
En el noveno episodio de la segunda temporada de Los Soprano, Paulie Gualtieri, el neurótico, escrupuloso, maniático y extremadamente eficaz lugarteniente de Tony Soprano, requiere los servicios de un médium para superar una crisis personal. Su compañero Christopher Moltisanti acaba de salir de un coma tras haber recibido varios disparos, y le ha comunicado un mensaje que habría recibido en sueños de un gánster rival al que ambos habían asesinado pocos meses antes: este le habría dicho, simplemente, «3 o’clock». La revelación despierta todos los temores del lunático Paulie, convencido de que la parca vendrá a buscarle a las tres de la madrugada para llevárselo directamente al infierno a recibir castigo por sus múltiples pecados. Tras varias noches sin poder conciliar el sueño, abrazado a un reloj en su cama, acude a una sesión de espiritismo que no hace sino acrecentar sus miedos. Finalmente pide ayuda al párroco de su iglesia, que lo recibe en su oficina. Un nervioso Paulie presenta su caso. El cura, sentado detrás de su escritorio, le afea la sesión con el médium y sentencia: «Debiste acudir a mí primero, así nada de esto habría ocurrido».
La cita no es literal, pero la frase del párroco remite directamente, con finísima ironía y calculado sarcasmo, a la célebre secuencia inicial de El padrino, en la que el funerario Bonasera exponía a Don Corleone el caso de la agresión a su hija y posterior puesta en libertad de los culpables. Marlon Brando, desde la penumbra de su escritorio, respondía entonces: «¿Por qué fuiste a la policía? ¿Por qué no acudiste a mí primero?».
En junio de 1999, cuando la serie de David Chase acababa de concluir su primera temporada, el New York Times etiquetó a Los Soprano como «probablemente la mejor aportación a la cultura popular americana del último cuarto de siglo». Tal valoración podría parecer exagerada, más aún sabiendo (como sabemos ahora) que la serie expondría con inusitada precisión el fresco de la atribulada vida de Tony Soprano durante otras cinco temporadas y media. Pero da en el clavo en su referencia a la cultura popular de los Estados Unidos; los personajes hallan su contexto en una rutina costumbrista profundamente americana: gran casa a las afueras, universidad para los hijos, coches todoterreno, demasiada televisión, rock, rap, hip hop, problemas en el instituto, competiciones escolares de fútbol americano. Y David Chase y el resto de guionistas sazonan la narración con innumerables referencias a la música, cine y literatura estadounidenses. Así, si bien El padrino era, al fin y al cabo, una historia sobre Italia (el aire operístico de la narración, las inviolables costumbres ancestrales, la música de Nino Rota), Los Soprano es un acercamiento crítico, despiadado y en última instancia tremendamente desesperanzado a la sociedad americana, pero también cargado de alusiones a lo mejor de su cultura popular.
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Como añoro la edad dorada de las series. De cuántas series actuales hablaremos en 29 años?
Bueno, pues yo creo que de bastantes de las que se han emitido y se siguen emitiendo desde hace más de veinte años. ¿O es que al mencionar la edad dorada de las series te estabas refiriendo a la época de Bonanza, Rin Tin Tin, El fugitivo y tantas otras?
La frase «The highway was jammed with broken heroes on a last chance power drive» de Born To Run citada de chufla por Moltisanti se puede traducir por ‘La autopista estaba llena de héroes fracasados en una última oportunidad de viajar libres’. Un ‘power drive’ es un viaje por carretera con colegas (no sé si se sigue llamando colegas a los amigotes). Muy yanki.
La enésima de los Soprano. No fue para tanto. Convendría hablar de alguna serie que no tenga dos décadas de antigüedad. Las ha habido realmente buenas. Incluso de animación.
También hay buenos cuadros después de las meninas y por eso no dejamos de admirarlas y reconocer en pintores posteriores la huella de velazquez…