relación entre ambos fracasó porque, pese a que el serbio viera en el estadounidense a un consejero, alguien de quien hablar de expectativas frustradas, de desencanto y de falta de pasión por el tenis, lo que Novak necesitaba era alguien que le inculcara de nuevo la ilusión por este deporte.

Stepanek, por el contrario, sí podría haber sido de gran ayuda: tenía una gran volea, muchísimos reflejos y creatividad en la red, virtudes de las que carecía Djokovic.  Sin embargo, la unión de Djokovic con Agassi precipitó también el final de su vínculo laboral con el propio Stepanek: los malos resultados —octavos de final en Australia y  segunda ronda en Indian Wells y Miami— y las discrepancias en torno a los problemas de codo de Nole —Agassi y Stepanek le aconsejaron que parara de jugar y se operara— condujeron la situación a un punto muerto, así que decidieron separar sus caminos. Tampoco ayudó la presencia de Pepe Imaz en su staff técnico. Aunque llevaran colaborando desde 2013, su filosofía de «paz y amor» descargó a Nole de tensión competitiva, lo que lo llevó a minimizar las derrotas, entrando en una abulia preocupante.

Djokovic, consciente de que había errado apartando a Vajda de su camino, decidió encomendarse a él de nuevo. Rubricaron su unión de nuevo para la gira de tierra batida. El eslovaco le puso como condición que echara a Imaz del equipo. Y Novak lo hizo inmediatamente. La gira de tierra de Djokovic fue discreta a excepción del enfrentamiento contra Rafael Nadal en los cuartos de final de Roma. Perdió ante el español pero al menos ofreció una buena imagen. En Roland Garros lo eliminó el italiano Marco Cecchinato, en un partido en el que lo tuvo todo para ganar y que acabó perdiendo por no saber manejar la ansiedad. Nadie se lo esperaba, ni él mismo, siquiera. Había competido bien y había peleado, pero ¿qué le faltaba a Novak? Era un quiero y un no puedo.

Wimbledon 2018: el punto de inflexión

Novak intentaba sentirse tenista, obligándose a hacer un acto de voluntad para redescubrir la pasión por el deporte que amaba en los entrenamientos. Pero cada vez tenía menos fuerzas. Incluso habló con sus íntimos sobre la posibilidad de retirarse. Una vez más, no aguantaba la frustración. ¿Bienvenidos a 2009 y 2010 de nuevo? No. Vadja le dijo que se diera más tiempo y que siguiera compitiendo. Todo, según él, iba por buen camino, y los brotes verdes llegaron en la gira de hierba. Perdió la final del torneo de Queens ante Marin Cilic, pero afrontó con garantías Wimbledon. Comenzó jugando al ralentí en la Catedral, despachando las dos primeras rondas con rapidez. Físicamente se le veía mejor, y es que el césped desgasta menos que la tierra y el cemento. Estuvo más combativo, como demostró con su «enfrentamiento» con el público londinense en tercera ronda. La central de Wimbledon presenció el encuentro entre Kyle Edmund y Novak Djokovic con máxima expectación: se enfrentaban el ídolo local y el tricampeón de Wimbledon. El público no respetó al serbio, a quien pitaron para intentar desconcentrarlo y añadirle más presión. El Novak indolente de hace unos meses o de 2017 habría pasado este detalle por alto, pero el de ahora no. Pedía con sorna que lo pitaran, celebraba los puntos dirigiéndose a la grada, retador. Si no estaba de vuelta, poco le faltaba.

Y renació. Y ante Rafael Nadal, nada más y nada menos. Esa semifinal contra Rafa era importante para ambos: no solo porque es la rivalidad más repetida a lo largo de la historia —habían jugado más de cincuenta veces desde 2006—, sino porque los dos son los máximos exponentes del tenis moderno: grandes restadores y jugadores que equilibraban a la perfección defensa y ataque. Emocionalmente, para Nadal el partido era crucial, porque si ganaba tenía la oportunidad de acceder a su quinta final en Wimbledon y a su más que probable tercer entorchado. Las probabilidades de que Rafael Nadal perdiera una final contra el sudafricano Kevin Anderson eran remotas. Pero también era sentimentalmente muy importante para el español: desde que el serbio explotó en 2011, el parcial era de 19-9 a favor de Djokovic en enfrentamientos directos. También acceder a la final era importante para el español para acallar a sus críticos que le reprochaban que, desde 2011 perdiera en las primeras rondas ante jugadores de peor nivel; en cambio, para Novak, significaba volver a demostrarse a sí mismo que podía competir contra sus grandes rivales de nuevo.

Nole y Rafa habían ganado la gran mayoría de sus torneos importantes jugando el uno contra el otro en semifinales o en la final, y los dos habían crecido mirándose de reojo, sin ocultar su admiración mutua. La rivalidad con Rafa llevó al serbio a cambiar. En el espectacular año 2011 del serbio, el español tuvo mucho que ver. Lo mismo se puede decir de la mejora de Rafa desde 2017 hasta la actualidad. Los partidos ante Djokovic le sirvieron para ser más agresivo y buscar más variantes en su juego. La semifinal se alargó hasta las cinco horas y veinte minutos. Fue un recital de tenis ofensivo por parte de ambos —terminaron con más de setenta golpes ganadores cada uno—. Hubo intensidad, dudas, momentos de rabia y de júbilo.  Ambos compitieron como en sus mejores tiempos: Nadal lo hizo lo mejor que pudo ante unas condiciones de juego adversas para su tenis. Y es que, debido a que la semifinal entre el norteamericano John Isner y Kevin Anderson se prolongó hasta la noche, ante la imposibilidad de jugar con luz natural, la organización decidió que el partido se jugase bajo techo y con luz artificial. El cambio era importante, porque la hierba y las condiciones de pista cubierta no beneficiaban al balear, porque Nadal juega con mucho efecto, y en pista cubierta, la pelota no coge la altura necesaria. Además, sobre hierba el juego se vuelve mucho más rápido. El bote es más bajo, resbala y sale despedida a toda velocidad. Condiciones estas que benefician más a los golpes planos de Djokovic que a los golpes liftados de Nadal.

Djokovic ganó un partido épico que se jugó en dos días —el partido se prolongó hasta las once de la noche del viernes, la hora máxima que marca un reglamento del Ayuntamiento de Londres y se reanudó el sábado— y en el que  estuvo titánico al resto. Nadal jugó muy agresivo: finalizó con más golpes ganadores que su rival, pero Djokovic hizo otro gran ejercicio de supervivencia. Restando fue un infierno para el español, que se encontraba con una bola a los pies y que le quitaba inmediatamente la iniciativa en el punto. Aun así, nunca lo tuvo tan cerca el balear de ganar otra vez Wimbledon. Sin embargo, la fortaleza del serbio pudo con él. Nadie esperaba esa resurrección de Djokovic, ese suspiro de vida en medio de la agonía que estaba siendo su carrera hasta ese partido que lo cambió todo. La final ante el sudafricano Kevin Anderson fue un mero trámite y Djokovic, a quien nadie daba como favorito antes de empezar el campeonato, obtuvo su cuarto Wimbledon. La angustia vital desapareció y desde ese momento todo empezó a ir sobre ruedas: ganó a Federer la final de Cincinnati: el último gran torneo que le faltaba, convirtiéndose el único tenista de la historia en ganar los nueve Masters Mil.

A partir de ahí, victoria en el US Open con una segunda semana de torneo casi inmaculada, en la que fue capaz de hacerle frente al inmisericorde humedad calor que hacía en Nueva York. Ya sumaba catorce Grand Slams y su tercer título en Nueva York. Había igualado a Pete Sampras, su ídolo, y acechaba ya el número uno que ostentaba Nadal. En tan solo dos meses había pasado de ser el número veintidós al dos del ranking. En octubre ganó el Master Mil en Sanghai y se metió de lleno en la lucha por el número uno, lográndolo a finales de octubre con la confirmación de que Rafa no podría jugar París Bercy y el Torneo de Maestros por una rotura abdominal y la aparición de un cuerpo libre en el tobillo. El serbio era otra vez número uno y, aunque perdió las finales de París Bercy y de la Masters Cup contra el ruso Karen Khachanov y contra Zverev, respectivamente, ya estaba de vuelta. Su regreso había sido triunfal e infundía miedo otra vez entre sus rivales. El chacal estaba de vuelta. Toni Nadal acertó cuando declaró que el renacimiento era cuestión de tiempo. La peor pesadilla de Nadal y de Federer estaba dispuesta a recuperar el tiempo perdido.

La masacre de Melbourne y el quinto Wimbledon

Novak Djokovic y Rafa Nadal en el Open de Australia 2019 Foto: Lui Siu Wai / Cordon Press.

El año pasado fue contradictorio para Novak Djokovic: arrasó a Nadal en la final del Abierto de Australia por un 6-3, 6-2 y 6-3, desquiciando al español. Nunca se vio a Nadal tan impotente como en ese encuentro. Es cierto que Rafa llegaba de estar cuatro meses sin competir después de retirarse en su semifinal del Abierto de Estados Unidos ante Del Potro. Pero pocos esperábamos el correctivo que le aplicó a un Nadal que lleva sin ganar en pista dura a Djokovic desde septiembre de 2013. La última victoria del español sobre el serbio en esta superficie databa de la final del Abierto de Estados Unidos de aquel año. Mucho ha llovido. Para la final del Open de Australia, Craig O’Shannessy, estrecho colaborador de Nole, el famoso estudioso del Big Data del tenis ideó un plan maestro, que detalló en el blog que tiene en la página oficial de la ATP, cuando finalizó el encuentro: «La secuencia es la misma siempre. Elimina la derecha, elimina el revés, y el saque terminará por caer también rápidamente». El serbio fue claramente superior en todas las facetas del juego. Primero empezó atacando la derecha del balear; posteriormente, cambió de estrategia y le buscó el revés. Nadal no esperaba para nada estas variaciones tan rápidas y bruscas por parte de su rival. Impotente, claudicó ante Djokovic. Seguía la maldición del español en Australia: cuatro finales perdidas. Dos ante Nole. El español aún no ha encontrado la fórmula para revertir esta tendencia.

En Wimbledon 2019 vimos otra de las grandes finales de la década entre Federer y Djokovic. Djokovic se convirtió, una vez más, en la gran pesadilla de Federer en la pista central de Wimbledon. Cierto que el suizo fue más valiente y buscó más el partido. También hay que reconocerle a un deportista que está cerca de los cuarenta años, el enorme derroche físico y mental en un partido de estas características. Casi cinco horas duró el partido. Y el público, claramente a favor de Federer, intentó arroparlo, llevarlo en volandas en esa tarde calurosa de julio, con la luz de la tarde y el cielo limpio, apenas sin nubes, reducidas a un mero rastro de humo. El helvético tuvo la oportunidad de «matar» tenísticamente al serbio. Dispuso de dos bolas de partido a su favor con 8-7 en el marcador. Las desaprovechó. Fue incapaz de meter dos primeros saques. Mientras veía el encuentro tuve un flashback: la semifinal que ambos disputaron en 2011 en el Abierto de Estados Unidos. También el suizo tenía la oportunidad de acabar con Djokovic, con 5-3 y dos bolas de partido a su favor. Se repetía la historia en Londres, en 2019. A Federer se le hace enorme la figura de Djokovic cuando le toca rematar los partidos. Flaquea y el serbio lo sabe: le basta solamente con ser más eficaz y esperar a que el suizo se inmole. Y lo hace. El serbio jugó mejor los puntos clave del partido y, aunque Federer ganó más puntos que él en total en la final, la sangre fría de Nole en los momentos clave hicieron el resto. Partidos así se ganan más con la cabeza que con tenis. El andar ufano de Djokovic, su sonrisa dirigida hacia el público que lo pitó en la final lo decía todo: había demostrado, una vez más, que cuando está concentrado es prácticamente invencible. Después de darle la mano a un Federer cabizbajo —consciente de que, quizás, estaba ante una de sus últimas oportunidades de ganar su noveno Wimbledon y de que había perdido ante un jugador con el que no tiene una buena relación— se acuclilló en medio del césped, arrancó unas pequeñas briznas de césped, se las llevó a la boca y comenzó a masticarlas, certificando así su idilio con el torneo. Había ganado su quinto Wimbledon. 3-0 en finales de Wimbledon a Federer.

En el Abierto de Estados Unidos de 2019, Djokovic tenía que defender su título en Nueva York, pero unas molestias en el hombro le obligaron a retirarse del torneo en octavos de final ante Stan Wawrinka. Se llevó los silbidos del público neoyorquino, que no le pasa al serbio ni una. Y es que en Estados Unidos aún retumba el partido que Djokovic jugó contra Andy Roddick en 2008. Cuartos de final, Roddick, uno de los tenistas que más y mejor conectaba con la grada, juega contra el serbio en cuartos de final. El lenguaje no corporal de este dejaba entrever que tenía algún problema físico. Y Roddick se descentró. Djokovic ganó en cuatro sets y Andy se marchó de la pista enfadado. En una entrevista que un periodista le hizo a pie de pista, le preguntó por este suceso, y la respuesta del serbio fue tajante: «Andy dijo que había sufrido dieciséis lesiones, ¿no? —Roddick, en rueda de prensa comentó de forma irónica que su contrincante había sufrido como dieciséis lesiones— Ya sé que la gente piensa que finjo todo, está bien. Lo que dijo Andy no está bien, sobre todo delante de la grada». El público lo abucheó más. Djokovic quedaría «marcado» como un tenista sucio para el público estadounidense. Hasta se comentó que después de estas palabras de Nole, Roddick lo esperó en los vestuarios y tuvieron algo más que palabras.

Djokovic: el tenista que no es amado

¿Por qué el público no acaba de conectar con Novak Djokovic? Federer forjó su leyenda no solo con su tenis clásico heredero de Rod Laver: su personalidad tranquila y su elegancia en pista a lo Fred Astaire hicieron el resto. A Nadal lo iba a definir yo, pero siempre me gusta citar las palabras de Jimmy Connors: «En este juego, Nadal pone la pasión. Gane o pierda, me emociona siempre». Y es cierto: Rafa ha conseguido que un deporte como el tenis, considerado por muchos como elitista, se contagie del júbilo irracional del fútbol. Una explicación podría radicar en la imagen. Borg tenía la mirada, el pelo, la diadema, el cuerpo liso y  la serenidad de los nórdicos. Guillermo Vilas era el latinoamericano con mirada de poeta que desafió a los grandes tenistas norteamericanos, australianos y europeos de su tiempo; Connors parecía un Beatle con su corte de pelo: era, además, tremendamente pasional y seguro de sí mismo, con esa arrogancia con la que caminaba hacia la pista de fondo tras ganar un punto. En el tenis muchos aficionados aún son leales a Rafa y a Roger. Pocos jugadores como el serbio tienen la habilidad de sonreír y divertirse en una pista de tenis y de desacralizar un deporte tan individualista y apegado a sus tradiciones. Quizás uno de sus problemas como jugador es que no transmite tanto en pista. Federer es arte renacentista en pista; Nadal es un héroe homérico y rock n roll en pista. Cuando la gente paga por ver un partido de tenis o se queda hasta altas horas de la madrugada viendo un encuentro, quiere ver a dos tíos dejarse la piel durante horas. Esa figura del gladiador en el Coliseo, sin ninguna duda, el español la encarna como nadie.

Djokovic tiene varios problemas: su padre, su madre y su entrenador, Goran Ivanisevic. Cada vez que pueden salen a la palestra para criticar abiertamente la figura de Roger Federer. Lo tachan de «soberbio» y de «arrogante» muy a menudo, en una enemistad que se remonta a los tiempos en que, en una eliminatoria de Copa Davis celebrada en Suiza en 2006 en Ginebra. Serbia y Suiza se enfrentan en Copa Davis. Por aquel entonces, Federer ya era número uno del mundo y el auténtico dictador del circuito. Djokovic, un chico de dieciocho años con problemas de asma. En un partido épico, Djokovic remontó dos sets a uno abajo a Wawrinka y terminó ganando con muchísima tensión. La actitud retadora de Nole ante Wawrinka, celebrando sus errores no forzados, no gustaron a Federer. Tampoco que durante ciertas fases del encuentro hiciera ver que tenía algunos problemas físicos en su pierna. Federer no dudó en señalarlo de forma pública en rueda de prensa cuando tuvo ocasión. Por otro lado, en la semifinal de Montecarlo 2008 que Federer y Djokovic disputaron, el suizo mandó callar a los padres del serbio, que intentaron desconcentrar al suizo entre punto y punto gritando. Su padre, en una ocasión declaró, en 2015, que no entendía por qué Federer, con treinta y cinco años, seguía jugando al tenis. «¿Por qué no se retira?», fueron sus palabras. En el círculo del suizo esas palabras molestaron. En una entrevista concedida al diario Marca, una vez más, el padre de Djokovic le lanzó un dardo a Federer: «Juega con 40 años porque no puede aceptar que Novak y Nadal serán mejores». La madre del serbio siempre presenta a su hijo como una víctima de la rivalidad entre Federer y Nadal. A su parecer, el público no perdona que Novak se entrometiera y ganase a ambos. Y es posible. Pero presentar continuamente a su hijo como víctima solo agrava una animadversión que Novak siente, especialmente, cuando juega en Nueva York o en Londres. Incluso en la final del Abierto de Australia de este año, el público apoyó a Dominic Thiem en algunos tramos del encuentro

Todd Woodbrige, uno de los grandes doblistas del tenis australiano fue rotundo, tras celebrarse la edición de Wimbledon 2019: «Novak está siendo víctima de su obsesión por sentirse apreciado. Considera que se está incurriendo en una injusticia contra él y eso le hace alejarse aún más de la gente. Durante mucho tiempo ha buscado el cariño de todos, pero creo que lo que sucedió en Londres le va a hacer construir un muro de contención entre él y el resto y refugiarse en su entorno más cercano. Ha perdido los nervios en más de una ocasión ya en este sentido y eso no le favorece nada». También Nick Kyrgios ha criticado esa actitud del serbio de buscar ser querido: «Djokovic me irrita con esa obsesión suya de ser querido. Tiene que dedicarse a jugar al tenis y nada más».

Ganó el Abierto de Australia de este año en la final a Dominic Thiem, obteniendo de nuevo el número uno, poniendo el cerco a Federer en semanas como número uno. También se adjudicó Dubai. El tenis se paralizó por la pandemia: Djokovic estuvo en el ojo del huracán por sus objeciones respecto de la vacuna. Cometió el error de organizar el Adria Tour, un torneo de exhibición en la zona de los Balcanes cuando el circuito estaba parado debido al coronavirus; y aquello fue un despropósito: jugadores como Dominic Thiem, Alexander Zverev, Grigor Dimitrov y el propio Djokovic no respetaron la distancia de seguridad y bailaron sin mascarilla en una discoteca de Belgrado ante la pasividad de las autoridades serbias. Aquello le valieron duras críticas por parte de la prensa, especialmente, la británica y la estadounidense, y de algunos de sus compañeros de profesión. Cuando se reanudó la competición el pasado mes de agosto, ganó el Máster Mil de Cincinnati con solvencia, convirtiéndose en el único tenista en ganar, al menos dos veces, cada uno de los torneos de esta categoría. Volvió a estar en el ojo del huracán en la presente edición del Abierto de Estados Unidos cuando lo descalificaron mientras jugaba su partido de octavos de final ante Pablo Carreño. Involuntariamente dio un pelotazo a un juez de línea en el cuello. Y aunque el golpe fue fortuito, las reglas son claras. 

Alguien podría pensar que el suceso no fue para tanto, pero como decían los romanos: «Dura lex, sed lex». Y se aplican sin discusión en el mundo del tenis salvo que te llames Serena Williams y tengas carta blanca para amenazar a árbitros como hizo con Carlos Ramos en la final de 2018 ante Naomi Osaka. No es la primera vez que Novak muestra su mal temperamento en una pista de tenis. Aparte de romper raquetas de tenis cuando los partidos se le ponen en contra, dirigirse de forma déspota, en ocasiones a los recogepelotas, se muestra retador con los jueces de silla si le llevan la contraria. A Djokovic —como a la propia Serena—, su obsesión por ser el jugador con más Grand Slams de la historia le juega malas pasadas. La presión que se impone es muy grande. Y en Flushing Meadows se pudo comprobar. La ambición es muy importante en el mundo del deporte; pero disfrutar del proceso, más todavía. Rara vez se va a ver Novak en una situación tan favorable como la que tuvo en Nueva York, sin Federer y Nadal compitiendo. Con su edad, cada Grand Slam es una bola de partido si lo que quiere es ser el mejor de todos los tiempos.

El año pasado perdió su número uno en detrimento de Nadal, quien acabó igualando también a Djokovic y a Federer en ese apartado finalizando como número uno por quinto año. No obstante, si echamos la vista atrás, ¿quién nos diría en junio de 2018 que el serbio estaría, una vez más, en la lucha por ser el tenista más grande de todos los tiempos? Escribiendo sobre la carrera de Djokovic me doy cuenta de que en el fondo, el mundo, desde dondequiera que lo miremos, se compone de pequeñas alegrías, pero, sobre todo, de displicencia y amargura. En el dolor muchas veces hay una ironía y una idiocia irracional, y vivir nos parece repugnante. Djokovic así lo expresaba en la pista en sus peores momentos, como si fuera Simón de Cirene ayudando a Cristo a cargar con la cruz de camino al Monte Calvario. «Toda vida es un proceso de demolición interna», escribió Francis Scott Fitzlgerald. Razón no le faltaba. Es necesario haber experimentado la desdicha para apreciar todo aquello que amamos. Siempre tengo todo esto presente cuando escribo sobre Novak Djokovic.

Novak Djokovic en el Open de Australia 2015. Foto: Xu Yanyan / Cordon Press.

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54 Comentarios

  1. Magnífico artículo. Para mí no hay duda de que Nole es el mejor tenista de la historia, incluso con los números de ahora. Ganar los 9 Masters 1000 no lo ha hecho nadie en la historia, lo que haría pensar con cierto fundamento que es más difícil que ganar los 4 GS. Pero él es que lo ha logrado ¡en 2 ocasiones como mínimo cada uno! Por si fuera poco, ha ganado los 4GS consecutivamente, aunque no en el mismo año, y tiene el Head to Head favorable con Roger y Rafa. A Nadal le falta currículum a cubierto, que es el último tramo de cada temporada tenística. No atesorar ninguna Copa de Maestros (el quinto torneo en importancia tras los GS) es un borrón muy grande para el balear. Federer tiene un bagaje en tierra muy pobre, lo situaría el #3 del triunvirato. Y en tierra, el serbio, a pesar de haber ganado 1 RG, ha ganado varias veces Roma, Montecarlo y Madrid, además de llegar a varias finales en París. Es sin duda el más completo. Nadal el más constante y Federer el más elegante.
    Mentalmente Rafa es más consistente en cuanto a persistencia en el tiempo, pero cuando se trata de enfrentamientos directos, la final de Australia contra Nole de casi 6h, la semifinal de Wimbledon 2018 de 5h y media, y la final de Wimbledon 2019 contra Federer de más de 5h tras levantar 2 pelotas de partido con saque del suizo (hay un error en el artículo, de esos 2 match-balls, en el segundo, con 40-30, Roger sí conecta un primer servicio dentro), más la semifinal de aquel Us Open con 5-3 abajo y saque de Federer, demuestran que Novak mentalmente es el más fuerte en el alambre, en la «Zona Cesarini» aplicada al tenis, ahí donde se dirimen los puntos clave y que requieren de un cerebro de titanio.

    Al hilo de todo esto, ayer fue el sorteo de Roland Garros, una fecha que ya anticipé como importante cuando comentamos el Us Open 2020. Evitar a Thiem en semifinales es clave, y el serbio tiene un cuadro propicio.

    • Hay cuestiones que no se miden estadísticamente. Nole no es -ni ya lo será- ese tenista que levanta ohhhhhs en la pista como Roger y Rafa. Y en el deporte, aparte de los títulos, importa y mucho la admiración y escuela que dejes como legado. Y en eso, El serbio está por detrás del suizo y el español.

    • Pues meterle al “mejor tenista de la historia“ un 6-0, 6-2, 7-5 con su cuadro propicio… Ayyyy, que a veces más vale pensar antes de hacer comentarios… Pero en fin, que no eres el único. Que se lo digan a Ïvanisevic…

      • Te aseguro que pienso mucho antes de que escribir, y por eso acompaño de argumentos mis datos. El serbio tenía a priori mejor cuadro, lo que pasa es que esto no son matemáticas, y Nadal, que teóricamente tendría que haberse encontrado con Zverev y Thiem, tuvo un camino más despejado puesto que el alemán jugó enfermo y Thiem acabó fundido por las dejadas de Gaston. Ojo, Schwartzman era un rival duro también, pero ganar 2 veces seguidas a Rafa o Nole es casi imposible, y menos al balear en Roland Garros. Por eso puse «a priori», aunque a ti te convenga retorcer mi mensaje para que se acomode a tu sesgo de confirmación.

        • Aunque no puse el «a priori» en la primer mensaje, es fácilmente deducible puesto que como he dicho, los cuadros no son matemáticas y siempre puede haber sorpresas. Apostaría 100€ a que cualquiera de los 2 preferiría, a priori, no ir por el lado de Thiem en Roland Garros.

          • Perdona el tono porque en absoluto quería molestarte, me gustan tus comentarios y veo que entiendes de tenis una barbaridad, y además es ventajoso por mi parte responderte tras la final de RG. Dicho eso, también aprecio cierto “sesgo“ por tu parte al hablar del palmarés de Djokovic en tierra. Coincido contigo en que no tener una Copa de Maestros no es un borrón pequeño para Rafa, pero pasar de puntillas el hecho de que en 15 años el serbio solo haya conseguido un RG no es un borrón menor. Coincidirás conmigo en que ayer antes del partido tenías muy claro que estando como estaban los dos en forma Djokovic iba a ganar de calle y no consiguió hacer el primer juego hasta que había pasado cerca de una hora de partido. No es de recibo que el “mejor jugador de la historia sin duda”, como entiendes tú, reciba semejante afrenta. En definitiva, que me es muy difícil debatir quién es el mejor, pero me parece muy osado que un buen entendido en este deporte (como me consta que eres tú) pueda no admitir dudas al respecto. Saludos

            • Ninguna actitud Fernando. Si es un borrón que Djokovic solo haya ganado un RG en 15 años, también lo es que Nadal haya ganado un Open de Australia en 15 años. Respecto a que «el mejor de la historia» haya recibido tal paliza, te recomiendo que le eches un vistazo o revises si la viste la final de Australia en 2019, donde es más difícil pegar una paliza en pista dura. O la victoria semejante (9 juegos solamente hizo Rafa) en RG de Djokovic sobre el balear. Te puedo asegurar que para mí el favorito en RG era Nadal, lástima que no pueda adjuntarte capturas de chats con mis amigos que así lo atestiguan. Otra cosa es que sí que es cierto que a priori me parecía el RG más difícil.

      • Pero Djokovic también ha barrido a Nadal en la cancha. Yo soy fanatico de Nadal y estoy muy contento de su 13 Roland Garros, pero sí creo que, en el largo plazo, quien quedará con más grand slams, más semanas como número 1 y más masters 1000 será Djokovic. Ah, y tendra en H2H a favor contra Nadal y Federer. Vamos a ver, yo quisiera que quedara Nadal, pero creo que será Djokovic…

        • Yo no sé quién prevalecerá como el mejor. Probablemente estará tan apretado que cualquiera encontrará argumentos válidos para cada uno de los 3. El año que viene se presenta apasionante, pero parece claro que Roland Garros es territorio Nadal, y a los únicos que veo en condiciones de ganarle allí son a Thiem o a Djokovic, pero siempre y cuando Rafa tenga un mal día o no juegue al 100 %. Bajo esa premisa, es fácil pensar que si la retirada se fija en un horizonte de 5 años, mínimo 3 RG más serán de Nadal, lo que no parece tan claro con el resto de GS, si bien es cierto que Australia es territorio Djokovic, pero la pista rápida es más «democrática» y la que minimiza más las diferencias. En cuanto a Federer, es una incógnita, pero creo que como mucho solo puede hacer algo en Wimbledon, y tampoco lo veo claro después de la oportunidad que dejó escapar en 2019 frente al serbio. Lo que hay que valorar también son otros factores como ganar todos los Masters 1000, y alguna Copa de Maestros. Si Rafa tuviera estos dos hitos, sin duda podría ser considerado ya el GOAT, pero ya digo, queda mucha tela que cortar.

        • Pues veo muy complicado que Djokovic gane cuatro GS más y Rafa ninguno, la verdad, Y no solo por Rafa sino por los que vienen, que ya parece que les toca; pero en fin, ya veremos. Ojalá tanto tú como yo nos llevemos la alegría de que al final sea Rafa.

  2. Magnífico Alejandro.

    Yo empecé a seguir el tenis en 2005 con la aparición de Nadal. Desde entonces podríamos decir que he seguido bastante de cerca la carrera de estos 3 monstruos. Para mí, Djokovic es el mejor jugador que he visto en una pista de tenis. Es duro decir esto para un «nadalista» (jaja) pero dejando de lado los fanatismos, el nivel que le he visto a Novak no se lo he visto a ninguno de los otros dos. Seguramente le perjudique ser el último en llegar a la fiesta y con la rivalidad Nadal-Federer ya hecha, pero cuesta entender porque gusta tan poco. Yo me quedo con que es un deportista y un competidor extraordinario y, aunque a muchos nos joda reconocerlo, creo que va a acabar líder en GS y semanas de número 1. Realmente curioso que en la época de Nadal y Federer aparezca un jugador que los supere a ámbos (almenos en el head-to-head), eso dice mucho de su carácter.

  3. Como han comentado los mensajes anteriores, y aunque el corazón de muchos de nosotros sea de Federer o Nadal, la cabeza y el analizarlo desde un punto de vista sosegado, por lo menos en mi opinión, hace que apoye la visión de que Djokovic es el mejor de todos los tiempos. Quizá el único borrón que se le puede poner (de momento) es el oro olímpico. Aunque con el currículum del serbio, ese borrón casi se convierte en algo imperceptible.

  4. Estando de acuerdo en líneas generales con los comentarios anteriores en cuanto a que creo que el mejor Djokovic es probablemente superior al mejor Federer y al mejor Nadal, hay un dato sobre la carrera de Nadal que no suele comentarse: el hecho de que Rafa nunca ha disfrutado de un tramo de pista libre con los dos rivales fuera de juego.
    Federer se paseó hasta que Nadal maduró su juego fuera de la tierra en torno a 2007-08. Unos 4-5 años sin Rafa-Nole consolidados en los que gana 12 GS.
    Djokovic, tras demoler a Rafa en 2011-12 tiene unos años ahí en los que Nadal y Federer están medio desaparecidos (2014-15-16) y arrasa
    Nadal: empieza contra el mejor Federer, para cuando lo supera aparece el mejor Djokovic. Pelea con él hasta 2013, baja de nivel y cuando renace en Australia 2017…es exactamente cuando revive Federer. Cuando este pierde pronto en Wimbledon 18 y se abre el camino de Nadal…Justo vuelve el mejor Djokovic
    Es decir, que Nadal apenas ha tenido algún tramo de pocos meses en los que tanto Federer como Djokovic hayan estado mal, una carrera peleada a más no poder

    • Eso es relativo. Por la misma regla de tres, Djokovic está desaparecido hasta 2011 (solo gana Australia 2008), cuando Roger está en su apogeo y Nadal lleva 9 GS (también está en su apogeo). Luego, por diversas circunstancias, tanto Nadal primero, como Nole después, se desconectan del circuito (razones físicas y mentales respectivamente), y dejan vía libre a un Federer que aún tiene 32-33 años (los mismos que ellos ahora). De haber madurado antes el serbio, como ya lo había hecho Rafa, estaríamos hablando de 30 GS a estas alturas, pero es evidente que a esos niveles no se puede estar al 100% de forma continua durante tanto tiempo. No me vale ese argumento.

      • No te vale el argumento tal como lo planteas ,pero no es lo que ha querido decir. Nadal ha peleado 15 años seguidos en el tenis en el que le ha tocado enfrentarse ( y ganar) al mejor hasta ese momento de la historia en su máximo nivel durante 5 años y después 9 años a un djocovic impresionante.Es decir 15 años con rivales a pleno rendimiento,mientras que djocovic empezó a ganar en la cuesta abajo de Federer ( por edad) y aprovechándose de unas lesiones importantes ( físicas y psicológicas) de Nadal. Mérito enorme el del serbio,pero para un buen análisis no está de más tener en cuenta este aspecto.

        • Sí, mi comentario, que no llega a ser argumento sino una observación, iba bastante por lo que dice Jorge. Por reforzarlo dando otro apunte, no es normal que teniendo un palmarés similar los 3 en número de Grand Slams, número de Masters 1000, etc, Federer tenga 310 semanas como número 1, Djokovic 289 y Nadal «solo» 209. Y los 3 han acabado N1 a final de año las mismas veces, 5.
          Esto es una pista bastante buena del grado de oposición que ha tenido Nadal, que como decía en mi primer comentario no ha dispuesto de ninguna ventana larga de tiempo sin uno de los otros dos a tope. Federer hasta 2008 acumuló 237 semanas seguidas. Djokovic en 2014/2016 se apuntó 122 semanas seguidas con Nadal y Federer «desaparecidos».

  5. Un artículo muy bueno, es difícil decir quien es el mejor de los tres,hay argumentos de peso para elegir a cada uno y hasta que finalicen sus carreras no podremos decirlo,hoy por hoy están muy igualados en sus carreras.

    Siempre lo digo en estos artículos,pero lo repito una vez más:

    El mejor Nadal ganaría al mejor Federer,el mejor Federer ganaría al mejor Djokovic y el mejor Djokovic ganaría al mejor Nadal.

    • En absoluto. Esas afirmaciones maximalistas solo pueden aplicarse a la superficie favorita de cada uno. El mejor Nadal no gana en circunstancias normales al mejor Federer en hierba, como tampoco lo hace con Djokovic en dura. En tierra, evidentemente sí. Se trata de que haciendo un cómputo de superficies y los resultados en ellas obtenidos, sale claramente superior Djokovic a los otros dos.

      • Bueno,una afirmación maximilista es decir precisamente» en absoluto».

        Lo voy a argumentar:

        El tenis es un deporte que tradicionalmente el pico de formar se suele tener entre los 20 y los 28 años por las singulares facultades aeróbicas y anaeróbicas que hay que tener,esa mezcla entre velocidad, resistencia y experiencia. Cierto que por diferentes motivos las carreras se han alargado,pero es obvio que el mejor Federer fue antes del 2011 cuando Djokovic explotó.Ese año recordemos Federer andaba ya por los 30 alos.

        Cuando Federer estaba en su explendor apareció Nadal que ya desde su primer enfrentamiento siendo adolescente empezó a ganar sorpresivamente la mayoría de duelos a un Federer de 24,25,26 años y en varias superficies. Es decir en el máximo nivel de Federer ,Nadal tuvo un head to head muy superior,luego era mejor.En esa época de esplendor de Federer , éste tenía un head to head con Djokovic muy superior ,algo que habría quedado así si no hubiese sido porque el suizo a decidido alargar su carrera hasta los 40 años.Es en esta última etapa cuando djovic realmente ha recortado sus cara a cara con el suizo,en su cuesta abajo.Com todo , aún en esa época de tiranía serbia la igualdad en los partidos era la tónica hasta el punto que el año pasado un Federer de 38 años estuvo a un suspiro de ganarle wimblendon a un Djokovic de 31,algo sorprendente a priori.

        Por otra parte, Nadal durante años ganaba con facilidad a un djokovic de su generación hasta que en el 2011 las tornado cambiaron.Fue por mérito del serbio o demérito de sus contrincantes? En mi opinión,por ambos motivos, Djokovic mejoró muchísimo en su juego y sobre todo su fortaleza mental ,pero también se aprovechó de la edad de Federer y los contratiempos físicos ( lesiones) y mentales ( separación de sus padres y ansiedad) de Nadal.

        La realidad es q a septiembre de 2020 Federer lleva más grande slam y semanas de número 1.Nadal más grand slams y el famoso cara a cara entre ellos se decanta ligerisimamente para djokovic.

        Creo que es razonable decir que el mejor Nadal gana al mejor Federer ( pq así sucedió entre 2005 y 2010) ,el mejor Djokovic gana al mejor Nadal ( pq así parece que sucedió entre 2011 y 2015) y el mejor Federer gana al mejor Djokovic ( pq así sucedió en el máximo nivel del suizo). No es una boutade,se puede argumentar perfectamente.

        Decir que djokovic con esos datos es el mejor de la historia de forma absoluta es faltar a la verdad.

        Probablemente lo acabe siendo,pero a día de hoy no lo es.

        • La realidad es que Djokovic es 6 años más joven que Federer, y 1 año más joven que Nadal. Centrar la disputa solamente en los GS con esos datos sobre edades es tan justo como unas elecciones en Corea del Norte. Además, por chasis y modo de juego parece bastante menos castigado que Rafa. Sobre que el Head to Head lo tiene ganado «ligeramente», parece de tu afirmación que no le das excesiva importancia. La mayor diferencia se da en tierra a favor de Rafa, mientras que en pistas rápidas Nadal no le gana al serbio desde 2013. En tierra, la última victoria de Novak sobre Nadal fue en 2016. Respecto a Federer, tomando solo hasta 2014 (con 33 años, misma edad que Djokovic), 19-18 a favor del suizo. Roger no ha alargado su carrera a regañadientes, sino que se ha visto capaz en gran medida porque los otros le han obligado a mejorar e ir más allá de lo que estaba previsto de no haber coincidido con ellos. Luego es longevo gracias a ellos, no a su pesar.
          Y, retomando los logros, omitir como haces en tu mensaje lo que ha hecho el serbio en los Másters 1000, o que Rafa no ha conseguido ninguna Copa de Maestros, pues me parece tramposo.

          • No tener en cuenta la edad a mi me parece un análisis totalmente sesgado.Claro que importa saber la edad en la que se juegan.

            Vamos a los datos objetivos,hasta principios de 2011 en el q Nadal tenía 24 años, Djokovic 23 y Federer ya 29 el head to head entre ella era el siguiente:

            Federer 13 Djokovic 6
            Nadal 16 Djokovic 7

            Más del doble de victorias sobre el serbio,una diferencia enorme,tras la explosión de Djokovic en 2011 este le ha recortado terreno,pero no es hasta 2015 con Federer 34 añazos hasta que lo igual,siguieron jugando y a dia de hoy con un Federer y Nadal claramente mermados el cara a cara es 29-26 y 27-23 ,es decir ligeramente a favor se djocovic,pero desde luego no tener en cuenta que Federer tiene 38 años (ningún tenista masculino que recuerde competía a ese nivel nunca)no lo entiendo.

            Otro dato interesante que creo que demuestra que Nadal y Federer no estaban a su máximo nivel en los años de dominio del serbio: el año que Murray ganó varios grand slam y consiguió el número uno fue en el dominio de djocovic…alguien creer que Murray lo habría conseguido contra el Nadal de 2008 o el Federer de 2004?

            Por otra parte es cierto que djokovic fue capaz de ganar todos los máster 1000 en dos ocasiones y varios veces el máster, pero pongamos todos los datos sobre la mesa:

            Quién tiene más grand slam? Federer, después Nadal y tercero Djocovic con 3 menos

            Quién tiene más máster 1000? Djocovic,uno más que nadal

            Quién tiene oros olímpicos?dos Nadal,uno Federer,ninguno djocovic

            Copa Davis? 4 nadal,1 Federer,1 djocovic

            Número 1 más semanas? Federer,djocovic Nadal por este orden.

            Con estos datos podemos decir que djocovic es el mejor de la historia? Para mi desde luego a día de hoy no se puede afirmar. En tal caso quizás se puede decir que es el más completo,lo que no quiere decir el mejor.

            • -Los Juegos Olímpicos son un torneo menor en comparación con los otros. Que no digo que no le agrade ganarlo a un tenista, pero nunca ha sido un objetivo primordial en el tenis. Te recuerdo que Arrese fue plata y Rosset oro en Barcelona 92. En el 96, Agassi en su peor versión ganó a Bruguera. Por aquel entonces ni Becker, Sampras etc. se molestaron en preparar o si quiera acudir a ese evento.
              -¿Copa Davis? Por favor, no hay un torneo más devaluado, y además es por equipos. España ha sido el país con mayor abanico de jugadores en el Top 100 durante casi 20 años, lo que le ha otorgado una diferencia abismal respecto a otros a la hora de encadenar trofeos. Pretender equipararla a los torneos individuales cuando no depende de 1 solo jugador es el colmo. En ese sentido, ya que estás, la ATP Cup de 2020 la ganó solito Djokovic a la España de Nadal, volteando la eliminatoria.

              -Hablas de los 34 añazos de Federer. Djokovic tiene 33, y Nadal 34. Que el serbio esté menos mermado físicamente es mérito suyo. Por otra parte, Federer sigue siendo igual de peligroso que antaño en Wimbledon. Te recuerdo que con 38 años para 39, batió fácilmente a Nadal en las semifinales de 2019 y perdió con doble match point contra el serbio. Es más, desde marzo o abril dejó de jugar la temporada de tierra para centrarse exclusivamente en Londres.

              – Discrepo respecto a Murray: el escocés, cuando estuvo en plenitud física, era un serio aspirante a alternarse con el Big 3. De hecho, se hablaba de Big 4 hasta que las lesiones lo penalizaron. Incluso Rafa habló de él como miembro de pleno derecho de ese selecto grupo. Es más, se decía que David Ferrer, que cuando no se topaba con uno, se estrellaba con otro, era el #1 de «los terrenales», debido al salto cualitativo entre los 4 y el resto.
              Murray tiene el Head to Head 6-16 con Nadal, , 11-14 con Federer y 11-25 con Djokovic. Ganó 46 títulos hasta 2016, lo que le sitúa claramente por encima de cualquiera fuera del Big 3 y lo acerca a gente como Sampras o Agassi, de no haberse visto lastrado por las lesiones.

              • – Los juegos Olímpicos efectivamente no era algo prestigioso en el tenis tradicionalmente,como tampoco lo era para el futbol o el baloncesto,pero desde hace veinte años esa percepción ha cambiado claramente. Sólo hay que ver la opinión del Big Three sobre las ganas de ganarlo. Estoy convencido que Federer ,Nadal o Djokovic cambiarían cualquier torneo máster 1000, copa Davids o incluso copa de maestros por un oro olímpico.
                Es más son muy pocos ( agassi,graff y Nadal) los únicos que tienen 4 grand slam y el oro olímpico. Obviamente no se puede comparar lo que le interesaba a los jugadores de baloncesto o fútbol ganar un oro hace 30 años con ahora,lo mismo en otras disciplinas como triatlón etc

                – La Davids está devaluada,correcto,pero también suma,no es lo mismo tener ninguna que cuatro.

                – Los 34 añazos los comparo con los que tenía Djokovic (27) y creo que no hay duda que empezar a superar con esa edad por fin a tu contrincante en el cara es significativo,no entiendo cómo no lo reconoces.Está fuera de toda duda que con 35,36,37,38 años tu físico es mucho peor que con 25,26,27,28.

                – Los cara a cara que pones de Murray para mi son aclaratorios de que estaba un escalón por debajo.Estoy convencido que el Murray número 1 no ganaría al Nadal de 2008 ni al Federer del 2004,sin embargo si consiguió hacerlo a un pletórico Djocovic.

                En todo caso no cabe duda que lo más importante en el mundo del tenis son los grand slam y hoy por hoy el serbio está por debajo de Federer y Nadal,eso es un dato objetivo.Los superará? Quién sabe,yo creo que no,mi apuesta es que será Nadal el que acabe con más grand slam.No faltan mucho años para salir de duda.

                • Estar convencido es un argumento tan objetivo como decir que 15 grados es sinónimo de calor.
                  Los GS son lo más importante, sin duda, pero no solo. Te vuelvo a recordar que Djokovic es el más joven y menos castigado físicamente, y que ganar todos los Másters 1000 (y encima 2 veces) no lo ha logrado nadie ni cuando se llamaban Masters Series, lo que arroja una conclusión plausible: es más difícil eso que ganar los 4 GS.

                  • Por esa misma regla de tres ganar los 4 grand slam y el oro olímpico ( sólo Nadal y aggassi) o 12 veces un mismo grand slam ( sólo Nadal) desmonta el argumento de que es más difícil ganar dos veces los máster mil.No me parece buen argumento la verdad

                • Y, como comenté anteriormente, para mí, incluso con los datos actuales, el serbio ya es el GOAT. Solo un improbable encadenamiento de GS, ganar el cara a cara y los Másters 1000 y Copas de Maestros que le faltan a Rafa me harían cambiar de opinión.

                  • Es una opinión,como que con 15 grados hace calor, pero lo que es indiscutible es que lo que más importa ( sea justo o no) en el tenis son los grand slam. Y a 28/9 Federer tiene 20, Nadal 19 y djocovic 17. Es la realidad. Decir que djocovic si se retirasen los 3 ahorra ha sido el mejor de la historia de forma categórica es una temeridad.Hay argumento de peso para afirmar lo mismo de cualquiera de los 3

                    • Si un tenista tuviese 21 Roland Garros y ningún otro título de GS, no sería el GOAT ni por asomo. Los GS, aisladamente, no son lo que más importa .

        • Sí, ¿y? Mi argumento anterior vale para cualquier superficie. Si un tenista ganase 21 GS solo en hierba no sería el GOAT ni de coña. Como tampoco lo sería ganando 21 GS solo en dura. El único del Big 3 que ha dominado a los otros dos en sus superficies preferidas es Djokovic. Su hegemonía de 2011 a 2016 no tiene parangón, y desde 2018 lleva camino de reeditarla.

  6. De acuerdo con todos, el mejor es Djokovic, y lo va a demostrar pronto; después sigue Nadal y el tercero (y así se va a quedar claro) es Federer…

  7. Lo más raro de todo esto es que le aconseja centrarse en el tenis «y nada más»… ¡Nick Kyrgios! Consejos vendo y para mí no tengo… Luego dirán que en el deporte moderno no hay sitio para tipos extravagantes.

  8. En todos los deportes hay intangibles que no se pueden medir. Decir que Djokovic es el mejor es tan cierto como falso que decir que lo es Roger o Nadal. Para los tres candidatos se pueden escribir artículos con los mismos argumentos que demuestren que cada uno de ellos es el mejor. Para mí ganar el abierto de Australia con 38 años, como hizo el suizo, y jugar la final de Wimblendon con 39, estando en activo los otros dos, me parece un dato -de entre muchos- que ensalzaría la teoría de que es el suizo el mejor de todos los tiempos. Pero, repito, no creo que lo sea ni él ni cualquiera de los otros dos, porque es imposible declarar rotundamente que lo es cualquiera de ellos. Además, se suele escribir al calor del momento.

  9. Hola, quiero felicitarte por el artículo. No soy de leer textos largos pero me he enganchado con este. Impecable.
    Yo miro tenis desde Coria 2004. No conocía a Federer, desde luego, y nunca me gustó desde primer momento hasta ahora (para gustos colores, se dice). Lo vi perder RG al Mago ese año y al siguiente ya estaba Nadal ahí y lo terminó de retirar.
    Soy seguidor de Djokovic y creo que desde hace tiempo han demostrado ser los 2 mejores de esta década junto a Rafa, nada más falta ver quién quedará como el 1. A Federer lo veo como un claro tercero. Quizá piensen que es ilógico esto, pero es cuestión de tiempo para que eso se aprecie.
    Si Nole llega a ganar RG va a ser el único en repetir Majors y Masters, algo tan fuerte que es de consideración. De todas formas lo del mejor de los 3 es todo subjetivo, obvio. No creo en el «Mejor de todos los tiempos» porque no se tiene en cuenta muchas otras cosas que lo hacen incomparables (época, pistas, distintas eras, competitividad, tecnología, etc), pero decir quién de estos 3 es el mejor es viable poder hacerlo.
    PD: Meter cosas como «estilo» o «elegancia» puede servir para decantarse por un jugador, pero lo que realmente marca son los récords, los títulos grandes y la rivalidad entre ellos. Todo el resto siempre será subjetivo. Hay muchos jugadores que eran tipazos y tenían estilo pero de nada sirve si no sumas Grandes.

  10. El artículo de lo que es la parte objetiva nada que decir , respecto a sus entrenadores y a que echará a Pepe Imaz de su staff, ni idea tienes ya que no fue así , y Djokovic siguió trabajando con él y sigue haciéndolo a día de hoy. Además empezó a mejorar y a ganar torneos cuando se centró en el tenis y centró sus emociones, quizás algo que ver Pepe Imaz tuvo seguro. Para publicar ciertas cosas que la prensa dijo sin tener ni idea es mejor informarse antes. Y lo mejor para saber de este tema es que le preguntes al propio Nole.

  11. Los 20 GS conseguidos por Federer con su «propuesta de juego» son un milagro que nunca se volverá a repetir. La rivalidad entre nadal y nole han sentado las bases del nuevo tenis, donde Thiem ha tomado buena nota. Será porque aunque sea sufrido de cojones, es más fácil, o menos difícil, trabajar desde el sistema de Nole i/o Nadal, que desde el arte de Federer. Sino que se lo digan a Dimitrov. Luego Nadal y Djokovic son mentalmente superiores.
    Tan fácil como buscar en youtube los highlights de los tres y comparar.
    Ninguna retirada tenística se va a llorar tanto como la de Federer cuando cuelgue la raqueta, por algo será.

  12. Para hacer un juicio más preciso en necesario asignar puntajes a cada tipo de torneo y simplemente sumar quien tiene más puntos. Por ejemplo, asignemos 2000 puntos a los GS, 1000 puntos a a los master 1000, 500 a los master 500, 500 a los olímpicos, 500 a la Copa Davis y 1000 a la copa de maestros.
    De esta forma dejamos de lado juicios sobre las superficies preferidas de cada jugador, y enfrentamientos directos que ocurrieron cuando alguno estaba en mejor nivel.

  13. Hay quienes niegan el Holocausto. Hay quienes niegan la teoría de la Evolución. Hay quienes niegan que el hombre ha llegado a la luna. Hay quienes niegan que la Tierra sea redonda. Hay quienes niegan a Roger Federer.

    • No lo niegan, pero que Nadal haya llegado a 20 grand slams jugando 20 menos que Federer es una barbaridad y un dato muy diciente…

  14. Yo creo que el mejor de todos es Nadal y me explico: Nadal ha sido capaz de ganar a ambos cuando se encontraban en su mejor momento y en su superficie preferida (hierba Federer, pista rápida Nole).
    Sin embargo ninguno de los dos han sido capaces de derrotar a Rafa en su superficie preferida y me estoy refiriendo obviamente a partidos de Grand Slam.

    • Pues tendrás que cambiar tu explicación, porque Djokovic batió en 2015 a Nadal en Roland Garros, y además por la vía rápida,

      75 63 61.

      Por otra parte, decir que Rafa ha derrotado en su superficie preferida a Nole o a Federer es un poco tramposo, sobre todo en rápida. Donde más se acortan las diferencias entre jugadores es en pista rápida. Y cuando digo pista rápida, me refiero al aire libre, no a cubierto. En tierra hay que ser un auténtico especialista, y el servicio no es tan determinante como en otros escenarios. Solo los superclases o cracks consiguen triunfos importantes en todas las superficies.

      • En 2015 Nadal no estaba ni muchísimo menos al 100% porque como se apunta en el artículo ya tenía sus problemas de ansiedad y lesiones

        • Claro, y Djokovic estuvo desde verano de 2016 a verano de 2018 en blanco también, por distintos problemas. Nos ha jodido, es que eso va en el lote, como ocurre en cualquier deporte individual. Lo que no puedes hacer es coger lo que te interesa para apuntalar tus argumentos.

  15. Nadal ganó a Federer en Wimbledon en la famosa final de 2008 cuando Federer estaba en la cima,a Djokovic 2 veces en la final del U.S.A Open.
    Ninguno de los 2 estando en plenitud de condiciones ha sido capaz de batir a Rafa en Roland Garros,esto es así te guste o no.

    • Pero eso es porque lo dices tú, igual que si yo digo que el sol sale por Antequera. Lo que pasa es que no te gusta admitir la realidad porque te ciega un nacionalismo tenístico que te impide valorar al serbio como merece, porque te tiran más los colores patrios. Pues perfecto, pero eso no tiene nada que ver con lo que estamos debatiendo. Te doy el argumento de Roland Garros 2015 y sales con que no estaba en plenitud. Djokovic ha ganado varias veces Madrid, Montecarlo y Roma enfrentándose a Nadal en «plenitud» y llevándose los torneos, aunque no fueran GS. Tú quieres aferrarte a un clavo ardiendo y acotar de tal manera tu argumento que los paños calientes a su lado son axiomas matemáticos. Otro dato que no se ha apuntado y que habla del dominio del serbio y en todas las superficies y en diferentes épocas: en 2011 (los 3 en plenitud) encadenó 41 victorias seguidas. Esta temporada, 9 años después, lleva 34 excluyendo la injusta aunque legal expulsión del Us Open.

  16. Yo creo que sí tiene que ver y bastante….en cuanto a lo de los torneos que comentas también Nadal ha ganado Masters Series en pista rápida,yo hablo de G.S.y cada uno de los 3 jugadores tienen sus hitos particulares.
    Que yo no valoro a Djokovic cómo tu crees que se merece lo dirás tu pero el único dato irrefutable que no me puedes rebatir es que ni Federer ni Djokovic han sido capaz de ganar a Nadal en Roland Garros en plenitud de condiciones los 3.

    • Es que por cada dato de ese tipo que das, te puedo dar 4 datos irrefutables que son hitos que no ha logrado Nadal: Las semanas como #1, la racha de victorias seguidas, ganar los 4G seguidos aunque en años diferentes, ganar todos los Masters 1000 no ya solo una vez (nadie lo ha hecho), sino ¡¡¡2 veces!!!. Cabría pensar con fundamento que es más difícil ganar los 9 M1000 que los 4 GS, o al menos, que son hechos perfectamente comparables, y ahí el serbio ha batido a Rafa y Roger en todas las superficies salvo, lógicamente la hierba, donde no se celebra ninguno. Ganar 5 Copas de Maestros (quinto torneo en importancia tras los GS que Nadal no ha ganado), tener el H2H favorable a ambos…
      En fin, hechos irrefutables.

  17. Sé que al calor del momento es ventajista venir a opinar -ya lo había hecho anteriormente, por cierto-, pero Nadal se acaba de comer a Nole en Roland Garros. Y no solo, sino que se ha apuntado otra copa de los mosqueteros sin ceder ni un set.

    • No es ventajista, es un hecho, como que Nole barrió a Nadal en Australia 2019 de forma idéntica y siendo más difícil, puesto que la superficie rápida es la que más iguala a diferencia de la tierra. Hecho por cierto, que tuvieron la nobleza de destacar Toni Nadal, Carlos Moyà, el propio Nadal y, de la prensa que me he empapado, solo El País. Que Nadal ganase Roland Garros, por muchos paños calientes relativos a la humedad o pesadez de las bolas, era perfectamente previsible a tenor de su trayectoria en este torneo. Otra cosa es que Djokovic no le plantó la batalla esperada, pero fue mérito del balear, no demérito del serbio, como ocurriera a la inversa en Australia 2019.
      Y digo lo mismo que llevo diciendo: Djokovic es el más completo, y para dilucidar quién es el mejor habrá que esperar a la retirada de ambos.

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