
Quizá no haya escritor menos lisérgico en toda la literatura castellana que Azorín. Qué sequedad la suya, qué higiene y qué naturalidad, aunque para algunos resulte una naturalidad un tanto artrítica. Más que frases nos va dejando suspiros, puede que estertores; escribe como respiran los gatos adormilados, con ese ronroneo plácido y constante. En fin, inaugura un nuevo castellano, junto a Baroja, cosa que no se hace todas las semanas, y de vez en cuando, tras algunos desmadres, volvemos a él. Es Azorín (¡Azorín!) esa figura un tanto medrosa y exclamatoria que observa el mundo con fino cachondeo. Muy fino, tan fino que hasta pasa desapercibido si se lee con prisa. Porque hay en Azorín un humor de payaso triste, de hombre perplejo y sabio. Ojeaba yo esta tarde su libro La ruta de Don Quijote y he acabado releyéndolo entero. Es buenísimo.
La historia es bien conocida; en 1905, y con motivo del III Centenario de la publicación de la primera parte del Quijote, Ortega Munilla, director de El Imparcial, encarga unas crónicas a Azorín sobre los pueblos de La Mancha que supuestamente recorrieron Don Quijote y Sancho Panza. Al parecer, Ortega Munilla le pone en las manos una pistola, por si acaso. Azorín, entonces, se va a los pueblos. Visita Argamasilla de Alba, Puerto Lápice, Ruidera, la cueva de Montesinos, Campo de Criptana, El Toboso y Alcázar de San Juan. No debieron caer muy bien en La Mancha esas crónicas. Si a cierto escepticismo de espíritu propio de Azorín le sumamos el paisaje humano con el que se encuentra, grupúsculos radicales de casino en lo que respecta a la vinculación de Cervantes y el Quijote con sus pueblos, y el también desolador escenario por el que transita, entonces nos haremos una idea de lo poco que gustarían esas crónicas en estos lugares. Echando un vistazo al libro Por los caminos del Quijote, editado por la Junta de Castilla y León en el año 2004, el autor José Guerrero Martín resalta una Mancha que según él Cervantes no osa ultrajar nunca, al contrario que los del 98: «Luego, unos afligidos y enlutados señores, en su mayoría de la periferia, cargados de melancolía y aplicando unos análisis distantes de la realidad, nos descubrieron otra Mancha —mucho más uniforme, monolítica y plana—, para quedar desde entonces como una estepa polvorienta, con unos pueblos en perpetua siesta y donde las cigarras se enseñorean del paisaje».
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Escriben poquísimo de Alcázar de San Juan, patria de Don Miguel , mal que les pese a escritores estipendiarios, y los molinos que aparecen ilustrando el artículo, son, me parece, los de su patria cervantina. Un saludo manchego
Benito Pérez Galdós hizo una descripción magistral —al menos para algunos que no somos de allí— de La Mancha y su relación con el Quijote: https://sperezm.wordpress.com/2021/10/30/las-veredas-del-acaso-de-la-aventura/
Como curiosidad, curiosidad, en mi pueblo, Consuegra, hubo una inundación en 1891. El periódico del El Imparcial promovió una recogida de donaciones para reconstruirlo y a día de hoy las casa que se construyeron entonces aún se conocen como el barrio de El Imparcial.
La Mancha del Quijote no es sólo La Mancha geográfica conocida. ¿Acaso no es La Mancha la patria chica de Cervantes, Alcalá del Henares, los Monteros del Aragón, el Despeñaderos andaluz, y apurando, la misma Barcelona varias veces visitada por nuestro héroe?