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Los inuits fueron primero

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Varios niños inuit en Kotzebue, Alaska, ca. 1950. Fotografía: Getty.

En 1910, sir William Mackenzie contrató a Robert Flaherty para explorar el extenso territorio al este de la bahía de Hudson, zona potencialmente rica en minerales. En sus expediciones, que duraron años, Flaherty tuvo contacto frecuente con los inuits (esquimales) de la región. Impresionado por sus habilidades para sobrevivir en un entorno implacablemente hostil, en uno de sus viajes llevó con él una cámara de cine. El resultado: un asombroso relato humano: Nanuk, el esquimal. 

A medio camino entre el documental y el docudrama ficcionado, este pionero filme muestra una representación detallada de las tareas cotidianas en el Ártico: desplazarse en kayak, cazar peces y focas, comer carne de foca cruda, construir un iglú… Para hacer la película, Flaherty tuvo que pasar casi dos años y medio viviendo con el cazador y pescador que interpreta el papel de Nanuk (un inuit bastante mediagénico). Su intención no fue mostrar exactamente lo que vio, sino representar la manera de vivir de los esquimales antes de que «el hombre blanco», al que se hacen continuas referencias al inicio de la película, destruyera su cultura. 

En las primeras décadas del siglo XX, el interés por las culturas lejanas aumentó en Europa y Norteamérica. La curiosidad se centró especialmente en aquellos pueblos que como consecuencia del colonialismo estaban en peligro de extinción. La antropología como disciplina moderna surgió, precisamente, como resultado de este deseo por conocer y recoger el legado de las culturas en peligro; entre ellas, las del Ártico. Hubo varios viajes con objetivos antropológicos a la tierra inuit. 

Una de las expediciones más ambiciosas fue capitaneada, en 1921, por el antropólogo groenlandés Knud Rasmussen, que se propuso viajar unas veinte mil millas en un trineo tirado por perros a través de Inuit Nunaat, la tierra natal de los inuits. Su equipo, compuesto de seis personas más, fue el primero en visitar a los inuits del norte de Groenlandia, en Igloolik, y del suroeste en la región de Kivalliq. Por la cima de América del Norte, llegaron a Alaska, y desde allí continuaron el viaje en barco hasta Nome. Rasmussen incluso logró cruzar el estrecho de Bering hacia Siberia en un intento de conocer a los inuits de allí. Durante los tres años que duró esta expedición —cuyo objetivo era abordar el gran problema del origen de la raza esquimal (parafraseando a Rasmussen) y comprobar ciertas teorías sobre si la cultura inuit nació y evolucionó a partir de una cultura del interior, o si siempre fue una cultura marítima—, los antropólogos realizaron entrevistas, excavaron lugares y documentaron tradiciones. Finalizado el viaje, pudieron concluir que, aun considerando la distancia geográfica e histórica entre los grupos inuits, las similitudes en el idioma y la cultura de las comunidades inuits en todo el Ártico apuntaban a un origen común. 

Ocho países tienen territorio en el Ártico: Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca (Groenlandia), Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia (el único que no tiene pueblos indígenas distintos a la mayoría de su población). Los otros países han tenido que idear una relación entre sus territorios y los pueblos árticos. Los inuits se distinguen cultural y biológicamente de los grupos indígenas más cercanos, incluidos los nativos americanos y los samis del norte de Europa. Los estudios que comparan las lenguas esquimo-aleutianas con otras lenguas indígenas de América del Norte indican que las primeras surgieron por separado de las segundas.

En total, unas cien mil personas hablan idiomas inuits. La mitad de ellas viven en Groenlandia. El kalaallisut, predominante en la mayor parte de la costa oeste de la isla y de los alrededores de la capital, Nuuk, es el idioma oficial de la isla: se usa en el ámbito público. Hay más idiomas: en el este, cerca del asentamiento de Tasiilaq, el dialecto tunumiisut es predominante, y en el noroeste, por Qaanaaq, el dialecto local es el inuktun. La siguiente población más grande de habla inuit se encuentra en Canadá. Hay alrededor de cuarenta mil hablantes que se pueden dividir en dos amplias subdivisiones: inuvialuktun e inuktitut. Ambos se pueden subdividir en otros dialectos, hablados en los territorios y provincias del norte de Canadá. Por último, tenemos la rama de Alaska: inupiaq. Se estima que solo hay alrededor de tres mil hablantes nativos de este idioma, así que podría extinguirse en un par de generaciones.

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Dos niños inuit en Teller, Alaska, 1904. Fotografía: F. H. Nowell / Getty.

Dado que las lenguas inuits son bastante parecidas, los hablantes de idiomas vecinos pueden entenderse entre ellos. Este es un factor que dificulta decir exactamente cuántos idiomas inuits hay, porque no hay un criterio lingüístico claro que permita saber dónde termina un idioma y empieza otro. Lo normal es que, con las familias lingüísticas, las distinciones vengan impuestas por fronteras políticas (cosa que los lingüistas aceptan para dedicarse a cosas más interesantes). Así pues, la familia de lenguas inuits comprende un número de idiomas indeterminado, que depende de si consideramos los dialectos mutuamente inteligibles como lenguas distintas o como la misma. Lo que es seguro es que hay cuatro subdivisiones de lenguas inuits: inupiaq (norte de Alaska); inuvialuktun (territorios del noroeste de Canadá y Nunavut); inuktitut (Quebec y Labrador); y kalaallisut (Groenlandia). Cada uno de estos grupos comprende varias lenguas.

Para mostrar similitudes, comparemos algunas palabras comunes. En inupiaq e inuvialuktun, «oso polar» es nanuq; en inuktitut y kalaallisut es parecido: nanoq. Otra palabra, «río», kuuk, es la misma en inupiaq, inuktitut y kalaallisut, pero en inuvialuktun se dice kuugaq. Hay muchos términos compartidos, como la palabra «diez», que es qulit en los dialectos mencionados. A pesar de los parecidos, los idiomas inuits no son completamente intercambiables. Si bien los hablantes de idiomas vecinos pueden comunicarse, la inteligibilidad tiende a disminuir con la distancia, y por eso alguien de Alaska no se entiende con alguien de Groenlandia.

Dicho esto, las lenguas inuits tienen varias características únicas en común. Por ejemplo, los inuits usan un sistema vigesimal. A escala mundial, esto es raro. Los idiomas mayas también usan ese sistema, pero la mayoría de las lenguas del mundo usan el sistema decimal. Otra característica es el sonido fricativo lateral sordo, el fonema /ɬ/, un tipo de consonante que se forma mediante la fricción de la respiración; también es raro, solo se encuentra en inuit, galés y zulú. En su mayor parte, los idiomas inuits comparten sistemas de escritura consistentes, una forma modificada del alfabeto latino. Sin embargo, el inuktitut (Canadá) tiene un silabario, con un símbolo que representa una sílaba. Es un sistema moderno, aprobado en la década de 1970, ahora con fuerte valor simbólico. 

Al estar tan aislados del resto del mundo, es fácil pensar que el inuit es una familia lingüística completamente distinta. Sin embargo, es un subgrupo de más grande: la esquimo-aleutiana, que tiene dos ramas. La primera, la aleutiana, consta de una sola lengua viva, hablada en las islas Aleutianas y en Pribilof, un archipiélago que se extiende entre Alaska y Rusia. La otra rama, la familia esquimal, se subdivide en la yupik y la inuit. Las lenguas yupik se utilizan en el suroeste de Alaska y en el mar de Bering, en la región rusa de Chukotka.

No hay pruebas sólidas que sugieran que las lenguas esquimo-aleutianas estén relacionadas con otras familias lingüísticas. Curiosamente, ni siquiera parece que lo estén con otros idiomas nativos de Norteamérica. Sin embargo, se ha dicho que las lenguas esquimo-aleutianas podrían estar relacionadas con las lenguas urálicas, pero solo porque existen algunas similitudes entre el kalaallisut (groenlandés) y el finés. Así que falta mucho por estudiar para averiguar un origen protoinuit y poder demostrar una teoría poligenética o, por el contrario, una monogenética.

Rasmussen, hijo de una inuit y de un misionero danés, creció hablando kalaallisut como lengua nativa. Gracias a su fluidez en groenlandés y su interés en el idioma y la cultura inuits, Rasmussen pudo entenderse, y hacerse entender, en los viajes que realizó. En total, participó en siete expediciones al Ártico. Se dice que fue el primer ser humano que atravesó el paso del Noroeste, el camino helado que une los océanos Atlántico y Pacífico, en un trineo tirado por perros. Él se quitaba importancia: «El mérito fue compartido: se trató, sobre todo, de una gran gesta canina», declaró para la prensa. Cuando le replicaban que nunca nadie había realizado antes una proeza de tal envergadura, respondía que él solo fue el primer hombre blanco en conseguirlo, pues, con toda probabilidad, los inuits lo cruzaron antes.

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3 Comentarios

  1. Cuando sea mayor, me gustaría aprender que significa “mediagénico”.

    • Como “fotogénico”, tienes “mediagénico”. ¿No es maravillosa la formación de esta palabra? Me encanta.

      • E.Roberto

        Muy bueno, Doña Teresa. Es más que maravilloso darle nombre a algo desconocido, como el privilegio que tienen los científicos cuando con el latin o el griego se inventan realidades nuevas. Yo, sin ser científico, ando en eso pues tengo un complejo de inferioridad lengüistica con una palabra alemana que significa alegrarse por el mal ajeno y que nosotros no tenemos. Y en el ámbito familiar impuse “Alegmalej”: Con la lectura de los últimos días de Hitler se hizo presente varias veces, como una liberación para aquellos que no pueden hacer nada de frente al mal. Y a pesar de las críticas divertidas a mi (me) gusta (mucho más que esta repetición de emes. Los italianos usan “A me piace”) porque tiene un tintineo árabe a quienes les debemos tanto, y además le haría compañia a la solitaria “reloj”. Si supiera el latín y el griego, ya me habría inventado una con la “ortodoxia” debida para gloria de mi idioma. Siempre un placer enorme leerla.

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