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¿Quién es Salomé?

spring two muses 1899
Primavera (dos musas) de Stefan Luchian

Todas las buenas novelas, como las familias felices de Leo Tolstoi, se parecen. Todas intentan entender esa misteriosa y torturada criatura que se llama a sí misma —pecando a partes iguales de arrogancia e ingenuidad— «homo sapiens». Todas plantean —y ninguna resuelve— preguntas que nos han agobiado desde que nuestro primer antecesor alzó los ojos al cielo para contemplar el inmenso, incomprensible firmamento. Todas mueven a sus héroes y heroínas por el delgado filo que separa el cielo y el infierno.

Y todas saben como arrancar.

Cuando la pequeña princesa Salomé vio la luz, me costó reconocer en ella a una criatura humana […].  Era una bola rojiza con el pelo pegado y costras amarillentas en la cabeza. La cara tenía un color amoratado […]. Me pareció aún más deforme e indefensa que los terneros recién paridos que se ponen en pie patosamente al poco de salir.

¡Un momento! Una de las pocas cosas que sabemos de Salomé, la princesa que, tras bailar para el Tetrarca Herodes Antipas, exige como recompensa por su exhibición la cabeza del Bautista, es que se trata de una mujer bellísima. Y, sin embargo, la narradora de El papiro de Miray, nos la presenta, en las primeras líneas, como un ser deforme e indefenso, que inspira a la vez compasión y un punto de repugnancia.

Pero, ¿quién es Salomé? Se trata, de hecho, de un personaje menor, dibujada con unos pocos trazos en el Nuevo Testamento:

Pero cuando llegó el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó delante de la compañía y agradó a Herodes, de modo que él prometió con un juramento darle cualquier cosa que ella pudiera pedir. Impulsada por su madre, ella dijo: «Dame la cabeza de Juan el Bautista en una bandeja». Y el rey se entristeció, pero a causa de sus juramentos y sus convidados mandó que así se hiciera. Envió a decapitar a Juan en la cárcel, y le trajeron la cabeza en una bandeja y se la dieron a la niña, y ella se la llevó a su madre.

Es, de hecho, un rol tan secundario el suyo, que ni Marcos ni Mateo se molestan en ponerle nombre, refiriéndose a ella simplemente como «la hija de Herodías» (sabemos como se llama gracias a las Antigüedades Judías, de Flavio Josefo). En cuanto a sus motivaciones, los evangelistas también son escuetos. La muchacha actúa impulsada por su madre, de quién sabemos que odia a Juan por reprobar públicamente su relación con el Tetrarca. ¿Pero qué clase de madre es esa, qué relación hay entre ambas, para que la joven acepte ser partícipe de un crimen de tamaña magnitud?

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